Un verano en el Parque de las Ciencias.

Por qué lo llaman suerte cuando quiere decir esfuerzo

Blog - La buena vida - Ana Vega - Sábado, 10 de Junio de 2017
La suerte duradera es para aquel que la trabaja, reflexiona Ana Vega.
A.V.
La suerte duradera es para aquel que la trabaja, reflexiona Ana Vega.

“Crear es dar forma al propio destino”. Albert Camus

Si acudimos al diccionario para definir suerte, encontramos que esta palabra hace referencia a la casualidad, relación desconocida que se supone que hay entre los sucesos y las circunstancias, no intencionada o previsible; su segunda acepción sería casualidad a la que se fía la resolución de una cosa y también la define como poder o causa desconocida e hipotética que determina los sucesos favorables o adversos en la vida de una persona.

Bernard Weimer, psicólogo cognitivo especializado en motivación, para explicar la influencia que nuestra historia personal tiene en la representación que hacemos de nosotros mismos y de nuestra experiencia de vida pone sobre la mesa cómo podemos atribuir nuestros logros o fracasos a causas internas (esto es, todo lo que depende de nosotros mismos como el esfuerzo o la constancia) o a causas externas (aquellas que escapan a nuestro control como el azar, la suerte, el destino).

Si achacamos los resultados a causas internas, nos sentiremos más responsables directos de los resultados que obtenemos; sin embargo, si lo atribuimos todo a causas externas, eludiremos nuestra responsabilidad 

Si achacamos los resultados a causas internas, nos sentiremos más responsables directos de los resultados que obtenemos; sin embargo, si lo atribuimos todo a causas externas, eludiremos nuestra responsabilidad atribuyéndosela al azar o la suerte, algo que no depende de nosotros y nos convierte en seres pasivos. Para este autor, la suerte tal y como la conocemos no sería sólo el fruto del azar sino de nuestro carácter; el resultado de la manera en cada  uno de nosotros explica y se explica todo lo que le sucede.

Alex Rovira, en su libro La Buena Suerte, explica cómo al anteponer el adjetivo buena a la palabra suerte, estaríamos introduciendo un componente de voluntad siendo la buena suerte el resultado de una determinada forma de estar en el mundo, del compromiso con unos valores, y de una actitud no pasiva; lejos de ser algo fortuito, sería el  producto de un trabajo personal desarrollado a lo largo del tiempo.

Así, como nos recuerda Balzac,” la resignación es un suicidio cotidiano” porque justificar todo lo que nos pasa por nuestra buena o mala suerte es la forma de no hacernos responsables de nuestra vida. Es la mejor forma de convertirnos en esclavos de las circunstancias, de escapar a la reflexión necesaria que debería acompañar a toda toma de decisión, de los actos que determinarán el curso de nuestra vida. Esta actitud de atribuirlo todo al azar, puede evitar que nos impliquemos todo lo posible para alcanzar nuestras metas o conseguir que algo funcione. Faltará motivación al no depender el resultado de un posicionamiento personal, de la voluntad sino de la providencia.

Para desarrollar una buena suerte voluntaria y que perdure en el tiempo habrá que definir aquello que queremos conseguir para saber en que dirección iniciar nuestro camino hacia la buena suerte y mantener una actitud abierta en la vida, estar disponible, alerta ante todo lo que sucede a nuestro alrededor; aceptar los imprevistos como una ocasión para aprender y mejorar, aprender a relativizar los infortunios.

En este sentido, la buena suerte tiene mucho más que ver con la perseverancia y el trabajo para alcanzar lo que nos proponemos, con una actitud positiva y con estar pendiente de las oportunidades para no dejarlas escapar. Para que algo funcione, es imprescindible la predisposición a ello.

La suerte duradera es para aquel que la trabaja, nuestro futuro está siempre en construcción  y no podemos dejarlo en manos extrañas. Nada más lejos de la magia; salir a buscar lo que quieres en lugar de quedarte sentada esperando.

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Imagen de Ana Vega

Licenciada en Filosofía. Experta en Género e Igualdad de Oportunidades y especializada en temas de Inteligencia Emocional. Con su blog, La buena vida, no pretende revelarnos nada extraordinario. Tan solo, abrirnos los ojos un poquito más y mostrarnos que la vida puede ser más llevadera.