Tu ropa tiene aún mucha vida
TRASLADADA DE CIUDAD REAL EN 1505, EXISTIÓ HASTA 1834

El gran 'polo de desarrollo' que trajo, y mantuvo tres siglos, la Real Chancillería

Cultura - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 21 de Febrero de 2021
Espléndido reportaje de Gabriel Pozo Felguera que detalla la generación de empleo y riqueza que reportó a Granada la creación por los Reyes Católicos de la Real Chancillería, que funcionó como un Tribunal Supremo del Sur de España, especialmente relacionada con la acreditación de hidalguía. No te pierdas este trabajo sobre el esplendor de una Granada que fue.
Carta ejecutoria de hidalguía de Baltasar de Barahona y Agustina de Moncayo, vecinos de Granada, 1611. El autor de retratos y pinturas es desconocido.
COLECCIÓN PARTICULAR
Carta ejecutoria de hidalguía de Baltasar de Barahona y Agustina de Moncayo, vecinos de Granada, 1611. El autor de retratos y pinturas es desconocido.
  • Además del innumerable personal de la oficina judicial, surgieron cientos de actividades relacionadas con el pergamino, papel, encuadernaciones y la hostelería

  • Pintores, iluminadores y escribanos extendieron miles de cartas ejecutorias de hidalguía a infanzones de media España que buscaban privilegios sociales

El traslado de la Real Chancillería a Granada en 1505 dio lugar a la creación de un importantísimo foco de riqueza para la ciudad. En torno a ella surgieron una serie de nuevas profesiones, tanto judiciales como auxiliares, que llenaron su círculo de actividad: llegaron magistrados, oidores, funcionarios, procuradores, abogados, escribanos… pero también romanceadores, escriturarios, penduleros, iluminadores de documentos, pintores, pergamineros, papeleros, encuadernadores, doradores, etc., etc. A Granada arribaron ríos de pleiteadores de la mitad Sur de España que contrataron estos servicios, se alojaron en sus posadas y comieron en sus numerosos mesones. El negocio judicial fue boyante entre 1505 y 1834 en que se suprimió la Chancillería y se eliminó la confección artesana de títulos, especialmente, las miles de cartas ejecutorias de hidalguía. Granada fue convertida en un gran polo de desarrollo a comienzos de la edad moderna con la llegada de la Chancillería real. El esplendor judicial mermó hace tiempo, pero nos ha legado verdaderas obras de arte en pergamino y vitela.

Se cumplió plenamente el deseo de los Reyes Católicos de engrandecer a Granada con su Real Chancillería, que entendiera de pleitos del Tajo hacia abajo: En la carta real de constitución del municipio de Granada (20 de septiembre de 1500) escribieron que se ennoblecería a esta ciudad para que “mejor se pueble, es nuestra merced que venga a estar en ella la nuestra corte e chancillería que hoy reside en Ciudad Real”. La Corte vino y no se quedó, pero sí su máximo órgano judicial.

Se cumplió plenamente el deseo de los Reyes Católicos de engrandecer a Granada con su Real Chancillería, que entendiera de pleitos del Tajo hacia abajo

Desde dos siglos atrás, la única Chancillería que centralizaba todos los asuntos judiciales mayores estuvo ubicada en Valladolid. Era el equivalente al tribunal supremo de entonces. No obstante, los propios Reyes Católicos tenían por costumbre impartir justicia ellos mismos constituidos en máximo órgano judicial. Tal como se venía haciendo por los monarcas desde la alta edad media, un día por semana. España estaba ensanchando y formándose; de ahí que decidieran, en 1494, desdoblar la Chancillería de Valladolid y crear una segunda en Ciudad Real, a la que irían todos los pleitos de enjundia de la mitad Sur de España, es decir, del Tajo hacia abajo. Aquella ubicación de la Chancillería en la Villa Real manchega tuvo una vida efímera, ya que para 1505 fue trasladada a Granada.

Los Reyes Católicos impartiendo justicia en la Corte. Obra de Víctor Manzano Mejorada (1860). PALACIO REAL DE MADRID.

