Un verano en el Parque de las Ciencias.

Tengo derecho a perder ese tren

Blog - La buena vida - Ana Vega - Martes, 30 de Junio de 2015
Cartel de la película 'Las ovejas no pierden el tren'
Cartel de la película 'Las ovejas no pierden el tren'

En una escena de la película “Las Ovejas no Pierden el Tren”, de Álvaro F. Armero, Alberto San Juan sale al balcón y grita con todas sus fuerzas: “Tengo derecho a perder ese tren, tengo derecho a perder este tren; ese y todos los trenes que me de la gana…..”. En ese instante, se agolparon en mi cabeza unos cuantos trenes perdidos en mi vida. Trenes sobre los que todo el mundo a mi alrededor se había permitido opinar sobre la necesidad de aprovechar o sobre lo afortunada que era por haber tenido un billete comprado.

Tendríamos que preguntarnos si sacrificamos nuestros deseos con demasiada frecuencia, si anteponemos los deseos de los que nos rodean a los nuestros habitualmente……Si tendemos a cumplir las expectativas que los otros tienes sobre nosotras aunque no coincidan, ni de lejos, con las nuestras.

Podemos recordar la tabla de los derechos asertivos de vez en cuando; tenerlos presentes nos facilitaría bastante la tarea de cumplir nuestros deseos en lugar de sucumbir a los proyectos que, a aquellos a los que nos importan, les parecen los más apropiados para nosotras. Incluso cuando lo hacen pensando que nos harían más felices.

·         Derecho a ser tratado con respeto y dignidad.

·         Derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.

·         Derecho a ser escuchado.

·         Derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones.

·         Derecho a decir NO sin sentirme culpable.

·         Derecho a pedir lo que quiero.

·         Derecho a cambiar.

·         Derecho a cometer errores.

·         Derecho a cambiar de opinión.

·         Derecho a pedir información y ser informado.

·         Derecho a obtener aquello por lo que pagué.

·         Derecho a decidir no ser asertivo.

·         Derecho a ser independiente.

·         Derecho a decidir qué hacer con mi vida.

·         Derecho a tener éxito.

·         Derecho a fracasar.

·         Derecho a gozar y disfrutar.

·         Derecho a mi descanso y aislamiento.

·         Derecho a superarme incluso superando a los demás.

 

Estos son los clásicos pero la lista puede ser infinita y al gusto de cada cual; os animo a confeccionarla; incluso puede cambiar de un día para otro.

Repasando cuándo nos saltamos algunos de nuestros  derechos comprenderemos que, en la mayoría de las situaciones en las que no nos sentimos respetados, el problema no es tanto de los otros como de nuestra falta de habilidad y convicción para responder de forma apropiada o como desearíamos hacerlo.

Hay que aprender a marcar límites y a expresar las propias opiniones y no cambiar de rumbo por miedo a ser desaprobados o evitar reacciones contrarias. Atrevernos a perder  ese tren y no sentirnos obligados a anticiparnos en el cumplimiento de lo que los demás esperan de nosotros.

Imagen de Ana Vega

Licenciada en Filosofía. Experta en Género e Igualdad de Oportunidades y especializada en temas de Inteligencia Emocional. Con su blog, La buena vida, no pretende revelarnos nada extraordinario. Tan solo, abrirnos los ojos un poquito más y mostrarnos que la vida puede ser más llevadera.