Un verano en el Parque de las Ciencias.

¿Qué vamos a hacer con Granada?

Blog - Hombres de Luz - Domingo Funes - Domingo, 11 de Octubre de 2015
Miguel Rodríguez
Cada vez que leo los datos del paro juro en arameo. Y conste que no tengo ni idea de lenguas semíticas. Me he estudiado a mí mismo y es automático. No fallo. Por contra, siempre me ha maravillado ver a los dueños de los púlpitos locales más preciados describir la miseria sin alterarse, con moderados análisis anestesiantes, que se dirían escritos por el mismo Gobierno, mansamente resignados desde, eso sí, su relativa posición de confort;  sin alterarse ni despeinarse, sin salirse de un guión que se repite como el día de la marmota: que si la estacionalidad, que si el turismo y el comercio caen en septiembre, que si la vendimia corrige, que si...
 
Yo los voy leyendo poco a poco, para no envenenarme de golpe. Y al tiempo que voy notando como progresivamente mis ojos se van enrojeciendo e inflamando hasta querer saltar de sus órbitas, me empiezan a salir a borbotones unas expresiones extrañísimas, ignotas por completo a mis oídos, raras de narices, como aquellas que salían a la niña de "El exorcista" cuando provocaba a aquel impasible cura interpretado por el gran Max Von Sidow.  
 
Ya digo, yo creo que es arameo. ¿Y por qué este calentón periódico? Para mí está claro. Todos saben lo que pasa en Granada y Andalucía con el paro. Todos. Todos saben que tenemos una economía colonial, que la solidaridad interterritorial es una milonga que se blande como arma contra las tensiones territoriales y forzar con ella al "rebaño" a permanecer juntito so pena de caer en el abismo de Helm o en la Fosa de las Marianas y todos sabemos que el centralismo tiene otras prioridades.
 
Los datos de septiembre del paro en Granada nos dicen muchas cosas si bien yo me he fijado solo en dos: una, hemos vuelto a superar el número de parados registrados que había en junio con más de 100.000 personas; dos, la tasa interanual de Granada es de un -1,85% y la de España -7,95%, es decir, el paro registrado cae en España un 60% más que en esta tierra. Y si hay paro, que nadie se engañe, es que no se crean empresas, no hay emprendimiento, hay precariedad, no hay consumo, no hay autoestima colectiva, no hay sociedad civil y no hay, por no haber, ni vergüenza.
 
La única explicación plausible para mantener estos niveles de paro y pobreza en nuestra tierra tras 35 años de autonomía y alguno más de democracia, es que Constitución y Estatuto son papel mojado en lo tocante a principios como el de igualdad, el ya citado de solidaridad interritorial o el programático derecho a un empleo digno, porque no hay mayor desigualdad social que la que supone llevar a tu casa con dignidad el pan cada día o no poder hacerlo. Y una conclusión, los actuales partidos, cada cual con su parte alícuota de responsabilidad, son incapaces de corregir la situación. Algo habrá que hacer con Granada. 
 
Imagen de Domingo Funes

Domingo Funes (Granada, 1967) es Licenciado en Derecho por la UNED y abogado en ejercicio, trabajando en las ramas administrativa y civil, fundamentalmente, y defensa de los consumidores. En los últimos años ha compaginado su profesión con la colaboración en el Grupo Editorial Tres Ediciones, especialmente en Granada Económica, uno de los periódicos del grupo, donde coordina la sección de opinión. Hijo del éxodo rural de los 60, pasa su juventud en el barrio granadino de la Chana, donde su familia se instala proveniente del pequeño municipio de Salar.