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No se mueren, las matan

Blog - El Viaje a Ítaca - Ana Gámez - Viernes, 25 de Noviembre de 2016
Performance con la que finalizó la manifestación del 25N el año pasado.
Miguel Rodríguez
Performance con la que finalizó la manifestación del 25N el año pasado.

Estamos acostumbrados a escuchar y leer como titular de una noticia que una mujer ha muerto a manos de su compañero sentimental o a manos de su marido, pero las mujeres no mueren, a las mujeres las matan y quienes las matan son asesinos, homicidas, o más exactamente feminicidas. 

El calendario, y ahora también las redes sociales, nos recuerdan que hace  algo más de un año se reunieron en Madrid en torno a medio millón de personas en la primera marcha estatal contra la violencia machista reclamando un Pacto de Estado contra la Violencia de Género. La violencia contra las mujeres no es solamente física, hablamos también de la violencia psicológica emocional o de control, de la violencia sexual o económica.  Ha pasado un año y otras 40 mujeres han sido asesinadas, y 25 menores han quedado huérfanos.  Y es que la violencia hacia las mujeres tiene profundas raíces en una sociedad desigual y discriminatoria que sitúa a las mujeres en niveles de sumisión y a los hombres un papel dominador. El asesinato de cada mujer a manos de su pareja o ex pareja es una alarma social. 

La respuesta a la violencia contra las mujeres no puede ser el silencio. Una sociedad que tolera o justifica la violencia contra las mujeres no es una sociedad democrática ni justa. La neutralidad y el silencio nos hacen cómplices y la perpetúa. Hombres y mujeres hemos de tomar parte, hemos de decir no. Acabar con la violencia de género y construir por tanto sociedades igualitarias, debe ser además de un objetivo político prioritario, un compromiso ético de hombres y mujeres.

En este sentido, resulta esperanzador que el pasado 15 de noviembre se aprobara por unanimidad en el Congreso de los Diputados una iniciativa a propuesta del Grupo Parlamentario Socialista a fin de promover un Pacto Social, Político e Institucional que vincule a todos los partidos políticos, a todos los poderes del Estado y a la sociedad civil en pro de una política sostenida para la erradicación de la violencia machista. Un Pacto de Estado que destine más recursos a la prevención y a la asistencia social de las víctimas y de sus hijos e hijas. Especialmente debe hacerse en las zonas rurales.

O la reciente modificación en Andalucía de la Ley contra la Violencia de Género para reforzar la protección de las víctimas, que incluye todas las formas de maltrato contra las mujeres y menores,  amplia el concepto de Violencia de Género más allá del ámbito de la pareja, incluyendo además del feminicidio, el acoso y las agresiones sexuales, la trata de mujeres y niñas, la explotación sexual, la mutilación genital femenina o el matrimonio forzado, también se extiende el concepto de víctima a los hijos expuestos a la violencia que sufren sus madres.

En un día como hoy, declarado Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, queremos recordar a todas las víctimas, a las 865 mujeres que han sido asesinadas desde 2003, el año en que se empezó a tener datos oficiales, y especialmente a esas 39 mujeres asesinadas en lo que va de año. Para que no sean solo una cifra que actualizamos de forma anual, quiero recordar el nombre de algunas de estas mujeres asesinadas, cuya vida fue truncada por una violencia cruel por el hombre con el que un día decidieron compartir su vida, que sigamos hablando de ellas, que les pongamos rostro, que contemos su historia.

Son mujeres de todas las edades y sus muertes salpican toda nuestra geografía, 51 años tenía Isabel Paixao Neves, a quien asesinó su pareja, guardia civil. Isabel había denunciado en 2005 por violencia de género al agente de la Guardia Civil, pero la causa se archivó. Ella tenía cita con un abogado para iniciar la separación, pero su asesino le disparó antes, después se suicidó.  María Santos Gallardo tenía 73 años cuando su marido la golpeó y a continuación la degolló,   posteriormente también se suicidó, según han informado. Silvia García  tenía 33 años  cuando fue  acuchillada por su pareja, en la localidad de Galápagos, en Guadalajara, no había interpuesto con anterioridad ninguna denuncia por violencia de género ni se tenía constancia de agresiones previas. Tenía 21 años Mirella que fue encontrada muerta en el pantano de Alange. Celia Navarro tenía 56 años, su asesino, José María Corró Galán, profesor de música, con el que mantenía una relación sentimental desde hacía unos meses, la mató a golpes con una tetera. La última víctima tenía 26 años, su novio la ha degollado.

A muchas de ellas las mataron en presencia de sus hijos, como a Ana Gómez Nieto, delante de sus dos hijos y de su madre, o a Cristina Gálvez Ariza, asesinada a tiros delante de su hija de siete años y de su sobrina de 15.

No me alargo más, es fácil buscar sus nombres y sus vidas en la red. Todas ellas asesinadas por hacer uso de su libertad, por querer vivir sin miedo. Y como decía Leonard Cohen, no puede haber hombres libres si no hay mujeres libres. 

 
 
 

Ana Gámez Tapias, nació en Lanteira (Granada) en 1962, un pueblo del Marquesado, es licenciada en Filología Clásica por la Universidad de Granada. Desde 1986 es profesora de Griego de Enseñanza Secundaria. Se ha interesado también por la actual cultura y la lengua de Grecia. Ha sido delegada provincial de Educación y Cultura de la Junta de Andalucía. Y senadora del PSOE por Granada en la anterior legislatura.