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Artículo por Ángeles García-Fresneda

El follete

Cultura - Ángeles García-Fresneda - Sábado, 25 de Agosto de 2018
Un curioso artículo de Ángeles García-Fresneda, escritora y profesora de Literatura, que indaga en los famosos vidrios granadinos, probablemente los mejores del mundo, para ahondar en el significado de la palabra follete. ¿Sabes su significado?

Intuyo que el vidrio del sureste español (hoy expuesto en los principales museos del mundo y bien custodiado por su director en los sótanos del Arqueológico de Granada) tiene sus orígenes en una producción anterior al siglo XVI, cuando —como González Barberán nos ha enseñado— don Hernando de Zafra, señor de Castril, trajo un maestro vidriero catalán para  fabricarlo en sus dominios. Tuvo tal éxito que acabaría con los bosques de pinares de esta zona y de lugares colindantes por donde se abrieron importantes hornos, como Huéscar o los Vélez. Como sabemos, desde épocas muy antiguas el Mediterráneo ha sido un hervidero de gente loca por ganar: comercio-dinero-civilización. Ahí tenemos la ruta por donde ha transcurrido nuestro viaje, por lo menos desde época fenicia. Los romanos elaboraron aquí vidrio y se documenta su fabricación con ceniza vegetal como fundente en Almería y en Murcia ya en el siglo IX. Este verano estoy repasando mis textos al respecto y hallo indicios de que puede que esté en lo cierto. En los siglos XIII y XIV el reino de Granada producía ricas cerámicas, tejidos, joyería…y, por supuesto, vidrio. Y la arena para fabricar los famosos “castriles”, al no estar en la superficie, sino a varios metros de profundidad debió de ser conocida antes del XVI (con lo listísimo que era el secretario de los Reyes Católicos, no creo que se arriesgara a traer un maestro vidriero catalán para luego no hallar materia prima y tener que pagarle el viaje de vuelta).

Leyendo el artículo  “Industrias mediterráneas del siglo XIV” de Ricardo Córdoba de la Llave, tropiezo con una deliciosa palabra: follete, un diminutivo procedente del latín “follis”, fuelle; en este caso se trata de un instrumento para avivar la brasa del hornillo de fundición del oro entre meriníes y nazaritas. Estas lecturas instruyen y divierten y, aparte, te llevan por los pensiles de la reflexión sobre el “dust in de wind” de mi amado Steve Walsh y por el mundo de las etimologías, pues de la misma raíz latina ”follis” deriva en español el verbo pronominal “follarse”, también conjugado como perífrasis: me follo o me tiro un follo son ambos normativos en nuestra lengua para describir la ventosidad silenciosa, si bien maloliente. Existe en casi todas las lenguas humanas: bota arraio, se dice en euskera y ĵetu fukon, en esperanto.

Y no es igual, para nada, un follet o follete en diminutivo que con la adicción del sufijo aumentativo –azo: folletazo (de gas metano en el caso de las macrogranjas de cerdos que ya ocupan —es otra civilización la nuestra, más avanzada— el territorio del antiguo vidrio y lo trasciende. Desde Murcia a Galicia, desde Huércal Overa a Solsona, pasando por las dos Castillas, el folletazo).



Ángeles García-Fresneda
 es escritora  y profesora de Lengua y Literatura en el I.E.S. Antigua Sexi de Almuñécar. 

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