La Chancillería era entendida como una delegación muy personal del monarca de turno, la institución en la que confiaba todo su poder (excepto el militar). El presidente de la Chancillería era una especie de virrey, delegado personalísimo de la Monarquía. La verdadera mano real que rubricaba en su nombre las decisiones; en su mano dejó el sello real que refrendaba y verificaba las decisiones. Y sólo había tres sellos en España: el que tenía el propio monarca en su Corte y los dos de las chancillerías de Valladolid y Granada.

La Chancillería Real fue ubicada inicialmente en el barrio de la Alcazaba, es decir, en el Albayzín. Concretamente en la zona comprendida entre la Plaza de San Miguel Bajo y la Plaza de San Gregorio Bético, en el entorno de la calle San José. Allí ha quedado todavía el topónimo de calle Oidores, en recuerdo de los jueces que deambulaban

La Chancillería Real fue ubicada inicialmente en el barrio de la Alcazaba, es decir, en el Albayzín. Concretamente en la zona comprendida entre la Plaza de San Miguel Bajo y la Plaza de San Gregorio Bético, en el entorno de la calle San José. Allí ha quedado todavía el topónimo de calle Oidores, en recuerdo de los jueces que deambulaban. El primer edificio que tuvo, modesto, fueron unas casas del corregidor Alonso Enríquez (que lo fue entre 1501 y 1508); después se trasladó a otro edificio más grande propiedad del Obispo de Burgos. En esta zona permanecieron las instalaciones judiciales hasta que se habilitaron -pasada la mitad del siglo XVI- las instalaciones de la Real Chancillería en la Plaza Nueva o del Hataibín, mandada construir por aquel corregidor por provisión real de 17 de septiembre de 1505 (dada en Segovia por Juana I).

Real Chancillería, en 1854, en una foto de Cliford. Todavía estaba descubierto el Darro hasta la calle Aire. AHMGR.

No obstante, la residencia y presidencia de la Chancillería también estuvo ubicada un tiempo en el edificio universitario delante de la Curia, donde se reunía en ocasiones el Real Acuerdo (la sala de gobierno). La Chancillería trajo a Granada la escuela de formación del Oficio, estudios de Derecho, y para 1532 propició la fundación de la Universidad.

En el entorno de la Alcaicería, Bibarrambla, Zacatín, Plaza Nueva surgieron pequeñas oficinas o tablas en las que infinidad de especialistas romanceaban (traducían) escrituras de los antiguos árabes, escriturarios que copiaban documentos judiciales, iluminadores y pintores de títulos y cartas de hidalguía

Alrededor de todo aquel complejo y cada vez más abultado órgano judicial empezaron a crearse los oficios auxiliares, a imagen y semejanza de los que existían en Valladolid. La Chancillería de Granada se convirtió pronto en el tribunal supremo de media Península, con una producción de escrituras, sentencias, cartas, exhortos y ejecutorias que era preciso escribir, incluso imprimir. En el entorno de la Alcaicería, Bibarrambla, Zacatín, Plaza Nueva surgieron pequeñas oficinas o tablas en las que infinidad de especialistas romanceaban (traducían) escrituras de los antiguos árabes, escriturarios que copiaban documentos judiciales, iluminadores y pintores de títulos y cartas de hidalguía.

Privilegio concedido por Carlos V a Andrés González de Huete, de Valdeolivas. Hecho en Granada en 1539, uno de los más antiguos que conserva la Real Chancillería de Granada.

Pero antes de llegar hasta aquellos establecimientos, previamente, surgieron o se potenciaron otros oficios artesanales menos lucidos: los fabricantes de pergamino, los molineros de papel, los plomeros y los encuadernadores. La mayoría de ellos participaban en el proceso de confección de títulos, reales provisiones y, sobre todo, las trabajadas y preciosas cartas ejecutorias de hidalguía.

El proceso de apergaminado era muy complejo y caro; se elaboraba a partir de pieles de cabrito, cordero y vacuno no natos o recién nacidos, las más tiernas y maleables

El pergamino/vitela era el material de escritura considerado más noble, el que se utilizaba para elaborar los documentos de mayor importancia. El proceso de apergaminado era muy complejo y caro; se elaboraba a partir de pieles de cabrito, cordero y vacuno no natos o recién nacidos, las más tiernas y maleables. Las pieles se raspaban de su pelo en las tenerías y lijaban la hipodermis, para dejar solamente la capa de la dermis. Tras el proceso de secado, curtido y estirado, la piel de los pequeños animales había quedado convertida en pergamino sobre el que se fijaban perfectamente las tintas, pigmentos y pan de oro.

