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NUEVOS DOCUMENTOS SOBRE EL DESBORDAMIENTO DEL DARRO DE 1835

Y ahora resulta que la Fuente de las Ninfas está sepultada en Plaza Nueva

Cultura - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 13 de Octubre de 2019
Una investigación del arquitecto Carlos Sánchez y de Gabriel Pozo Felguera revela que la más famosa fuente de Granada, que lucía en Plaza Nueva, no fue destruida de la riada del 27 de junio de 1835, como siempre se ha creído, sino que se salvó pero fue desmontada para utilizar su piedra para la construcción de diques. Este es el excepcional reportaje que lo desvela.
En este dibujo de Edward Cook (1861) ya no están sobre el río las cuatro casas junto al Puente De Santa Ana ni la Fuente las Ninfas. Los nuevos pretiles que enmarcaban el río tenían cinco pies de altos por dos de anchos, construidos en parte con los sillares del famoso pilar.
En este dibujo de Edward Cook (1861) ya no están sobre el río las cuatro casas junto al Puente De Santa Ana ni la Fuente las Ninfas. Los nuevos pretiles que enmarcaban el río tenían cinco pies de altos por dos de anchos, construidos en parte con los sillares del famoso pilar.
  • El famoso pilar renacentista no fue destruido por la riada, sino desmontado para utilizar sus sillares en la reconstrucción de muros del río

  • La idea y el proyecto fueron del arquitecto Baltasar Romero, con el fin de ahorrar 1.300 reales en materiales y dar mayor amplitud de vistas en ambas direcciones

  • No conocemos si las ninfas que echaban agua por sus pechos y los leones por sus bocas también fueron destruidos para meterlos en el muro

Hemos estado creyendo durante casi dos siglos que la Fuente de las Ninfas, la más monumental que tuvo Granada en Plaza Nueva, fue destruida por la crecida del Darro del 27 de junio de 1835. Así nos lo habían hecho creer todos los escritos y guías posteriores. Pero nada más lejos de la realidad: la Fuente renacentista se salvó de la riada y fue desmontada para utilizar su piedra en la construcción de diques y defensas del río. Bajo Plaza Nueva duerme en silencio la famosa fontana que llevaron por el mundo los grabados de Daumont y Prangey. Documentos municipales hallados por el arquitecto Carlos Sánchez y por mí así lo demuestran.

He publicado en este mismo diario algunos artículos sobre la reforma de Plaza Nueva, el embovedamiento del río Darro y las crecidas del río que causaron daños en el centro de Granada. Toda la documentación manejada hacía clara referencia a que la Fuente de las Ninfas (Pilar de Santa Ana o Pilar de Plaza Nueva, que de las tres formas era denominada) desapareció el 27 de junio de 1835 con motivo de la crecida del Darro.

Era lógico pensar que la fuerza de las aguas, que derrumbó la hilera de casas situada entre el Puente de Santa Ana y el comienzo del embovedado en Plaza Nueva, también se hubiese llevado por delante la Fuente. Esta construcción estaba levantada justo sobre el comienzo de la bóveda del XVI, mirando hacia abajo.

Primera noticia de un periódico de Madrid en la que no se menciona absolutamente nada sobre el hundimiento de la Fuente de las Ninfas.

Me resultó muy sospechoso que en las crónicas de prensa del verano de 1835, ninguna hiciera mención a daños importantes o destrucción de la enorme fontana. A pesar de ser la fuente monumental más importante de Granada

Me resultó muy sospechoso que en las crónicas de prensa del verano de 1835, ninguna hiciera mención a daños importantes o destrucción de la enorme fontana. A pesar de ser la fuente monumental más importante de Granada. En los meses siguientes a la catástrofe, el juzgado competente ordenó la demolición completa de las casas arruinadas por la crecida (la llamada manzana 316), cuyo hundimiento en parte taponó la entrada a la bóveda e hizo saltar las aguas por Plaza Nueva y resto de la ciudad. Dos de aquellas casas eran propiedad de la marquesa de la Fuente y le fueron expropiadas. Jamás volvería a permitirse que hubiese casas y molinos levantados en ese lugar, sobre machones apoyados en el cauce, que estrechaban el paso de las aguas.

El Puente de Santa Ana quedo en pie. Pero los cincuenta metros siguientes de muros del río –hasta la Fuente– quedaron derruidos. La actuación más urgente era la reconstrucción de las defensas del cauce.

