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Queridos vecinos

Blog - Animales con Derecho - David Sánchez Chaves - Martes, 22 de Septiembre de 2020
Una curruca sobre un grifo en un patio. Agua para los humanos, pero no para ella.
david sánchez
Una curruca sobre un grifo en un patio. Agua para los humanos, pero no para ella.

A lo largo de la historia siempre se ha valorado la mayor o menor idoneidad de un asentamiento humano, ciudad o pueblo, por las ventajas y comodidades que ese lugar ofrecía para las personas que allí residían, por los recursos materiales o inmateriales que se podían obtener en esa ubicación y por las facilidades, por lo tanto, que proporcionaba para el desarrollo de la vida de sus habitantes. 

Pero resulta que esas mismas circunstancias son las que valoran los animales no humanos para decidir dónde asentarse, dónde proveerse de alimento y dónde tener descendencia. Esto es lo que se nos olvida constantemente en el rápido devenir de nuestra vida: los demás animales comparten espacio con nosotros y tienen necesidades equivalentes a las nuestras. 

El progreso y el desarrollo urbanístico y arquitectónico humano ha sido muy positivo en muchísimos aspectos: salubridad, minoración de riesgo de accidentes, comodidad de desplazamientos, etc., pero, hasta hoy, siempre se ha dado la espalda al resto de animales con los que convivimos. Ellos no cuentan en los proyectos humanos. 

Sin embargo, hemos de aceptar que no TODO es nuestro (no puede serlo); aunque el trazado de las calles o la construcción de edificios o el diseño de un parque lo hagamos nosotros los humanos, no podemos pretender aislar el espacio que ocupamos del conjunto del que forma parte.

La Naturaleza, el ecosistema, no es aquello que está más allá de las ciudades o pueblos, no es aquello a lo que voy a visitar los fines de semana en coche, sino que los asentamientos humanos están en la Naturaleza y SON Naturaleza

La Naturaleza, el ecosistema, no es aquello que está más allá de las ciudades o pueblos, no es aquello a lo que voy a visitar los fines de semana en coche, sino que los asentamientos humanos están en la Naturaleza y SON Naturaleza. Aquí ha habido un problema histórico con el concepto de "propiedad privada", como si ese derecho nos otorgara la potestad de prescindir de todo ser vivo que osara pasar por allí, de arrebatarles a "los otros" cualquier posibilidad de subsistir.

La idea de "propiedad privada" ha de ser revisada a la luz de los nuevos tiempos que, con desagradables altibajos, están llevando a la humanidad a ampliar el círculo de empatía con otros seres, no únicamente los de nuestra especie. Porque hemos de hablar de progreso desde el punto de vista moral, intelectual y, por lo tanto, empático, ese es el verdadero progreso de la humanidad, no hay otro.

¿Alguna vez has pensado si un determinado espacio es adecuado para la estancia de las mascotas o si le gustaría a ellas?

Cuando estamos transitando por algún lugar de nuestra población o disfrutamos de un descanso en algún otro emplazamiento de nuestra localidad lo vamos a valorar como agradable o no según sea adecuado para la expansión y comodidad de las personas. Vamos a imaginar si un anciano estaría a gusto allí, pensaremos si un menor estaría seguro o si nosotros podríamos relajarnos o divertirnos en ese lugar o en esas instalaciones, pero ignoramos la posibilidad de pensar en "los otros". ¿Alguna vez has pensado si un determinado espacio es adecuado para la estancia de las mascotas o si le gustaría a ellas? O, incluso si en tal o cual parque o plaza o explanada se puede albergar vida animal no humana, si existen árboles adecuados para que las aves instalen sus nidos, si disponen de alguna fuente de alimento, de agua para beber, si existen cobijos para reptiles, si hay vegetación para los insectos...

Todos los demás seres vivos que viven (o sobreviven como pueden) junto a nosotros, esos "olvidados" son también nuestros vecinos: vecino gorrión, vecina lagartija, vecino perro, vecina abeja, vecino árbol.

Todos los demás seres vivos que viven (o sobreviven como pueden) junto a nosotros, esos "olvidados" son también nuestros vecinos: vecino gorrión, vecina lagartija, vecino perro, vecina abeja, vecino árbol. Ser vecino es ser parte de una comunidad (o de un barrio), es decir, ser consciente de que somos interdependientes unos de otros, de tal modo que cuanta menos vida animal y vegetal haya en el lugar donde residimos, peor será nuestra vida y la de nuestros hijos e hijas, peor será nuestra salud y más maltrecho estará nuestro corazón.

Más del 50% de la población mundial vive en ciudades que están radicalmente apartadas de cualquier atisbo de Naturaleza o vida animal. La otra parte de la población que puede residir en zonas más rurales tampoco tiene la garantía de que su lugar de residencia sea adecuado para albergar una mínima biodiversidad.

Se hace necesario de forma urgente llevar a cabo un cambio de mentalidades y de políticas que permitan tender puentes entre las ciudades y pueblos aislados de la Naturaleza para que ésta y el resto de nuestros hermanos pequeños puedan volver a integrarse en nuestras vidas y que les sea cómodo y viable subsistir en equilibrio y sin riesgos. Tenemos que empezar a preocuparnos por nuestros otros vecinos, los vecinos olvidados.

Imagen de David Sánchez Chaves

Soy granadino de nacimiento aunque mi infancia la viví en Valencia.Abogado autónomo, ni soy jefe de nadie ni tengo jefe. Soy presidente de la asociación AGMADA (Abogad@s Granadin@s por el Medio Ambiente y los Derechos de los Animales), presido también el Grupo Especializado en Derecho Ambiental y Animal del (Ilustre) Colegio de Abogados de Granada; Técnico Superior en Gestión Forestal y del Medio Natural; aficionado a la montaña, a la fotografía, a andar y a viajar en bicicleta y, cuando tengo tiempo, a pensar. Convivo con un perro, cinco tortugas de agua, dos tortugas de tierra, una rana, tres gallinas y una niña humana muy pequeña, mi hija Elvira. Trataré de escribir aquí reflexiones principalmente sobre los vínculos y relaciones entre las personas, la Naturaleza y los animales no humanos (los que hemos elegido como mascotas, los que hemos creado para nuestro aprovechamiento y los que son libres, la fauna), porque hay que recordar lo que constantemente se nos olvida: el ser humano no pertenece al reino vegetal, así que sólo nos queda asumir que pertenecemos al reino animal y, como animales que somos, estamos sujetos a las normas que rigen en nuestro ecosistema, o lo que queda de él.