Puente del Álamo sobre el Darro, a la altura de la calle Salamanca, según interpretación romántica del pintor François Bossuet (1854). A su lado estuvo la Casa de la Matanza, donde empezaba el curtido de pieles para pergaminos.

Granada era surtida por infinidad de fabricantes de pergamino. No obstante, dentro de la ciudad existía la Casa de la Matanza, una verdadera mina de extracción de pieles. Este establecimiento estuvo ubicado junto al río Darro, al lado mismo del Puente del Álamo (aproximadamente junto a la actual calle Salamanca). Un poco más abajo, al final de la calle Alhóndiga, se situó el matadero municipal, donde empezaba el proceso de curtido de pieles; y ya para el siglo XIX el matadero se trasladó a finales de la calle San Antón (donde hoy está el colegio Genil), para aprovechar el agua de la Acequia Gorda que discurre por encima. También hubo importante actividad de curtido de pergamino a lo largo de la calle Puentezuelas, por donde discurría el ramal derecho de la acequia de Sancti Spiritu.

El papel fue el primer producto más utilizado por la Real Chancillería, en cuanto a cantidad. A partir de 1505 empezaron a proliferar fábricas de papel, tanto en su modalidad de vasto como refinado; hubo molinos de pasta de papel y de blanqueo prácticamente en todos los riachuelos y acequias de las proximidades de Granada

El papel fue el primer producto más utilizado por la Real Chancillería, en cuanto a cantidad. A partir de 1505 empezaron a proliferar fábricas de papel, tanto en su modalidad de vasto como refinado; hubo molinos de pasta de papel y de blanqueo prácticamente en todos los riachuelos y acequias de las proximidades de Granada: en Huétor Santillán quedan las pilas de un batán papelero; en el río Aguas Blancas, términos de Dúdar y Quéntar, hubo al menos tres; el Blanqueo de Pinos Genil; a lo largo del río Darro hubo varios molinos de papel, desde el Barranco de la Zorra hasta entrada la ciudad; la fuerza de la acequia de San Juan de los Reyes facilitó al menos dos molinos de papel; es mencionado otro en el Paseo de los Colegiales, por encima de la Ermita de San Antón; en varios puntos de las acequias Gorda, del Candil y Romaila. La principal zona industrial de fabricación de papel en la capital fue sin duda la calle Solares, aprovechando la fuerza de la Acequia de la Ciudad, que tomaba un tercio de la Acequia Gorda en el partidor del Arca. Luego esa caída de agua hacia la Bomba propició dos fábricas de papel más, que a principios del siglo XX las explotaba Berta Wilhelmi.

Molino de Sito, junto al arroyo Carchite, a las afueras de Huétor Santillán. Todavía conserva trojes de batido de papel.

Muy importante fue también la fabricación de los discos de plomo para imprimir los sellos pendientes que debía llevar todo documento oficial de alcurnia. El oficio de plomero no se dedicaba sólo a cañerías de agua; también elaboraban discos grandes para colocarlos por encima y por debajo de los fustes de los pilares (para su mejor ajuste, evitar esquirlas y amortiguar terremotos), sino que también hacían los pequeños discos de los sellos pendientes. Las barras de plomo en bruto llegaban, principalmente, de las minas de Linares, aunque también había una pequeña producción en la Alpujarra. Y, finalmente, los últimos en intervenir en el proceso eran los hilvanadores de pliegos y los encuadernadores.

Todos aquellos oficios relacionados con la Real Chancillería han dejado nombre en algunas calles, otras ya desaparecidas

Todos aquellos oficios relacionados con la Real Chancillería han dejado nombre en algunas calles, otras ya desaparecidas: Oficios, Curtidores, Tenerías, Imprenta, Libreros, Provincias (por estar aquí los cuatro juzgados de Provincia, que entendían de todo pleito en cinco leguas a la redonda de la capital), etc. Buena parte de aquellas tiendecillas estuvieron mezcladas en la Alcaicería, en los extremos de los establecimientos de sedas, dando a las calles Oficios y Libreros.