Idea del arquitecto Baltasar Romero

La ciudad de Granada se caracterizaba en 1835 por dos aspectos: el Ayuntamiento no tenía un real y los arquitectos estaban empeñados en desmontar la Granada renacentista y convertirla en versallesca. Ello acarreaba el desmontaje de edificios religiosos de los siglos XVI y XVII, la aplicación de la línea recta a todas las fachadas, el ensanche de calles y la creación de plazas tras el derribo de conventos.

La ciudad de Granada se caracterizaba en 1835 por dos aspectos: el Ayuntamiento no tenía un real y los arquitectos estaban empeñados en desmontar la Granada renacentista y convertirla en versallesca

El primero en ordenar que se acopiase toda la piedra removida durante la riada fue el gobernador civil Ventura Escario; en carta dirigida al alcalde de Granada (29 de junio, sólo dos días después del desastre) le dice que “custodie todos los sillares y demás materiales pertenecientes a obras de la ciudad que han sido deteriorados por la avenida del 27 para evitar mayores costos por las reparaciones indispensables”.

La situación económica de Granada para hacer frente a la reconstrucción de los daños debía ser tan precaria que el Ayuntamiento ordenó el embargo de los bagajes que se repartían a diario entre los pueblos de su partido judicial. Es más, pidió a los pueblos que auxiliaran a la capital (en carta del 4 de julio).

El alcalde de Granada ordenó al joven arquitecto municipal Baltasar Romero que elaborase un detallado informe sobre la forma de reconstruir las plazas de Santa Ana y Plaza Nueva, especialmente los pretiles hundidos del cauce

El alcalde de Granada ordenó al joven arquitecto municipal Baltasar Romero que elaborase un detallado informe sobre la forma de reconstruir las plazas de Santa Ana y Plaza Nueva, especialmente los pretiles hundidos del cauce. El informe del arquitecto fue el siguiente: “Han de demolerse las dos casas que han quedado en el Puente de Santa Ana y también todo el muro que sirve de frontispicio del Pilar con inclusión de éste y en su lugar colocar un asiento de piedra con su antepecho [similar al que hay hoy], resultando el beneficio de la más hermosa vista de toda la parte del Zacatín, Plaza Nueva y Carrera del Darro, el aprovechamiento de una porción considerable de sillares que pueden servir para los pretiles...” (informe del técnico, de 10 de julio de 1835).

Estaba clara la intención del arquitecto Romero: el enorme Pilar de las Ninfas había quedado en medio como una enorme pantalla pétrea que separaba las plazas de Santa Ana y Nueva. E impedía las vistas entre una y otra. Las casas pegadas a él por su izquierda habían desaparecidos, por tanto, el pilar era un estorbo.

Segundo informe del arquitecto municipal Baltasar Romero en el que insiste demoler la Fuente de las Ninfas y utilizar sus sillares para reconstruir el muro del Darro. AHMGR.

La autoridad local debió dudar a la hora de acometer la destrucción de una fuente tan significativa, representativa y dibujada por artistas y viajeros. Por ello, volvió a solicitar un nuevo informe al mismo arquitecto el 3 de diciembre de 1835

