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Homenaje a los que velan por la ciudadanía II

Salvadores de vidas, entre llamas y amasijos

Ciudadanía - María Andrade - Domingo, 10 de Febrero de 2019
El Independiente de Granada prosigue la serie dedicada a los profesionales que salvan vidas con los Bomberos de Granada, que arriesgan las suyas para poner a salvo las de otros. En este reportaje se reencuentran con dos mujeres a las que rescataron de un grave accidente de tráfico en un caso, y de un dramático incendio en otro. Sirva este reportaje como reconocimiento a unos profesionales que tienen todo nuestro respeto y de los que nos sentimos profundamente orgullosos.
María José Pérez y María Eugenia Espínola con los bomberos que salvaron sus vidas.
Reportaje gráfico: María de la Cruz
María José Pérez y María Eugenia Espínola con los bomberos que salvaron sus vidas.
Contamos las historias de María José Pérez García y María Eugenia Espínola López, que tienen en común a sus salvadores: los Bomberos de Granada. A María José la rescataron del amasijo de hierros en el que se convirtió su vehículo tras colisionar contra ella otro que circulaba en la otra dirección. A María Eugenia la salvaron de las llamas que devoraban su inmueble, que la rodearon dejándola en la cornisa exterior de una sexta planta. Son solo dos ejemplos de la titánica tarea que desempeñan los profesionales del Cuerpo de Bomberos granadino, que han tenido que enfrentarse a duras experiencias, como la que supuso la extinción del incendio, intencionado, del edificio en San Juan de Letrán. Evitaron una tragedia de dimensiones incalculables, mucho mayor de lo que ya supuso la muerte de una de las vecinas del inmueble, porque su descomunal trabajo, en las peores condiciones imaginables, salvó más de una treintena de vidas. 


De izquierda a derecha: Gustavo Molino, jefe de Bomberos; Manuel Jesús Garrido; José Antonio Garrido; Francisco José López Martín; Juan José López Estrada; Cristóbal Pérez Martín; Fabián Rodríguez; Juan Manuel Mallol; Francisco Javier Granados; José Revelles Castillo.

Foto: María de la Cruz.

Cumplir 9 años a los 44

Cuando Juan Manuel Mallol llegó con sus compañeros a Velillos, en la antigua Carretera de Córdoba, para atender un grave accidente de tráfico, vio una escena que no puede olvidar: uno de los turismos tenía el maletero abierto y el interior lleno de juguetes. Pensó entonces lo peor, que podía haber niños en el vehículo.

"Fue lo que más me marcó", asegura a El Independiente de Granada. Y ello a pesar de que llegó a contestar el móvil de la conductora, María José Pérez García, que sonaba insistentemente. Era su madre, preocupada porque no llegaba pese a que le había asegurado poco antes que estaría en cinco minutos. Tenía que recoger a los niños y las notas. María José, cuidadora técnica de personas dependientes, se dirigía desde su trabajo en Armilla a Puerto Lope, su casa. Y fue Mallol el encargado de darle las noticias y decirle que no se preocupara, que la estaban atendiendo.



María José Pérez García.

Mallol lo recuerda con precisión, como si hubiera ocurrido ayer, pero fue un 16 de diciembre de hace poco más de 9 años. Él, bombero conductor del Parque Norte ahora en tareas de formación, se metió dentro de ese vehículo, junto a la conductora, para atenderla mientras llegaba el 061. Porque, como explica, menos las vías, el collarín o la sedación, se encargan de esa primera asistencia clave para los accidentados.

"Gracias, muchos besos para todos", repetía cuando la sacaron del vehículo tras estar en silencio todo el rescate

María José "no piaba", pese a que tenía las piernas destrozadas. Él estaba a su lado mientras sus compañeros trabajaban en la excarcelación y en atender el otro vehículo, cuyos ocupantes estaban aún más graves. María José atribuye su silencio a que cuando vio llegar a los bomberos se tranquilizó pensando que ya la iban a rescatar. Cuando la sacaron del vehículo, no paraba de repetir una y otra vez: "Gracias, muchos besos para todos"



María José Pérez García junto a José Revelles, que era el mando al frente del equipo que atendió su accidente de tráfico. Foto: María de la Cruz

"Estuve en la UCI una semana; un mes ingresada; cinco meses con corsé; un año con muletas; y dos años de baja", relata haciendo también un repaso de las lesiones de las que aún hoy tiene alguna secuela: rótula, menisco, dos vértebras desplazadas, una hernia cervical crónica, una fractura en el pie y una hemorragia interna de la que afortunadamente no terminó desangrada. 

