Tu ropa tiene aún mucha vida
CARTA AL ALCALDE DE GRANADA Y A SUS CONCEJALES

La tercera muerte del padre del Modernismo arquitectónico en Granada

Cultura - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 31 de Enero de 2021
Excepcional reportaje de Gabriel Pozo Felguera que te descubrirá la espectacular arquitectura modernista de Granada, y a quiénes se lo debemos, pero también, es una llamada de alerta al Ayuntamiento de la capital y a la ciudadanía para que se evite que los restos de Juan Jordana Montserrat, el arquitecto promotor que impulsó la transformación de la ciudad acaben arrojados al osario común y se le recuerde, al igual que a su tío, Juan Montserrat Vergés, a quien la ciudad nunca se ocupó de prestigiarlo, a pesar de las monumentales obras que nos dejó para el embellecer la ciudad.
Fachada del hotelito de calle Gran Capitán, 10, con amplia perspectiva delante de la placeta del Picón. Obra de Juan Jordana Montserrat (1903).
J. L. LÓPEZ JIMÉNEZ
Fachada del hotelito de calle Gran Capitán, 10, con amplia perspectiva delante de la placeta del Picón. Obra de Juan Jordana Montserrat (1903).
  • Juan Jordana Montserrat, el padre del modernismo granadino, va a ser desalojado de su tumba en el cementerio y arrojado al osario común por falta de pago

  • Su tío Juan Montserrat Vergés, encargado de hacer la Gran Vía, murió en Reinosa cuando era concejal, en 1909; la ciudad no se ha ocupado de recordarle

  • Entre los dos arquitectos levantaron 21 edificios de “art nouveau” en la Gran Vía, de los que seis ya fueron derribados en los años setenta

  • La obra cumbre del modernismo era un palacete en la calle Gran Capitán, 10, también derribado “por feo” en los años 70

Hace más de un siglo, hubo en Granada dos arquitectos, tío y sobrino, que protagonizaron buena parte de la renovación arquitectónica y urbana. Se llamaron Juan Montserrat y Vergés, y Juan Jordana y Montserrat. Entre 1877 y 1922 fueron los responsables de levantar los nuevos mercados y, sobre todo, comenzar la Gran Vía. Entre ambos hicieron 21 de los edificios de esta hermosa avenida. Los dos eran de origen catalán, pero dedicaron todas sus vidas a Granada. Los dos murieron demasiado jóvenes. El tío tuvo la mala suerte de fallecer en un viaje a Reinosa, allí quedó su cuerpo olvidado y perdido. El sobrino fue quien inició en Granada el movimiento modernista que otros imitaron tímidamente en varias calles. Juan Montserrat murió tres veces: físicamente en Reinosa; en los años setenta cuando la Granada inmisericorde borró buena parte de sus obras; y la tercera, cuando se le borró de la historia al no recordarle ni tan siquiera con el nombre de una calle. Su sobrino Jordana va por el mismo camino: también se le destruyeron dos de los edificios más modernistas que construyó en la Gran Vía y un palacete de la calle Gran Capitán, el edificio culmen del art nouveau granadino. Ahora se dispone a morir una tercera vez, pues su cadáver va a ser desalojado del cementerio municipal y arrojado al osario.  Sin ninguna contemplación.

Me he decidido a compendiar dos largas biografías sobre los arquitectos Juan Montserrat y su sobrino Juan Jordana tras conocer que el cadáver del segundo está a punto de ser desalojado de su tumba para ser arrojado al osario común. Se van a cumplir 99 años de la concesión del nicho y va a correr la suerte que otros miles de granadinos anónimos. Nunca creyeron quienes compraron su lugar de descanso eterno a perpetuidad, hace un siglo, que sus huesos irían a parar a una escombrera ósea. Nada es eterno en Granada, todo tiene un final. Que se lo cuenten a Diego de Siloé, que sus restos fueron sacados de la iglesia de Santiago por la corporación cantonal de 1868. Y tirados a un vertedero.

Eso es posible en Granada, al contrario que en Málaga, Cádiz o Córdoba, donde sus alcaldes/as visten pantalones y no permiten esta vergüenza de eliminar a los personajes de la Historia local. Y, encima, tienen la osadía de organizar visitas turísticas 

Pero así está ocurriendo en Granada desde que fue privatizado el 49% el camposanto y convertido en un pingüe negocio mortuorio. El lugar ideal donde colocar a amigos con buenos sueldos, pagados por unos desorbitados precios en las tasas del cementerio. Eso es posible en Granada, al contrario que en Málaga, Cádiz o Córdoba, donde sus alcaldes/as visten pantalones y no permiten esta vergüenza de eliminar a los personajes de la Historia local. Y, encima, tienen la osadía de organizar visitas turísticas (sic).

Juan Jordana Montserrat y su esposa Ángeles Sánchez Berasain están ya de prestado en el que creyeron nicho de su propiedad y descanso eterno. Hace tiempo que pasó a ser patrimonio de la Empresa Municipal de Cementerio (Emucesa), pues la última vez que fueron pagados sus recibos ocurrió en 1965. Obvio: en aquel año falleció la mujer y ninguno de sus descendientes ha respondido a las cartas para que actualicen el alquiler (dos de sus hijas murieron antes que ella). Así es que, si el señor presidente de Emucesa (el Alcalde) o su consejo de administración (varios concejales) no lo remedian, los restos del padre del modernismo granadino se perderán en el anonimato del osario. No se le dejará donde está ni se le trasladará al panteón de granadinos ilustres. Porque, como a su tío Juan Montserrat (que murió siendo concejal), no se le considerará granadino ilustre ni se adoptará ninguna decisión para corregir estos dos graves errores.

A Juan Montserrat se le intentó recordar con el nombre de una calle hace cinco años, por petición popular, pero el Ayuntamiento no movió un dedo. En cuanto a su sobrino, no albergo demasiadas esperanzas de que se preocupen de sus huesos. Al menos me queda la satisfacción de aportar unos cuantos datos para que se conozcan las grandes obras que hicieron por Granada

A Juan Montserrat se le intentó recordar con el nombre de una calle hace cinco años, por petición popular, pero el Ayuntamiento no movió un dedo. En cuanto a su sobrino, no albergo demasiadas esperanzas de que se preocupen de sus huesos. Al menos me queda la satisfacción de aportar unos cuantos datos para que se conozcan las grandes obras que hicieron por Granada. Seguro que servirán para que los incluyan en el listado de catalanes ilustres, aunque fueron más ilustres por su granadinismo que por su catalanismo.

Lo que sigue son retazos de sus biografías, sobre el modernismo arquitectónico granadino durante las dos primeras décadas del siglo XX. Para conocimiento general y de los políticos que tienen la responsabilidad de tomar decisiones en esta desagradecida ciudad.

Espero no haber llegado tarde con esta reivindicación, pues los papeles oficiales hablaban hace dos meses de desalojo inminente del iniciador de la mejor arquitectura modernista de Granada.

La cumbre del modernismo: Hotelito de Gran Capitán, 10

No albergo la menor duda de que el edificio cumbre del modernismo granadino fue el hotelito levantado por Juan Jordana en el solar número 10 de la calle Gran Capitán, en lo que se llamaba la Huerta de San Jerónimo. Si enseñamos su fotografía a alguien y le decimos que fue obra de Gaudí y que está en Barcelona, seguramente lo creería sin dudar. Pero no, estuvo en Granada y supuso el primero y más completo ejemplar del modernismo granadino.

El palacete, chalé u hotelito fue encargado al arquitecto Juan Jordana en el año 1903. Fue promovido por el constructor Miguel Serrano Martínez; le dio plena libertad para que desarrollase toda su imaginación en él, con buen presupuesto y una parcela prácticamente llana, rodeada por terrenos del Colegio la Presentación. Se trató de uno de los primeros edificios de Granada en los que se excavó un semisótano para guardar coche o servicios auxiliares. La obra estuvo prácticamente acabada en octubre del año siguiente.

Vista del hotelito desde el edificio de enfrente, con la plaza del Picón de por medio. En el cornero superior derecho se ve al fondo el claustro de San Jerónimo. A su derecha, el edificio que dio paso al Ambulatorio Gran Capitán. J. L. LÓPEZ JIMÉNEZ

Conocemos con detalle los pormenores de aquella casa modernista gracias a la detallada descripción que publicó sobre ella el periódico la Publicidad en septiembre de 1904 (replicado en la Construcción Moderna unas semanas después). Vamos con algunos detalles: “Llama poderosamente la atención –decía el cronista-  de cuantos visitan la casa-chalet de la calle Gran Capitán, dirigida por el arquitecto Juan Jordana, muestra bizarra que abre a su paso la arquitectura de esta población y hermosa manifestación de un genio que empieza con bríos a dar muestra de su valía”.