La autoridad local debió dudar a la hora de acometer la destrucción de una fuente tan significativa, representativa y dibujada por artistas y viajeros. Por ello, volvió a solicitar un nuevo informe al mismo arquitecto el 3 de diciembre de 1835. En esta ocasión, el arquitecto Baltasar Romero fue aún más expeditivo con su idea de hacer desaparecer la Fuente de las Ninfas. Llegó a cuantificar el importante ahorro que supondría para las vacías arcas municipales si se tomaba la piedra del Pilar de las Ninfas para reconstruir las defensas del río. Elaboró el siguiente informe: “El arquitecto q. suscribe en cumplimiento a la oren del señor Alcalde primero Presidente del Excmo. Ayuntamiento de esta capital ha formado el presupuesto de gastos q. deberá tener la reparación del muro o cortina q. hay q. formar sobre el mismo q. apeaba las casas que fueron arruinadas en la abenida del río Darro de veinte y siete de junio y las q. se han demolido por mandato judicial todas ellas situadas en la calle de la pastelería de Santa Ana [comienzo de Carrera del Darro] y bajo una misma línea; concretamente sólo a la parte de la redificación del repetido muro en longitud de ciento veinte pies, catorce de altura desde la planta q. hoy tiene descubierta hasta ponerlo cinco pies más alto que el pabimento o empedrado de la calle constando de tres pies de espesor término medio entre el mayor y menos grueso, q. el vale que hacen pies cúbicos cinco mil cuarenta, y teniendo a la vista el aprovechamiento de materiales tanto del ladrillo, de los machones como la piedra franca y de rio que debe colocarse en el nuebo muro con su mezcla de ilada de sillería de la dicha piedra franca de dos pies de ancho, por dos de altura en toda la longitud resulta necesitarse para dicha obra la cantidad de cinco mil ochocientos r. (reales) pero si se desnivele el frontispicio del pilar y se aprovechan los sillares de piedra franca y demás materiales sin tocar la piedra dura labrada quedando el muro a los mismos cinco pies de altura incluyendo el costo de la demolición del mismo se necesitará la cantidad de cuatro mil quinientos r. (reales). Es cuanto puedo manifestar. Granada, a 3 de diciembre de 1835. Baltasar Romero.”

En esta foto aérea se representa la ubicación que tuvo el frontispicio de la Fuente (en rojo) y el tramo de muro de río que fue reconstruido con sus sillares (en amarillo). El 1 marca la Real Chancillería y el 2 la Iglesia de Santa Ana.

Blanco y en botella. Resultó que el paredón que forma el frontispicio de la Fuente de las Ninfas (de 7 metros de altura por 13 de longitud) fue desmontado para utilizar su piedra en la reconstrucción del muro derrumbado en la margen derecha de la Plaza de Santa Ana, unos cincuenta metros entre el antiguo puente de Santa Ana y la entrada al Embovedado de Plaza Nueva. Y todo por ahorrarse 1.300 reales de vellón. Evidentemente, la intención última de Baltasar Romero no sólo fue el ahorro, sino eliminar un obstáculo visual que separaba las plazas de Santa Ana y Nueva.

Los trabajos de retirada de escombros del lecho del Darro y reconstrucción de los muros debieron acometerse inmediatamente, antes de que llegasen las lluvias otoñales. En otro informe-proyecto que elaboró el arquitecto José Contreras año y medio después (4 de abril de 1837) para cubrir con bóveda el tramo que quedaba por debajo del Puente de Santa Ana, ya habla en pasado sobre la existencia del Pilar, señal inequívoca de que había sido desmontado y embutido en el muro.

También Baltasar Romero propuso por esas fechas (23 de febrero de 1837) embovedar la Plaza de Santa Ana; aducía que estaba revestido de mando político para poder hacerlo. Este hombre parece que fue un tanto visionario, pues el 12 de enero de 1835 ya había hecho un anteproyecto de presa en el Darro (en la Compuerta Real) para prevenir avenidas

También Baltasar Romero propuso por esas fechas (23 de febrero de 1837) embovedar la Plaza de Santa Ana; aducía que estaba revestido de mando político para poder hacerlo. Este hombre parece que fue un tanto visionario, pues el 12 de enero de 1835 ya había hecho un anteproyecto de presa en el Darro (en la Compuerta Real) para prevenir avenidas. Romero se formó como maestro mayor de obras en la Real Academia de San Fernando, Madrid; depositó su título en el Ayuntamiento en 1831 para poder ejercer en la ciudad; efectuó infinidad de construcciones hasta 1865, tanto de carácter público como viviendas. Colaboró en la reconstrucción de la Alcaicería (1843), en la Alhambra (1857), varias casas de San Matías y Cuesta de Gomérez fueron obras suyas, etc.

¿También los elementos ornamentales?

La Fuente de las Ninfas era de tipo renacentistas, inspirada en fuentes que proliferaron en Italia en el siglo XVI. Estaba profusamente decorada con algunos elementos interesantes; los dos principales eran unos enormes leones que apoyaban sus garras sobre los extremos del brocal del pilar rectangular, con caños de bronce en sus bocas por los que vertían agua. Debieron estar inspirados en los leones de la Alhambra, aunque en este caso eran más expresivos y realistas. En el centro del frontispicio había dos hornacinas que contenían dos figuras de mujer, o ninfas, por cuyos pechos también salían caños que vertían agua al pilar. Lo más probable es que el agua de todos estos caños la alimentase el flujo de la acequia de Romayla que discurre por la calle de Santa Ana, aproximadamente unos tres metros por encima del nivel que tenía la base de la Fuente de las Ninfas. La acequia de Romayla precisamente se dividía en dos ramales al llegar a este punto: uno continuaba hacia Gomérez para descender por San Matías y el otro atravesaba el embovedado de Plaza Nueva para encaminarse por el Zacatín abajo.

