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La compasión

Blog - La buena vida - Ana Vega - Sábado, 24 de Octubre de 2015
Perdonar no es olvidar lo ocurrido, sino rechazar la venganza.
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Perdonar no es olvidar lo ocurrido, sino rechazar la venganza.

La compasión hacia uno mismo y hacia los demás es una facultad que se puede aprender o perfeccionar, si ya se posee. Lo primero que tenemos que recordar es que cada uno de nosotros tiene una experiencia de vida que arrastra y un estado de ánimo en cada momento que nos condicionan.   En el libro Autoestima y Mejora ( Matthew Mckay y Patrick Fanning . Edt. Roca ) se mencionan como los componentes de compasión a la comprensión, la aceptación y el perdón.

El intento de comprender el comportamiento de alguien no siempre resulta fácil pero es el primer paso para llegar a la compasión. Por eso, cuando estemos frente a una persona con una actitud o en una situación determinada pensemos que coincidimos en lo fundamental que estamos ante un ser humano con un cuerpo y una mente humanas como las mías aunque la experiencia y estado de ánimos difieran diametralmente. El comprender el origen o el por qué de ese comportamiento o actitud  nos permitirá ponernos en su lugar; empatizar con él.

La comprensión no es la solución al problema pero sí aporta una orientación sobre qué hacer con él ,como gestionarlo. A veces es tan sencillo como escuchar con atención la versión que esa persona nos da de la situación que se ha provocado atendiendo a su punto de vista, motivaciones y sentimientos respecto a la misma.

Una vez comprendidos los hechos, la aceptación implica que dejaremos de lado todos los juicios críticos que tengamos sobre ella; no la definiremos como malo o bueno, correcto o incorrecto, sino algo que simplemente ha sucedido y es. Aceptar no significa que compartamos ese comportamiento o actitud ; probablemente nosotros reaccionaríamos de otra forma acorde a nuestra experiencia de vida y estado de ánimo y así lo comunicaremos.

Consecuencia directa de aceptación y la compasión resulta el perdón; perdonar no es olvidar lo ocurrido sino rechazar toda idea de venganza  o compensación.

Para ejercitar la compasión es preciso cambiar la forma habitual de pensar. Cuando nos enfrentemos a una situación que no aprobamos, en lugar de juzgarlo como algo reprobable y rechazarla tendremos que intentar comprender que necesidades, carencias o circunstancias hicieron que esa persona se comportara de aquel modo; a continuación, recuerda que puedes aceptar a la persona independientemente de sus actos y, por último, recuerda que perdonar es estar en paz.

Esta secuencia es válida para los otros y para con nosotros mismos; de hecho, empezar practicando la compasión con uno mismo es muy útil para afirmar nuestra valía; para comprender que hacemos lo que podemos con los recursos  y el conocimiento con los que contamos en cada momento; aceptar que aún así nos equivocamos y no cumpliremos todas las expectativas generadas pero siempre hacemos lo mejor que podemos y sabemos y, por fin, perdonarnos y dejar pasar los fracasos sin castigarnos por ellos.

Licenciada en Filosofía. Experta en Género e Igualdad de Oportunidades y especializada en temas de Inteligencia Emocional. Con su blog, La buena vida, no pretende revelarnos nada extraordinario. Tan solo, abrirnos los ojos un poquito más y mostrarnos que la vida puede ser más llevadera.