Si enseñamos su fotografía a alguien y le decimos que fue obra de Gaudí y que está en Barcelona, seguramente lo creería sin dudar. Pero no, estuvo en Granada y supuso el primero y más completo ejemplar del modernismo granadino

“Consta esta edificación de dos cuerpos de alzada, bajo y principal, sobre un magnífico sótano de cinco metros de altura, destinado a talleres y almacenes, y construido todo él sobre machones y bovedillas tabicadas, evitando de este modo la humedad y alejando el temor de peligro por incendio; en los pisos bajo y principal están distribuidas sus habitaciones, alrededor de un patio mudéjar (…) Llaman la atención en los comedores unas magníficas y  artísticas  vidrieras de la casa Coll y Escofet, de Barcelona (…) y en el salón un techo elíptico, obra del laureado maestro Cecilio Plá.Termina el edificio en una magnífica azotea, desde donde se divisa un espléndido panorama y por la cual tienen sus entradas cuatro torreones”.

“La fachada, de estilo moderno, está compuesta con verdadero gusto y conocimiento de lo que en arquitectura representa la ponderación de masas, y causa conocimientos nada comunes, dando clara idea de que su autor se preocupa por el arte que profesa con verdadero cariño”.

Detalle antepechos y de la puerta principal. ¿Dónde estará colocada ahora?
Por estos pináculos tipo Pedrera deducía la gente que había sido diseñada por Gaudí. El palacete fue rodeado de altos edificios en los años sesenta, como el hotel los Jerónimos que se ve al fondo.
Detalles del balcón central, rectangular con profusa vegetación; y de uno de los laterales, en forma semicircular.

“El patio mudéjar, de planta rectangular y cubierto por ancha claraboya de cristales, es una verdadera obra de arte y resulta un conjunto armónico de gran efecto; la decoración, hecha por el escultor Sr. Loyzaga, así como las pinturas murales, debido a los inspirados artistas señores Latorre y Vergara, le dan un aspecto de grandiosidad que llega a sorprender el ánimo del espectador. En nuestra ciudad no existen chalets como el que nos ocupa, y en esto juega un papel muy importante el utilitarismo innato en nuestra clase acomodada; pero no es defecto éste del que pueda eximirse con tanta facilidad; su desarrollo artístico es aún prematuro y toca a sus hijos seguir los rumbos que su mayor educación artística y social les señala. Y, entretanto, vayan percibiendo el ejemplo de los pocos afortunados que han tomado la delantera, uno de los cuales es D. Miguel Serrano.”

El periodista de la Publicidad no pudo explicarlo y condensarlo mejor. Estaba prendado del nuevo estilo modernista que trajo Juan Jordana a Granada

“Reciba nuestra felicitación el joven arquitecto Juan Jordana que en esta ocasión, como en otras muchas, ha dado pruebas de su saber y de su amor por el noble arte que profesa, así como los demás elementos que han intervenido a sus órdenes en la construcción, demostrando que sabían secundarlas a maravilla”.

El periodista de la Publicidad no pudo explicarlo y condensarlo mejor. Estaba prendado del nuevo estilo modernista que trajo Juan Jordana a Granada. En este caso puntual, el propietario tiró la casa por la ventana al traer de Madrid a uno de los más afamados pintores al fresco que existían, Cecilio Plá; y también contar con Pablo Loyzaga para los herrajes y las esculturas. Cecilio Plá tenía estrecha relación con Granada, donde vino varias veces a pintar paisajes y se llevó como discípulos a José María López Mezquita, primero, y unos años más tarde a Gabriel Morcillo.

Durante las dos primeras décadas del siglo XX, este hotelito de la calle Gran Capitán fue la admiración de los granadinos, junto con los edificios de aires modernistas de la Gran Vía. Pero a partir de la Dictadura de Primo de Ribera empezaron a proliferar los estilos sobrios, de inspiración alemana, de líneas rectas, neorenacentistas, tristes

Durante las dos primeras décadas del siglo XX, este hotelito de la calle Gran Capitán fue la admiración de los granadinos, junto con los edificios de aires modernistas de la Gran Vía. Pero a partir de la Dictadura de Primo de Ribera empezaron a proliferar los estilos sobrios, de inspiración alemana, de líneas rectas, neorenacentistas, tristes. Son algunos de los que se levantaron en la segunda generación de la Gran Vía (el Banco de España y la Perra Gorda, por ejemplo). Un estilo que después se iba a perpetuar con la arquitectura del régimen franquista.

Y pareció que los granadinos comenzaron a rechazar, incluso a odiar, lo que había de alegría en las formas curvas, los alegres adornos del modernismo. Empezaron a decir que la casa aquella parecía haberla hecho el loco catalán, un tal Gaudí, que se dedicaba a construir casas para dragones y lagartijas en Barcelona. Incluso hacía una iglesia (la Sagrada Familia) que parecían montones de boñigas apiladas hacia el cielo.

Así no resultó extraño que el nuevo propietario del chalé de Gran Capitán 10 (Ramón Contreras Pérez de Herrasti) montara en cólera cada vez que le decían lo fea que era la casa a la que se había ido a vivir

Así no resultó extraño que el nuevo propietario del chalé de Gran Capitán 10 (Ramón Contreras Pérez de Herrasti) montara en cólera cada vez que le decían lo fea que era la casa a la que se había ido a vivir. Eso ocurrió hacia el año 1943, cuando vendió a la Universidad el Palacio de las Columnas para sede de la Facultad de Filosofía. Don Ramón Contreras cogió tal cabreo un día, que encargó un azulejo de Fajalauza para explicar que él no era el culpable de lo que los granadinos consideraban para entonces una locura de fachada. “De esta fachada no es responsable el actual propietario”, decía el azulejo.

Famoso azulejo colocado en un extremo del palacete por Ramón Contreras al poco de comprar la casa. Eso sólo era posible en Granada, como tituló una revista catalana.

Aquella fue la historia de la casa culmen del modernismo granadino, ideada por el joven arquitecto catalano-granadino que un día trajo el art nouveau a la ciudad de Granada. La gente mayor a la que he preguntado apenas recuerda la casa, pero casi todos guardan en su mente la anécdota del azulejo.

Pero lo peor estaba aún por llegar. La familia del noble Ramón Contreras acabó deshaciéndose de la casa modernista y se la vendió a la potente promotora, por entonces, de Nicolasa Mesa Quesada, enfrascada en levantar torres de pisos en la Avenida Cervantes y en el solar que se le pusiera a tiro

Pero lo peor estaba aún por llegar. La familia del noble Ramón Contreras acabó deshaciéndose de la casa modernista y se la vendió a la potente promotora, por entonces, de Nicolasa Mesa Quesada, enfrascada en levantar torres de pisos en la Avenida Cervantes y en el solar que se le pusiera a tiro. Hacia 1971, sin que ninguna administración incompetente le pusiera pegas (ni tampoco colegio profesional, asociación cultural), la derribó en un santiamén para macizar la parcela con los cuatro bloques de pisos actuales. Supongo que los frescos de los cuatro grandes artistas que la decoraron (todos ellos con cuadros en El Prado y en la Academia de San Fernando) se perdieron entre los escombros. Las puertas, barandillas y herrajes debieron ir a parar a algunas nuevas construcciones, o quizás a anticuarios con mejor gusto que las venderían al país de Míster Marshall.

Uno de los varios óleos que pintó Cecilio Plá en el Albayzín, durante su estancia en Granada, en 1904, para decorar la casa modernista.

Menos mal que por principios de los años setenta recorría las calles con su cámara un joven aspirante a arquitecto y tuvo la precaución de sacarle unas fotos antes del derribo. Se trata de José Luis López Jiménez, a cuya mano debemos el gusto de poder conocer cómo fue durante siete décadas la casa culmen del modernismo granadino.

Juan Jordana y Montserrat, más granadino que catalán

Rosa Montserrat y Vergés, la mayor de los cuatro hijos del confitero de Reus, se casó con el impresor Ramón Jordana y se fue a vivir al barrio gótico de Barcelona. Allí, en la calle Ludovico Pío, número 4, nació su hijo Juan Jordana Montserrat. Fue bautizado en la catedral de Barcelona el 20 de septiembre de 1873 con el nombre de Juan, Ramón, Enrique Jordana y Montserrat. Sus abuelos paternos se llamaban Ramón (de Ripoll) y Enriqueta (de Cádiz); sus abuelos maternos, Juan (de Villanueva de Sigtes) y Maria Ana (de Reus).

Durante su infancia, Juan Jordana fue llevado a vivir alternativamente a Granada con su tío Juan Montserrat y a Reus con sus abuelos

Durante su infancia, Juan Jordana fue llevado a vivir alternativamente a Granada con su tío Juan Montserrat y a Reus con sus abuelos. El bachillerato lo inició en el Instituto de secundaria de Granada, donde lo cursó en su mayoría; estuvo en el edificio de la calle San Jerónimo desde 1884-85 hasta 1886-87. El último periodo, de 1887-89 se trasladó al instituto de Secundaria recién instalado en el antiguo convento de franciscanos de Reus, donde acabó el ciclo de enseñanza media. Es decir, ocho asignaturas las estudió en Granada y seis en Reus.

