Alegato por el 8 de Marzo

Ha pasado el 8 de Marzo, ya hemos recogido las pancartas, las camisetas y los megáfonos. Las calles vuelven a mostrar su habitual imagen y cada cual ha hecho su valoración de las movilizaciones, de la participación ciudadana, de la presencia de mucha gente joven y de la mezcla de mensajes y consignas que han acompañado a la tradicional, legítima y necesaria reivindicación de igualdad que acompaña cada 8 de Marzo. Hay quien ha vivido esta jornada y su significado en la calle, y hay quien la habrá vivido en su casa, silente, quizá rumiando algún malestar y puede que criticando en su fuero interno el caudal de ilusión, de fuerza y de emoción que (pese a quien pese) ha acompañado este año al 8 de Marzo.
El 8 de Marzo y lo que significa ha de seguir marcando buena parte de nuestra acción y conciencia cívica
Porque el 8 de Marzo y lo que significa ha de seguir marcando buena parte de nuestra acción y conciencia cívica. Escribía en estas mismas páginas hace unos años que se es feminista por aprendizaje y por convicción y por compartir una comprensión global del mundo y un pensamiento transformador que ni edulcora ni disfraza la realidad, para hacerla aparecer a nuestra conveniencia. Añado ahora que esa convicción y esa comprensión en absoluto se ven mermadas por la aparición de casos aislados que recientemente nos han avergonzado. Más bien al contrario, esos hechos nos refuerzan en la necesidad de no bajar la guardia, de no dar las cosas por hechas, de insistir, insistir e insistir. Desde el ámbito familiar, educativo, laboral, grupal y, por supuesto desde la política.
La igualdad entre mujeres y hombres es un asunto que admite poquísimos matices, y desde luego, ninguna equidistancia ni apoyo condicionado o matizado. Quien se sienta feminista o al menos considere que los seres humanos somos iguales, está tardando en trasladar esa idea a sus partidos políticos, colectivos, asociaciones, entorno familiar y laboral, medios de comunicación y sociedad civil. La tarea es ardua y, como ya he dicho, no precisa de mucha explicación ni aclaración, salvo que se esté a otra cosa. Y estar “a otra cosa” es, por ejemplo, asumir que un hijo te diga que “está cansado de que en la escuela todos los años nos suelten la chapa de la igualdad” y no reacciones, no argumentes, no expliques lo que hay detrás de esa supuesta “chapa”. Estar “a otra cosa” es autosatisfacerte en el hecho de que tu descendencia, “ellos y ellas”, cada cual se hace su cama y lava sus platos.
La existencia de desigualdades sociales no la discute nadie. Más del 80% de la población española cree que existe desigualdad entre hombres y mujeres. Cierto que otros datos estadísticos resultan menos alentadores
Hablamos de otra cosa. La existencia de desigualdades sociales no la discute nadie. Más del 80% de la población española cree que existe desigualdad entre hombres y mujeres. Cierto que otros datos estadísticos resultan menos alentadores. Desigualdad laboral, salarial, de oportunidades. Y violencia machista en sus diversas formas. Reconocer esa realidad no es patrimonio de nadie, cierto. Pero incorporar la lucha contra esa desigualdad y la lucha contra la violencia machista a un programa nítido de gobierno, claro que es patrimonio de la izquierda y del socialismo. Atacar las causas de la misma, ir a la raíz del problema con propuestas educativas, invertir fondos públicos en ello, dotar los instrumentos jurídicos y técnicos encargados de esa labor, claro que es patrimonio de la izquierda y del socialismo. Defender con uñas y dientes la libertad de las mujeres para decidir sobre la maternidad y para no mercantilizar su cuerpo, claro que es patrimonio de la izquierda y del socialismo. Resulta bastante evidente quien practica o se deja condicionar en lo contrario.
Por eso, como ya decía hace unos años, el 8 de Marzo y su significado constituye una fuerza incontenible. Una reivindicación y un clamor de justicia, de libertad y de igualdad. De derechos y de oportunidades. Y también de denuncia de actitudes equidistantes, calculadoras y oportunistas, de quienes no pueden ponerse en contra, porque serían arrastrados y arrastradas, pero tampoco se ponen claramente a favor, simple y llanamente, porque no están a favor. Porque su modelo de sociedad, de familia y de convivencia rezuma miedos paternalistas y actitudes conservadoras. Y hay que proclamarlo a los cuatro vientos. E insistir en la educación, en el respeto, en que todas y todos ganamos con la igualdad.
El 8 de Marzo y su significado constituye una fuerza incontenible. Hay que proclamarlo a los cuatro vientos. E insistir en la educación, en el respeto, en que todas y todos ganamos con la igualdad.
Es evidente que yo no deseo a nadie que pase por un mal trago. Pero todo lo que he mantenido en esta reflexión siempre será infinitamente mejor para cualquier persona que tener que aprender feminismo e igualdad a golpe de cruda realidad, porque (como le ocurrió a un conocido) una hija haya sufrido acoso laboral y sexual, acompañado de discriminación repugnante por no seguirle el juego a un jefe “subidito de tono” y el posterior aislamiento en el entorno. Insisto, nadie debe pasar por esa situación. Aunque la consecuencia de la misma haya sido el sumar a un ferviente feminista a la causa de la razón y la justicia. Que ya no tolerará más chistes “verdecitos”; que jamás volverá a consentir que ningún machito llame ”histérica” a ninguna víctima y que, por supuesto, nunca volverá a culpar a ninguna mujer que denuncie ningún tipo de abuso. Por no añadir (para que nadie diga que arrimo ningún ascua a ninguna sardina) que nunca jamás volverá a dudar a la hora de votar.
Uno siempre aspira a que alguna vez deje de ser necesario escribir sobre este asunto. Pero mientras llega ese ansiado momento, insistamos e insistamos. Ahora que es 8 de marzo y siempre.


































