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Perspectiva histórica y constitucional para esta coyuntura socialista

Blog - Reflexiones del Por Venir - Chema Rueda - Lunes, 21 de Enero de 2019

No es el peor momento, el actual, por el que atraviesa el PSOE. Tampoco el PSOE de Andalucía. Tras 36 años de victorias democráticas consecutivas, fruto sin duda de un proyecto, una gestión y un compromiso político notables, ahora nos toca estar en la oposición, pues así lo determinó la ciudadanía en las urnas el pasado 2 de diciembre, y posteriormente lo ratificaron la semana pasada, las y los representantes de dicha ciudadanía en el Parlamento andaluz. Algo que puede y suele ocurrir en un sistema democrático consolidado, y que hay que asumir con naturalidad, elegancia y respeto.

Lo más destacable de esa coyuntura electoral es que se produce, como vengo señalando en los últimos años en mis reflexiones escritas y verbales, en un tiempo y en un contexto convulso y complejo para la política en general, y para la política socialista y socialdemócrata en particular, sobre el que no voy a incidir, pero un tiempo que nos exige mucha serenidad y sinceridad en el debate, y mucha coherencia y generosidad en la acción política que acompañe a dicho debate. Y para ello, considero que nada mejor que abordar una doble perspectiva, la histórica, aprovechando que en 2019 el PSOE cumplirá nada más y nada menos que 140 años de existencia como organización política al servicio de la sociedad, y la constitucional, rememorando los principios y valores sobre los que, hace ya más de 40 años, se estableció el pacto constitucional español de la Transición.

'A lo largo de 140 años de existencia, en las más diversas circunstancias, el PSOE ha abordado en su seno, los más enconados y enquistados debates sobre su acción política y estratégica y sobre las alianzas más convenientes para desarrollar su programa político'

A lo largo de 140 años de existencia, en las más diversas circunstancias, el PSOE ha abordado en su seno, los más enconados y enquistados debates sobre su acción política y estratégica y sobre las alianzas más convenientes para desarrollar su programa político. Más duros, en muchos casos, que los mantenidos en las últimas décadas, incluso más traumáticos en sus consecuencias. Pertenecer a la Internacional comunista o mantenerse en la socialista en el año 1921. Antes y después de eso, aliarse o no con partidos republicanos burgueses y/o con partidos de izquierda revolucionaria para conseguir objetivos políticos y sociales. Ejercer la oposición a la dictadura franquista desde el exilio o desde el interior del país. Mantener o renunciar a principios y estrategias fundamentales del ideario en función del contexto social. Han sido, son y serán los debates necesarios en un partido político como el PSOE, que aspira a la transformación de la sociedad. Y que siempre se abordaron con altura de miras, con un gran debate interno de abajo a arriba, con toda la información en manos de la militancia, para que la representación de ésta en los órganos decisorios tuviera su posición muy bien fundamentada. Con generosidad, pensando en el interés general, huyendo de egoísmos, ventajismos y personalismos y poniendo siempre en primer lugar las siglas del PSOE ante cualquier intento de interés particular o grupal. Sin esa visión no es concebible haber cumplido 140 años como organización, como cualquiera podrá comprender. Aprendamos de quienes nos precedieron, de sus métodos, de su capacidad didáctica, de su concepción colectiva del partido y de su análisis inteligente. Y apliquemos esa enseñanza al momento presente, con todas las dificultades que el mismo ofrezca, y pese a todas las resistencias que pudieran aparecer.

Como debemos aplicarnos para el análisis,  los valores y principios que guiaron el espíritu constitucional en los años setenta del siglo pasado. Que no es, ni mucho menos, colgarse de un artículo de la Constitución (sea el 2 o el 155) y vociferarlo a los cuatro vientos. Es muchísimo más. Es poner el diálogo como vértice de actuación, arrinconando democráticamente a quien lo denoste como modo de acción y, como alternativa, aliente frentismos. Es el reconocimiento de la posición política diferente o discrepante y, por supuesto, de quien la sustenta, como un interlocutor respetado. Es el avanzar en la solución política de las diferencias, frente al atrincheramiento en las propias convicciones. Es explicar hasta la extenuación que nada de eso supone renuncias ni supone cesiones. Traigamos al debate presente esos valores y esos principios, y hagámoslo con entusiasmo y convicción, pues la sociedad lo anhela.

En definitiva, y como colofón a estas reflexiones, parece evidente que hay que abordar el análisis de la situación política andaluza, desde la perspectiva socialista, desde uno de estos dos puntos de vista. Desde el punto de vista de que somos la primera fuerza política en votos, lo que es una obviedad. O desde el punto de vista de que la ciudadanía en primer lugar (por acción, por omisión, por enfado, por desafección o por todo a la vez), y la representación parlamentaria de aquélla en segundo lugar, nos han desalojado del poder. Lo que es otra obviedad. No se deducirán las mismas consecuencias si optamos por un punto de vista o por el otro. Para mí resulta evidente que debemos optar por el segundo. Lo considero el más responsable, el que mejor sintoniza con la voluntad popular, y el que mejor nos situará políticamente para volver a obtener la confianza mayoritaria de la sociedad.

 
Imagen de Chema Rueda

Nacido en Guadix (Granada) en 1963, por tanto de la generación de "A hard days night" y "Satisfaction". Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada y funcionario de Administración Local, grupo A, trabaja en el Edificio de Los Mondragones. Fue concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Granada (desde 2003 y hasta junio de 2015. Ha sido Secretario general del PSOE de la ciudad de Granada entre 2008 y 2017 y es Miembro del Comité Federal del PSOE desde el 39 Congreso. Me apasiona escribir (lo que pienso), debatir y participar en la vida pública, desde todos los ángulos posibles. Me duelen bastantes cosas de la vida y de la política actual, y no pienso dejar de intentar arreglarlas. Me apasiona la vida, la amistad, la Alpujarra y el Atlético de Madrid.