Expediente de Bachiller, iniciado en Granada y acabado en Reus. UNIVERSITAT CATALUNYA

A partir de septiembre de 1889 comenzó los estudios superiores en la Universidad Literaria de Barcelona. Primero en el curso obligatorio en la Facultad de Ciencias y Física, repartido de manera libre entre los años 1890-94. Paralelamente, durante los cursos 1890-91 y 1891-92 estuvo matriculado en la Escuela de Bellas Artes para hacer las asignaturas de paisaje y estética, y dibujo general artístico y copia del yeso. El dibujo debía ser su fuerte, sacó sobresaliente. Ya en el curso 1891-92 consiguió matricularse en la Escuela Provincial de Arquitectura de Barcelona, y allí obtuvo la licenciatura de arquitecto en tres años, ya que la acabó en septiembre de 1894, con sólo veinte años.

Certificado de fin de carrera de J. Jordana, en la Universidad de Barcelona, curso 1893-94. ARXIU UNIVERSITAT CATALUNYA

Le tocó vivir la Barcelona bulliciosa que había estado preparando la exposición universal de 1888 y construyendo el Eixample, con una reforma urbanística importante, donde trabajaban varias decenas de arquitectos alineados con un nuevo estilo arquitectónico llamado art nouveau o modernismo. Fue alumno de los arquitectos más representativos de estas corrientes: Lluis Domenech, Elías Rogent y Amat, etc. Y quizás estuviese de prácticas en sus estudios y en sus obras.

Pero Juan Jordana traía en su mente el gusanillo de una nueva manera de entender la edificación, aprehendida de sus maestros de Barcelona: ya no valía la arquitectura de la línea recta, el dintel de losa y el arco de medio punto, ahora se llevaba la curva, los ornamentos florales, el hierro retorcido, las fachadas curvas, los motivos vegetales, la alegría...

Para el año 1899 ya estaba de regreso en Granada y es de suponer que trabajando en el estudio de su tío Juan Montserrat, ocupado en la construcción de la Gran Vía e infinidad de otros proyectos. También imbricado en su vida cultural (Fue íntimo amigo del compositor Francisco Alonso, quien le dedicó la partitura La Despedida, en 1905). Pero Juan Jordana traía en su mente el gusanillo de una nueva manera de entender la edificación, aprehendida de sus maestros de Barcelona: ya no valía la arquitectura de la línea recta, el dintel de losa y el arco de medio punto, ahora se llevaba la curva, los ornamentos florales, el hierro retorcido, las fachadas curvas, los motivos vegetales, la alegría, etc. Es decir, el modernismo. ¿Hasta qué punto el sobrino influyó en el tío a la hora de acometer nuevos proyectos? Porque aunque su tío Juan Montserrat ya había mostrado ideas nuevas, fue a partir de 1900 cuando empezó a utilizar rasgos de un modernismo cauto o cobardica (por vez primera en el hotel Victoria), que después iría incrementando en sus edificios de Gran Vía.

El sobrino Juan Jordana decidió volar solo y pagó los derechos del título de arquitecto superior (23 agosto de 1901) para poder firmar grandes proyectos

El sobrino Juan Jordana decidió volar solo y pagó los derechos del título de arquitecto superior (23 agosto de 1901) para poder firmar grandes proyectos. Hizo pequeñas obras en barrios (una casa en Plaza Larga) hasta que debutó paralelamente en el edificio mencionado de Gran Capitán, 10, y en la Gran Vía con el edificio modernista del número 10, justo frente a la sacristía de la Catedral; los primeros promotores que confiaron en su estilo modernista fueron los empresarios Miguel Serrano Martínez (posterior constructor de la Plaza de Toros) y Manuel del Saz Tello. Después, el joven Jordana no paró de levantar bloques en la Gran Vía, cada vez en estilos más modernistas. Fueron doce años de trabajos ininterrumpidos en los que contó con la confianza de los promotores de los nuevos edificios para poder desarrollar su imaginación. Especialmente de Ricardo Castella.

Gran Vía, 10 (en el centro, con toldos), primer edificio modernista levantado por Juan Montserrat para el empresario Manuel del Saz (hoy edificio Santa Lucía).

Entre 1904 en que diseñó el edificio número 10 y 1912, Jordana levantó nada menos que nueve bloques de casas en la Gran Vía, todas ellas de carácter modernista, tanto en las fachadas como en zaguanes de entrada y algunas decoraciones de interiores. 

EDIFICIOS CONSTRUIDOS POR JUAN JORDANA MONTSERRAT EN LA GRAN VÍA

NÚMERO

PROMOTOR

AÑO CONSTRUCCION

AÑO DEMOLICIÓN

10

Manuel del Saz Tello

1904

1973

42

Ángeles Sánchez Berasaín (esposa de Jordana)

1912

1970

43

José Giménez Giral

1909

 

45

Miguel Serrano Martínez

1905

 

51

Ricardo Castella González-Aurioles

1912

 

53

Ricardo Castella González-Aurioles

1911

 

55

Ricardo Castella González-Aurioles

1911

 

57

Ricardo Castella González-Aurioles

1906

 

59

Ricardo Castella González-Aurioles

1906

 

Es seguro que el espaldarazo a su nueva forma de construir para la Gran Vía lo había obtenido cuando la gente vio el resultado del chalé-hotel levantado en la calle Gran Capitán, 10, anteriormente descrito. Aquella casa fue, entre 1903 y 1971 en que se derribó, el culmen del modernismo arquitectónico en Granada.

De los nueve edificios que levantó Jordana en la Gran Vía entre 1902 y 1912, hoy perviven siete

De los nueve edificios que levantó Jordana en la Gran Vía entre 1902 y 1912, hoy perviven siete. Sólo han desaparecido los números 10 (sustituido por otro feísimo); y el número 42, precisamente el que promovieron Jordana y su esposa para su uso personal y pisos de alquiler (vivieron muy poco tiempo en esta casa, ya que se trasladaron a la calle Cobas). Los bloques números 10 y 42 eran de estilo modernista bastante avanzado.

Fueron el empresario Miguel Serrano Martínez y el abogado/financiero Ricardo Castella González-Aurioles quienes mayor confianza y libertad depositaron en el estilo modernista de Juan Montserrat

Pero, insisto, fueron el empresario Miguel Serrano Martínez (el dueño de palacete de Gran Capitán) y el abogado/financiero Ricardo Castella González-Aurioles quienes mayor confianza y libertad depositaron en el estilo modernista de Juan Jordana. Por eso hoy los bloques números 45 y del 51 al 59 son los que presentan mayor abundancia de detalles de art nouveau. Sus balconadas son un compendio de buen gusto, al igual que el catálogo de zapatas, cenefas y orlas que los adornan.

Gran Vía, 45, promovido por el mismo empresario que el palacete de Gran Capitán, 10.
Gran Vía 53-55.
Gran Vía 55, esquina a Tinajilla, la mejor balconada modernista de la calle.
Edificios gemelos de Gran Vía 57-59, con miradores y balcones plenamente de art nouveau.

Tras el estilo atrevido de Juan Jordana se alinearon, si bien tímidamente, otros arquitectos que también construían en Gran Vía por entonces y decidieron insertar algunos rasgos modernistas en sus edificios. Incluso el ya anciano Giménez Lacal lo hizo en sus propios bloques.

El modernismo y sus nuevas formas trajeron a Granada un sinfín de nuevos oficios casi desconocidos. La carpintería tuvo que aprender a utilizar la curva para hacer ventanas en arco; los herreros forjaron enrevesadas ventanas dibujando ramos de flores, nada de barrotes rectos y carceleros. Y aparecieron también los escultores de interiores y los pintores de frescos para los zaguanes

El modernismo en la arquitectura comenzó importando formas y materiales de fábricas catalanas y madrileñas. Pero muy pronto los arquitectos recurrieron a escultores, tallistas y modeladores de los muchos, y buenos, que había en Granada para hacer los moldes. Rápidamente surgieron los talleres de molduras Torres y López, quienes también hacían balaustres de hormigón con moldes de hierro; para las rejas y forjados surgieron las fundiciones de José Pastor y Moltó, en la calle San Isidro, bajo la marca “La Granadina”. A dos centenares de metros, donde después estuvo el edificio Sánchez, surgió la Fundición Roca, con marca “La Catalana”. Y ya en la salida de la carretera de la Sierra se sumó Castaño, que hacía todo tipo de trabajos en función pesada.