Plano de la Alcaicería de Tomás López Vargas Machuca (1787). En rojo están marcadas las calles Oficios y Libreros, donde estuvieron ubicados talleres de escribanos de cartas y privilegios. El resto de tiendecillas eran de seda. El círculo rojo marca la casa que hubo delante de la Curia (actual plaza Alonso Cano), donde residió temporalmente la presidencia de la Real Chancillería. AGS

Granada, destino de hidalgos

La mayoría de viajeros a Granada entre los siglos XVI y principios del XIX tenían como objeto algún asunto relacionado con la Real Chancillería. Escribanos de concejos, picapleitos y, sobre todo, hidalgos llegaban a diario a la ciudad para pleitear por sus derechos o defenderse. Me voy a centrar en los hidalgos en busca de confirmar sus privilegios.

La mayor aspiración de un cristiano o castellano viejo desde el siglo XIV era ser reconocido como noble o hidalgo. Aquel importante estatus social se adquiría por varias vías y méritos

La mayor aspiración de un cristiano o castellano viejo desde el siglo XIV era ser reconocido como noble o hidalgo. Aquel importante estatus social se adquiría por varias vías y méritos: los hidalgos de sangre o solariegos venían de tiempo inmemorial por su linaje y hechos guerreros de sus antepasados; los hidalgos notorios no tenían casa solariega, pero eran reconocidos como tales por sus concejos; los hidalgos de privilegio eran en su mayoría ricos que habían prestado algún servicio económico al rey o comprado el título; finalmente, los hidalgos de ejecutoria, que son  los que lo conseguían mediante pleito. Ser hidalgo acarreaba una serie de privilegios importantes: no se pagaban impuestos y se podía acceder a cargos públicos.

A partir del reinado de Carlos V se acrecentó el deseo de miles de castellanos viejos de reafirmar su condición de hidalgo, es decir, descendiente de los antiguos infanzones. Todo el mundo quería escaquearse de pagar impuestos a su concejo y a la corona; llegó el momento en que no bastaba la tradición o asegurar que le antedecían tres generaciones de hidalgos y ocho apellidos de castellano viejo. Había que demostrarlo, a poder ser con papeles y pruebas contundentes.

Todo el mundo quería escaquearse de pagar impuestos a su concejo y a la corona; llegó el momento en que no bastaba la tradición o asegurar que le antedecían tres generaciones de hidalgos y ocho apellidos de castellano viejo. Había que demostrarlo, a poder ser con papeles y pruebas contundentes

La corona y los concejos del siglo XVI vivían en la ruina permanente, comenzaron a incluir en los censos de pecheros (contribuyentes) a infinidad de castellanos viejos que habían estado exentos hasta entonces. Como no querían pagar, los concejos y recaudadores reales les tomaban bienes en prenda (equivalente a embargos). Ahí comenzaron los largos peregrinajes de miles de supuestos hidalgos castellanos, habitantes del Tajo hacia abajo, en dirección a la Real Chancillería de Granada. Debían pleitear contra sus ayuntamientos para conseguir lo que se llamaba carta ejecutoria de hidalguía. Este documento era una especie de certificado final de un largo, engorroso y costoso proceso judicial mediante el cual el Rey (y en su nombre, la Real Chancillería) certificaba que se era hidalgo, con todos sus derechos y obligaciones. Y ese certificado sólo se expedía en Granada o Valladolid.

Carta de hidalgo de Hernando de Mora Sandoval, de Caravaca, hecha en Granada en 1575. MUSEO LÁZARO GALDIANO.

En el Archivo de la Real Chancillería de Granada sobreviven varios miles de cartas ejecutorias de hidalguía. Son las matrices originales, resúmenes de todo el proceso judicial (que duraba una media de cinco/siete años); incluyen declaraciones de testigos, de escribanos locales, de la Inquisición sobre limpieza de sangre, censos de población de los municipios, partidas de nacimiento, méritos del aspirante a hidalgo, etc. A través de las cartas ejecutorias de hidalguía se pueden conocer aspectos interesantes de la realidad de los municipios, de su economía y de los linajes durante el tiempo en que estuvo activa la Sala de Hidalgos de la Chancillería de Granada (1505-1834).

