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Inteligencia emocional

Blog - La buena vida - Ana Vega - Jueves, 21 de Mayo de 2015

La divulgación de este concepto llegó con Daniel Goleman y la publicación de su libro Inteligencia Emocional en 1995 que se convirtió en un Best seller. En él exponía a través de numerosos casos reales cómo las emociones podían favorecer o dificultar el desempeño de nuestras capacidades mentales; estableciendo límites y determinando los logros o fracasos que podríamos alcanzar en los distintos ámbitos de nuestras vidas según el manejo de estas emociones fuera el adecuado o no.

Para esta nueva concepción de la inteligencia, lo emocional es tan determinante como lo racional para alcanzar el éxito profesional y personal. Y algo más importante aún, las competencias emocionales se pueden aprender; por lo tanto, todos podemos ser inteligentes emocionalmente y más felices.

Pero de qué hablamos cuando decimos que alguien es o maneja las situaciones con inteligencia emocional. Pues en primer lugar, de alguien que tiene una visión realista de sus habilidades pero también reconoce sus debilidades y limitaciones.

Alguien que reconoce sus propias emociones y las nombra y expresa con propiedad, pero también es capaz de reconocerlas en los demás. Para esto debemos empezar observando nuestro comportamiento y el de las personas que nos rodean, los cambios fisiológicos y en la expresión de cara y postura corporal que las distintas emociones provocan; no es lo mismo estar alegres que tristes, enfadados,… Podemos advertir, tras la observación, qué situaciones provocan estos estados de humor; qué pensamientos son los que acompañan a los mismos; las causas y las consecuencias de cada uno.

Todo lo trabajado hasta aquí será muy útil para poder regular nuestras emociones; esto es, controlar y regular los sentimientos para que estos faciliten las actividades que estamos llevando a cabo, nos ayuden a manejar las situaciones y no supongan una dificultad; cuando decimos gestionar emociones no queremos decir reprimir sino dar la expresión apropiada a las emociones que experimentamos.

Así podemos empezar por reconocer y regular emociones como la ira, miedo, tristeza, vergüenza, timidez, envidia, alegría, amor,…Apreciar que los otros también están sintiendo y aprender a comprender y respetar las emociones y su expresión en los demás. Concluir que son las diferencias individuales las que hacen más interesante el mundo.

Otra cualidad sería la autonomía emocional, la capacidad de no verse afectado seriamente por el entorno pero sin llegar a la insensibilidad; no depender emocionalmente de los demás y su aprobación pero  sin llegar a desvincularnos de los que nos rodean y no someternos a la presión social para hacer o comportamos como no deseamos.

Algunos componentes fundamentales serán la tolerancia a la frustración, el manejo de la ira, retrasar las gratificaciones, perseverar en nuestros objetivos, el diálogo interno, el control del estrés, las autoafirmaciones positivas, una sana autoestima, la asertividad,…

Aprenderemos a tomar decisiones responsables, evaluando riesgos y las consecuencias de las posibles alternativas, respetando a los otros y haciéndonos responsable de las propias decisiones; comprometernos sólo hasta donde podamos y queramos y proponiendo soluciones positivas y creativas a los problemas.

Entre la habilidades de relación, destacaremos la creación y mantenimiento de relaciones saludables y basadas en la cooperación; buena comunicación verbal y no verbal; solucionar conflictos negociando y teniendo presente las necesidades y razones de todas las partes implicadas; solicitar ayuda cuando lo necesitemos; saber decir no…Desarrollar conductas prosociales.

En cualquier caso, al hablar de inteligencia emocional se habla de desarrollar competencias básicas para la vida; conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para comprender, expresar y gestionar adecuadamente las emociones; competencias, todas ellas, para el buen vivir, para alcanzar el bienestar personal y, como consecuencia, un mayor bienestar social.  

Estas destrezas pueden ser aprendidas y entrenadas mediante la educación emocional de las personas; una respuesta al conjunto de las necesidades sociales que no quedan suficientemente atendidas por la educación formal.

Imagen de Ana Vega

Licenciada en Filosofía. Experta en Género e Igualdad de Oportunidades y especializada en temas de Inteligencia Emocional. Con su blog, La buena vida, no pretende revelarnos nada extraordinario. Tan solo, abrirnos los ojos un poquito más y mostrarnos que la vida puede ser más llevadera.