El modernismo y sus nuevas formas trajeron a Granada un sinfín de nuevos oficios casi desconocidos. La carpintería tuvo que aprender a utilizar la curva para hacer ventanas en arco; los herreros forjaron enrevesadas ventanas dibujando ramos de flores, nada de barrotes rectos y carceleros. Y aparecieron también los escultores de interiores y los pintores de frescos para los zaguanes. Y cristaleros para recortar vidrios en curva y componer vidrieras. Y los ceramistas de Fajalauza también debieron amoldarse a lo que demandaba el arte nouveau decó.

Pero la semilla sembrada por Juan Montserrat y la abundancia de talleres para fabricar las nuevas formas caló en los arquitectos y maestros de obras del momento: el resultado fue que el estilo modernista salpicó a otras muchas construcciones en otros barrios de la ciudad 

Aquel modernismo de la Gran Vía, con Juan Jordana, Juan Montserrat y Cecilio Díez Alonso como principales protagonistas fue realmente intenso pero efímero, pues las alegrías del arte nuevo duraron sólo hasta que comenzó la Primera Guerra Mundial. Hasta que duró la alegría de una manera de vivir. A partir de 1914, los edificios que quedaban por construir en la Gran Vía volvieron al clasicismo de la línea recta, a los estilos imperiales, casi al manierismo. A la monotonía.

Pero la semilla sembrada por Juan Jordana y la abundancia de talleres para fabricar las nuevas formas caló en los arquitectos y maestros de obras del momento: el resultado fue que el estilo modernista salpicó a otras muchas construcciones en otros barrios de la ciudad (al final del artículo pondré algunos ejemplos que quedan en pie todavía). Incluso contagiaron a Alcalá la Real y una balconada en el Palacio Penalva de Huéscar.

La tragedia vital de Juan Jordana

Entre los años 1901 y 1912 se aprecia una actividad profesional casi febril de Juan Jordana y su modernismo, centrada principalmente en los edificios de la Gran Vía. Pero eso no le impidió que también acometiera otras obras de menor calado. Entre 1913 y 1918 se observa una caída de actividad edilicia, quizás debido a dos causas: a que la mayoría de los restantes encargos en la Gran Vía ya los tenían otros arquitectos y a que él colaboraba con el Catastro de Hacienda de Granada. También ocupó el cargo de arquitecto diocesano, como aparece clasificado en la guía de arquitectos del año 1911.

En 1914 reformó dos viejas casonas nobiliarias en la calle Pavaneras, 5-7, para adaptarlas a tiempos modernos, es decir, introdujo baños, agua corriente en la cocina, hizo almacén, biblioteca, vivienda para las criadas y una escalera acorde con los nuevos tiempos que pretendía disfrutar su propietario, José Figueruela

En 1902 también proyectó una casa adosada al Convento del Ángel de la Gran Vía, que no llegó a plasmarse. En 1903 se le ve trabajando en la construcción de un bloquecillo sin mucha enjundia en el número 11 de la calle General Riquelme (actual Fábrica Vieja). En 1914 reformó dos viejas casonas nobiliarias en la calle Pavaneras, 5-7, para adaptarlas a tiempos modernos, es decir, introdujo baños, agua corriente en la cocina, hizo almacén, biblioteca, vivienda para las criadas y una escalera acorde con los nuevos tiempos que pretendía disfrutar su propietario, José Figueruela. En 1915 trabajó en el proyecto de reforma de fachada y elevación de alturas de Carrera del Genil 63-65, propiedad de Francisco Valdés Castillo.

Carrera del Genil, 9. Esta fachada de los antiguos números 63-65 fue reformada y alzada por Juan Jordana, aunque la licencia concedida contemplaba una altura más, como se aprecia en el alzado de abajo. Fue una de las últimas grandes obras en Granada de Juan Jordana, ya con menos aires modernistas, levantada en el año 1915. AHMGR.

El último proyecto conocido de Juan Jordana en Granada fue una pequeña iglesia para Dolores Romero Pozo, que residía en una quinta en la Cruz del Lagos y deseaba tener capilla en la parcela. Pero no hay constancia de que llegase a erigirla.

La trayectoria profesional había llevado también a Juan Jordana a prestar sus servicios como arquitecto para el servicio de Catastro de Granada, al igual que solía hacer su tío. Ya incluso en 1901 hizo alguna peritación fiscal. Pero a partir de 1908 debió implicarse mucho más, pues aparece en las listas del Catastro con mayor frecuencia, con categoría de oficial de segunda.

Poco se conoce sobre la recta final de Juan Jordana y Montserrat. A través de su acta de defunción conocemos que se fue de este mundo el día 2 de noviembre de 1922, a la edad de 48 años. Murió en la cama de su domicilio a causa de una septicemia. Dejó viuda a María Ángeles Sánchez Berasain y cinco huérfanos: Ángeles, Juana, Concepción, Juan y María

El año 1917 consiguió plaza de funcionario y solicitó una excedencia en el Catastro, para volver a reincorporarse un año más tarde como oficial de primera y arquitecto jefe en la provincia de Lérida. Pero poco debió durar su presencia en la provincia catalana, pues en 1919 ya aparece de nuevo como oficial de segunda, arquitecto perito, en la delegación de Hacienda de Jerez (Cádiz). Allí permaneció hasta el final de sus días. A través de sus fichas del Catastro, conocemos que en 1901 tenía el domicilio en Gran Vía, 10 (aún sin construir); a partir de 1912 estuvo residiendo en su propio bloque de Gran Vía, 42; y cuando falleció lo hizo en su piso de la calle Cobas, 1.

Poco se conoce sobre la recta final de Juan Jordana y Montserrat. A través de su acta de defunción conocemos que se fue de este mundo el día 2 de noviembre de 1922, a la edad de 48 años. Murió en la cama de su domicilio a causa de una septicemia. Dejó viuda a María Ángeles Sánchez Berasain y cinco huérfanos: Ángeles, Juana, Concepción, Juan y María. Fue enterrado tres días después en el patio primero del Cementerio Municipal de Granada. Muchos años más tarde, en 1965, falleció su esposa y también fue enterrada en el mismo nicho. Ahí permanecen todavía los restos del matrimonio hasta cuándo el destino decida arrojarlos al osario. Que será muy pronto, si nadie lo remedia.

Nicho de Juan Jordana y su esposa. Desde hace muchos años nadie le pone flores ni paga la tasa de mantenimiento.

Juan Montserrat: de Reus a Granada

Juan Montserrat y Vergés nació en la localidad de Reus (Tarragona), en 1853. Hijo del confitero Juan Montserrat, natural de Villanueva de Sitges, y de la reusense María Ana Vergés. Fue bautizado en la parroquia de San Pedro Apóstol el día de su nacimiento, el 20 de julio. Fue el segundo de cuatro hijos (Rosa, Juan, Ana y José). Los estudios primarios los realizó en las Escuelas Pías de Reus, donde coincidió con Antoni Gaudí, vecino suyo nacido el año anterior y, a la postre, el arquitecto más famoso de Cataluña.

Inscripción bautismal de Joan Cristofol Isidro Montserrat y Vergés, en la parroquia de San Pedro Apóstol de Reus, el 20 de julio de 1853.

El bachillerato lo estudió en Barcelona entre los años 1864 y 1868. El curso siguiente, 1868-69, se matriculó en la Universidad Literaria de Barcelona pensando en encaminarse a ser arquitecto. Para ello, primero tuvo que pasar por la Facultad de Ciencias y hacer el curso preparatorio que existía entonces para todas las carreras. En el curso 1871-72 se matriculó en la Escuela Provincial de Arquitectura, prácticamente recién fundada. No obstante, al mismo tiempo también se matriculó por libre en la Escuela de Arquitectura de Madrid, donde también permaneció el curso siguiente. Estudiando siempre como alumno libre, en 1873 aprobó dos asignaturas que tenía pendientes en la Escuela de Arquitectura de Barcelona. Fue alumno de Federico Aparici y Soriano y de José Llompart y Camps, además de compañero de Gaudí, a quien adelantó de curso.

Fue alumno de Federico Aparici y Soriano y de José Llompart y Camps, además de compañero de Gaudí, a quien adelantó de curso

También en el año 1873 se matriculó en las asignaturas de Dibujo y Copia del yeso en la Escuela Profesional de Bellas Artes de Barcelona. Nuevamente en la Universidad Central de Madrid, en 1875 consigue certificado de tener aprobadas todas las asignaturas de la especialidad de arquitecto y, tras prácticas con el arquitecto madrileño Francisco Jareño Alarcón (en obras de los Museos Nacionales), paga los derechos del título de arquitecto el 4 de agosto de 1877.

Portada del expediente académico universitario de Juan Montserrat y Vergés (1868-75). Sus cuarenta hojas están repartidas entre las actuales universidades de Barcelona y Autónoma de Cataluña. El título de arquitecto se lo expidió la Escuela de Arquitectura de Madrid (archivo desaparecido en la guerra civil). ARXIU HIST. UNI. AUTÓNOMA CAT.