En este grabado de Prangey (primavera de 1835) se ven perfectamente las cuatro casas construidas apoyándose sobre machones elevados desde el lecho del Darro; todas ellas fueron derruidas a causa de la riada. Sobre el espacio donde comenzaba la bóveda del río se ubicaba la enorme fuente, tapando el hueco hasta la esquina del Hospital. Los arcos laterales estaban cegados porque daba directamente al cauce; los leones se ven en los extremos, pero las hornacinas con las ninfas aparecen vacías. De la iglesia de Santa Ana apenas sobresalía su torre.

Nada sabemos sobre si las ninfas, las esculturas de los dos leones, el escudo real y otros elementos ornamentales fueron utilizados como relleno en el muro. Lo más probable es que no lo hicieran y fuesen a parar a algún lugar hoy desconocido. Pero tampoco es descartable que los trocearan y los utilizaran como mampostería. [Esto se aclararía si alguna vez se acomete una intervención arqueológica en el lugar].

La Fuente de las Ninfas es muy nombrada en la literatura del siglo XVII granadino. El primero en hacerlo fue Henríquez de Jorquera en sus Anales de Granada (1642). Las ninfas estaban en hornacinas de tamaño natural, hechas en alabastro y jaspe; encima de ellas, en el entablamento, figuraba el escudo real de Felipe II 

La Fuente de las Ninfas es muy nombrada en la literatura del siglo XVII granadino. El primero en hacerlo fue Henríquez de Jorquera en sus Anales de Granada (1642). Las ninfas estaban en hornacinas de tamaño natural, hechas en alabastro y jaspe; encima de ellas, en el entablamento, figuraba el escudo real de Felipe II (muy similar al que hay en la Real Cancillería), pues esta obra fue hecha entre 1590 y 1593. Cogió de corregidores del Ayuntamiento a Alonso de Cárdenas (1589-90) y a Mosén Rubí de Bracamonte y Dávila. El frontispicio lo coronaba una cartela con los nombres y fechas mencionados, además de tener una especie de pináculos en forma de granadas y vasijas.

El entablamento se componía de cuatro columnas jónicas que sostenían la parte hidráulica y coincidían con el pilar. A ambos lados había dos puertas con sus arcos de medio punto, pero cegados ya que detrás estaba el río; para acceder a la iglesia y barrio de la Churra había que dar la vuelta por el Puente de Santa Ana. En cierto modo, esta fontana reproducía elementos ya colocados en la fachada de la Real Chancillería. Tanto su maestro de obras como el cantero ejecutor fueron los mismos, es decir, Juan de la Vega y Alonso Hernández, respectivamente.

El pilar servía tanto de tomadero de agua para consumo doméstico y como de abrevadero de animales que circulaban por la Carrera del Darro. Estaba subido sobre una escalinata de piedra de Sierra Elvira que lo realzaba.

La cuestión sobre el paradero de las ninfas se complica si nos fijamos con detalle en el grabado de Gerault de Prangey. Dibujó la Fuente en la primavera de 1835, justo unas semanas antes de la crecida del Darro. En su grabado aparecen las hornacinas vacías, sin las dos ninfas

La cuestión sobre el paradero de las ninfas se complica si nos fijamos con detalle en el grabado de Gerault de Prangey. Dibujó la Fuente en la primavera de 1835, justo unas semanas antes de la crecida del Darro. En su grabado aparecen las hornacinas vacías, sin las dos ninfas. ¿Cuál fue la causa? ¿Se olvidó de dibujarlas? ¿Estaban retiradas puntualmente por algún motivo? ¿Se encontraron entre las piezas que expoliaron los franceses? Este extremo nunca lo sabremos, pero en el grabado se aprecia claramente que las hornacinas estaban vacías las semanas anteriores a la riada de 1835. No así los dos leones en los extremos del pilar, cuyos tamaños son casi tan grandes como las mulas que están abrevando en el grabado.