El proceso se podía iniciar en Granada o en el pueblo del demandante; en cada caso, se desplazaban funcionarios desde Granada a los concejos o los testigos acudían a Granada. La indagatoria comenzaba con la averiguación del linaje por vía masculina, la legitimidad de su nacimiento y su limpieza de sangre. Había que completar favorablemente un detallado cuestionario, avalado por documentos o testigos

La metodología de las cartas ejecutorias de hidalguía varió poco a lo largo de los siglos. El proceso se podía iniciar en Granada o en el pueblo del demandante; en cada caso, se desplazaban funcionarios desde Granada a los concejos o los testigos acudían a Granada. La indagatoria comenzaba con la averiguación del linaje por vía masculina, la legitimidad de su nacimiento y su limpieza de sangre. Había que completar favorablemente un detallado cuestionario, avalado por documentos o testigos.

Durante los varios años que solían durar aquellos procesos judiciales, el trasiego de gente entre todos los puntos de media España y Granada fue incesante. El colofón lo ponía el último viaje del hidalgo a recoger su carta ejecutoria favorable; la costumbre era acudir incluso con toda la familia para que le fuese expedida la primera copia de su título de hidalguía, llamada carta perfecta o copia suntuosa. Ahí empezaba la segunda parte del negocio granadino en torno a la Chancillería: la artística.

El nuevo hidalgo disponía de dos meses para que le elaborasen la copia perfecta, regresara con ella a la Chancillería y el chanciller del Sello procediese a verificarla, firmarla y sellarla.

Verdaderas obras de arte

Una carta ejecutoria de hidalguía era un documento de enorme poder ante cualquier administración. Presentarlo suponía que, simbólicamente, el Rey ponía la mano sobre la cabeza de un alcalde y le ordenaba acatar los derechos del titular del documento, de él y de toda su descendencia. De ahí que los hidalgos invirtieran buena parte de sus haciendas en que les elaborasen un libro vistoso. Verdaderas obras de arte. Todas las ejecutorias de hidalguía salidas de Granada tienen en su última página una diligencia del ayuntamiento correspondiente en la que se da por enterado, la acata y la hará cumplir.

Las cartas ejecutorias matrices, las que redactaban los escribanos de la Chancillería, están escritas en letra procesal, casi ininteligibles para quienes sabían leer por entonces (Incluso hoy hace falta saber paleografía para interpretarlas)

Las cartas ejecutorias matrices, las que redactaban los escribanos de la Chancillería, están escritas en letra procesal, casi ininteligibles para quienes sabían leer por entonces (Incluso hoy hace falta saber paleografía para interpretarlas). El nuevo hidalgo debía dirigirse a una escribanía de la Alcaicería y contratar la primera copia. Este documento consistía en un libro lujoso hecho en pergamino, el más noble de los soportes de escritura, de entre 90 y 150 páginas. La tipografía que se utilizaba ya era más fácil de entender por todos, letras canonizadas en su mayoría.

Ejecutoria de Alonso de Isla, de Zalamea de la Serena. Granada, 1564. A. R. Ch. GRANADA
Las cuatro páginas anteriores pertenecen a la ejecutoria del hidalgo Arias Pardo de Cela, vecino de Sevilla. Fueron pintados por Diego Gómez, discípulo de Francisco Pacheco. Quizás lo ilustrara en Sevilla, en 1601, para devolverlo a sellar a Granada. Es uno de los de mayor calidad artística. MUSEO LÁZARO GALDIANO
Privilegio de Domingo de la Cotera y su esposa Luisa de la Torre, de Baeza, dibujado en Granada en 1609. En este caso, el soporte es vitela.

En Granada, los artesanos continuaron la tradición medieval mantenida en Valladolid, pero poco a poco fueron enriqueciéndola e introduciendo modas italianas y estilos de pintura de las escuelas sevillana y granadina. El escritulario se limitaba a copiar la carta de hidalguía; junto a él trabajaban una serie de iluminadores, dibujantes, pintores, doradores y miniaturistas. La calidad de los adornos de estos pergaminos dependía de la riqueza o disposición a pagar que tuviera el hidalgo beneficiario: hay verdaderas maravillas y otras que se notan hechas por artistas de menor maestría y, probablemente, a menor precio. (Los más que probables falsificadores de los Libros Plúmbeos del Sacromonte, Alonso del Castillo y Miguel de Luna, poseyeron una oficina de romanceamiento y elaboración de este tipo de documentos de la Real Chancillería).

