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Españavisión Vs Eurovisión

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 20 de Mayo de 2016
Barei, durante su actuación en Eurovisión con la canción 'Say yay!'
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Barei, durante su actuación en Eurovisión con la canción 'Say yay!'

Lo confieso: yo fui uno los 4.200.000 espectadores del Festival de Eurovisión 2016. Eso pese a que tengo que reconocer que a mí la palabra siempre me ha recordado más a una óptica que a una organización supuestamente seria. Y, aunque preferí quedarme sólo hasta el inicio de las votaciones, volví a tener al día siguiente esa sensación de haber perdido el tiempo nuevamente y de haber caído inocentemente en el juego de creer que España tenía posibilidades de quedar en un buen puesto.

¡Claro! Uno guarda el recuerdo de cuando era un niño y en casa cenábamos ese día más temprano para que mi madre tuviera tiempo de sentarse alrededor de la televisión, junto con mi padre, mis hermanos y yo. En esa época sólo participaban 20 ó 30 países y ni había semifinales ni nada, sólo una sesión, muy larga, eso sí. Por supuesto, ahora no soy tan masoquista de tragarme semifinales…vamos, que con la final, este año, he ido bien servido. No obstante, lo primero que me ha llamado la atención ha sido la cantidad de cantantes que había en el escenario; ¡Pero si concursaba hasta Australia y casi gana! ¿Es que hay una conspiración judeo masónica para incluir a este país en la Unión Europea y el primer paso es que nos invada con su música en Eurovisión? ¡Quién sabe! ¡Ahí lo dejo!

Otro aspecto que me sorprendió es que apenas nadie cantó en su idioma. Mi Eurovisión infantil era un certamen en el que cada estado  trataba de mostrar al resto parte de su cultura a través de una música representativa del momento, por supuesto en su lengua. Este año ni siquiera se oyó hablar español. Que no me voy a meter yo con la calidad de la canción patria, la tenga o no, pero que ni el nombre de la intérprete sonaba muy castellano: “Barei”  (en euskera “barea” significa “babosa”, así que imagínense las poco agradables evocaciones que a algunos nos traía el nombrecito). No me extraña que Darío Villanueva, el director de la Real Academia Española se haya quejado de la elección del inglés para representarnos, sinceramente, no deja en muy buen lugar a nuestro idioma.

Da la sensación de que ha sido un intento desesperado de quedar más o menos bien: ¡Si en español no ganamos, a ver si en inglés…! Alguien debería acercarse al oído de los sabios de TVE que deciden la candidata para gritarles: “¡Es que no sabes que nunca vamos a ganar Eurovisión!”; que hemos tomado medidas desesperadas como llevar a una artista flamenca como Remedios Amaya, a un surrealista Chiquilicuatre, hemos llegado a hacer un Operación Triunfo que barrió de audiencia y se exportó al resto del mundo…y de donde salió una Rosa de España a la que todos adorábamos, y nada ha servido para ganar.

¿Por qué? Es obvio: España tiene muy pocos vecinos. Una cosa deja clara el festival: todas las guerras son estúpidas. Y si no que se lo digan a los países balcánicos, que se embarcaron en un conflicto armado que mantuvo en vilo durante años a todo el continente para separarse unos de otros y ahora se votan casi exclusivamente entre ellos como si fueran amigos inseparables.

Los lituanos puntúan a los letonios y los estonios a los eslovenios y a nosotros nos apoyan Portugal e Italia y los franceses, que siempre nos han tenido mucha manía, nos dan si acaso algún punto de consolación, seguramente gracias a la cantidad de emigrantes españoles que hay por tierras galas. Y si Portugal o Italia no llegan a la final…estamos perdidos.

Ya lo decía el mejor presentador que ha tenido el festival, José Luis Uribarri, que trataba de contener inútilmente su cabreo cuando España merecía más puntos y no los recibía y que disponía de una precisión que rayaba en la clarividencia cuando anunciaba que Dinamarca le iba a dar 12 puntos a Suecia y que Austria votaría por Alemania y nunca erraba. Ahora, con todos mis respetos, José María Iñigo transpira aburrimiento por sus poros, como si le importara poco quién fuera a ganar o como si fuera consciente de que nuestro país nunca lo va a conseguir.

No es sólo un problema de España; también les ocurre a Francia o a Italia o incluso a Gran Bretaña en los últimos años. Seamos serios: si no llega a ganar Ucrania, cantando por cierto en tártaro crimeano, que ni sabía que existiera ese idioma… ¿algún español podría citar el nombre de un solo intérprete ucraniano de la historia de la humanidad?

Ni Enrique Iglesias, ni Ricky Martin, ni Chayanne necesitan cantar en inglés para que sus canciones den la vuelta al mundo. Y creo que no hay que ser muy soberbio para considerar que el español es uno de los idiomas más importantes del mundo en cuanto a música se refiere, por eso existen los Grammys latinos, y digo más, creo que los cantantes de nuestro país en el mundo son más conocidos que los estonios, lituanos, croatas o austríacos.

Da igual que cambien el sistema de votaciones, España no ganará Eurovisión porque nuestra cultura no tiene que ver en nada con la de los países centroeuropeos y ellos cuentan con más vecinos y amigos que se entienden mejor entre ellos.

Así que mi propuesta es, que si queremos seguir participando en el certamen, digamos que lo hacemos fuera de concurso, que no queremos tomar parte en el sistema de votaciones; o si no, que usemos el hecho de ser del Big Four, que conforman los estados que más dinero dan para el evento (Francia, Alemania, Reino Unido y España) para incluir a varios países hispanoamericanos, igual que este año ha ido Australia como invitado, con la condición de que nos votaran. De hecho, ahí teníamos la OTI, junto con el resto de países de habla hispana, donde siempre obteníamos un buen puesto, pero nos cansamos de ganarlo con tanta facilidad que lo disolvimos.

Y si ninguna de estas alternativas gusta demasiado: ¿Por qué no abandonamos ya Eurovisión y hacemos un Españavisión? Que cada comunidad lleve a su cantante y se voten las canciones…está claro que también habría política y amiguismo, y que Cataluña votaría a Valencia, que Extremadura le daría puntos a Andalucía y que Euskadi consideraría que la canción navarra es la mejor…pero al menos, todo quedaría en casa, sería un espectáculo más modesto y no nos dejaría un sabor de boca tan agridulce.

He decidido que este ha sido el último año que me fustigo viendo el Festival de Eurovisión…aunque…creo…que no es la primera vez que tomo esta determinación.

             

 

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).