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Resistencia

Blog - Hombres de Luz - Domingo Funes - Lunes, 22 de Mayo de 2017
P.V.M.

Corría el año 1974 cuando la artista serbia Marina Abramovic estrenó su perfomance Ritmo 0 en un pequeño estudio napolitano.  El experimento consistía en convertirse ella misma en objeto durante un determinado período de tiempo y permitir que el público interactuara con su cuerpo utilizando para ello alguno de los más de setenta objetos que al efecto dejó en una mesa cercana. Durante ese periodo, la artista asumió expresamente toda la responsabilidad por los daños que el público pudiera ocasionarle. Al principio, la gente hacía cosas inocuas: decorarla con flores, unirla mediante una cuerda a otros objetos de la sala, hacerle cosquillas... Pero con el paso del tiempo, su falta de reacción aumentó la intensidad de las acciones del público, que se tornaron cada vez más violentas, llegando a semidesnudarla, cortarle levemente el cuello e, incluso, apuntarle con un arma cargada o arañarle el vientre con espinas. La obra, efectivamente, revelaba cómo de rápido se intensifica la violencia hacia otras personas cuando las circunstancias son favorables para quienes la ejercen. Leyendo hace unos días un artículo sobre esta obra me acordé de Granada –y de Andalucía– y de quienes creen que merecemos, sin más, que se nos trate justamente por muy pasivo que sea nuestro comportamiento. Como si los gobiernos y estructuras del poder se perpetuaran gracias a una exquisita acción de gobierno que redistribuya con equidad y con la precisión de un reloj suizo los siempre escasos recursos y no por centrarse, exclusivamente, en su fin esencial y prístino que no es otro que conservarse a sí mismos por encima de todas las cosas. Siendo esto así, y siendo, como decimos, escasos los recursos, si Granada, permanece como Abramovic, pasiva, confiada en que los distintos gobiernos de turno le darán lo que le corresponde, va dada.  Acabarán destrozándola, desposeyéndola de todo cuanto tiene empezando por su autoestima y reduciéndola a cenizas. Está claro que hay que resistir, que hay que defenderse y que, sin culpabilizar nunca a la víctima, es pueril esperar una respuesta adecuada de los distintos gobiernos a las necesidades, deseos y aspiraciones de Granada si no media reivindicación y pelea. 

Domingo Funes (Granada, 1967) es Licenciado en Derecho por la UNED y abogado en ejercicio, trabajando en las ramas administrativa y civil, fundamentalmente, y defensa de los consumidores. En los últimos años ha compaginado su profesión con la colaboración en el Grupo Editorial Tres Ediciones, especialmente en Granada Económica, uno de los periódicos del grupo, donde coordina la sección de opinión. Hijo del éxodo rural de los 60, pasa su juventud en el barrio granadino de la Chana, donde su familia se instala proveniente del pequeño municipio de Salar.