Todos los talleres de pintores de Granada hicieron trabajos de iluminación y pintado de cartas ejecutorias de hidalguía. Especialmente los aprendices y oficiales más jóvenes de los gremios

Todos los talleres de pintores de Granada hicieron trabajos de iluminación y pintado de cartas ejecutorias de hidalguía. Especialmente los aprendices y oficiales más jóvenes de los gremios. No obstante, los grandes maestros de la pintura granadina de los siglos XVI y XVII también dejaron su mano y su estilo en muchos pergaminos. Obviamente, eran considerados trabajos menores que no se firmaban. Han quedado algunos rastros documentales de grandes pintores que iluminaron cartas de hidalguía; se tiene la certeza de que en los talleres del sevillano Francisco Pacheco fueron iluminados algunos pergaminos por sus alumnos Diego Velázquez y Diego Gómez. También se ve la mano del taller de Murillo en más de un documento de este tipo (Aunque hechos en Sevilla, regresaron a Granada para ponerle el sello real).

En cuanto a Granada, es seguro que los talleres de Juan de Sevilla, Pedro de Raxis y Atanasio Bocanegra acometieron más de una iluminación de carta de hidalguía. Incluso Francisco de Goya iluminó al menos uno de estos títulos.

Distintas calidades. Este es el retrato de Felipe II, cuyo cuadro original estuvo en la Chancillería. Los iluminadores lo copiaban en sus pergaminos, pero con notables interpretaciones. El de la izquierda pertenece al libro de Alonso González de Argüello (1574); el de la derecha, a Cristóbal Méndez de Sotomayor (1575).

Se conservan muchas de las cartas ejecutorias de hidalguía en archivos, museos, colecciones particulares y familias españolas. Las más importantes están en la Biblioteca Nacional, Museo Lázaro Galdiano y Archivo Histórico Nacional. En Granada, la colección más numerosa la tiene el Archivo de la Real Chancillería, de unos cincuenta ejemplares, procedentes de pruebas no recogidas por los pleiteantes o compras de la administración. También la Fundación Carlos Ballesta tiene varias de gran valor.

La inmensa mayoría de estos libros de ejecutorias comenzaban con una pintura en la que aparece el retrato del hidalgo, solo o acompañado de su familia; otras muchas incluían un detalladísimo árbol genealógico, con retratos de sus antepasados

En un periodo tan largo de elaboración y vigencia, los estilos de las cartas ejecutorias de hidalguía fueron evolucionando paralelamente a las modas de la pintura. Se puede concluir que hay ejecutorias de todos los estilos de pintura mayor: renacentistas, manieristas, barrocas, etc. La inmensa mayoría de estos libros de ejecutorias comenzaban con una pintura en la que aparece el retrato del hidalgo, solo o acompañado de su familia; otras muchas incluían un detalladísimo árbol genealógico, con retratos de sus antepasados. Todos los cuadros van orlados con preciosas florituras o marcos muy coloridos. Los colores o vestimentas se van haciendo cada vez más alegres y luminosos a medida que avanza el tiempo. Los retratos de hidalgos son fiel reflejo de la moda de vestir en cada época; se ve claramente hasta cuándo se estuvo usando la gorguera como distinción de clase social.

Seguidamente, solían incluirse varias hojas más con pinturas reales o alegóricas de santos, incluso mitológicas. Al principio retrataron a los hidalgos en oración ante santos locales; a partir de mediados del XVI se incluyó a la Inmaculada como santa protectora; tras la guerra de los moriscos (1568-71), fue introducida la figura de Santiago Matamoros. Todo el lenguaje era de un cuidado simbolismo para resaltar el ancestral catolicismo y pureza de sangre de los hidalgos. Por supuesto que de vez en cuando se insertaban algunas capitulares con miniaturas de los magistrados de la Sala de Hidalgos que habían juzgado el pleito, incluso páginas enteras con el tribunal reunido.

Finalmente, solía incluirse el retrato del rey en cuyo nombre se concedía, firmaba y sellaba la carta ejecutoria de hidalguía.

