Un verano en el Parque de las Ciencias.

Bikinis en el consultorio

Blog - Andres Cárdenas - Andrés Cárdenas - Lunes, 22 de Agosto de 2016

Escenario, consultorio médico de La Herradura. Cruzando la carretera está la playa. Hora, cinco de la tarde. Estamos en la sala de espera seis personas, a saber: un matrimonio de jubilados, una señora de edad a la que le duele el oído, un cincuentón que quiere que le receten pastillas contra la hipertensión y yo y mi señora, que ha acudido al médico aquejada de una ciática. Todo tranquilo. La doctora está atendiendo a un paciente. 

De pronto irrumpe en el consultorio una señora de unos cuarenta años y su hija de unos doce o trece años. Ambas van en bikini. Por lo visto estaban bañándose cuando la chica tropezó en una piedra y se ha torcido el pie. La madre, porque cree que puede ser un esguince, decidió llevarla al médico. La tipa debe ser madrileña, deducción lógica por su habla refinada. Pregunta si dentro de la consulta está la doctora. Le decimos que sí. Ella, ni corta ni perezosa, abre la puerta y reclama la atención de la facultativa. Le dice que su hija ha tenido un accidente.

La doctora sale, ve a la chica y comprueba que el accidente del que habla la señora es algo que puede esperar. Así se lo dice. “Espere a que termine con las personas que tienen cita y luego le atiendo”, le espeta. La señora dice que no hay derecho, que aquello es una urgencia. La doctora le dice que ella no está ejerciendo de médico de urgencias y que, por deferencia y profesionalidad, la atenderá, pero al terminar con los pacientes que tienen cita. Y le recomienda que si cree que su hija necesita un médico urgentemente que se vaya a Almuñécar, donde sí hay un servicio las 24 horas del día.

La madrileña se siente ofendida. Comienza a utilizar el móvil y llamar a familiares y amigos contándole la injusticia que estaba sufriendo y poniendo a parir los servicios médicos en aquella parte del mapa en la que ella va a veranear. Se ve que se siente superior, que nosotros somos andaluces que no sabemos lo que tenemos que hacer. Ella es de Madrid y si viene aquí es porque tenemos playa.

Los que esperamos asistimos estupefactos a esa indignación de la mujer, que para nosotros es totalmente infundada porque pensamos que la dolencia de la niña puede esperar. Es más, ni se queja. Yo creo que está avergonzada por el espectáculo que está dando su madre.

En un momento determinado dice en voz alta que la médica no quiere atender a su hija y que la va a denunciar. En este instante se abre la puerta de la consulta. La doctora, con la experiencia suficiente como para saber atajar estas situaciones, por lo visto ha oído lo que ha dicho la mujer porque exclama: “Señora, si acaso hay que denunciar a alguien sería a usted por escándalo público y por presentarse en un centro de salud en bikini. ¿No le da vergüenza?”.

Joder, estuve a punto de ir hacia la doctora, echármela a los hombros y darle la vuelta al ruedo. Con un par.