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'C. Tangana completa su transición a estrella del pop latino en el desigual El Madrileño'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 3 de Marzo de 2021
C. Tangana –'El Madrileño'
Portada de 'El Madrileño', de C. Tangana.
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Portada de 'El Madrileño', de C. Tangana.

Ambición no le falta a Antón Álvarez, eso nadie se lo puede negar. Puchito, antes conocido como Crema, más tarde convertido en estrella como C. Tangana, ha experimentado una de las metamorfosis más absolutas y difíciles de predecir de la historia de la música española. De ídolo local en la escena madrileña de hip hop underground, a innovador rapero alternativo admirado por el público y la prensa indie, a artista superventas con aires intelectuales en cuestión de diez años. Se podría decir, de hecho, que el auténtico hilo común entre todas sus fases es precisamente esa ambición: Tangana ha querido ser el mejor en cada cosa que se ha propuesto. Podemos debatir si de hecho lo ha sido, pero quien le acuse de no haberlo intentado, de haber ido a lo fácil, de haberse conformado, no ha prestado atención. Es en base a ese parámetro y esas coordenadas que tiene más sentido, en mi opinión, evaluar a este músico, en lugar de perdernos en la sempiterna y estéril discusión sobre si “se vendió” en algún momento entre 2011 y 2016.

C. Tangana, ha experimentado una de las metamorfosis más absolutas y difíciles de predecir de la historia de la música española. De ídolo local en la escena madrileña de hip hop underground, a innovador rapero alternativo admirado por el público y la prensa indie, a artista superventas con aires intelectuales en cuestión de diez años

He dejado claro con anterioridad que mi fase favorita de su carrera es la recogida en tres discos clave: Kind of Red, C. Tangana (ambos de 2011) y LO▼E'S (2012). El giro de 180 grados que Tangana y Agorazein fueron capaces de darle en apenas tres LPs al sonido del hip hop underground español, por lo demás tan limitado, sigue pareciéndome una cumbre difícil de superar en cuanto a ambición artística. Pero pasar de ser escuchado por unos miles de oyentes a convertirse en referencia absoluta del pop en nuestro país es un salto objetivamente más difícil, y eso también me ha parecido admirable, aunque haya significado que no todos sus trabajos me interesen tanto como aquellos. E incluso aunque el personaje con el que ha decidido emprender ese salto tenga muchos elementos que, francamente, me dan un poco de grima. Porque Pucho no es tonto, y esto tampoco lo puede negar nadie: ha sabido dar giros en momentos clave para volver a enganchar a parte de su público, para renovar su discurso, para no caer en la autoparodia (o hacerlo de forma consciente e irónica).

Entre esos giros, en los últimos años destacaba una tendencia: la de incorporar a su música, junto con los sonidos pop y hip hop que lo hicieron famoso, elementos cada vez más explícitos de músicas tanto latinas como españolas, sin complejos. Empezando por la magnífica “Un veneno”, junto a Niño de Elche y producida por Raül Refree, bolero macarra y mitómano que inició un camino que ha culminado en este nuevo álbum, El Madrileño. Visto ahora, resulta casi obvio: una vez alcanzada la cima, ¿qué podía hacer Antón para no repetirse y aportar algo diferencial (y, al mismo tiempo, asaltar el mercado latinoamericano)? Respuesta: tomar un poco de aquí y un poco de allá, creando híbridos modernos de estilos folk de ambos lados del Atlántico con pop contemporáneo. En realidad, así expresado, no es nada nuevo: se trata de una de las tendencias más populares y mejor asentadas en la música española reciente. Lo que aporta Pucho tiene que ver con la escala y con la creación de una narrativa.

El Madrileño es, además del nombre del disco, un nuevo alias y un personaje que sirve a Tangana para explorar la música más cañí y fiestera de nuestro país, a veces tan denostada, pero insertada en su ADN musical, y unirla después a través del viaje y la mezcla con géneros como la bossa nova, el bolero, la rumba cubana, la bachata, el corrido o el rock latino

El Madrileño es, además del nombre del disco, un nuevo alias y un personaje que sirve a Tangana para explorar la música más cañí y fiestera de nuestro país, a veces tan denostada, pero insertada en su ADN musical, y unirla después a través del viaje y la mezcla con géneros como la bossa nova, el bolero, la rumba cubana, la bachata, el corrido o el rock latino. Es un dandi con problemas de abuso de sustancias pero que también tiene su corazoncito. Tiene, además, muchos y muy buenos amigos: El Madrileño es un blockbuster album en toda regla, cargado de apariciones sorpresa, invitados famosos y alusiones a canciones conocidas. La verdad es que el concepto está mucho mejor traído, conecta mejor música y mito y ha surgido de forma más orgánica que la fumada que se montó en Ídolo (2017). Ahora bien, los resultados son desiguales: hay aquí desde himnos destinados a perdurar a aburridos y planos intentos de meter con calzador otro featuring, otro género musical, otra faceta de la misma idea.

Empezando por lo bueno: “Tú me dejaste de querer” ha batido récords como la canción más escuchada en un solo día en Spotify España, y por buenos motivos. La fusión de rumba y bachata funciona a la perfección, y ese espíritu ecléctico se ve también en la forma de meter referencias a Los Chichos a través de los coros de Niño de Elche (no es casual su presencia tanto en la primera piedra del camino hacia el disco como en su mayor hit). También rescata Tangana otro single exitoso en el que empezó a meter esas referencias expresas a la música española: “Nunca estoy” es otro triunfo, con sus guiños a Rosario y Alejandro Sanz y ese truco de cantar desde la perspectiva de la pareja que tiene que soportar al Madrileño. De las canciones que no conocíamos, la mejor es sin duda “Muriendo de envidia”. Su forma de deslizarse entre la rumba cubana y la flamenca y la brillante idea de poner en boca del cubano Eliades Ochoa la letra y melodía de “Lola”, el homenaje del Pescaílla a su esposa Lola Flores, hacen de este un punto álgido del álbum, la culminación musical e ideológica de su propuesta.