A veces eran retratados hasta los miembros de la Sala de Hijosdalgo que fallaban favorablemente el pleito. Esta corresponde a los hermanos Pedro y Rodrigo de la Luz, de Villalgordo de Júcar. Fue hecha en Granada en 1579. COLECCIÓN PARTICULAR

Con aquel manuscrito artesanal en la mano, primera copia de la matriz, ya sólo faltaba que el hidalgo regresara a la Tabla del Sello de la Real Chancillería. El trámite consistía en que el Canciller y sus ayudantes debían cotejar, compulsar, verificar y sellar cada una de las hojas de pergamino al que había sido trasladado el fallo de la sentencia. Y, por supuesto, cobrar los considerables impuestos y precios públicos por todos los trabajos del proceso. Una parte de las costas solía pagarlas el concejo perdedor y la otra, el hidalgo; no obstante, todo el coste de la versión suntuosa lo satisfacía el beneficiario.

Sello de plomo pendiente de Felipe II.
Carta de hidalguía que todavía conserva el sello pendiente de Felipe IV. Perteneció a Juan de las Muelas, de Bolliga (Cuenca). Encuadernado en Granada en 1649.

El último trámite que realizaba el canciller de Granada consistía en colocarle el sello de plomo pendiente de un cordón con los colores de la bandera del monarca de turno. En la Real Chancillería había dos tipos de sellos, según el documento de que se tratara: para el papel normal se empleaba un sello a la cera que quedaba marcado en relieve sobre los documentos; para los sellos pendientes se utilizaban láminas de plomo de unos 7-8 centímetros de diámetro y dos o tres de grosor. Estas láminas eran atravesadas por el cordón y sobre ellas se grababa el sello real mediante una máquina de presión. El resultado era como una gran moneda, impresa por las dos caras, con una figura del rey en la cara y su escudo en la cruz.

La mayoría de las cartas ejecutoras que existen están ya desprovistas de sus sellos pendientes. Quedan algunos ejemplares sueltos y sellos descontextualizados

La mayoría de las cartas ejecutoras que existen están ya desprovistas de sus sellos pendientes. Quedan algunos ejemplares sueltos y sellos descontextualizados. Durante el siglo XIX y principios del XX, una vez abolido este sistema de clases sociales, las ejecutorias dejaron de tener valor administrativo y comenzaron a ser vendidas a anticuarios o a utilizar sus hojas para hacer lámparas coloridas. Los sellos pendientes eran arrancados o se caían en cuanto se pudría la cinta.

El sello era el equivalente a la mano del rey. El canciller disponía de una enorme responsabilidad en la custodia del sello. En la Chancillería había una cámara acorazada, con varias llaves en manos de otras tantas personas, que debían juntarse a la hora de sacarlo, aplicarlos y guardarlo. Además, la cámara acorazada estaba escondida en el sancta sanctorum del edificio, tras tres cancelas de hierro. Jamás nadie pudo acceder al sello real para falsificar un documento. Si alguna vez se hizo, debió ser con la complicidad de aquellos funcionarios.

Reverso de los troqueles de Fernando VII e Isabel II, únicos que quedaron sin destruir en la Chancillería de Granada.

Los troqueles de los sellos reales eran destruidos públicamente por el presidente de la Chancillería el mismo día que llegaba la noticia del fallecimiento del rey. Se esperaba a que enviaran de Madrid el nuevo troquel, la nueva mano del rey. Sólo se conservan en Granada los troqueles de los dos últimos reyes que delegaron sus poderes en la Real Chancillería: el de Fernando VII, ya que anuló la Constitución de Cádiz a partir de 1814 y volvió al antiguo régimen en la Década Ominosa (1823-33); y también el de Isabel II, que mantuvo este privilegio un breve tiempo entre el inicio de la regencia de su madre y 1834 en que desaparecieron las reales chancillerías y se crearon la audiencias territoriales y provinciales.  Y el polo de desarrollo que mantuvo la Real Chancillería durante más de tres siglos comenzó una cuesta abajo que todavía no ha visto su final.

Muchos manchegos camino de Granada

Entre los miles de pleitos por conseguir la carta ejecutoria de hidalguía que guarda la Real Chancillería de Granada hay de toda procedencia. No obstante, abundan los de municipios de antigua provincia de La Mancha. Poblaciones como Daimiel, Almagro, La Solana, Infantes, Villamanrique, etc. se cuentan por docenas.

