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El día de los sueños

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 21 de Diciembre de 2018
Premiados en Pinos Puente.
P.V.M
Premiados en Pinos Puente.

Todavía hay algunos que seguirán hoy buscando el décimo de la suerte, ese que juegan cada año y que nunca les ha tocado: «¡A ver si 2018 es el bueno!», se dirán mientras lo miran con ilusión, pese a que en los 15 ó 20 años que llevan suscritos a él nunca les haya dado ni la pedrea.

Igual que el anuncio de la lotería nacional nos indica que se acercan las fiestas, la fecha del sorteo sirve de arranque a los actos navideños. Esta noche, mucha gente se acostará soñando que le toca el gordo y que paga todas las deudas y que su vida mejora. Curiosamente, en mis tiempos de reportero, cuando acostumbraba a entrevistar a los premiados en este día, la mayoría de ellos coincidía en decir que con el dinero que habían obtenido lo que querían hacer era pagar lo que debían y después repartir el resto entre los hijos y para ellos mismos, con una buena comida de Navidad se conformaban. Así que, a fin de cuentas, sus vidas no experimentan un cambio trascendental, pero aún así la ilusión es muy grande para muchos.

Igual que el anuncio de la lotería nacional nos indica que se acercan las fiestas, la fecha del sorteo sirve de arranque a los actos navideños. Esta noche, mucha gente se acostará soñando que le toca el gordo y que paga todas las deudas y que su vida mejora

Conozco a amigos que se levantan antes de que comience la trasmisión televisiva de los premios y colocan los décimos debajo de la imagen de algún santo al que tienen devoción e incluso le rezan: «De verdad, si me toca esta vez, seré la persona más buena del mundo, lo prometo». Como si el santo en cuestión no supiera que nos mentimos a nosotros mismos una docena de veces al día.

Muchos, mañana tendrán encendido el televisor para escuchar a los niños de San Idelfonso como si fueran cantantes de Operación Triunfo, o se colocarán los auriculares mientras trabajan, si es que pueden, para oírlo por la radio, incluso aunque baje el rendimiento durante esas horas, que para eso estamos cerca del descanso navideño. Y con cada interrupción para dar un premio, el corazón se les encogerá ilusionados por si se trata de una papeleta adquirida por ellos. Después, una vez concluido el sorteo, intentarán mostrar al resto del mundo que ya sabían que no recibirían nada, que han perdido los 150 euros que llevaban y ni siquiera les ha tocado la pedrea o lo jugado, aunque por dentro se sentirán terriblemente decepcionados por haberse vuelto a hacer ilusiones un año más.

En realidad, quién más gana este día es el Estado, ese que se lleva la recaudación y que después coge una buena parte de cada premio, a través de los impuestos. La mayoría se conformará con ver en los informativos que parte del dinero ha recaído en un pueblo y que está muy repartido: «Al menos se lo han llevado personas necesitadas». Aunque no aparecerán aquellos millonarios que hayan conseguido un buen pellizco, porque esos también juegan y no un décimo sino series completas. Esos ni quieren salir en pantalla ni tampoco interesan demasiado a los espectadores porque incluso les puede enfadar más el saberlo.

En realidad, quién más gana este día es el Estado, ese que se lleva la recaudación y que después coge una buena parte de cada premio, a través de los impuestos. La mayoría se conformará con ver en los informativos que parte del dinero ha recaído en un pueblo y que está muy repartido: «Al menos se lo han llevado personas necesitadas»

El otro día pregunté a mi suegro qué haría si uno de sus décimos resultara premiado. Su rostro se iluminó solo de pensarlo y muy seguro me dijo:

—Pues mira, repartiría una parte para vosotros y otra para mi otro hijo y también daría algo a los familiares que están económicamente más desfavorecidos.

—¿Y con el resto?

—No sé, haría un viaje.

—¿Adónde?

—Pues, como no me gusta ni el barco ni el avión, me iría a un sitio de playa por Andalucía.

—O sea…—respondí yo— lo mismo que hiciste el verano pasado…

Él sonrió dándose cuenta de que era cierto y concluyó.

—Sí, pero ya me iría de otra forma, con otra actitud y con más ganas.

Y no se crean, los estudios realizados por sesudos investigadores aseguran que aquellos a los que les toca la lotería, cinco años después están en una situación peor que antes de que la ganaran y más infelices. Y tiene su lógica porque no nos hemos preparado para recibir una abultada cantidad de dinero y, a veces, es fácil acabar malgastándola.

Lo cierto es que mi suegro tiene razón. La actitud es la diferencia entre estar mejor o peor, no el dinero que consigues. Estoy seguro de que, para una madre con un hijo enfermo, la fortuna mayor es verle curado y lo cambiaría por cualquier gordo de cualquier sorteo.

La actitud es la diferencia entre estar mejor o peor, no el dinero que consigues. Estoy seguro de que, para una madre con un hijo enfermo, la fortuna mayor es verle curado y lo cambiaría por cualquier gordo de cualquier sorteo

A pesar de que sea un tópico, la salud es más importante que el dinero y también el cariño de los nuestros, ese no se puede comprar y nos da muchas más alegrías que cualquier lotería y aquel que trabaja en aquello que le gusta también es un afortunado y el que está rodeado de familia en estos días y el que tiene suficiente para celebrar una cena de Nochebuena o una comida de Navidad y el que puede viajar para ver a los suyos y el que sabe vivir la vida y el que es capaz de ponerle al mal tiempo buena cara y el que sonríe cada mañana al ver el sol y el que explota sus cualidades y disfruta con ello. Todos, en buena medida, tenemos algo que nos convierte en únicos y la posibilidad de valorar cada uno de los dones que colman nuestras vidas, solo es cuestión de abrir los ojos y mirar hacia la dirección adecuada. También somos libres de apegarnos a nuestras expectativas, pero entonces siempre nos sentiremos defraudados porque el futuro casi nunca nos devuelve cada uno de los detalles con los que hemos adornado nuestros sueños.

Dicho esto, no solo no tengo nada en contra de la lotería nacional si no que yo también compro décimos y sueño con el gordo; al fin y al cabo, la ilusión ilumina nuestro camino mientras la sentimos. Eso sí, soy consciente de que mi vida no sería mejor siendo millonario porque ya me siento muy afortunado de todo lo que disfruto. Y eso lo tengo muy presente para que el día 23 me vuelva a levantar con una sonrisa y con la ilusión de ver qué sorpresas me deparará la mañana.

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).