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La búsqueda de Rosalía

Blog - Foro de la Memoria - María Andrade - Sábado, 11 de Mayo de 2019
"Cierro los ojos y la veo", confiesa María, su hija. Han pasado 83 años desde que perdiera a su madre, víctima de la represión franquista. Asesinada. Invisibilizada. Su recuerdo diario honra su memoria.
María, con una fotografía en la que aparece junto a su marido, durante su entrevista con la AGRMH.
AGRMH
María, con una fotografía en la que aparece junto a su marido, durante su entrevista con la AGRMH.

María describe la imagen de su madre, Rosalía, con vestido marrón estampado con pequeñas flores rojas y hojas verdes, un poco rozadillo por el pecho, y un delantal con un volante que ella misma cosió.

Podría ser una fotografía pero no lo es, porque no tiene ninguna de ella. Su madre nunca se hizo fotos. Así la vio por última vez cuando María tenía apenas 10 años. "Cierro los ojos y la veo", confiesa en la larga entrevista que mantuvo con los miembros de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica (AGRMH).  

María Rueda Moyano tiene 93 años. No pasa ni un solo día que no recuerde a su madre y la aciaga jornada en el que se la arrebataron. Fue un 25 de septiembre de 1936 y nunca más supieron de ella. Por un familiar conocerían después que la habrían llevado al cementerio de Granada y allí fue fusilada en las tapias. De Escóznar salió en un camión junto a otras dos mujeres y 6 hombres. 

Rosalía Moyano Ariza estaba casada con Gabriel Rueda Comino. "Mi padre era socialista y se fue a la zona roja", cuenta María. Cuando acabó la Guerra, a Rosalía, que seguía en el pueblo, familiares le aconsejaron marcharse de Escóznar. Por qué, si yo no he hecho nada a nadie, fue su respuesta. Pero eso poco importó. Su casa fue registrada hasta en dos ocasiones en busca de Gabriel. En una de ellas miraron hasta el pozo. "Con un candil", recuerda su hija. Se fueron. Pero en un segundo registro los guardias le ordenaron marcharse con ellos. María y su hermano se agarraron a la madre, que les consoló. No va a pasar nada, les dijo. Se quitó el bonito delantal, en un gesto que evoca con tristeza su hija María. Y se marchó con su vestido marrón estampado con las pequeñas flores rojas. 

"¡No tenemos mama, no tenemos mama!", lloraban desconsolados

Los dos niños no tenían consuelo. "Nos sintió todo el pueblo". "¡No tenemos mama, no tenemos mama!", lloraban desconsolados. Juntos caminaron hacia la casa de su abuelo. Esa misma noche escucharon el camión que trasladaba a su madre y a los otros ocho vecinos y vecinas. "No se lo deseo ni a mi peor enemigo", admite. 

La investigación de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica, con la que contactó la familia, acaba de comenzar. Pero ya hay datos que marcan la línea a seguir. Como recuerda la vocal de familias del colectivo memorialista, Silvia González, hay una inscripción sobre el fusilamiento de tres mujeres en la tapia del cementerio de Granada el 26 de septiembre de 1936. Un día después de que fuese detenida Rosalía. Concuerda el número de mujeres que salió de Escóznar. Es solo el comienzo.  

Memorial a las víctimas del franquismo asesinadas en las tapias del cementerio granadino. p.v.m.

La nieta de Rosalía lleva su nombre. Rosalía Jiménez Rueda cuenta a El Independiente de Granada que el silencio se impuso durante los años de la dictadura. Por miedo. Así que durante media vida la memoria de su abuela quedó como si se hubiera evaporado. La invisibilidad de las víctimas contra la que lucha la recuperación de la Memoria Democrática.

La aprobación de la Ley de Memoria Histórica y Democrática fue la que la animó a indagar en la tragedia familiar. Cuando se inauguró el Memorial a las Víctimas del Franquismo junto a las tapias del cementerio de Granada la familia acudió a leer los nombres. El de Rosalía no está. Probablemente ella sea una de esos "desconocidos" a los que las rejas también recuerdan.

"Mi madre siempre se ha lamentado de no tener un lugar al que llevar flores, hasta eso se lo quitaron", se lamenta.

El dolor ha marcado la vida de María. Porque la pérdida de su madre, mientras su padre aún no había regresado, hizo que los hermanos se separaran. Cada uno de ellos con un familiar. Ella estuvo en Montefrío con una tía. Todos los días esperaba la llegada de su padre, Gabriel. Tres años pasaron antes de volver a abrazarlo. "¡Ay, mi padre!", exclamó al verle. 

Tiene una memoria envidiable. De su padre, Gabriel, que trabajaba en la construcción, recuerda que gritaba ¡Viva la República! En su memoria, incluso, una coplilla que cantaban sobre Nicolás Jiménez, de Íllora, donde llegó a ser alcalde durante la II República:

'Viva Nicolás Jiménez, que es un hombre de talento, 

que para defender al obrero, 

necesitó una fábrica de tintero'

Y entre todos los recuerdos, su madre. Su vestido marrón estampado, su delantal y las alpargatas que calzaba cuando se la llevaron.

Imagen de María Andrade

Periodista de carrera, -titulada en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla-, y trayectoria, ha trabajado en Andalucía en todas las áreas del Periodismo: agencias de noticias, prensa, radio, televisión y gabinete de prensa. Comenzó su trayectoria profesional como redactora en prácticas en la radio, en RNE, posterioremente en Antena 3 y la SER; en la Agencia Efe, fue redactora en Málaga y Granada; en televisión trabajó para Tele 5 y, en prensa, en el Diario de la Costa del Sol, La Opinión de Málaga y Granada Hoy, en este último como jefa de la sección de Local desde su creación. Posteriormente, dirigió el Gabinete de Prensa de la Consejería de Educación de Andalucía durante cinco años.

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