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Ni una víctima más

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 16 de Junio de 2017
Concentración en Las Gabias, tras el último feminicidio en España.
J.M.Grimaldi
Concentración en Las Gabias, tras el último feminicidio en España.

Solo es posible especular lo que Encarna sentiría al ver cómo el que todavía no se había ganado el derecho a volver a ser su pareja le apuntaba con una pistola. ¿Le sorprendería? ¿Creería que iba a llegar a disparar? ¿Sería precisamente su carácter violento el que le estaba haciendo plantearse su relación con él? ¿Era la primera vez que él hacía algo así? ¿Trató de calmarle?

Seguramente hubo un instante en el que Encarna supo que lo haría y sus ojos se clavaron en su único hijo, un chico de 28 años con una discapacidad síquica que se había despertado por el ruido provocado por el hombre al entrar ebrio a casa. Había llegado hacia las 4 de la madrugada y sin demasiadas ganas de dormir, así que provocó, según parece, una discusión antes decidir apuntarle a ella con una pistola. Y teniendo en cuenta el panorama, no es de extrañar que el último pensamiento de la mujer fuera para su hijo… ¿Qué iba a ser de él sin ella?

Fue precisamente el chico quién avisó a los vecinos de que su padrastro había disparado a su madre y la había matado. Aún ella estaba agonizando cuando el presunto autor de los disparos tomó la valiente decisión de escapar del escenario del crimen. Más tarde, cuando le bajó los efectos del alcohol, se entregó a la Guardia Civil.

Cada mujer que muere a manos de su pareja es un latigazo contra toda la sociedad, incapaz de eliminar esta lacra que sigue sucediendo a pocos metros de nosotros

Sabemos que no había denuncias, que no parecía que tuvieran problemas tan extremos entre la pareja, pero nos equivocábamos. A la vista de lo sucedido, Encarna no estaba segura y pese a que no lo pusiera en conocimiento de las autoridades o de sus vecinos, algo comprensible teniendo en cuenta que llevaba solo unos meses viviendo en Las Gabias, lo cierto es que se estaba replanteando su relación, tal vez por el alcohol o quizá por algo más.  

Así que, con un hijo dependiente, uno se puede imaginar las vueltas que en los últimos días o incluso en las últimas semanas debió darle a su cabeza. Tenía 57 años y toda una vida por delante y, por desgracia, se ha convertido en la primera víctima de violencia machista en Granada, la cuarta en Andalucía y la vigésimo novena en España.

El otro día una amiga me preguntaba por qué no parecía que hubiera tantos casos de violencia en parejas del mismo sexo. Pese a que este número, desafortunadamente, también va creciendo entre parejas gay o lesbianas, tal vez el hecho de que las fuerzas estén equilibradas entre ambos miembros puede evitar alguna que otra pelea.

Y es que si hay algo obvio en este tema es que el agresor peca de cobardía, abusa de su superior fuerza y se siente incapaz de ser merecedor de la víctima. Sí, porque cuando un hombre empuña un arma y dispara sin piedad a su mujer o le asesta decenas de navajazos o la golpea hasta matarla está utilizando sus músculos para someterla y lo hace porque no se considera suficiente como para convencerla a través de palabras, los actos o gestos.

Encarna no se imaginaba cuando se despertó aquel día, probablemente al escuchar que su pareja volvía borracho a casa de madrugada, que sería la última vez que lo haría.

Tenía familia a la que nunca le contó que se sintiera amenazada por su pareja, y quién sabe si así era, aunque también es posible que, igual que muchas otras mujeres, viviera en el más absoluto de los silencios una situación que le hacía sentirse atemorizada a la vez que avergonzada por no saber cómo superarla.

El hecho de que en estos meses apenas hubiera entablado relación con los vecinos en un pueblo como Las Gabias, donde es fácil sociabilizarse, también pone de manifiesto la distancia que esta mujer quería establecer entre ella y el resto del mundo. ¡Quién sabe si porque estuviera sufriendo!

Es necesario un pacto global y definitivo entre todas las fuerzas políticas

Entiendo que es mucho imaginar, pero puestos a hacerlo, no puedo dejar de ver esos ojos implorantes justo antes de que una bala decidiera romper el hilo que le unía a esta vida: unos ojos solitarios, llenos de miedo ante el fin de su propia vida y ante el hecho de que su propio hijo iba a presenciarlo y jamás podría olvidarse de esa horrorosa escena.

Cada mujer que muere a manos de su pareja es un latigazo contra toda la sociedad, incapaz de eliminar esta lacra que sigue sucediendo a pocos metros de nosotros. Hace décadas, las familias enteras consideraban que los malos tratos del hombre a la mujer eran una cuestión privada en la que no había que meterse. Hoy, afortunadamente, nadie puede escudarse en esto para mirar hacia otro lado, pero sigue habiendo una parte de miembros del sexo masculino que llega a un grado de infravaloración, de amargura, de desprecio a la vida tan alto como su capacidad de agredir a alguien más débil que él, a quién más a mano tiene, en este caso, a su mujer.

Es terrible pensar que ahora mismo, en miles de hogares alrededor de nosotros, hay cientos de mujeres aterrorizadas, que sufren en secreto una violencia exacerbada por parte de sus maridos, que están paralizadas y que ni siquiera se atreven a decírselo a sus seres más queridos. Y teniendo en cuenta que el mensaje de que hay que denunciar se ha extendido socialmente, afortunadamente,  algo estaremos haciendo mal cuando muchas de estas víctimas siguen sin contemplarlo o piensan que llevarlo a cabo aún empeoraría las cosas.

Poniéndonos en la piel de estas mujeres, hay que pensar que además del pavor a las represalias, está la lástima de enviar a prisión a alguien tan cercano, a quién han amado durante una parte de su matrimonio. Claro que, tal vez, lo que no se plantean estas mujeres es que las alternativas son muchas veces: enviarlo a prisión o acabar en un ataúd.

Es necesario un pacto global y definitivo entre todas las fuerzas políticas, un acuerdo que no admita ninguna duda al respecto de que cuando una mujer teme por su integridad y denuncia a su pareja, sólo por hacerlo, está salvando la vida porque se activen los mecanismos necesarios para que esto suceda en todos los casos.

Mientras siga habiendo una sola víctima estaremos suspendiendo como sociedad que no sabe protegerlas y añadiendo más ojos implorantes a una macabra lista de rostros, la mayoría femeninos, que no pueden evitar mirar de frente a su agresor a la vez que él está acabando con sus vidas. Que descanse en paz Encarna. ¡Ojalá fuera la última!

 

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).