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'Desaparecidas'

Blog - Punto de fuga - Cristina Prieto - Jueves, 27 de Junio de 2024
Una mujer afgana en el interior de su casa.
© Kiana Hayeri / Amnesty International
Una mujer afgana en el interior de su casa.

Es evidente que una constante en la vida de las mujeres es la desaparición en todas sus formas posibles. Físicamente cuando los bebés nacidos con sexo femenino son asesinados; psicológicamente cuando las mujeres son anuladas tras recibir, durante años, un mensaje destructivo sobre sus capacidades; económicamente cuando no son dueñas de los bienes de la unidad familiar; médicamente al obviar que algunas dolencias en su anatomía presentan diferencias frente a los varones e, incluso, lingüísticamente cuando las palabras que las nombran son sustituidas por vocablos ofensivos. Hay más ‘desapariciones’ pero la lista sería tan larga que consumiría el espacio destinado a este artículo.

Para enmascarar las continuas agresiones que vive el 52% de la población, lo políticamente correcto da muchas vueltas con la finalidad de esconder lo que es, pura y simplemente, discriminación

Para enmascarar las continuas agresiones que vive el 52% de la población, lo políticamente correcto da muchas vueltas con la finalidad de esconder lo que es, pura y simplemente, discriminación. A todas las mujeres se les ha vendido que quedarse en casa cuidando de la prole es una opción plausible para justificar su expulsión del mercado laboral (no conozco a ningún señor al que se le haya mencionado tal posibilidad). Las reducciones de jornada son, principalmente, solicitadas por trabajadoras para compatibilizar la vida laboral y los cuidados lo que repercute, directamente, en el cálculo de sus pensiones futuras (el 90,8 % son mujeres según datos de la EPA del cuarto trimestre del 2023). En las consultas de atención primaria, a las mujeres se les recetan más antidepresivos que a los varones con los mismos síntomas porque las causas de sus malestares no son investigadas sino camufladas.

Mientras representantes de la política no obvian en sus discursos el deseo de conseguir más derechos, ellas ven menguar los suyos al desaparecer de los órganos de decisión y, con ello, de la vida civil

Sin embargo, en los últimos años, esta corrección política está dejando paso, poco a poco, a acciones contundentes donde la discriminación ya no se intenta disimular y, abiertamente, se parte de la inferioridad de las mujeres como una razón consolidada para excluirlas socialmente de cualquier ámbito. Mientras representantes de la política no obvian en sus discursos el deseo de conseguir más derechos para la ciudadanía, ellas ven menguar los suyos al desaparecer de los órganos de decisión y, con ello, de la vida civil.

La crisis económica en la que se encuentra el país, más empobrecido tras la retirada de la ayuda internacional, está obligando a las familias a vender a sus hijas, incluso cuando aún son bebés, para asegurar la supervivencia del resto de sus miembros

La semana pasada tuvimos conocimiento de que los talibanes exigen, abiertamente, que ninguna mujer afgana pueda participar en la reunión de la ONU que tendrá lugar en Doha el próximo 30 de junio donde se discutirá la actitud de la comunidad internacional hacia Afganistán. Además, tampoco quieren que los derechos de las mujeres estén en el orden del día para ser tratados. Recordemos que los talibanes alcanzaron el poder en Afganistán en agosto de 2021 y, desde entonces, las condiciones de vida de las mujeres se han visto seriamente perjudicadas. No tienen acceso a la educación ni al empleo ni a los servicios públicos. Además, la crisis económica en la que se encuentra el país, más empobrecido tras la retirada de la ayuda internacional, está obligando a las familias a vender a sus hijas, incluso cuando aún son bebés, para asegurar la supervivencia del resto de sus miembros.

Los dirigentes afganos no se andan con circunloquios para poner sobre la mesa lo que quieren, no enmascaran sus deseos ni ocultan que, para ellos, las mujeres no son más que la mitad subyugada de un territorio en el que la tiranía y la esclavitud se ceba con ellas

Los dirigentes afganos no se andan con circunloquios para poner sobre la mesa lo que quieren, no enmascaran sus deseos ni ocultan que, para ellos, las mujeres no son más que la mitad subyugada de un territorio en el que la tiranía y la esclavitud se ceba con ellas. Pero, desviemos un poco el foco para preguntarnos si aceptará la ONU estas condiciones con tal de sentarse a la mesa. Si lo hace será la constatación de que las mujeres tampoco valen nada para este organismo supranacional que nació con la vocación de mantener la paz, el buen entendimiento entre las naciones y la defensa de los derechos humanos. Habiba Sarabi, ex ministra de Asuntos de la Mujer en Afganistán y la primera gobernadora del país ha dicho que la comunidad internacional está priorizando el compromiso con los talibanes sobre los derechos de las mujeres y que “desgraciadamente” su propia agenda “es más importante para ellos que las afganas, la democracia o cualquier otra cosa”.

A 14.000 kilómetros de allí, en México, el desprecio por las mujeres adquiere otras formas. Son apartadas, escondidas y ‘desaparecidas’ debido a las nuevas consideraciones en torno a las identidades sentidas y el exquisito trato que reciben los varones que a esta nueva ola conservadora se suben

A 14.000 kilómetros de allí, en México, el desprecio por las mujeres adquiere otras formas. Son apartadas, escondidas y ‘desaparecidas’ debido a las nuevas consideraciones en torno a las identidades sentidas y el exquisito trato que reciben los varones que a esta nueva ola conservadora se suben. Decenas de hombres biológicos se autoadscribieron como mujeres para concurrir a las elecciones municipales del pasado mes de junio. Ocho de ellos han conseguido las alcaldías de otros tantos municipios en el estado de Michoacán. Rubén, Jorge Luis, Octavio, José Enrique, Daniel, Martín, Apolonio y Alberto son ya alcaldesas de Charapan, Ecuandureo, Lagunillas, Purépero, Tanhuato, Peribán, Tumbiscatío y Ziracuaretiro, respectivamente, tras usurpar el puesto a otras tantas mujeres en las listas electorales en estos municipios.

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ponderó el derecho humano a la intimidad, sobre la demanda de acreditar una vida social y política congruente con el sexo al que se autoadscribieron, por lo que no les pudo ser revocada la candidatura, y ahora ocho ocupan las alcaldías e iniciarán sus funciones en septiembre.

Entre la claridad de los talibanes y la corrección política de los mandatarios mexicanos sólo hay una cosa cierta. Que las mujeres no tienen derechos, a no ser que sean hombres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen de Cristina Prieto

Madrileña afincada en Andalucía desde 1987, primero en Almería y posteriormente en Granada donde he desarrollado mi carrera profesional como periodista. Me licencié en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, cursé mi suficiencia investigadora en la Universidad de Granada dentro del programa Estudios de la Mujer y leí mi tesis doctoral en la Universidad de Málaga.