Para 1876, la Junta Diocesana del Obispado Guadix-Baza estaba buscando arquitecto barato para acometer la reparación de templos, muy deteriorados por las continuas guerras carlistas y el periodo revolucionario previo a la Restauración de Alfonso XII. El obispo Fray Vicente Pontes Castelar no pagaba un sueldo fijo, sino un tanto por trabajo efectuado. Juan Montserrat decidió aceptar el trabajo por decreto del Ministerio de Justicia del 15 de diciembre de 1877. Unos meses antes, en abril de 1877, ya había estado en Granada tanteando la posibilidad de reformar el Colegio de San Pablo, sede de la Universidad Literaria. En la práctica, también quedaba disponible para las obras de la Archidiócesis de Granada (aunque dimitió en un par de ocasiones agobiado por tanto trabajo).

Pero Juan Montserrat tardó tres meses en presentarse en Guadix y Granada a aceptar el trabajo. Estaba enfrascado en otros proyectos más interesantes para él

Pero Juan Montserrat tardó tres meses en presentarse en Guadix y Granada a aceptar el trabajo. Estaba enfrascado en otros proyectos más interesantes para él. El primero de ellos era centrarse en el arzobispado de Granada, mucho más poderoso y lucido; en segundo lugar, empezaba a plantear obras municipales al Ayuntamiento de Granada. Paralelamente, tampoco podía reprimir sus deseos de irse becado a la Academia de Roma por la Real Academia de San Fernando.

No sabemos cómo pudo conseguir sus tres objetivos al mismo tiempo, pues en 1879 ya era arquitecto municipal; mantenía el cargo de arquitecto diocesano y de la Universidad; y, paralelamente, figura como becado por la Academia de San Fernando en Roma

No sabemos cómo pudo conseguir sus tres objetivos al mismo tiempo, pues en 1879 ya era arquitecto municipal; mantenía el cargo de arquitecto diocesano y de la Universidad; y, paralelamente, figura como becado por la Academia de San Fernando en Roma. De hecho, debió estar en Roma algún tiempo, pues en su relación de pensionados figura presencialmente en la capital italiana entre 1879 y 1882. Incluso en los archivos de la Academia de San Fernando están los trabajos que debió hacer los meses anteriores para obtener la beca (El primer ejercicio fue escribir sobre arquitectura romana; el segundo le tocó explayarse sobre el Renacimiento; el siguiente fue hacer un proyecto de planta y alzado durante 12 horas seguidas; y el último fue desarrollar un proyecto de edificación entero, durante tres meses, que en el caso de Juan Montserrat fue hacer un edificio para Escuela de Arquitectura). Montserrat seguro que estuvo en Roma entre mayo y noviembre de 1879; y renunció a la beca en noviembre de 1880 (aunque en la memoria de la Academia de Roma figure que estuvo hasta allí hasta 1882). En Roma pintó un autorretrato suyo, como parte de uno de los ejercicios, que está colgado en una de sus salas.

Autorretrado que se hizo en la Academia de Roma, durante su estancia en 1879. ACADEMIA DE ROMA.

Para finales de 1879 se encontraba plenamente enfrascado haciendo obras para el Ayuntamiento de Granada, la Universidad y el Arzobispado.

Un galimatías personal y laboral entre Madrid, Granada y Roma, en el que resulta difícil encajar sus idas y venidas (también por esos años aparece empadronado en la calle Fuencarral de Madrid)

Un galimatías personal y laboral entre Madrid, Granada y Roma, en el que resulta difícil encajar sus idas y venidas (también por esos años aparece empadronado en la calle Fuencarral de Madrid).

Reforma del Colegio de San Pablo y Facultad de Medicina

La Universidad de Granada había hecho suyo el Colegio de San Pablo a partir de la expulsión de los jesuitas en 1767. Aunque el inmenso edificio era compartido con el Gobierno Civil y militares. Allí se encontraban revueltas las distintas facultades y los alumnos de enseñanza secundaria. En la I República se decidió demoler los enormes dormitorios y abrir la calle Facundo Riaño entre la Plaza de la Universidad y Cobertizo de la Botica (zona hoy cerrada por una verja y convertida en patio). En este mismo proyecto se eliminarían los restos de la muralla para abrir el Jardín Botánico.

El debate se centró entonces en qué hacer con la fea fachada que quedaba a la calle Riaño y, sobre todo, se barajó la necesidad de trasladar la portada de columnas salomónicas más al centro de la nueva fachada, para que no quedase descentrada de la nueva plaza

El debate se centró entonces en qué hacer con la fea fachada que quedaba a la calle Riaño y, sobre todo, se barajó la necesidad de trasladar la portada de columnas salomónicas más al centro de la nueva fachada, para que no quedase descentrada de la nueva plaza (que también iba a ser realineada). El debate duró varios años, con participación de varios arquitectos (Baglietto, Pugnaire).

La Dirección General de Antigüedades autorizó 1876 el traslado de la portada, ante la protesta de la Comisión de Monumentos y buena parte de la sociedad granadina, quienes argumentaban lo innecesario de destrozar una imagen tan pintoresca y de carácter religioso, a la que la ciudad estaba acostumbrada desde hacía dos siglos. El ministerio correspondiente contrató a Juan Montserrat en Madrid, el 16 de marzo de 1877, para que se hiciera cargo de las obras a las que ya había renunciado Pugnaire. Aquella fue la primera vez que el joven arquitecto catalán se presentó en Granada.

Colegio de San Pablo en la actualidad. La redistribución de huecos y la fachada a partir de la portada fue obra de Montserrat.

Pero las presiones hicieron su efecto y los políticos rectificaron en 1879. Ordenaron a Montserrat que elaborase otro proyecto para hacer la fachada y retocar la portada haciéndola menos religiosa, acorde con el uso universitario y las corrientes menos doctrinales. Montserrat redistribuyó el complejo de San Pablo para las facultades y acometió una fachada de cierre hacia la calle Riaño al estilo más clásico posible, con la apertura simétrica de ventanas y la construcción de una nueva escalera interior para unir las plantas. Entre reformas varias, correcciones y añadidos, Montserrat estuvo siguiendo este proyecto de la Universidad hasta el año 1887.

Montserrat recibió el encargo del rectorado de elaborar otro proyecto de edificio específico para los estudios de Medicina, que entonces estaban tomando mucho auge con los nuevos avances de la especialidad

Mientras tanto, se decidió sacar del edificio a los alumnos de secundaria y llevarlos al Colegio San Bartolomé, primero, y más tarde al Palacio de los Caicedo, enfrente. Se trataba del instituto de secundaria. Además, Montserrat recibió el encargo del rectorado de elaborar otro proyecto de edificio específico para los estudios de Medicina, que entonces estaban tomando mucho auge con los nuevos avances de la especialidad. El lugar elegido para la Facultad de Medicina independiente fue la calle Rector López Argüeta, junto al Hospital Provincial de San Juan de Dios (El edificio fue inaugurado en 1884 y estuvo útil hasta 1944).

Facultad de Medicina en calle Rector López Argüeta (1884-1944).

Una vez más, la mano de Juan Montserrat intervino a partir de 1897 en el realineamiento de la Plaza de la Universidad. Hasta entonces el espacio no había sido rectangular, sino que los dos edificios que había frente a la fachada de la iglesia de San Justo avanzaban unos nueve metros y cerraban en cierto modo el espacio. Estas casas fueron expropiadas y se dejó la línea de fachada tal como está actualmente.

Nuevos mercados para la ciudad: el hierro

Juan Montserrat, con tan sólo 24 años cuando llegó a Granada, comenzó a ponerse de moda. La ciudad experimentaba una enfebrecida ola de reformas urbanas con la Restauración borbónica y el incremento de la actividad económica; estaba surgiendo una burguesía adinerada con ganas de lavar la cara a la ciudad. Por entonces apenas había arquitectos titulados en las flamantes Escuelas de Arquitectura de Madrid y Barcelona, las únicas del país; los profesionales que acaparaban la actividad edilicia poseían el título de Maestro de Obras, expedido por la Real Academia de San Fernando; en esa situación se encontraban Francisco Giménez Arévalo, además ingeniero y potente empresario, Mariano Díez Alonso, Mariano Contreras, Juan Pugnaire, etc.  Los dos primeros entablaron una relación personal y profesional con el joven catalán que duraría durante toda su vida.

Hacia 1880, el Ayuntamiento le encargó a Juan Montserrat la ordenación de los mercados de abastos del centro de Granada. A partir de las exclaustraciones de 1835, habían sido demolidos los conventos de San Agustín y Capuchinas. Por tanto, se habían dejado dos grandes espacios abiertos en el centro de la ciudad

Hacia 1880, el Ayuntamiento le encargó a Juan Montserrat la ordenación de los mercados de abastos del centro de Granada. A partir de las exclaustraciones de 1835, habían sido demolidos los conventos de San Agustín y Capuchinas. Por tanto, se habían dejado dos grandes espacios abiertos en el centro de la ciudad. En tanto que los mercados de verduras, pescados y carnes permanecían dispersos por calles del entorno de Bibarrambla. 

