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'La música española, entre el folklore y la vanguardia'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 11 de Octubre de 2023
El cantante asturiano Rodrigo Cuevas.
El cantante asturiano Rodrigo Cuevas.

No es la primera vez que desde este blog hablo sobre la obsesión de la música española de los últimos años con combinar sonidos tradicionales del folklore patrio con el pop o la electrónica de corte más vanguardista. Pero es que esta tendencia no solo no para, sino que sigue dando frutos a todos los niveles. No hay más que observar los nuevos discos de tres artistas que han optado por este camino, lanzados todos ellos a lo largo del mes de septiembre. Cada uno tiene diferentes niveles de visibilidad y fama, y cada uno bebe en mayor o menor medida de la tradición, pero en todos los casos esta estrategia forma parte central de su sonido y su identidad artística.

Se está hablando de este álbum y de su autor como “el futuro del pop español”, y no es sorprendente. En la particular coctelera de Choo caben la bossa nova, el hip hop, los ritmos latinos, el R&B minimalista de Frank Ocean y el flamenco, entre otros

Si empezamos por el artista que menos peso específico da a la música tradicional en su propuesta, y también el más escuchado, hay que hablar de Ralphie Choo. Este joven madrileño forma parte del colectivo y sello Rusia-IDK, junto a compañeros como rusowsky o DRUMMIE, los cuales llevan unos años labrándose un espacio en la escena de hip hop y pop contemporáneo en nuestro país. En abril consiguieron aún más exposición gracias a sus colaboraciones y sus labores de producción en el último y excelente disco de Dellafuente, Lágrimas pa otro día, y ahora Choo ha debutado con un fascinante disco de inquietante portada (inspirada en las de Aphex Twin), SUPERNOVA. Se está hablando de este álbum y de su autor como “el futuro del pop español”, y no es sorprendente. En la particular coctelera de Choo caben la bossa nova, el hip hop, los ritmos latinos, el R&B minimalista de Frank Ocean y el flamenco, entre otros. Pero lo más importante no es la cantidad de estilos, sino el buen gusto con el que se combinan de formas innovadoras y con resultados de lo más seductores.

Desde luego, la razón fundamental por la que este es uno de los LPs más interesantes de lo que va de año en España es la exquisita producción. El eclecticismo en cuanto a influencias no es obstáculo para la sensación de estar ante un disco bien pensado y ejecutado, gracias al equilibrio que mantiene entre sus distintos ingredientes. Se nota en este aspecto la formación musical de Choo, que sabe cómo integrar lo orgánico y lo digital de manera excepcional. Da igual si hablamos de una etérea balada con guitarra a lo Blonde, como “TOTAL90NOSTALGIA”, de una avasalladora cumbia deconstruida, como “MÁQUINA CULONA”, o de esa especie de rumba con toques de electropop que es la excelente “BESO BRUMA”: cada sonido está perfectamente cuidado y situado donde tiene que estar. Menos entusiasmo me genera el estilo vocal de Ralphie, tan nasal y a menudo susurrado, amén de filtrado por multitud de efectos. En mi opinión, cuando consigue componer una canción redonda, como es el caso de “GATA”, con rusowsky, esos defectos se olvidan fácilmente y sus virtudes brillan en todo su esplendor. Cuando las canciones son más imperfectas en su desarrollo, como los “TANGOS DE UNA MOTO TRUCADA”, el resultado es algo más hueco, aunque se aprecie el preciosismo instrumental.

En medio, tenemos un poco de todo: recreaciones de canciones tradicionales con samples de banda de Semana Santa incluidos (“María de las Mercedes”), temas pensados para incendiar una rave (“Carita”), dulces nanas sintéticas (“Patitas”) o sevillanas convertidas en temazos rompepistas (“Pintor de loza”)

En cualquier caso, en la propuesta de Ralphie Choo el flamenco es simplemente una parte más del tapiz de géneros a partir de los cuales hila su música, sin más agenda que unir todo lo que se escucha en algo nuevo que trascienda las barreras previas, en la dirección de la Rosalía de MOTOMAMI. Para los sevillanos Pirámide, en cambio, el flamenco es uno de los dos grandes pilares a partir de los cuales construyen su música, junto a la electrónica, y entienden su trabajo como una forma de hacer avanzar ambos géneros. El trío de Los Palacios y Villafranca lanzó el 8 de septiembre su LP de debut, Campo Modular. Al igual SUPERNOVA, se trata de un trabajo muy cuidado en su presentación y estructura. La primera canción, “El uvero”, es una recreación de un pregón de Manolo Caracol dedicado a las uvas de Los Palacios, que crea una interesante atmósfera a través de su uso de los sintetizadores; la última, “El pastillero”, es una reinterpretación de ese mismo pregón en clave techno. En medio, tenemos un poco de todo: recreaciones de canciones tradicionales con samples de banda de Semana Santa incluidos (“María de las Mercedes”), temas pensados para incendiar una rave (“Carita”), dulces nanas sintéticas (“Patitas”) o sevillanas convertidas en temazos rompepistas (“Pintor de loza”).