Pero hay, por desgracia, cosas no tan buenas. Me pregunto, por ejemplo, cómo de necesario era incluir otra rumbita más, habiendo tantas en el disco, simplemente porque en ella aparecieran los Gipsy Kings:

Pero hay, por desgracia, cosas no tan buenas. Me pregunto, por ejemplo, cómo de necesario era incluir otra rumbita más, habiendo tantas en el disco, simplemente porque en ella aparecieran los Gipsy Kings: “Ingobernable” es entretenida, pero no pasa de ahí por culpa del exceso de efectos en la voz, la mala mezcla del bajo sintético en el estribillo y ese aburrido puente (“que no me quieres querer”, repite una y otra vez). En esta línea es mejor “Los tontos”, con Kiko Veneno, quizás el invitado más cercano espiritualmente a lo que intenta hacer Pucho en el disco: los estilos se funden mejor y todo sale más suelto. Hablando de la filosofía del disco, esta se plantea de forma explícita en el sample de una entrevista al coplista Pepe Blanco, en la que habla sobre el rajo que caracteriza la música española. Esto tiene su interés, pero ese truco no sirve para disimular que a “Cuándo olvidaré” le falta energía. Es una buena composición, pero ni la esquelética instrumentación, ni el intento de darle un punto siniestro con los sintes y las voces graves, ni la interpolación de una canción de H.E.R. en el estribillo me parece que le hagan bien.

De fondo hay otro problema: esta transición a megaestrella del pop ha implicado que Pucho rapee menos y cante mucho más de lo que solía. Como él mismo reconoce en “Un veneno”, no es algo que se le dé muy bien. El auto-tune permite que el resultado no sea desastroso, pero en canciones como “Comerte entera” se echa en falta una voz con más registros, capaz de sostener mejor su minimalista instrumentación, además de un mejor estribillo y un rol más digno para Toquinho, que apenas hace unos gorgoritos de fondo. También a la inicial y ya conocida “Demasiadas mujeres” le falta un mejor gancho, además de que mete el “Campanera” de Joselito de forma algo cacofónica. La mejor idea de esta canción, el inicio con una marcha de Semana Santa, es un plagio declarado de otros que acaban de sacar disco, los sevillanos Califato ¾ (la semana que viene publicaremos una reseña). Ellos han declarado que no les parece mal, que para plagiadores ellos, pero eso no quita que la canción se quede algo pobre quitando ese elemento.

también son pobres los intentos de acercarse al rock latino de “Nominao” y “Hong Kong”, por distintas razones. La primera, con Jorge Drexler, tiene una letra bastante poco inspirada y un instrumental anémico, endeble, en el que solo suena bien la guitarra

También son pobres los intentos de acercarse al rock latino de “Nominao” y “Hong Kong”, por distintas razones. La primera, con Jorge Drexler, tiene una letra bastante poco inspirada y un instrumental anémico, endeble, en el que solo suena bien la guitarra. La segunda, con Andrés Calamaro, tiene una letra algo mejor (pese a rimar “noche” con “coche”) y homenajea la mítica “Mil horas” en su estribillo, pero fracasa precisamente al intentar dar más robustez a la música. La mezcla del pasaje más rockero suena horrorosa, al mismo tiempo falta volumen y sobra distorsión; y los efectos electrónicos que intentan dar cuerpo al resto no pegan ni con cola. Como tampoco me parece que peguen los bajos hiper-saturados que lastran “CAMBIA!”. Eso sí, esta versión más electrónica de los corridos mexicanos es conceptualmente perfecta para El Madrileño personaje y El Madrileño disco: una chulesca disquisición sobre la masculinidad y la fama como adicciones entrecruzadas. Incluso la versión de “Un veneno” que aparece aquí, con la aparición de José Feliciano (!!!), tiene en mi opinión algo menos del mordiente que hacía la original tan especial (aunque sigue siendo de lo mejor del álbum, y está bien que la haya remozado después de más de dos años).

Al final, creo que mis sensaciones con el disco se condensan en las que me genera “Párteme la cara”, la balada de pop latino junto al jovencísimo cantautor mexicano Ed Maverick: tiene un estribillo impresionante, con ese eco en los coros de Ed que sobrecoge; pero aunque el resto no está mal, se echa de menos alguna otra cosa que haga que despegue del todo. Los puntos más altos de El Madrileño son, no solo grandes canciones, sino muestras de muy buen gusto musical. Pero hay momentos decepcionantes, canciones imperfectas, algún defecto estructural y, por qué no decirlo, un plantel de colaboradores tan amplio que genera fatiga. No creo que El Madrileño sea un mal álbum, ni mucho menos, pero diría que esa ambición desmedida que siempre ha caracterizado a Antón ha hecho que esta vez se pase un poco de rosca. Eso sí, siempre preferiré a un rey del pop excesivo en sus ambiciones que a uno perezoso.

Puntuación: 6.9/10

Si quieres escucharlo, pincha en el siguiente enlace: C. Tangana – El Madrileño

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).