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Acallar la mente

Blog - La buena vida - Ana Vega - Sábado, 7 de Abril de 2018
A.V.

Si alguna vez habéis asistido a la práctica de una visualización guiada habréis podido comprobar que no es tan fácil seguir las indicaciones y que resulta inevitable que la imagen evocada sea distinta a la propuesta o que sencillamente la mente decida ir por libre y volver a la lista de las tareas pendientes o la última conversación frustrante con alguna amiga.

De la misma forma si intentamos mantener una asana o postura de yoga con los ojos cerrados es mucho más difícil al principio que si lo intentamos fijando nuestra vista en algún objeto externo.

Lograr una sucesión ordenada de pensamientos o de imágenes en la mente no es tan fácil como pudiera parecernos. Sin un entrenamiento adecuado y sin un objeto externo que capture y retenga nuestra atención, las personas somos incapaces de enfocar nuestros pensamientos en algo durante más de unos pocos minutos

Lograr una sucesión ordenada de pensamientos o de imágenes en la mente no es tan fácil como pudiera parecernos. Sin un entrenamiento adecuado y sin un objeto externo que capture y retenga nuestra atención, las personas somos incapaces de enfocar nuestros pensamientos en algo durante más de unos pocos minutos. Los estímulos no cesan y el caos se apodera de nuestra mente; este es su estado habitual.

Cuando estamos leyendo un libro o viendo una película, nos ocurre lo mismo. Si nos resulta muy interesante podremos mantener nuestra atención en ellos, pero la mayoría de las veces perdemos la concentración tras unas cuantas páginas o nuestra mente viaja lejos de la trama de la película y hay que hacer un esfuerzo para volver a llevar nuestra atención a lo que estamos haciendo.

Como nos recuerda M. Csikszentmihalyi, a diario no somos muy conscientes de este desoreden que reina en nuestras mentes porque actuamos con el piloto automático, ejecutando una tras otras las tareas básicas ya aprendidas desde que nos levantamos hasta volver a acostarnos y nos parece que los pensamientos se suceden unos a otros de forma ordenada y sin interrupción. Pero lo cierto es que en el momento en que no tenemos nada que hacer, lo más frecuente es que nuestra mente se adentre en el desorden y nos asalten pensamientos poco útiles e incluso dolorosos. Nuestra atención volará hacia cualquier situación que en esos momentos nos preocupe especialmente, sea esta situación del pasado reciente o vaya a darse en el futuro.

Así, la solución más acertada para este hábito tan nocivo sería ejercitarse en otras tareas que nos proporcionen el control sobre los procesos mentales propios. Siendo conscientes que la adquisición de estos nuevos hábitos requieren práctica y esfuerzo.

También podemos recordar narraciones, poemas, letras de canciones, la alineación de los jugadores de nuestro equipo favorito, citas… todo lo que nos resulte interesante y resulte creativo porque estaremos adquiriendo con ello la habilidad de ser independientes de las distracciones que los objetos externos

Podemos ejercitar el recuerdo; nos propone ordenar la información sobre nuestro pasado genealógico para sentirnos miembros de una familia o de una comunidad si vamos más allá al recabar la información y organizarla. Esto, además de ser agradable, trae orden a nuestra conciencia.

También podemos recordar narraciones, poemas, letras de canciones, la alineación de los jugadores de nuestro equipo favorito, citas… todo lo que nos resulte interesante y resulte creativo porque estaremos adquiriendo con ello la habilidad de ser independientes de las distracciones que los objetos externos. Abasteceremos así nuestra mente de estructuras de contenido sin estimulación externa. Empezaremos decidiendo que temas nos atraen y nos interesan realmente y a partir de ahí empezaremos a atender a los personajes y hechos que tengan que ver con el tema elegido. Si enfocamos nuestra atención seremos capaces de diferenciar entre lo que merece la pena memorizar y lo que no de lo que vayamos encontrando en el camino. Controlaremos así la información a la que prestaremos atención y nuestro proceso de aprendizaje.

La memoria no es contraria a la creatividad; escribir un diario o practicar el género epistolar para poner nuestras experiencias en palabras también nos permite reflexionar sobre lo sucedido; lo analizamos, lo comprendemos y le damos un orden.

Otra opción sería soñar despiertos, es decir realizar una sucesión de hechos solo con imágenes mentales; visualizar para ensayar situaciones imaginarias y observar la mejor estrategia para afrontarlas con éxito entre todas las posibles alternativas.

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Y la recomendación musical de la semana:



Hola Chica - Circle

 

Licenciada en Filosofía. Experta en Género e Igualdad de Oportunidades y especializada en temas de Inteligencia Emocional. Con su blog, La buena vida, no pretende revelarnos nada extraordinario. Tan solo, abrirnos los ojos un poquito más y mostrarnos que la vida puede ser más llevadera.