Loading

Bienvenido al infierno

Blog - Cuestión de Clase - Manuel Morales - Lunes, 9 de Mayo de 2016
M.M.

Bienvenido al infierno, es el lema que debería colgar en el despacho de la Mariana, para que tanto el nuevo alcalde como quienes se acerquen a hablar con él, tengan presente el escenario que pisan día a día los próximos tres años. Francisco Cuenca va a ser, casi con seguridad, el alcalde que tenga que pelear con la más compleja situación en el gobierno municipal en lo que llevamos de restaurada vida democrática. Se encuentra una administración local arruinada.

Ya sé que es un recurso habitual aquello de la "herencia recibida", pero pido el beneficio de la duda en este caso y que se miren apenas 3 ó 4 datos sobre el estado del Ayuntamiento de Granada. Son objetivos. Están tomados del Ministerio de Hacienda.

Cuando Torres Hurtado llegó al poder en 2003, heredó un Ayuntamiento relativamente saneado, con una deuda que rondaba los 120 millones de euros y una capacidad inversora de unos 50 millones de euros al año, que permitían hacer mejoras en calles barrios y edificios municipales. Además, la carga de personal era relativamente ligera, con un coste de 65 millones de euros al año, que representaban el 28% del total de presupuesto municipal.

Al dejar la alcaldía, el PP devuelve a los granadinos una administración municipal con casi el triple de deuda (más de 300 millones de euros), que ha perdido prácticamente toda su capacidad de inversión (3 millones de Euros en el último año) e hipertrofiada, con unos gastos de personal que consumen el 40% de todo el presupuesto municipal (al fin y al cabo había muchos parientes y amigos del PP a los que buscar una salida).

No sólo eso. Además, el nuevo alcalde se encuentra la mayor parte del presupuesto o de las potenciales fuentes de ingresos, hipotecadas por unos contratos leoninos que el PP firmó alegremente con empresas privadas (con o sin supervisión de Bárcenas, no sabemos): agua, transporte, ayuda a domicilio, basura y limpieza viaria, jardines, cementerio... Todo se ha privatizado o recontratado en Granada en estos años para mayor enriquecimiento de esos empresarios privados con los que a algunos les encanta almorzar y mayor ruina de la ciudad.

Para colmo, el nuevo alcalde se encuentra otra hipoteca: la marea de los cientos de movimientos sociales, vecinales, culturales, deportivos, juveniles o altruistas que llevan sufriendo la mano de hierro de la derecha granadina estos trece largos años. "No eres de los nuestros" es lo que se podía leer en los ojos de los concejales de los diversos ramos, cada vez que un colectivo "non grato" se acercaba a la Plaza del Carmen con cualquier solicitud o propuesta, aunque no costara dinero. Ahora hay muchas aspiraciones ansiando ser colmadas por parte de todos esos sectores a los que un PP aún en fase de reeducación democrática ha negado la ciudadanía este tiempo.

Y no olvidemos tampoco que la derecha es mucho más que un partido. Hay poderes fácticos que llevan callados y aceptando lo inaceptable más de una década, porque gobiernan los suyos. No nos extrañe que ahora echen las manos al cielo reclamando lo imposible o denunciando lo mismo que no han visto en trece años. La demagogia y el populismo siempre han sido patrimonio del conservadurismo (si no saben de que hablo dense un bañito de La Razón o de intereconomía) La ofensiva empezará antes de que llegue el verano.

La situación es difícil. Mucho. Y por ello, aquellos que defendemos que era y es necesario mantener al PP lejos del poder en la Plaza del Carmen, debemos hacer un gran ejercicio de responsabilidad. Empezando por los propios trabajadores municipales y los sindicatos de clase que los representan, que no deben caer en el error (tan nuestro) de pedir lo imposible a la izquierda después de haber tragado a la fuerza lo inaceptable con la derecha; a todos esos colectivos sociales, que deben tener presente la situación real del Ayuntamiento; y finalmente a los grupos de la oposición que hemos optado por no formar parte del gobierno, pero que tenemos la responsabilidad de coadyudar a que sea viable.

¿Significa esto que no se le puede exigir nada a Paco Cuenca ni al PSOE? En absoluto. Muchas políticas se pueden hacer con poco o nada de coste... incluso con ahorro para las arcas municipales. Desde la participación ciudadana a determinados gestos, ya sea honrar la memoria de los concejales y alcalde asesinados en el cementerio junto a miles de granadinos, ya sea colaborar con medidas contra los desahucios o poner en alquiler social las viviendas municipales vacías. También devolver la cultura al pueblo y ahorrar en gastos superfluos, desde el abuso del coche oficial al permanente autobombo partidista financiado con cargo a los impuestos. O algo tan sencillo como promover la autoorganización de la juventud para que el botellódromo se convierta en un espacio del que poder sentirnos orgullosos por las cosas que en el pasen y se celebren. Tampoco cuesta mucho investigar el despilfarro y arbitrariedades de estos años, para colaborar en la justicia o decir la verdad a los granadinos. Ni que decir tiene, que ponerse institucionalmente a la cabeza (pero con hechos) de la protección de la Vega, del rescate del aeropuerto o de la recuperación del ferrocarril, tiene más de impulso político que de coste económico.

No le arriendo la ganancia a Paco Cuenca, tampoco es de mi partido ni creo que sea el mejor alcalde posible para Granada (lo sería Paco Puentedura) pero desde IU nos comprometemos a que lo que resta de mandato sea un tiempo provechoso. Todo lo que exijamos será por el bien de la ciudad y porque es posible llevarlo a cabo con los recursos realmente disponibles. Seremos también leales frente a las peticiones demagógicas, que llegarán, explicando la realidad. Ante la demagogia, transparencia. Pero sobre todo, esperamos y exigiremos a este alcalde, que haga políticas de izquierdas, transformadoras. Hasta donde se pueda, pero con valentía y con la ambición de mostrar que otra Granada es posible.

Más de media Granada, la de clase trabajadora, lo necesita urgentemente. Incluso aunque no lo sepa.

Hijo de padres andaluces, crecí en Madrid y vivo en Granada desde los 19 años. Casado y padre dos hijas.
Me licencié en Física por la Universidad de Granada y realicé un master universitario en energias renovables. Trabajo como funcionario de la Agencia Estatal de Meteorología. Realicé en el Instituto para la Paz y los Conflictos, los cursos de preparación para un doctorado que nunca terminé, al interponerse la política en el camino.