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'Estadísticas'

Blog - Punto de fuga - Cristina Prieto - Jueves, 9 de Noviembre de 2023
Imagen de la calle Mesones, de Granada capital.
M.R.
Imagen de la calle Mesones, de Granada capital.

El artículo 20 de la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo para la igualdad efectiva de mujeres y hombres que trata sobre la adecuación de las estadísticas y estudios, obliga a los poderes públicos, en el apartado a), a “incluir sistemáticamente la variable de sexo en las estadísticas, encuestas y recogida de datos que lleven a cabo” y en el apartado d) a “realizar muestras lo suficientemente amplias como para que las diversas variables incluidas puedan ser explotadas y analizadas en función de la variable sexo”. Sin embargo, esta obligación legal ha dejado de tener sentido porque el sexo de mujeres y hombres  puede ya ser escogido a voluntad y la ciudadanía, en su conjunto, puede elegir la mención registral de esta variable según sus propios sentimientos. La conocida como Ley Trans así lo recoge y, no sólo para las personas que se autoperciban como transgénero –que no transexuales- sino para cualquiera que, aprovechando la manga ancha de la literalidad de este texto, quiera obtener algún beneficio. La autoidentificación como mujer u hombre no precisa ninguna documentación que así lo acredite, basta con manifestarse del sexo sentido ante el personal funcionario del Registro y reiterarse transcurridos tres meses.

Cuando esta encuesta empiece a no ofrecer datos reales porque los varones autoidentificados sean contabilizados como mujeres -acreditados legalmente al cambiar toda su documentación en el Registro- no habrá necesidad de implementar políticas para favorecer la empleabilidad de las mujeres o, peor aún, las mujeres sentidas (hombres) accederán a ellas con total legitimidad apropiándose de estos beneficios

Seguramente, una parte importante de la ciudadanía española pensará que esta circunstancia no afectará a su día a día. Se equivoca. Vamos con algunos ejemplos. Cada vez que el Instituto Nacional de Estadística (INE) publica la Encuesta de Población Activa (EPA), los datos desagregados por sexo indican la diferencia entre el paro registrado en los hombres y las mujeres y, a tenor de esta realidad, las políticas gubernamentales intervienen para reducir la brecha existente. Cuando esta encuesta empiece a no ofrecer datos reales porque los varones autoidentificados sean contabilizados como mujeres -acreditados legalmente al cambiar toda su documentación en el Registro- no habrá necesidad de implementar políticas para favorecer la empleabilidad de las mujeres o, peor aún, las mujeres sentidas (hombres) accederán a ellas con total legitimidad apropiándose de estos beneficios.

Otro ejemplo. En los ingresos de pacientes en los centros hospitalarios, la asignación de habitaciones se realiza por sexo para, con buen criterio, no comprometer la intimidad de las personas en actividades tan cotidianas como las revisiones médicas tras una intervención o el aseo personal diario para el que hay que desnudarse. Con la nueva Ley, es posible que una joven de diecisiete años comparta habitación con una mujer autoidentificada (un señor) que no perderá detalle. A efectos legales, es una mujer y será imposible elevar una queja a la dirección del hospital porque la situación está amparada por ley. Ni siquiera hay que imaginárselo. Ya está ocurriendo en otros países como el Reino Unido.

Es fácil de entender si nos ponemos a pensar quiénes ganan con este delirio, a quiénes beneficia. ¿A las estudiantes que pueden perder sus becas? ¿A las mujeres en una cama de hospital que se van a sentir violentadas en su intimidad?... 

Más situaciones. Volvemos a las estadísticas. Es bien conocido que los expedientes académicos de las estudiantes son mejores que los de sus compañeros varones. Esta circunstancia permite a las mujeres acceder a becas de distinto tipo. Cuando estas estadísticas dejen de reflejar la realidad y hombres autoidentificados como mujeres sean incluidos como tales, ocuparán puestos en la concesión de estas ayudas menospreciando el esfuerzo realizado por las estudiantes que se verán privadas del reconocimiento alcanzado.

Se podrían incluir más ejemplos de cómo esta Ley va a hacer estallar la equidad y colocará más palos en la ruedas para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres. Tampoco va de derechos, va de intereses. Los derechos humanos son para toda la humanidad porque son universales. Lo que se está buscando son privilegios, es volver a recuperar todas las parcelas de poder para los hombres que veían cómo alguna se les podía escapar. ¿A las deportistas que van a desaparecer de los podios y, con ellos, los patrocinios cuando en lo más alto se sitúen varones que han ganado sus triunfos compitiendo en categorías que, por sus condiciones físicas, no les corresponden?

Las miles de afectadas, a las que tardan en diagnosticar más de quince años de media, están muy preocupadas porque la escasísima investigación dedicada a esta dolencia femenina puede peligrar si el número de mujeres afectadas desciende

No pasará mucho tiempo para ver aparecer en las estadísticas violadoras, mujeres con cáncer de próstata u hombres con endometriosis. Detengámonos aquí, en la endometriosis. Las miles de afectadas, a las que tardan en diagnosticar más de quince años de media, están muy preocupadas porque la escasísima investigación dedicada a esta dolencia femenina puede peligrar si el número de mujeres afectadas desciende. Con la inclusión de varones biológicos como personas de sexo femenino, el porcentaje de afectación se reducirá y, entonces, la investigación será residual.

¿Realmente se puede pensar que a alguien no le afectarán las consecuencias de una Ley que sólo servirá para invisibilizar aún más a las mujeres?

 

 

 

 

Imagen de Cristina Prieto

Madrileña afincada en Andalucía desde 1987, primero en Almería y posteriormente en Granada donde he desarrollado mi carrera profesional como periodista. Me licencié en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, cursé mi suficiencia investigadora en la Universidad de Granada dentro del programa Estudios de la Mujer y leí mi tesis doctoral en la Universidad de Málaga.