Vota a María Jesús Montero
Artículo de Opinión por Agustín Martínez

'La "Prioridad Nacional" o cómo complicarle la vida a Juanma'

Política - Agustín Martínez - Jueves, 23 de Abril de 2026
Un artículo imprescindible de Agustín Martínez sobre los pactos PP-Vox para mantener los gobiernos autonómicos.
María Guardiola, aplaudida tras superar su investidura.
Asamblea de Extremadura vía flickr
María Guardiola, aplaudida tras superar su investidura.

Pasen y vean, señoras y señores, al increíble circo de la coherencia conservadora. Justo cuando pensábamos que el sainete de Extremadura no podía dar más de sí, llega el concepto estrella: la «Prioridad Nacional». Suena a película épica de los cincuenta, a mármol y a capa, pero en realidad es el lazo de seda con el que Vox ha decidido empaquetar el futuro de Alberto Núñez Feijóo. Lo fascinante no es solo la rendición incondicional de los populares en la tierra del conquistador, sino cómo esa rendición ha cruzado Despeñaperros para dinamitarle la siesta política a Juanma Moreno Bonilla.

Y mientras en Génova se felicitan por haber "desbloqueado" instituciones a cambio de vender el alma (o al menos el manual de la decencia política y humana), en San Telmo se escucha un crujir de dientes que llega hasta los cuatro puntos cardinales de Andalucía

Resulta que la "prioridad nacional" -ese eufemismo que huele a rancio, a supremacismo y a exclusión- es ahora el estándar de oro para cualquier pacto en el que sea necesario Vox. Y mientras en Génova se felicitan por haber "desbloqueado" instituciones a cambio de vender el alma (o al menos el manual de la decencia política y humana), en San Telmo se escucha un crujir de dientes que llega hasta los cuatro puntos cardinales de Andalucía. Porque, seamos claros, lo que Vox entiende por prioridad nacional es, básicamente, todo lo que NO debería ser prioridad en una democracia del siglo XXI.

Nos intentan vender que la "prioridad nacional" es una suerte de escudo protector, cuando en realidad es un ariete contra la convivencia, porque el racismo no es prioridad, lo que no es más que odio al diferente, no debería ser un criterio de gestión pública

Vayamos por partes, como diría un cirujano de la sanidad pública que todavía no ha sido derivado a la privada. Nos intentan vender que la "prioridad nacional" es una suerte de escudo protector, cuando en realidad es un ariete contra la convivencia, porque el racismo no es prioridad, lo que no es más que odio al diferente, no debería ser un criterio de gestión pública. Sin embargo, ahí está el PP, estampando la firma en documentos que rezuman xenofobia bajo la mirada impasible de un Feijóo que parece estar siempre esperando un autobús que nunca llega.

Los bulos no son política y por eso, articular un acuerdo de gobierno sobre la base de mentiras para justificar el rechazo al inmigrante no es gestión; es ciencia ficción de serie B. Pero claro, para el PP de la era post-razón, un bulo bien tirado vale más que mil datos de la Seguridad Social.

El supremacismo que rezuma el acuerdo extremeño es un anacronismo: Creer que haber nacido en una coordenada específica del GPS te da derecho a pisotear la igualdad de oportunidades es lo más parecido a volver al siglo XV, pero sin la elegancia de los encajes.

Lo que realmente subyace bajo este pacto de los Santos Inocentes, que ahora amenaza con extenderse como una mancha de aceite por toda España -y especialmente por Andalucía-, es la concepción de España como un cortijo particular.

Para Feijóo y su nueva guardia pretoriana de verde oliva, la prioridad no es que el hijo de un jornalero llegue a la universidad, sino que el hijo del gran tenedor mantenga sus privilegios. No es prioridad nacional defender la sanidad pública, esa que están desguazando pieza a pieza para que el negocio de la enfermedad sea rentable para los de siempre. Tampoco lo es la educación pública, convertida en campo de batalla ideológico mientras los techos de los colegios se caen a pedazos.

¿Y la vivienda? Ah, el gran tabú. Para este eje PP-Vox, la prioridad nacional es oponerse a cualquier medida que limite los abusos de los grandes propietarios. Porque, al parecer, proteger el derecho constitucional a una vivienda digna es "comunismo", mientras que permitir que un fondo buitre desahucie a una familia es "libertad". Una libertad, eso sí, con muy pocas banderas, pero muchas cuentas en el extranjero.

Pero lo más hilarante de este esperpento es el papelón que le han dejado a Juanma Moreno. El "barón moderado", el hombre del tono suave y el marketing de la sonrisa, se encuentra de repente con que su propio partido le ha regalado un manual de instrucciones escrito por Santiago Abascal y muy alegado de su sonrisa Profidén.

Moreno Bonilla, que ha pasado años intentando convencer al electorado andaluz de que él es una especie de "nacionalista de centro" que no rompe un plato, ahora tiene que explicar por qué su partido firma en Extremadura acuerdos que son ilegales, racistas y profundamente anticonstitucionales

Moreno Bonilla, que ha pasado años intentando convencer al electorado andaluz de que él es una especie de "nacionalista de centro" que no rompe un plato, ahora tiene que explicar por qué su partido firma en Extremadura acuerdos que son ilegales, racistas y profundamente anticonstitucionales. Su futuro gobierno, si no alcanza esa mayoría absoluta que tanto ansía, ya no depende de su gestión, sino de la "prioridad nacional" de los de Santiago Abascal y Frigodedo.

Imaginen la escena: Juanma intentando hablar de "la vía andaluza" mientras sus socios le exigen que empiece a señalar a los vecinos por su origen o que deje morir la dependencia para cuadrar las cuentas de los más ricos. Es la traición definitiva de Feijóo a sus barones: vender la moderación por un plato de lentejas extremeñas condimentadas con odio.

No podemos olvidar la ironía suprema: aquellos que se llenan la boca con la palabra "España" son los mismos que van a foros internacionales a difamar a su propio país

No podemos olvidar la ironía suprema: aquellos que se llenan la boca con la palabra "España" son los mismos que van a foros internacionales a difamar a su propio país. Es el vasallaje moderno: rendir cuentas a quienes nos consideran súbditos o ciudadanos de segunda en Europa, solo para arañar un titular que desgaste al gobierno central.

¿Es eso prioridad nacional? ¿Es prioridad nacional dejar de lado los problemas reales de la gente -la vivienda, el paro juvenil, el precio de la cesta de la compra- para centrarse en una agenda de confrontación identitaria que solo beneficia a los que más tienen? La prioridad nacional del PP y Vox no es defender a España, es defender el privilegio de unos pocos frente al derecho de todos.

En definitiva, el pacto de Extremadura no es un acuerdo de gobierno, es una declaración de guerra a la España diversa y solidaria. Y mientras Feijóo sonríe en las fotos, Moreno Bonilla empieza a darse cuenta de que el suelo bajo sus pies es mucho menos firme de lo que pensaba. Porque cuando permites que el racismo y la desigualdad se conviertan en "prioridad", lo primero que pierdes no es el poder, sino la vergüenza. Y de eso, en Génova, parece que ya no queda ni rastro.