La descripción que hizo de esta Fuente Bermúdez de Pedraza (Historia Eclesiástica de Granada, 1655) añade algún dato curioso y discrepancia: dice claramente que estaba construida sobre un puente que cubre el río Dauro, “con otra fuente larga de mármol blanco, con dos damas de la misma piedra (no alabastro como indicó Jorquera) y dos grandes leones, que en pie y puestas las manos sobre el borde de la fuente, vierten dos caños de agua, y en medio escudo de piedra parda de las armas reales de Castilla”.

Esta es una de las muchas versiones del grabado Vista de la Real Chancillería. En este caso, de 1770, se aprecian las ninfas en sus hornacinas y más escalinatas para acceder al pilar.

Lo que sí podemos asegurar es que las ninfas estuvieron en sus hornacinas en los años inmediatamente anteriores. En todas las versiones hechas de la Perspectiva de la Chancillería de Granada (desde 1715 de Juan Álvarez de Colmenar a las de Daumont de finales del XVIII) las dos mujeres estaban colocadas echando agua por sus pechos.

El hecho cierto es que la Plaza de Santa Ana continuó existiendo de modo diferenciado a Plaza Nueva durante unas cuantas décadas más del siglo XIX. El Puente de Santa Ana unía las calles de Pisas con Santa Ana, con una rampa de unos tres metros de desnivel

El hecho cierto es que la Plaza de Santa Ana continuó existiendo de modo diferenciado a Plaza Nueva durante unas cuantas décadas más del siglo XIX. El Puente de Santa Ana unía las calles de Pisas con Santa Ana, con una rampa de unos tres metros de desnivel. El río discurría descubierto entre este puente y el lugar de la Fuente, medio centenar de metros, aproximadamente, hasta que en 1878-80 se decidió embovedar el tramo y unificar las dos plazas. Para ello fue preciso allanar el lugar y crear el malecón que contiene la calle Santa Ana (donde fue construida una escalinata y, en 1941, colocado el Pilar del Toro). La puerta de la iglesia de Santa Ana quedó colgada y hubo de construírsele la actual escalinata.

Esta zona de las plazas contiguas de San Gil, Plaza Nueva y Santa Ana ha estado en continuas realineaciones durante todo el siglo XIX y hasta 1944 en que fue retranqueado el edificio del Hospital (actuales juzgados).

Hoy la fachada de la iglesia hermosea en el conjunto, haciendo de forillo de la amplia vista. Ya no existe la Fuente de las Ninfas que la oculte como ocurrió hasta 1835. El deseo del arquitecto Baltasar Romero quedó hecho realidad.

El plano de Dalmáu (1796) dibujó el tramo de río descubierto entre el Puente de Santa Ana y la fuente (remarcada en rojo), completamente rodeado por edificaciones.

Esta foto es de hacia 1872. El Puente de Santa Ana tenía una rampa para salvar los tres metros de desnivel entre la Carrera del Darro y la calle Santa Ana; a la iglesia se accedía a pie llano. Se ve el tramo de río todavía descubierto, rodeado de un pretil mixto de piedra y pilares que soportaban una barandilla de hierro. Se aprecia perfectamente deformada la esquina del Hospital sobre el que apoyaba la Fuente de las Ninfas, hasta la altura de la fila de balcones: siete metros de altura. También se ve la pequeña fuente instalada un poco más abajo y recolocada tiempo después en el lugar que ocupa en la actualidad. Este tramo de río fue embovedado definitivamente en 1878-80. Los sillares de la Fuente de las Ninfas fueron reutilizados para construir el muro de la izquierda, principalmente (donde hay dos personas sentadas).
Reconstrucción-comparación de alineaciones antiguas y actuales efectuada por el arquitecto Carlos Sánchez Gómez. En rojo, las líneas actuales. En rosado, las casas desaparecidas en 1835 y el retranqueo de las primeras casas de la Carrera del Darro para ensanchar la calle, ya a partir de 1862. También se ve cómo la fachada del Hospital fue retranqueada unos cuatro metros en 1944 para dar mayor amplitud y mejorar las vistas de Plaza Nueva-Santa Ana; la idea fue que la iglesia de Santa Ana se pudiese ver completa desde la calle Reyes Católicos.

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