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Menos sudokus y más conversación

Blog - La buena vida - Ana Vega - Sábado, 27 de Mayo de 2017
Detalle de 'Two Seated on the Wall', (2000), de Juan Muñoz.
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Detalle de 'Two Seated on the Wall', (2000), de Juan Muñoz.

Esta es la respuesta que podría darnos el doctor en Psicología de la Salud, Álvaro Bilbao, si le preguntáramos que hacer para estimular nuestro cerebro y retrasar el deterioro cognitivo. Porque, como decía Aristóteles, somos animales sociales. Y puede que  esto justifique que tengamos unos doscientos millones de neuronas más en el hemisferio izquierdo.

Los millones de neuronas que conforman el cerebro humano, a diferencia de las que conforman otros órganos de nuestro cuerpo, no se renuevan constantemente o en cortos periodos de tiempo sino que nos acompañarán durante toda la vida.

El hecho de que se pierdan unas cien mil neuronas al día entre los treinta y los ochenta años de edad no justificaría por sí solo la pérdida de capacidad intelectual ya que su lugar sería ocupado por otras neuronas que habrían permanecido inactivas hasta ese momento y que serían capaces de establecer nuevas conexiones neuronales.

Fundamentales para retrasar el deterioro cognitivo serían la lectura, viajar, aprender idiomas, a tocar un instrumento y, en general, desarrollar cualquier actividad creativa y novedosas; actividades que nos obliguen a explorar nuevas situaciones y por en práctica nuevas habilidades

Nos estamos refiriendo a la plasticidad neuronal estructural o plasticidad del cerebro que sería la responsable de que la pérdida o deterioro normal de las neuronas no implique necesariamente una pérdida de facultades ya que existe un mecanismo que compensa esa pérdida. Norman Doidge lo explica en su libro El Cerebro se cambia a sí mismo.

Este mecanismo de compensación puede verse reforzado por una serie de hábitos que Álvaro Bilbao refiere como neurosaludables en su libro Cuida tu Cerebro; estos hábitos formarían parte de un estilo de vida que reducirían los factores de riesgo que aceleran el deterioro cognitivo.

El principal de ellos sería la reserva de conocimiento; esto es, los conocimientos adquiridos a lo largo de nuestra vida ayudan a establecer nuevas conexiones neuronales cuando son necesarias. Así, aprender algo nuevo cada día multiplicaría la posibilidad de nuevas redes de sinapsis. Fundamentales para retrasar el deterioro cognitivo serían la lectura, viajar, aprender idiomas, a tocar un instrumento y, en general, desarrollar cualquier actividad creativa y novedosas; actividades que nos obliguen a explorar nuevas situaciones y por en práctica nuevas habilidades.

A mayor complejidad de las tareas, mayor número de neuronas se verán implicadas; si lo aprendido o practicado supone un reto para nosotros, mucho mejor que limitarnos a tareas repetitivas que podamos hacer sin apenas prestar atención de forma mecánica.

Si además la actividad o conocimiento que queremos desarrollar puede ser incluido en nuestro día a día y día y es significativo para nosotros  porque coincide con nuestros gustos e intereses mayor será la implicación por nuestra parte y más gratificante será el esfuerzo.

Si accedemos al conocimiento  navegando en internet, tendremos que evitar entrar en cualquier enlace relacionado con lo que estemos leyendo por muy atractivo o interesante que nos parezca sin haber dedicado el tiempo suficiente para haber asimilado la información que contiene la página que estamos leyendo. Se trata de hacer un buen uso de internet para desarrollar nuestra inteligencia como nos recuerda Llorenc Guilera en su libro No te olvides de tu memoria. Concentrarse en un tema el tiempo necesario es fundamental para conseguir retenerlo en la memoria y asimilar conceptos.

La efectividad de los programas de entrenamiento cognitivo depende de que se adapten en mayor o menor medida a cada persona por eso deben ser individualizados. Hay multitud de estrategias para ejercitar la memoria mejorando los procesos básicos de registro y codificación de la información que deseo recordar, la retención o almacenamiento de la misma y su recuperación cuando la necesitemos.

Otra recomendación que nos hace y que me parece fundamental es la de despertar nuestra curiosidad y para ello propone la lectura fundamentalmente, pero también abandonar nuestra zona de confort probando nuevas experiencias y conversar; intercambiar puntos de vista y argumentar con aquellos que no son afines, con los que interpretan  las situaciones de otra forma porque nos enriquecerá y estimulará nuestra creatividad a la hora de argumentar.

Porque socializar pone en funcionamiento casi todas las áreas de la corteza cerebral  y, al ser un ejercicio intelectual lo suficientemente complejo y novedoso, ayuda a generar nuevas conexiones neuronales; según Álvaro Bilbao, más recomendable que quedarse en casa haciendo crucigramas si esto conlleva el ensimismamiento y desatender las relaciones sociales.

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Imagen de Ana Vega

Licenciada en Filosofía. Experta en Género e Igualdad de Oportunidades y especializada en temas de Inteligencia Emocional. Con su blog, La buena vida, no pretende revelarnos nada extraordinario. Tan solo, abrirnos los ojos un poquito más y mostrarnos que la vida puede ser más llevadera.