En el solar de Capuchinas (actual plaza de la Romanilla), Mariano Díez Alonso ya había levantado cuatro barracones que el Ayuntamiento no consideraba decorosos. Le fue encargada su reforma a Juan Montserrat durante los años siguientes. En 1881 firmó el proyecto de mercado de San Agustín, que ocupó exactamente el mismo lugar que el actual, y estaba destinado a frutas, patatas y verduras. En 1882 proyectó la alineación de fachadas y tres templetes en el centro de la Plaza de la Pescadería para los puestos de estas especialidades. Dos años después, acometió la reforma del nuevo mercado de Capuchinas, consistente en cuatro naves separadas por calles: aquí se ubicarían las carnicerías, las tocinerías, la caza, despojos, casquería y las floristerías.  El conjunto del mercado estaba cerrado por verjas en los accesos de las calles Capuchinas, Callejón de los Franceses y San Jerónimo.

Modelos de alzados de los 4 módulos de mercados de Capuchinas (actual Romanilla) y de los 3 de la Pescadería. AHMGRA
Módulos de la Pescadería, hacia la década de los años sesenta.
Estructura metálica en construcción para los módulos de San Agustín y Capuchinas. AHMGR
Nave de puestos de patatas. Se aprecia la estructura de pilares de hierro fundido que lo sostenían, combinada con machones de ladrillo. AHMGR
Nave destinada a carnicería en San Agustín. AHMGR.
Calle central del mercado de Capuchinas, hacia el primer tercio del siglo XX. (El edificio de la derecha estaba pegado al Colegio de Niñas Nobles. AHMGR.

La novedad que introdujo Juan Montserrat en la construcción de estos tres mercados centrales en plazas contiguas del centro de Granada fue utilizar por vez primera, en abundancia, el hierro para soportar las cubiertas, pilastras fundidas y abrir grandes ventanales de iluminación y de ventilación. Era un modelo de mercado que ya se llevaba experimentando en Barcelona y Madrid desde un cuarto de siglo antes, también en espacios religiosos exclaustrados.

La novedad que introdujo Juan Montserrat en la construcción de estos tres mercados centrales en plazas contiguas del centro de Granada fue utilizar por vez primera, en abundancia, el hierro para soportar las cubiertas, pilastras fundidas y abrir grandes ventanales de iluminación y de ventilación

Los tres conjuntos de mercados tuvieron destinos diferentes. El de la Pescadería fue demolido a finales de los años sesenta y en 1971 se urbanizó la plaza tal como está ahora; el de Capuchinas perduró hasta el año 1973, ya muy deteriorado, cuando se decidió su demolición y dar lugar a la plaza actual de la Romanilla. El de San Agustín originario fue demolido en 1938 y construido otro en su lugar, que perduró hasta la década de 1980; entonces fue demolido el que había en dos plantas, excavado el subsuelo para hacer el aparcamiento subterráneo y construir encima la actual lonja de una sola planta de puestos. Pero hace cuarenta años el mercado de San Agustín había dejado de ser el bullicioso mercado central de Granada debido al crecimiento de la periferia y el traslado de la población.

Juan Montserrat, en su vertiente de arquitecto municipal, participó durante las dos últimas décadas del siglo XIX en infinidad de obras municipales de realineación de plazas y calles

Juan Montserrat, en su vertiente de arquitecto municipal, participó durante las dos últimas décadas del siglo XIX en infinidad de obras municipales de realineación de plazas y calles. En el archivo municipal hay decenas de proyectos suyos, referidos principalmente a la ordenación de la Plaza de la Trinidad, y las nuevas alineaciones de Bibarrambla como consecuencia de la desaparición, en 1884, del Arco de las Cucharas.

Aspecto remozado de la Curia y el Palacio Arzobispal en el Corpus de 1889, tras la reforma de Montserrat. GARCÍA AYOLA

En 1885, a raíz de los destrozos que sufrieron las fachadas del Palacio Arzobispal y la Curia en su cara a Bibarrambla, Montserrat modernizó los edificios con la apertura de nuevos huecos para armonizar la estética. No obstante, esas fachadas volvieron a ser retocadas por otro arquitecto hacia 1900.

En aquellas mismas intervenciones también se vieron afectadas zonas de las calles Zacatín, Tinte y las conexiones de Bibarrambla con la nueva Plaza del Carmen

En aquellas mismas intervenciones también se vieron afectadas zonas de las calles Zacatín, Tinte y las conexiones de Bibarrambla con la nueva Plaza del Carmen.

Iglesias en la provincia y el terremoto de 1884

Ser arquitecto del Arzobispado de Granada apenas reportaba ingresos económicos, ya que o no se cobraba por los proyectos o se percibía un pequeño porcentaje del presupuesto si procedía de subvenciones del Estado. Aun así, a partir de la década de 1880 apareció una lucha soterrada en Granada entre el sector de maestros de obras titulados en la Academia de San Fernando y los jóvenes arquitectos provenientes de las nuevas escuelas de arquitectura de Madrid y Barcelona. Incluso se cruzaron denuncias entre ellos. La legislación acabó poniéndose de parte de los arquitectos de manera que los maestros de obras no podían firmar proyectos de edificios públicos.

Esta circunstancia hizo que el Arzobispado recurriese a Juan Montserrat para hacer algunas obras de conservación en la Catedral y construir o reconstruir iglesias en la provincia

Esta circunstancia hizo que el Arzobispado recurriese a Juan Montserrat para hacer algunas obras de conservación en la Catedral y construir o reconstruir iglesias en la provincia. Algunos de los proyectos eclesiales estuvieron relacionados con el terremoto que sacudió Andalucía (llamado de Alhama) en la Navidad de 1884. Juan Montserrat fue el encargado por el Arzobispado de levantar una nueva iglesia en el nuevo pueblo de Arenas del Rey, además de barrios de casas promovidos por el Instituto del Fomento del Trabajo Nacional de Cataluña.

Iglesia de la nueva Arenas del Rey, antes de que fuese encalada por completo.

La iglesia de El Padul, también dañada, fue reformada y ampliada completamente en una obra espectacular en la se consiguió soportar la nave central sobre pilastras y añadirle las dos naves laterales.

En 1887 inició el diseño de la nueva iglesia de La Rábita, núcleo de población que se había segregado de Albuñol al ganar en población. Pero Montserrat sólo pudo ver el inicio de las obras, retrasadas hasta 1909 y concluidas tres años más tarde.

A la lista de iglesias le seguiría la de Montserrat, levantada por el padre Manjón al inicio de la Avenida Cervantes en los primeros años del siglo XX

La nueva iglesia de Gabia la Grande la diseñó en 1897 y la concluyó, junto con Giménez Arévalo, en 1900. Compatibilizó su construcción con la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en la Gran Vía de Granada, entre los años 1897 y 1900, aunque una parte del tempo jesuita ya estuvo abierta al culto desde 1898. A la lista de iglesias le seguiría la de Montserrat, levantada por el padre Manjón al inicio de la Avenida Cervantes en los primeros años del siglo XX.

Hotel Victoria, poco tiempo después de su inauguración.
Hotel Colón (esquina Reyes Católicos-Gran Vía, 1).

En todos estos edificios religiosos, sobre todo en los remates de sus torres, el arquitecto de Reus ya anuncia un arte arquitectónico nuevo, un art nouveau, un modernismo que se estaba imponiendo principalmente en Cataluña. Quizás el edificio más señero de este anuncio sea el hotel Victoria de Puerta Real (1900-2) para el que se inventó una cúpula en el remate superior de la esquina que Montserrat repitió luego en otros tres edificios firmados por él en la Gran Vía (edificio Hotel Colón y los dos de la familia Rodríguez-Acosta, en los números 14-16).

Gran Vía, su gran obra en Granada

Pero fue sin duda la construcción de la Gran Vía de Colón de Granada la que mayor dedicación le requirió de los 32 años de trabajo profesional que dedicó a Granada. La construcción de la Gran Vía fue un proyecto promovido por empresarios desde la Cámara de Comercio; la traza la hizo Francisco Giménez Arévalo, uno de los principales socios de la Reformadora Granadina, la empresa creada al efecto. Pero a partir de 1895 fue Juan Montserrat quien se encargó, como arquitecto municipal, de la tramitación y ejecución del engorroso expediente: primero del derribo de más de 300 casas de las parroquias de San Gil, Sagrario, Santiago y San Andrés; y después de que se iniciaran los 59 edificios de que consta la Avenida del Azúcar.

Zona central de Gran Vía. La iglesia y el edificio número 24 fueron las primeras construcciones de esta avenida, ambas obras de Juan Montserrat.

