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Desear lo deseable

Blog - La buena vida - Ana Vega - Sábado, 23 de Septiembre de 2017
Creación de Kim Joon.
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Creación de Kim Joon.

José Antonio Marina propone encuadrar la educación emocional dentro de un marco ético capaz de configurar los fines que este saber debería perseguir para poder servirnos para educar en valores y el desarrollo de las virtudes. Reconoce a la psicología la capacidad instrumental para el estudio de los sentimientos, las emociones y su funcionamiento pero para elaborar una guía de buen uso se hace necesario abordar la educación emocional desde una perspectiva multidisciplinar en la que la filosofía, más concretamente la ética, no puede ser ajena.

Ya en un artículo publicado en la Revista Universitaria de Formación del Profesorado en 2005, nos alertaba de los peligros de hacer un excesivo hincapié en la necesidad de “sentirse bien”; esta idea puede crear seres excesivamente egoístas como también refiere Martin E. P. Seligman, referente de la psicología positiva. Para el desarrollo de una sana autoestima es necesario no solo no prescindir de sentimientos desagradables como la culpa o la tristeza, sino que es fundamental experimentarlas, aceptarlas y aprender manejarlas para aprender sobre cómo afectan a nuestra forma de estar en el mundo  y de cómo nos relacionamos con los demás.

Para el desarrollo de una sana autoestima es necesario no solo no prescindir de sentimientos desagradables como la culpa o la tristeza, sino que es fundamental experimentarlas, aceptarlas y aprender manejarlas para aprender sobre cómo afectan a nuestra forma de estar en el mundo  y de cómo nos relacionamos con los demás

Reconocer y comprender sentimientos propios y ajenos; su gestión para evitar conflictos, adecuar nuestro comportamiento para alcanzar los fines que nos proponemos; aprender a motivar y demás cuestiones abordadas por la educación emocional son fundamentales para la convivencia y aquí es donde se hace imprescindible la ética. Se hace necesario recuperar la cultura del esfuerzo, puesto que, si nos limitamos a buscar experimentar sensaciones agradables y emociones positivas evitando a toda costa las negativas, crearemos narcisos o grandes egoístas; Antonio Marina habla de “esclavos felices”.

 A lo largo de nuestra vida, las experiencias por las que pasamos hacen que vayamos forjando una forma constante de responder ante distintas situaciones; a esto lo denominamos estilos afectivos, la agresividad, la pasividad, el optimismo, el pesimismo, la timidez, la extroversión, etc… Estos estilos afectivos serían buenos si conducen a buenas acciones y serían malos si nos arrastraran a acciones nocivas. Para Antonio Marina, la educación emocional debería servir para alcanzar los comportamientos que fueran más adecuados para la acción moralmente buena. Como explica en el artículo, tradicionalmente, la ética ha definido virtud como un hábito que dirige y hace posible el buen comportamiento.

Todos hemos experimentado aunque sea mentalmente en la reflexión previa a cualquier decisión que, para que un comportamiento sea moralmente bueno, a veces es necesario dejar de hacer o evitar aquello que nos reportaría bienestar. En ocasiones, hay que olvidarse de lo que nos apetece hacer y ser capaces de hacer algo que requiere un esfuerzo o reporta una dificultad para nosotros; adoptar una actitud que podría conllevar consecuencias no tan agradables  simplemente porque es la acción moralmente correcta.

La educación emocional aunaría los sentimientos a la acción correcta. Para Marina, este paso del sentimiento a la ética crearía individuos nobles y responsables; que no son egoístas, sino solidarios con el resto; valiosos en sí mismos y que valoran a los demás; que actúan dignamente y por lo tanto no desprecian al otro; que no son esclavos de sus emociones e incapaces de esclavizar al otro. Individuos que desearían solo lo éticamente deseable.

La recomendación musical de Ana Vega:

Alabama Shakes - Don't Wanna Fight

Licenciada en Filosofía. Experta en Género e Igualdad de Oportunidades y especializada en temas de Inteligencia Emocional. Con su blog, La buena vida, no pretende revelarnos nada extraordinario. Tan solo, abrirnos los ojos un poquito más y mostrarnos que la vida puede ser más llevadera.