En su encuentro con los bomberos que participaron en ese rescate -José Revelles, Juan Manuel Mallol, los hermanos Manuel Jesús y José Antonio Garrido y Fabián Rodríguez- sigue mostrando una bonita conexión, sobre todo con Mallol, que la acompañó en el interior del vehículo. Porque, a sus 44 años, acaba de cumplir 9, como ella misma recuerda. Los años que han transcurrido desde que ese equipo de Bomberos de Granada le salvó la vida. 

Sentir el calor de las llamas sin salida 

María Eugenia Espínola López vive en el entorno de Caleta-Plaza de Toros, donde regenta una panadería. Dormía con su marido en su vivienda, en una sexta planta, la última del edificio. Se despertaron escuchando golpes y fue entonces cuando fueron conscientes de lo que ocurría: su piso estaba en llamas. "El comedor y el pasillo estaban ardiendo. Cerramos la puerta del dormitorio", rememora Eugenia para añadir que en un momento dado su marido salió para tratar de buscar ayuda y ella quedó en la habitación. La ventana se cerró y no podía abrirla hasta que, por los efectos del propio incendio, se abrió de repente. En ese momento, sin pensarlo, se salió al exterior, sobre la cornisa. Se desplazó por la fachada, pegada a la pared, hasta otra habitación, donde había unos andamios.

Quienes la observaban desde el centro sanitario que hay frente a su vivienda pensaban que quería tirarse y llegaron incluso a reunir colchones que apilaron bajo el inmueble. Lo cuenta María Eugenia que no puede olvidar la imagen de su madre en la calle.



María Eugenia Espínola López.

Lo que recuerda de aquel incendio, que ocurrió en noviembre de 2004, fue el calor que desprendía la habitación y que sentía en su cuerpo. "Son las calorías del incendio", le responde Francisco José Granados, que recuerda que el andamio vino bien. En esa intervención un grupo accede desde el interior y el otro interviene desde la calle. En aquel equipo, comandado por Jesús Cabrera, estaban junto a Francisco José Granados los hermanos Garrido y Fabián Rodríguez, además de Eduardo López y Alberto Ruiz.

Fue Francisco José quien primero llegó hasta ella.  "Te eché la mano y te agarraste al andamio", le cuenta. Y cuando llegó el momento de saltar a la escala, "no se quería soltar". Ella repetía: "Mi madre, mi madre", y su salvador pensaba que estaba en el interior del inmueble, al que regresó para inspeccionarlo de nuevo y volver a salir para decirle que no había nadie dentro.

"Por la Virgen de las Angustias, a la escala", exclamó Eugenia al final del rescate

Y pese a la gravedad de un incendio y una intervención de estas características, también hay espacio para la anécdota. Lo demuestran la propia Eugenia y sus salvadores, que le recuerdan lo que exclamó cuando finalmente dio el salto a la escala: "¡Por la Virgen de las Angustias, a la escala!". Eugenia no lo recordaba y sonríe plácidamente junto a los bomberos al escucharlo.



María Eugenia Espínola, en la escala, flanqueada a su izquierda por Fabián Rodríguez y José Antonio Garrido y, a su derecha, por Manuel Jesús Garrido y Francisco José Granados. Foto: María de la Cruz
Colaboración con los Bomberos de Lima (Perú) Mientras se celebra, en el Parque de Bomberos Norte 'Antonio Rodríguez Franco', el encuentro entre salvadores y rescatadas nos visita Luis Felipe Arizmendi Echecopar, de la Compañía de Bomberos Lima Número 4, que está en Granada para compartir experiencias y sellar una colaboración entre los bomberos peruanos y los granadinos. Rememora un trágico suceso que provocó en 2001 la muerte de 300 personas en Lima al saltar una chispa en una zona urbana donde se vendía y almacenaba, de manera irregular,  material pirotécnico. Sin rutas de escape, sin hidrantes... El resultado fue trágico. "Se aprendió a un costo altísimo", expone destacando que los incendios grandes empiezan siempre "por un pequeño error o descuido".



Luis Felipe Arizmendi.