Diez de aquellos edificios originarios ya no existen. Entre los derribados en el último tercio del siglo XX, tres de ellos habían sido diseñados en estilo premodernista o con retazos de modernismo por Juan Montserrat

Juan Montserrat, además de coordinar las obras durante los primeros años, fue el primer arquitecto en construir en Gran Vía. Concretamente levantó la iglesia del Sagrado Corazón en el número 30 de la calle. Es el arquitecto que firmó mayor número de edificaciones de la que fue principal avenida de Granada, doce en total (los otros fueron obras de Juan Jordana, Modesto Cendoya, Giménez Arévalo, Prieto Moreno, Wihelmi, Bravo Sanfelió, Ángel Casas, Giménez Lacal, Díez Alonso y Secundino Zuazo. Entre 1897 y 1934, los llamados edificios de primera generación).

Diez de aquellos edificios originarios ya no existen. Entre los derribados en el último tercio del siglo XX, tres de ellos habían sido diseñados en estilo premodernista o con retazos de modernismo por Juan Montserrat.

EDIFICIOS CONSTRUIDOS POR JUAN MONTSERRAT VERGÉS EN LA GRAN VÍA

NÚMERO

PROMOTOR

AÑO CONSTRUCCIÓN

AÑO DEMOLICIÓN

1

Hotel Colón (entrada por RR CC 57)

1905-8

 

8

Rita Fajardo Arcos

1907

 

13

José López Martín Montijano

1904

 

14

Banca Rodríguez-Acosta

1902

 

16

Banca Rodríguez-Acosta

1902

1973

20

Francisco Berrecheguren

1901

 

28

Círculo Católico de Obreros (Cine Colón)

1902

1976

24

Clotilde Aguilera Garrido

1902

1973

25

Luis Alonso Calatayud

1905

1989

30

Compañía de Jesús

1898

 

31

Monjas de Santa Paula (Fachada postiza)

1900

Rehecha 1999

39

Manuel González Fernández

1906

 

Edificios 14 y 16 de Gran Vía, para los Rodríguez-Acosta, entre las mejores obras de Juan Montserrat (El del fondo lo ocupa hoy Caixabank).

Masón, cultureta, empresario, político

Juan Montserrat llegó a Granada en 1877 y ya jamás se fue de ella (exceptuando la breve estancia en la Academia de Roma). Desde su llegada se imbricó plenamente en la vida social y cultural de la sociedad local. Participaba en todo tipo de inquietudes culturales, especialmente relacionadas con el teatro y la música. Estuvo en la junta directiva de El Fomento de las Artes y entre el grupo promotor de la creación del Centro Artístico en 1885, también en las representaciones de autos sacramentales y de Reyes Magos, que más tarde dieron origen a la primera cabalgata por las calles de la ciudad (1912).

Desde muy pronto se imbricó también en la recuperación del movimiento francmasónico, que tanto atrajo en la edad media a constructores de edificios, médicos, militares, religiosos y profesores

Desde muy pronto se imbricó también en la recuperación del movimiento francmasónico, que tanto atrajo en la edad media a constructores de edificios, médicos, militares, religiosos y profesores. Un grupito cultural muy selecto fundó la logia Beni-Garnata 178, en el año 1883. Allí estaba como cofundador el joven arquitecto Juan Montserrat y Vergés, con el nombre simbólico de Ictinius y el grado I. Fue de los miembros con mayor constancia en el seno de aquella logia masónica, pues permaneció activo hasta su desaparición por agotamiento a finales del siglo XIX. Fue ascendiendo de grados hasta ocupar los cargos de primer vigilante, tesorero, venerable e incluso presidente del Capítulo Provincial.

Su compromiso con la masonería le llevó incluso a dejar fe de ello en uno de sus edificios, e incluso a influir en el mismo aspecto en otros arquitectos: Montserrat dejó esculpidos los emblemas de la masonería en una balconada de la casa número 21 de la calle Buensuceso, construida seguramente para otro masón (Juan Lisbona Beltrán, en 1901); en las cornisas de varios edificios de Gran Vía también hay alegorías de símbolos masónicos.

Símbolos masones sobre el balcón central de Buensuceso, 21.

Es precisamente a través de los archivos de la logia Beni-Garnata por los que conocemos que en 1883 estaba soltero y en 1889 ya aparece casado con Agustina García de la Granja, con la que no tuvo descendencia.

El primer año del siglo XX surgió la sociedad obrera La Obra. Y como socio fundador se encontraba Juan Montserrat. Estaba promovida por personas de ideología socialista y republicana. Su objetivo era promover la educación, instrucción y cultura de la clase obrera, como vía de mejora de la situación social y económica de los más desfavorecidos. El cabeza visible era el médico Rafael García Duarte, compañero inseparable de Montserrat. Fue un movimiento muy bien acogido entre los miles de obreros que por entonces estaban empezando a abrir la cala de la Gran Vía. Era evidente que, una vez pasada la fiebre masónica, sus principales dirigentes se habían congregado en torno a La Obra.

Era arquitecto de prestigio, que se lo rifaban los grandes empresarios azucareros, que trabajaba para al Arzobispado haciendo iglesias, de profundas convicciones católicas y, por otra parte, predicaba con el ejemplo al mantenerse al lado de los pobres y militar, políticamente, en sectores antimonárquicos o, al menos, republicanos y socialistas

El papel de Juan Montserrat en aquella asociación obrera resultaba un tanto contradictorio, al igual que en otros aspectos de su vida: era arquitecto de prestigio, que se lo rifaban los grandes empresarios azucareros, que trabajaba para al Arzobispado haciendo iglesias, de profundas convicciones católicas y, por otra parte, predicaba con el ejemplo al mantenerse al lado de los pobres y militar, políticamente, en sectores antimonárquicos o, al menos, republicanos y socialistas. La Obra y el integrismo católico convivieron fatalmente durante los primeros años del siglo XX en Granada, incluso crearon periódicos desde los que se dedicaban a insultarse abiertamente. La Obra acabó siendo el vivero de futuros cuadros de los partidos Republicano y Socialista de las dos siguientes décadas.

Nuestro personaje se implicó también en la actividad empresarial. Recordemos que, además de arquitecto de la Gran Vía, compró acciones de la Reformadora Granadina. En el año 1902, el empresario Manuel del Saz y Cía. constituyó la Eléctrica de la Vega Granadina. Montserrat y su sobrino Juan Jordana tenían estrecha relación con él, pues le estaban construyendo un edificio en la Gran Vía y reformado otro para su ferretería de la calle Mesones (ferretería el Candado, actual Sfera). Montserrat se metió como socio de la compañía eléctrica; en poco tiempo tuvieron una concesión de aguas de Sierra Nevada e hicieron una central en Monachil. Suministrarían electricidad a varios pueblos de la Vega y a un sector de la capital.

Edificio donde surgió la ferretería el Candado, con toques modernistas.

Para 1904 ya estaba en funcionamiento esta empresa eléctrica, con oficinas y transformador situados en el barrio de la Manigua de Granada. En los proyectos de obras y licencias empezó a aparecer el nombre de Juan Montserrat como responsable; en 1905 se hizo cargo de la gerencia de la empresa, cargo que ostentó durante los cuatro años siguientes.

También en su haber hay que apuntar dos importantes edificios industriales: la Azucarera de San José o de la Bomba (1890), para el Marqués de Dílar, que dio nombre al Paseo del mismo nombre. Y la Azucarera San Isidro (1901-2), en el barrio de Bobadilla.
 
Azucarera de San Isidro, en Bobadilla, obra de Juan Montserrat.
Así mismo, en 1880 hizo la reconstrucción de la capillita de San Juan de Dios a la entrada de la calle Elvira, con el mecenazgo de José Vasco y Vasco, Conde de la Conquista. El pequeño oratorio es una mezcla de neogótico catalán y avance del modernismo.
 

Juan Montserrat fue designado concejal del partido republicano por el distrito San Gil-San Pedro (Tenía su domicilio en al número 4 de la calle Álvaro de Bazán)

En 1907, Montserrat debía ser una persona conocidísima en Granada. Aquel año inauguró las instalaciones eléctricas de las calles Escudo del Carmen, 37, Las Cruces 41, y Gozo 4-6. Fue el momento en que el Partido Radical tomó la decisión de colocarlo como concejal en el Ayuntamiento de la capital, pero habría de esperar otros dos años más a que le llegara la ocasión. Los republicanos mantuvieron 5 concejales (de 40 que eran por entonces) entre los años 1905-9. Para las elecciones municipales del 2 de mayo de 1909 se dio un pucherazo entre los cuatro principales partidos de Granada (conservador, republicano, liberal y demócrata), de manera que pactaron la corporación sin que hubiese elecciones municipales (excepto en el distrito del Salvador). Juan Montserrat fue designado concejal del partido republicano por el distrito San Gil-San Pedro (Tenía su domicilio en el número 4 de la calle Álvaro de Bazán).

