Recicla, para respirar un aire más limpio
Amelia Fernández, profesional del Virgen de las Nieves, dedica desde hace 16 años parte del tiempo a cuidar de ancianos

Un ejemplo de amor desinteresado a los que más lo necesitan

Implicados - J.I.P. - Domingo, 28 de Octubre de 2018
Esta no es una historia habitual en los diarios de información, aunque merece ser contada y compartida. Al menos, para que sirva de ejemplo y constatar que en la sociedad, pese a todo, también hay muchas personas que regalan su tiempo y mucho más por los que más lo necesitan. Como Amelia Fernández Sierra, una cualificada profesional sanitaria que, desde hace nada menos que 16 años, dedica una semana de sus vacaciones a cuidar a los enfermos y ancianos de la comunidad de la Institución Benéfica del Sagrado Corazón de Jesús, en Haza Grande. No pases de largo.
Amelia, junto a algunos voluntarios y residentes de la Casa.
P.V.M.
Amelia, junto a algunos voluntarios y residentes de la Casa.


“Recibo mucho más de lo que doy”, dice Amelia Fernández Sierra, y su expresión de satisfacción lo ratifica, mientras reparte a una veintena de ancianos y ancianas, muchas de ellas enfermos, un plato con sandía, como postre de un delicioso almuerzo, compuesto por un sabroso guiso y una ensalada, que voluntarios han cocinado este mediodía de sábado.

Amelia, -Meli, como a ella se dirigen con afecto y admiración los que la conocen-, es una mujer excepcional, aunque trate de convencerte con extrema humildad que no lo es, poco después de alegrar a una anciana en el comedor, y a otra darle un beso, y preguntarle a otro residente por sus hijos. Pero lo es.



Jefa del Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Universitario Virgen de las Nieves, puesto logrado por méritos ante un tribunal, Amelia Fernández Sierra es directora de la Unidad de Gestión Clínica Provincial de Prevención, Promoción y Vigilancia de la Salud. Una ocupación de vital trascendencia en el sistema sanitario público, que no le impide dedicar sus pocas horas libres a su familia y a su otra familia: la comunidad de la Institución Benéfica del Sagrado Corazón de Jesús de Granada.

En este tiempo de vacaciones, se responsabiliza de la comunidad de ancianos y ancianas durante una semana.Y hace más. En estos más de tres lustros, sin faltar uno solo, hace la cena todos los miércoles para la veintena de ancianos, que celebran su presencia

Hay maravillosos profesionales sanitarios que en sus vacaciones se enrolan en necesarios proyectos de ONGs en el extranjero, pero ningún antecedente de alguien como Amelia que mira a su entorno y siente la necesidad de ayudar, de esta forma, desde hace 16 años, en la ciudad en la que reside.

En este tiempo de vacaciones, se responsabiliza de la comunidad de ancianos y ancianas durante una semana, para que las tres religiosas que atiende el centro acudan a sus ejercicios espirituales.

Y hay más. En estos más de tres lustros, sin faltar uno solo, hace la cena todos los miércoles para la veintena de ancianos, que celebran su presencia.



“Somos una gran familia. En todo amar y servir”, señala un gran cartel en el impecable salón comedor del señorial edificio y viéndolos para el acertado pie de una gran foto.

Para Amelia, el tiempo que dedica a los ancianos residentes, -la inmensa mayoría con vidas extremadamente duras-, es “una obligación moral en la vida” porque, insiste, “tenemos mucho que dar” y “nos devuelven -agrega- mucho más”

Para Amelia, el tiempo que dedica a los ancianos residentes, -la inmensa mayoría con vidas extremadamente duras-, es “una obligación moral en la vida” porque, insiste, “tenemos mucho que dar” y “nos devuelven -agrega- mucho más”. Valores, tan necesarios, de los que por encima de creencias sigue hablando como si lo que dijera no conmoviera: “Tenemos que ser solidarios con las personas que no tienen nada”. Por no tener, algunos ni tan siquiera documentos de identidad.

En el recorrido que ofrece por las cuidadas y limpias instalaciones, se dirige a los inquilinos como si fueran sus niños. Y es probable que muchos de ellos y ellas -algunos postrados para siempre en la cama por sus complejas dolencias- no hayan recibido hasta llegar a la Casa, ese cariño y ese mimo que Amelia regala desde su corazón.

La Institución Benéfica del Sagrado Corazón de Jesús fue fundada en 1947, con la peculiaridad que le distingue de confiar sin límites en la Divina Providencia y para la acogida de los más necesitados. Así que no cuenta con apoyo económico alguno, ni renta, ni subvenciones, ni a nadie pueden pedir.

Además de en Granada, mantiene casas en Bilbao (dos), Albacete, Sevilla, Málaga, Almería y en Cochabamba (Bolivia).

Y sin poder pedir, es la generosidad de quien los conoce, con tiempo o recursos, la que la sustenta.

Dosis de medicamentos que precisan los residentes.P.V.M.

Generosidad, como la de Amelia y otros pocos voluntarios, entre ellos, Paqui y Javier, también profesionales sanitarios, un matrimonio que acude asiduamente a la comunidad para colaborar y dedicarse, entre otras tareas con sumo esmero, cuidado y atención, a preparar la medicación que precisan los residentes, muchos de ellos, con dolencias crónicas y complicadas.

Que ojalá el ejemplo de Amelia se extienda. 

Si quieres colaborar de alguna forma o conocerlos de cerca:



Institución Benéfica del Sagrado Corazón de Jesús en Granada

C/ Fajalauza, 10

18010 Granada

Tlf: 958-284324

e-mail: granada@ibsagradocorazon.org