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Homofobia en el país del fútbol

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 6 de Julio de 2018
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Hay dos temas que han acaparado portadas y el interés general en los últimos días: el Mundial de Rusia de este año y las celebraciones en todo el país conmemorando el día del orgullo gay y las dos tienen algo en común: ayudan a la liberalización de una parte de la sociedad que tiene las mismas obligaciones que el resto, pero todavía, por desgracia, carece de los mismos derechos, al menos en todas partes del mundo.

¿Cómo? Muchos os estaréis llevando las manos a la cabeza porque haya dicho que el mundial de Rusia está ayudando a ese fin cuando se trata de un país homófobo, donde la comunidad LGTB ha tenido que ocultarse entre la masa o evitar viajar para disfrutar con su selección por miedo a unas leyes que ponen en el disparadero a gais, lesbianas y transexuales.

Muchos os estaréis llevando las manos a la cabeza porque haya dicho que el mundial de Rusia está ayudando a ese fin cuando se trata de un país homófobo, donde la comunidad LGTB ha tenido que ocultarse entre la masa o evitar viajar para disfrutar con su selección por miedo a unas leyes que ponen en el disparadero a gais, lesbianas y transexuales

Es cierto que nada más empezar el mundial, una pareja de aficionados franceses recibió una brutal paliza por darse un beso en plena calle en Sant Petersburgo, que una de las principales activistas británicas ha tenido que ver coartada su libertad de mostrar una bandera arcoíris nada más que en los estadios por temor a ataques incontrolados y también es verdad que el gobernador de Chechenia Ramzan Kadyrov anunció el año pasado por HBO que “no tenemos homosexuales. Para purificar nuestra sangre, si hay alguno aquí, agárrenlo”, después de que esta república rusa llevara a cabo una purga gay y las fuerzas de seguridad chechenas torturaran y secuestraran a sospechosos de ser homosexuales o bisexuales. Tampoco es mentira que, según la ley rusa, no es ilegal ser parte de este colectivo, aunque el Parlamento aprobó en 2013 una ley que castiga con multas y penas de cárcel la “propaganda homosexual” dirigida a menores, lo cual sigue marginando a un sector de la sociedad e incita a agresiones indiscriminadas a estas personas.

De forma que no hay nadie que pueda considerar que Rusia sea un país gay friendly, sino más bien todo lo contrario. Entonces, uno se pregunta por qué la FIFA no lo ha tenido en cuenta a la hora de elegirlo como sede del mundial. Claro que, observando que el mundial 2022 se celebrará en Qatar, donde los actos homosexuales están castigados con 5 años de prisión, no se puede decir que la FIFA sea sensible al colectivo LGTB. Tal vez sea porque no hay futbolistas gais, o al menos no se visualizan. Solo imaginar que Ronaldo saliera algún día del armario o cualquier otro, le pondría en una difícil tesitura a la hora de participar en un mundial que se celebre en un país donde podría entrar a la cárcel por estar con su pareja.

Eso de que el fútbol es cosa de hombretones pertenece al pasado y no se puede decir que tenga el más mínimo rigor, porque juegan tanto mujeres como gais, además de ser aficionados. Tal vez la FIFA debería empezar a pensar más en regularizar una situación que margina dentro del fútbol a quienes tienen otra opción sexual diferente de una pareja de hombre y mujer.

No hay nadie que pueda considerar que Rusia sea un país gay friendly, sino más bien todo lo contrario. Entonces, uno se pregunta por qué la FIFA no lo ha tenido en cuenta a la hora de elegirlo como sede del mundial. Claro que, observando que el mundial 2022 se celebrará en Qatar, donde los actos homosexuales están castigados con 5 años de prisión, no se puede decir que la FIFA sea sensible al colectivo LGTB

La cuestión, como decía, es que el hecho de que Rusia albergue el mundial creo que ha sido beneficioso para este grupo social, puesto que pone de manifiesto toda la desigualdad que sufre allí a diario el colectivo LGTB y eso, pese a que parezca malo, puede acabar siendo un escaparate para reducir estas diferencias. En países como España, donde llevamos la delantera a muchos otros con la legalización del matrimonio gay, es un motivo de escándalo que ha llenado portadas en los últimos días y ha concitado críticas feroces desde todos los sectores de la sociedad.

Al final, Rusia se ha retratado ante el mundo en una cuestión que les deja en entredicho como país que no respeta los derechos humanos y que protege a la población solo cuando elige una opción sexual que les parece aceptable. Y eso ha permitido que se hable hasta la saciedad del tema, lo cual es un primer paso para que acabe desintegrándose.

No se trata únicamente de que pierdan el turismo de este colectivo, ni que muchas empresas dirigidas por homosexuales o lesbianas se cuidarán de evitar hacer negocios con este país; es que, además, la población rusa está metiéndose en un saco de discriminadores, maltratadores y opresores. Con estas características es difícil considerar que Rusia sea un país avanzado, donde el respeto y la justicia acabe primando.

Quizás en los años que faltan hasta el mundial de Qatar, este país asiático cuyo alto nivel económico no está en conjunción con esas leyes discriminatorias hacia el colectivo LGTB, sus dirigentes entiendan que es necesario erradicarlas para que no se repita el bochornoso espectáculo que ha ofrecido Rusia al mundo a través de las televisiones de todo el globo. Es cierto que puedo pecar de optimista teniendo en cuenta la evolución de muchos países con una legislación ominosa no solo ante los gais sino también ante las mujeres, pero me gusta ver el vaso medio lleno.

La otra opción sería que la FIFA empezara a pensar con detenimiento si merece la pena que ellos sean tachados de la misma forma que los países a los que eligen para ofrecer un escaparate del fútbol mundial.

Y ya puestos, dejémonos de hipocresía: ¿Acaso no hay futbolistas gais? Sería un avance mayúsculo contemplar la salida del armario de algunas de esas estrellas veneradas por homófobos aficionados que pondrían su mano en el fuego para asegurar que es una falsedad.

Y ya puestos, dejémonos de hipocresía: ¿Acaso no hay futbolistas gais? Sería un avance mayúsculo contemplar la salida del armario de algunas de esas estrellas veneradas por homófobos aficionados que pondrían su mano en el fuego para asegurar que es una falsedad

La sociedad española ha avanzado mucho en este terreno, pero sigue habiendo sectores que se resisten a entrar en la modernidad. Y el fútbol es uno de ellos, una profesión que veta a los gais y que sigue eligiendo sedes para el mundial sin tener en cuenta lo que sus leyes represivas hacia el colectivo pueden provocar.

Recuerdo el escándalo público que se produjo cuando la sociedad española supo que había contactos entre Venezuela y Pablo Iglesias, como si los sucesivos gobiernos españoles no hubieran pactado habitualmente con países dictatoriales o el mismo rey no se reuniera con mandatarios de estados que no respetan los derechos humanos; sin embargo, parece que nadie pone en entredicho que la FIFA no se preocupe por estos temas, como si el fútbol estuviera exento de ese pago.

El Mundial se convierte en un juego, un deporte, un espectáculo que une a las familias ante el televisor para apoyar a su país y eso no deja de ser algo bueno, pero estaría mejor que uniera a todas las familias y no solo a aquellas cuyos cónyuges hayan elegido una opción sexual determinada. Habría que pedirle cuentas también al fútbol al respecto.

 

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).