Se dan casos de poblaciones de Castilla la Nueva en los que a mediados del siglo XVI había un enorme porcentaje de hidalgos en sus términos municipales

Se dan casos de poblaciones de Castilla la Nueva en los que a mediados del siglo XVI había un enorme porcentaje de hidalgos en sus términos municipales. Es decir, que no aportaban ni un maravedí en concepto de impuesto. Mientras que sí se beneficiaban de cargos de alcaides, alguaciles o fiscales de justicia en representación del estado de hijosdalgo. La abundancia de hidalgos no contribuyentes se puede comprobar en los censos de las Relaciones Topográficas de Felipe II, donde queda patente el abuso.

(En el siguiente enlace se pueden ver las Relaciones de Felipe II: 

http://publicaciones.dipucr.es/puebloscrealrelacionestopograficas.pdf )

Doble pergamino con el árbol genealógico de Juan de Ballesteros Saavedra, de Villanueva de los Infantes. Confeccionado en Granada en 1602.

Voy a poner como ejemplo el caso del hidalgo Alonso González de Argüello, noble de la pequeña localidad de Terrinches (Campo de Montiel, Ciudad Real). La familia de este hombre no pagaba impuestos, hasta que en el censo de 1560 su ayuntamiento decidió incluir a la mayoría de hidalgos y supuestos hidalgos locales en el listado de contribuyentes. Lógicamente, recurrieron a la justicia de la Real Chancillería de Granada. En este caso, el pleito se prolongó desde 1568 hasta enero de 1574 en que consiguió carta ejecutoria de hidalguía. Al año siguiente fue nombrado alcaide de hidalgos de su pueblo.

Recurrieron a la justicia de la Real Chancillería de Granada. En este caso, el pleito se prolongó desde 1568 hasta enero de 1574 en que consiguió carta ejecutoria de hidalguía. Al año siguiente fue nombrado alcaide de hidalgos de su pueblo

En Terrinches había, según el padrón de contribuyentes de 1560, nada menos que 41 hidalgos que no pagaban ningún tipo de impuesto, de un total de 169 vecinos (el 25% estaba exento). A ellos había que sumar tres religiosos y dos docenas de pobres, que tampoco contribuían al erario público.

Las cifras anteriores contrastan con las de Infantes (1.000 vecinos castellanos viejos, 300 vecinos moriscos y 40 hidalgos); o Villamanrique (400 vecinos, 30 moriscos y 20 hidalgos).

Dibujo de la Santísima Trinidad en uno de los pergaminos intermedios del privilegio de González Argüello (1574). ARCHIVO GONZÁLEZ BARBERÁN.

El pleito por la hidalguía de Alonso González de Argüello (antepasado de Vicente González Barberán, quien conserva la carta ejecutoria de hidalguía en su archivo) finalizó con la elaboración de la versión suntuosa en Granada, durante el primer trimestre de 1574. La mayor parte del coste del proceso, incluido el libro lujoso, la pagó el hidalgo, mientras que el concejo también pagó una parte de las costas del juicio.

La elaboración de un libro de ejecutoria en pergamino era carísima

La elaboración de un libro de ejecutoria en pergamino era carísima. Téngase en cuenta que de cada piel de cabrito salía, a lo sumo, un pliego; cada pliego tenía unas dimensiones estandarizadas de 44 por 32,5 centímetros, que servía para escribir o dibujar 4 páginas. Para el caso del libro de Alonso González de Argüello, que consta de 128 páginas, fue necesario utilizar 32 pieles de corderillo. Al coste del pergamino había que añadir la tarea de escritura y pintura, que solía prolongarse otras dos o tres semanas. En suma, aproximadamente una tercera parte del coste del proceso judicial se iba en elaborar el manuscrito de la carta ejecutoria de un hidalgo.

Para que nos hagamos una idea de los beneficios que reportaban los litigantes foráneos a la hostelería de Granada, pongo el caso del hidalgo Alonso González de Argüello. Tan sólo para recoger la sentencia ejecutoria de hidalguía, que le hicieran la copia suntuosa con sus retratos, permaneció en Granada alrededor de un mes: el 15 de diciembre de 1573 la recogió personalmente en la Real Chancillería; los copistas y pintores se la entregaron el 9 de enero de 1574. Una vez pasada por la oficina del Sello, debió partir muy  pronto, ya que el 17 de enero la presentó al concejo de su pueblo, en Terrinches (Campo de Montiel), a unos 220 kilómetros de Granada por el antiguo camino de Granada-Toledo