Tomó posesión el 1 de julio de 1909 y sólo permaneció como concejal del Ayuntamiento de Granada durante 34 días, hasta que le sorprendió la muerte.

Recorte del Defensor de julio de 1909, donde se ve cómo se repartieron los concejales sin que hubiese elecciones municipales. Aparece Juan Montserrat por el distrito cuarto.

Fallecimiento en lejanía y olvidado por los granadinos

Montserrat estaba trabajando a mediados de 1909 en varios proyectos de la Gran Vía, en la iglesia de La Rábita y la construcción de Villa Pineda. A finales de julio de 1909 emprendió viaje hacia tierras norteñas. El motivo de aquel desplazamiento y todo lo que rodeó su muerte está sumido en la oscuridad. El hecho cierto es que viajó solo, sin la compañía de su esposa. Por esto se especuló después que no debía convivir con ella y por eso viajó de veraneo en soledad; la otra posibilidad es que viajara por negocios a la envasadora de aguas, balneario y central eléctrica de Fontibre que se estaba gestando.

Villa Pineda, obra última de Montserrat en Granada, con inspiración modernista. Todavía ha conseguido sobrevivir agobiada por enormes bloques en la zona de Villarejo.

El día 3 de agosto se encontraba alojado en la Fonda Universal de Reinosa (Santander), donde sufrió un infarto y murió prácticamente al instante (colapso cardíaco figura en su inscripción en el registro civil).  Tenía 57 años y dejaba una de las huellas arquitectónicas más importantes en Granada.

El día 3 de agosto se encontraba alojado en la Fonda Universal de Reinosa (Santander), donde sufrió un infarto y murió prácticamente al instante (colapso cardíaco figura en su inscripción en el registro civil).  Tenía 57 años y dejaba una de las huellas arquitectónicas más importantes en Granada

Su cadáver fue enterrado dos días después en el Cementerio Viejo de Reinosa. El día 4 de agosto partió hacia la ciudad cántabra su sobrino Juan Jordana Montserrat para hacerse cargo de los papeleos y entierro (según publicó la Gaceta del Sur). No le acompañó su esposa, con lo cual se refuerza la tesis de que no debía convivir ya con ella.

El arquitecto, empresario y concejal fue enterrado en una de las 150 sepulturas de la zona del común que tiene el Cementerio Viejo de Reinosa. No se sabe en cuál porque el libro de enterramientos fue destruido en la guerra civil. Lo habitual es que en aquellas fosas de tres o cuatro pisos permaneciesen los cadáveres entre 8-10 años. Pasado ese periodo, eran desenterrados, reducidos sus esqueletos, metidos en un saco o caja más pequeña y depositados en el fondo de la fosa. Encima volvían a ser enterrados nuevos cadáveres para otro periodo de 8-10 años más. Durante la guerra civil, se precisó desenterrar la zona común a marchas forzadas para meter a la infinidad de muertos que hubo en aquel frente.

En el fondo de alguna de estas fosas, que fue zona del común, deben encontrarse los huesos de Juan Montserrat. Cementerio de Reinosa (Santander).

El resultado es que el cadáver de Juan Montserrat debe permanecer reducido en una caja o saco en el fondo de alguna de aquellas 150 sepulturas de la zona del común del Cementerio Viejo de Reinosa. No solían arrojar al osario o a escombreras ningún cadáver exhumado. Según este procedimiento que seguían en Reinosa, a Juan Montserrat debieron exhumarlo en la década de 1920-30. El Cementerio Viejo de Reinosa fue clausurado en el año 2000.

El 'Defensor de Granada' (5 agosto) publicó una nota necrológica cuando se conoció su fallecimiento, en la que destacaba sus convicciones y militancia republicanas. También su ilustración, caballerosidad y honradez, y dejaba obras notables como arquitecto

El Defensor de Granada (5 agosto) publicó una nota necrológica cuando se conoció su fallecimiento, en la que destacaba sus convicciones y militancia republicanas. También su ilustración, caballerosidad y honradez, y dejaba obras notables como arquitecto. El 12 de agosto, su familia publicó una esquela en la que figuran su viuda, Agustina García, sus hermanos (Rosa, Ana, José), su cuñado Rufino Rodríguez Montano (arquitecto modernista extremeño). Le dijeron una misa en el Sagrado Corazón que él había construido unos años antes.

Ni el Ayuntamiento ni ninguna otra empresa, logia o grupo de amigos le dedicó esquela alguna. Sí hubo algún que otro intento del Partido Republicano por colocar algún reconocimiento a Juan Montserrat en la Gran Vía o en alguna de las calles laterales. Pero no prosperó. Las décadas que siguieron en Granada, en términos políticos, estuvieron dominadas por ultraconservadores e integristas de derechas. Para cuando llegó la II República y gobernó la izquierda, Juan Montserrat ya debía haberse perdido en la memoria de los granadinos. Posteriormente, con el franquismo, incluso fueron perseguidos algunos ancianos de los que a finales del siglo XIX también habían formado parte de la logia masónica Beni-Garnata.

Esquela publicada por la familia, el 12 de agosto de 1909.

Hace ahora un lustro que hubo un intento por recuperar la memoria de Juan Montserrat. Se recogieron firmas y fue formulada una propuesta al Ayuntamiento de Granada. Que yo sepa, aquella petición quedó archivada en el enorme cajón de los olvidos que tiene a rebosar esta ciudad.

Muestrario modernista fuera de la Gran Vía

Retazos del modernismo de la Gran Vía nos han quedado en unos cuantos edificios construidos o reformados en las calles laterales de la Avenida del Azúcar y varios lugares más de la ciudad. Obras todas ellas ubicadas temporalmente en las dos primeras décadas del siglo XX. Algunos arquitectos imitaron ventanales, otros las molduras de las ventanas, las barandillas de los balcones, las cornisas, las ménsulas y zapatas de sujeción de balcones. Total, si había fábricas locales dedicadas a esos ornamentos, ¿Por qué no utilizarlos? No obstante, aquel modernismo no fue tan fuerte como en Sevilla o Melilla, por poner unos ejemplos. Fue un modernismo cobardica.

La guía modernista de Granada (aparte de la Gran Vía) tiene sus mejores ejemplos en el barrio de las Angustias, en el entorno de Puentezuelas y en la calle San Antón. Veamos algunos ejemplos

La guía modernista de Granada (aparte de la Gran Vía) tiene sus mejores ejemplos en el barrio de las Angustias, en el entorno de Puentezuelas y en la calle San Antón. Veamos algunos ejemplos.

La casa más modernista que queda en pie se encuentra en la calle Ancha de la Virgen, número 5. Fue promovida por Juan Romero Jiménez en el año 1909. Esta casa era la mitad del solar original 3-5, compartido con su hermano Domingo Romero. La casa original venía del siglo XVIII; en 1868, los arquitectos municipales José María Mellado y Juan Pugnaire procedieron a alinear todo el barrio, ya que había cierta anarquía en las fachadas. El solar 3-5 fue partido en 1900, de manera que el del número 3 levantó una casa de 4 alturas en su parte, mientras lanúmero 5 quedó en tres, con los pisos originales muy bajos. Su propietario, Juan Romero, presentó proyecto para retranquear la fachada hasta la línea de sus vecinos, alzar el segundo piso algo más de un metro, ya que era muy bajo de techos y decorar la fachada en estilo más moderno.

Proyecto inicial de Alonso, que poco tuvo que ver con el resultado final que construyó. AHMGR
Ancha de la Virgen, 5. Diseñada por Cecilio Díez Alonso en 1909.

El arquitecto encargado del proyecto de reforma fue Cecilio Díez Alonso, el que estaba colaborando estrechamente con Juan Montserrat y Juan Jordana en los edificios de Gran Vía. El proyecto presentado en el Ayuntamiento fue muy escueto y sencillo, sin detallar cómo sería la decoración final. Pero el resultado fue una fachada completamente modernista, apartada bastante de la distribución de huecos que hay en el plano. Esta casilla debió ser el desahogo personal de Díez Alonso. ¿O quizás un homenaje a Juan Montserrat, que acababa de morir en Reinosa unas semanas antes?

¿O quizás un homenaje a Juan Montserrat, que acababa de morir en Reinosa unas semanas antes?

En la misma zona de Ancha de la Virgen existen al menos otras dos casas de la época, plenamente contagiadas de modernismo.

Ahí van algunos ejemplos de casas con rasgos modernistas en varios puntos de Granada:

Esquina a calle Concepción.
Calle Ancha de la Virgen.
Calle Puentezuelas.
Esquina San Juan de Dios-Acera del Triunfo.
Marqués de Falces.
Marqués de Falces.
San Antón, esquina Horno del Espadero.
San Antón, esquina Puente de Castañeda.