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Meigas habelas, hainas

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 26 de Enero de 2018
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¿Cuántas veces hemos oído reírse a algún amigo incrédulo de videntes, brujas, espíritus e historias del Más allá y después hemos comprobado el terror que le produce la posibilidad de que sean reales? Quiero decir que muy pocos racionalistas convencidos se animarían a ir solos, de noche, a un cementerio aislado con un tenebroso relato fantasmagórico a sus espaldas. Y aunque lo hicieran, muy probablemente irían aterrorizados aunque no lo reconocieran.

Y es que los gallegos, tan sabios como introvertidos y filosóficos, tienen el famoso dicho popular que expresa que «eu non creo nas meigas, mais habelas hainas» («yo no creo en las brujas, pero haberlas, las hay»). Tal vez porque todos hemos conocido a alguien que ha visto, que ha predicho, que ha sanado…

Tengo una amiga que es capaz de ver más que los demás, que en medio de una reunión ha llegado a  advertir la presencia de un espíritu que para ella era tan real que no cuestionaba su veracidad hasta que se percataba de que era la única que lo veía. Y no suponía un plato de buen gusto para ella, al contrario, le inquietaba y le disgustaba hasta el punto de que dejó de hacer caso a esas presencias y poco a poco fueron desapareciendo

Yo mismo tuve ocasión de vivir algo tan personal e intransferible como irrefutable para mí. Hacía dos semanas que mi madre había fallecido y estaba próxima la Navidad así que viajé desde Granada al País Vasco para reunirme con mi familia en aquellas fechas tan señaladas. El día que llegué estuve hablando con mi sobrina sobre la importancia de las joyas como símbolos del cariño hacia los nuestros y le mostré el crucifijo de oro que mi madre me había regalado cuando era solo un niño y que colgaba de una cadena en la que le acompañaba una medalla. Al día siguiente, nada más despertarme me di cuenta de que dicho crucifijo no estaba, solo quedaba la medalla y la cadena, y revolví la cama y la casa seguro de que durante el sueño se había escapado. Después de un par de días, supuse que la había perdido incomprensible y definitivamente, hasta que mi pareja llegó desde Granada y cuando le conté lo que me había pasado se quedó igual de pasmado que yo: él traía ese crucifijo que había encontrado en el cuarto de baño de mi casa el día anterior, a 1000 kilómetros de donde yo estaba. Como ya he dicho, se trata de una historia personal a la que yo le di un significado trascendente relacionado con mi madre y que a mí me sirvió como un mensaje de paz, pero como es intransferible entiendo que muchos a mi alrededor dudarían de que mi recuerdo fuera real.

Tengo una amiga que es capaz de ver más que los demás, que en medio de una reunión ha llegado a  advertir la presencia de un espíritu que para ella era tan real que no cuestionaba su veracidad hasta que se percataba de que era la única que lo veía. Y no suponía un plato de buen gusto para ella, al contrario, le inquietaba y le disgustaba hasta el punto de que dejó de hacer caso a esas presencias y poco a poco fueron desapareciendo. Sé que muchos creerán que se trata de un caso de esquizofrenia o cualquier patología de la mente, y mi amiga tal vez llegó a dudarlo, pero después constataba que la presencia que había visto era un familiar de alguien que estaba en esa reunión y que conocía detalles de su vida sin que hubiera tenido acceso a ninguna información al respecto. De hecho, cuando ella hace un vaticinio, no dudo de que se realizará.

No es la única. Hay personas de mi propia familia que al dar la mano a alguien concreto al que nunca antes han visto son capaces de ver secuencias de su vida pasada y hacerse una composición de cuánto ha sufrido o lo mucho que se ha divertido. Y es así porque después lo comprueban sin atisbo de duda.

La videncia es una capacidad de algunos seres humanos que no les convierte a estas personas en mejores, ni en especiales, sino únicamente en poseedores de esta virtud, como el que está dotado para dibujar un paisaje con todo detalle o el que tiene una voz prodigiosa. Es bueno cultivar las aptitudes personales, sean cuales sean.

Así que, como tratan de explicar con el famoso dicho popular los gallegos, crea o no en los videntes, hay quienes pueden ver nuestro futuro. Es la conclusión personal a la que he llegado después de decenas de experiencias en mi entorno que me han conducido hasta aquí

Así que, como tratan de explicar con el famoso dicho popular los gallegos, crea o no en los videntes, hay quienes pueden ver nuestro futuro. Es la conclusión personal a la que he llegado después de decenas de experiencias en mi entorno que me han conducido hasta aquí. Por supuesto que respeto a los incrédulos, que no estarán en absoluto de acuerdo conmigo, y ni siquiera les quito razón, sólo hablo de mis indagaciones personales y mis conclusiones sobre ellas.

Luego están esos otros, los mentirosos, los que se aprovechan, los pretenciosos, avariciosos y con pocos escrúpulos. Siempre he dudado de videntes que cobran. Más que nada porque las personas que conozco y que tienen cierta sensibilidad, me cuentan que a veces les llega información y otras, no, con lo cual ponerte ante una persona y esperar a adivinar datos de su vida no garantiza que ocurra, y claro, si tú has pagado 30 ó 50 euros es para que te cuenten algo, y si no llega nada, habrá que inventarlo. Así que cada vez que la supuesta vidente hace negocio con ello, yo dudo y redudo y vuelvo a dudar. No digo ya nada de las líneas 900, de los videntes a la carta, de los anuncios de periódicos donde aseguran curar enfermedades incurables, porque considero que la mayoría de ellos deberían ser investigados y prohibida su actividad. No es justo ni ético engañar a personas confiadas que piensan realmente que esos individuos les van a quitar un cáncer por pagar 1000 ó 2000 euros.

No frecuento esas consultas porque ni confío en ellas ni creo que sirvan para nada. Al fin y al cabo, uno mismo es el que acaba curándose de una enfermedad, a través de medicamentos o como sea, pero es uno mismo, y si no que se lo cuenten a tantos médicos que aseguran que la actitud del paciente es fundamental para su sanación.

Y sinceramente, no me apetece conocer mi futuro aunque pudiera, ¿para qué?, la vida es una aventura diaria en la que la incertidumbre es el plus de emoción que nos hace falta para estar alerta, disfrutar de lo que llega y dejar pasar aquello que no nos guste. Si no crees que la muerte es el final, es más fácil degustar cada experiencia pasajera como instantes irrepetibles que nunca llegarán a acabar contigo.

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).