Pero la potencia de canciones como “Fractales”, que yuxtapone la suavidad de sus primeros compases con momentos de una euforia melancólica y bailable, muestra que Pirámide tienen mucho que ofrecer. Tengo muchísima curiosidad por verlos en directo, especialmente dado lo mucho que cuidan el aspecto visual

Creo que no todo les sale bien. Por una parte, “CDLP”, siglas del Canal de los Presos construido por prisioneros políticos del franquismo a lo largo de dos décadas y que pasa por Los Palacios, para mí no funciona. Pensada como una pista de transición entre las dos mitades del álbum, empieza con un pasaje ambient acompañado de la voz de alguien (modificada para sonar más grave) explicando los usos actuales del Canal. Lo cierto, no obstante, es que, aunque trata un tema interesante antropológica y políticamente, interrumpe la progresión del disco sin que se llegue a entender del todo bien, salvo que conozcas el contexto. Tampoco me gusta demasiado “La culpita”, que en su segunda mitad está plagada de efectos cacofónicos. Y otro problema que atraviesa varias canciones es que la voz y la dicción de Claudio Maestre no terminan de complementar a las composiciones y melodías más clásicas, llegando a resultar un poco desagradables en algunos momentos, como en “María de las Mercedes”. Pero la potencia de canciones como “Fractales”, que yuxtapone la suavidad de sus primeros compases con momentos de una euforia melancólica y bailable, muestra que Pirámide tienen mucho que ofrecer. Tengo muchísima curiosidad por verlos en directo, especialmente dado lo mucho que cuidan el aspecto visual.

Quizás sea Rodrigo Cuevas el artista español que está renovando la tradición con más decisión y, al mismo tiempo, con más reverencia. El asturiano parte de una excavación del folklore de su tierra, especialmente el de las zonas rurales, para, a partir de ahí, crear canciones que funcionen perfectamente en un contexto pop

Dicho todo esto, quizás sea Rodrigo Cuevas el artista español que está renovando la tradición con más decisión y, al mismo tiempo, con más reverencia. El asturiano parte de una excavación del folklore de su tierra, especialmente el de las zonas rurales, para, a partir de ahí, crear canciones que funcionen perfectamente en un contexto pop. Ya con Manual de Cortejo (2019), producido por el gran Raül Refree, presentó ante el gran público una propuesta totalmente madura. Ahora, en Manual de Romería, Cuevas ha expandido aún más sus horizontes. Trabajando con Eduardo Cabra (más conocido como Visitante, de Calle 13), Rodrigo ha hecho un disco de homenaje a la fiesta y el baile, con mucho mayor protagonismo de la percusión y los ritmos, bebiendo también de la música latinoamericana de ayer y de hoy. Lo mismo escuchamos percusión afrocaribeña en “CASARES” que un final cuasi-techno en “ROMERÍA”. En temas como este último o los singles “CÓMO YE?!” y “MÁS ANIMAL”, Cuevas se atreve incluso con dicciones propias del rap y sale muy bien parado.

Sin embargo, no es este un disco de un solo registro. Ya la pista introductoria nos pone sobre aviso: “BYPA” es una muy reposada canción cantada a capela, acompañado solo por los coros del grupo corso A Filetta, en la que Cuevas se admira del canto de diversas especies de pájaros. Esta letra es perfecta como introducción al disco porque habla de la admiración de Cuevas por la vida rural y la diversidad que esta encierra, aunque los estereotipos digan lo contrario. Estas ideas se filtran también en otros temas. “ALLÁ ARRIBITA” es una contemplativa loa a la libertad que se respira en las montañas y tiene el que posiblemente sea el mejor estribillo del disco. “DIME RAMO VERDE”, por su lado, parte de una canción tradicional de la comarca de Sanabria para explorar, en unas estrofas recitadas con rabia, las consecuencias del bullying y la homofobia que sufrió en su infancia, al tiempo que manda un mensaje de esperanza a otrxs niñxs que estén una situación similar. En “CÓMO YE?!”, retrata el mercado de los lunes en Infiesto, la capital del concello de Piloña, donde reside en la actualidad, como un desfile de mozos presumidos que van en busca de otros mozos. La canción se convierte poco a poco en una auténtica fiesta.

 Cuevas hace un ejercicio casi etnomusicológico, con cuatro grabaciones de campo de músicxs locales cantando canciones tradicionales que aparecen como interludios. ¿Cómo no admirarse del sobrecogedor timbre de voz de Edelio González, o del buen humor de Nieves Rodríguez?

Al mismo tiempo que crea todas estas nuevas sonoridades y que retrata lo tradicional de esta manera tan “moderna”, Cuevas hace un ejercicio casi etnomusicológico, con cuatro grabaciones de campo de músicxs locales cantando canciones tradicionales que aparecen como interludios. ¿Cómo no admirarse del sobrecogedor timbre de voz de Edelio González, o del buen humor de Nieves Rodríguez? El final, con las gaitas y la voz de Mariluz Cristóbal cantando “A Covadonga marcho mañana/vente conmigo, galán del alma”, es simplemente perfecto. Es cierto que el instrumental de “YO NUN SOI MARINERU”, que intenta combinar canto lírico, panderetas y un sub-bajo sintético, no termina de funcionar. Pero también lo es que pocas canciones tan buenas como “CASARES” se han hecho en los últimos años en España. La verdad es que este Manual de Romería me parece el disco del año en nuestro país. No en vano ha sido galardonado esta misma semana con el Premio Nacional de Músicas Actuales del Ministerio de Cultura y Deporte.

Y lo mejor es que no paran de aparecer artistas que se adentran en estas mismas aguas con bastante éxito. Aún estamos esperando el debut de los murcianos Maestro Espada, que el año pasado nos dejaron boquiabiertos en la clausura del Festival de Jóvenes Realizadores de Granada. Incluso un grupo tan aparentemente alejado de estos códigos como Nerve Agent lanzó hace poco una “Jota a la Rata” que no podía sonar más tradicional. Por lo que parece, el folklore ha vuelto a la música pop española para quedarse.

 

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

(Osuna, 1992) Ursaonense de nacimiento, granaíno de toda la vida. Doctor por la Universidad de Granada, estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Aficionado a la música desde la adolescencia, siempre está investigando nuevos grupos y sonidos. Contacto: jesus.martinez.sevilla@gmail.com