La dura prueba de San Juan de Letrán, con todo en contra

Los casos de María José y Eugenia son, como se ha indicado, un ejemplo del día a día de los parques de Bomberos de Granada, que tuvieron en noviembre de 2017 una de las mayores pruebas a las que se han enfrentado en su larga historia. El incendio del edificio de San Juan de Letrán. Lo indica el subinspector José López Estrada, jefe de guardia que atendió aquel siniestro. "Posiblemente ha sido de los más difíciles", afirma recordando los recientes incendios ocurridos en Barcelona y en París. "Muy parecidos" y con "el agravante", en el caso de Granada, que ocurrió a las cinco de la mañana, cuando todos los vecinos estaban en sus casas. Respirando el denso humo negro que se acumulaba, pidiendo auxilio en los balcones con los móviles en la mano para que pudieran verlos mientras el edificio estaba convertido en una trampa para los bomberos. Una mujer falleció y el titánico esfuerzo de quienes lucharon contra el fuego salvó más de una treintena de vidas.

El esfuerzo en San Juan de Letrán, "como una subida al Tourmalet", resume Owen García

Caían ascuas de madera y cascotes y todo estaba en llamas. Era lo más parecido a un infierno. Y se puede fácilmente recordar con una imagen que impacta, la de un bombero en el portal en llamas del edificio quitándose, con la ayuda de sus compañeros, el chaquetón. Le habían entrado ascuas y trozos de madera y se quemaba. Era Miguel Ángel Braojos. Con López Estrada recuerdan esos momentos Francisco José MartínOwen García, y Cristóbal Pérez Martín, del Parque Sur. Porque no solo fueron movilizados los profesionales del Parque Norte, también fueron reclamados todos los del Sur. Al llegar a la Avenida de la Constitución y ver el operativo desplegado, con ambulancias y vehículos policiales, Cristóbal Pérez reconoce que pensó que igual había sido un atentado. Lo que da una idea de la dimensión de lo que allí aconteció. Pone un ejemplo Owen García, que ni siquiera podía transportar la pinza separadora con la que subía a la séptima planta, una herramienta que transporta sin problema en cualquier otra circunstancia. "Tuve que hacer una parada en la tercera planta y cambiar las botellas de oxígeno". Jamás, asegura, había consumido tantas botellas (4). El estrés por la gente atrapada unido al estrés térmico, de 200º para delante, triplica o cuadruplica el esfuerzo. Fue, resume, "como una subida al Tourmalet", una de las emblemáticas cumbres del Tour de Francia cuya dureza es bien conocida entre los amantes del ciclismo.



Todo estaba en contra, no solo por las condiciones del edificio y por el hecho de que fue intencionado, como demostró la investigación, aún abierta, sino por la dificultad para acceder con los vehículos: tuvieron que cortar bolardos y talar árboles. 

Pero como todo, también tiene pasajes positivos que recordar. Lo hace Gloria Prieto, bombero con 27 años de experiencia que se dedica ahora a la formación y que recuerda que una de las familias atrapadas en San Juan de Letrán siguió los consejos que una de sus hijas había aprendido pocos días antes en el Parque Norte en una visita escolar. Iban a abrir la puerta de la vivienda pero la pequeña les recordó que tenían que tocarla y, si estaba caliente, no salir. No fue fácil su rescate. En una escala caben tres personas. Y allí estaban el bombero, los padres y las dos pequeñas. Se tomó la decisión de bajar primero a las niñas y después a sus progenitores, que siguieron respirando humo durante la espera porque no había manera de cerrar la puerta de su vivienda, diáfana, lo que intentó, jugándose una vez más la vida, su salvador.

María Eugenia y María José, en otra imagen con sus salvadores. maría de la cruz

La importancia de los medios materiales y humanos

Granada cuenta con una plantilla de Bomberos con 185 profesionales, con una edad media que se sitúa en los 47 años. Lo señalan algunos de los profesionales durante el encuentro en el que también enumeran problemas pendientes, como la merma de la plantilla en los últimos años; la falta de un retén en Sierra Nevada o reivindicaciones que comparte el colectivo en toda Andalucía, que no haya servicios con solo dos bomberos. Y frente a ello inciden en la importancia de los medios materiales y de los recursos humanos.

Los Bomberos de Granada preparan su Bicentenario, que se cumplirá en 2021. Integran el servicio contra incendios más antiguo de España. 

Puedes leer en el siguiente enlace la primera entrega de la serie: