'Pelillos a la mar'

En España estamos viviendo un fenómeno muy curioso: hacemos huelga el lunes porque suben el pan; los martes nos manifestamos porque ganamos poco; los miércoles protestamos por la Sanidad y la Educación... Y el domingo… votamos a la derecha.
Otra vez en una campaña electoral asistimos a “inteligentes” debates y “elegantes comentarios” entre PP y PSOE. El PP, por ejemplo, llama «basura política» a Montero. Aunque, según apunta Gabriel Rufián, «El “y tú más” es un “yo también”».
Viendo y oyendo lo que dicen el señor Bonilla y la señora Montero parecería que estamos ante dos opciones políticas y proyectos radicalmente diferentes. Llega la duda cuando ambos reclaman que no se vote a los partidos pequeños y que se apueste por el bipartidismo.
Escribía Augusto Monterroso que los enanos tienen un sexto sentido para reconocerse entre ellos y, a estas alturas, ya sabemos qué es el bipartidismo: un modo de organizar el gobierno para que sigan mandando los que no se presentan a las elecciones, es decir, los poderes económicos, auténticos “señores” de esta democracia teatral. El mecanismo funciona así: la derecha económica siempre gobierna, unas veces con la derecha política y otras veces con una izquierda falsa que impide que se hagan políticas de izquierdas. Hay alternancia, no hay alternativa. Es más, parecería que muchas veces la derecha económica prefiere al PSOE: se divide a la izquierda social y política y se impiden otras propuestas diferentes a las dominantes. Ahora no es el caso. Bonilla habla abiertamente de abolir la sanidad pública. Vox quiere desmantelar el sistema público de pensiones y Feijóo quiere congelar el salario mínimo.
Unidas Podemos Sumar podría ser una idea con un acrónimo, UPS. El problema de autoría es que además representa a una agencia de transportes americana. También es un dispositivo que protege equipos electrónicos de cortes de luz y variaciones de voltaje, utilizando baterías internas para brindar energía inmediata y continua. Ésta debería ser la metáfora de la coalición. Pero llegan tarde. A última hora, 4.648 militantes de Podemos decidieron integrarse con vistas a unas elecciones que se celebrarán ¡en un mes y medio! Algunos votantes del “no” (684) dicen que ha habido “pucherazo”, es el problema de la militancia en pijama ante el móvil y las redes sociales. Ahora los partidos deben llegar a un acuerdo para registrar la candidatura antes de las 23:59 de este viernes.
Las confluencias ya se han dado en otras elecciones autonómicas. Con nombres inventados, montajes organizados, personajes disfrazados. Hemos asistido con estupor a la pérdida de la dignidad de las ideas y a las mentiras colosales a su alrededor. Y hemos visto a supuestos izquierdistas convertirse en furibundos anticomunistas superando en su odio a la extrema derecha. ¿Los programas? ¿Cuáles? Creo que nunca los hubo, sólo frases rutilantes sacadas de los azucarillos y de los iluminados de Facebook adornadas con un lenguaje que, por cierto, ya le costó el calificativo de "añejo" a Izquierda Unida hace años.
Ayuso, esa mujer admirable capaz de andar sin chocarse con los muebles, afirma que «Sánchez se ha erigido en el líder mundial del comunismo». No da una, la pobre. Sánchez no hace lo que debe, hace lo que puede. Me hubiese gustado ver al carismático Feijóo enfrentarse a: la pandemia (2020), al volcán de La Palma (2021), a la guerra de Ucrania (2022), a la invasión de Gaza y al genocidio (2023), a la dana en Valencia (2024), al apagón (2025); y en 2026 al accidente ferroviario más grave desde 2013, once borrascas y el 28 de febrero el inicio de la guerra de Trump contra Irán.
“Socialismo” es palabra que ya no suena en Ferraz de Madrid, ni en San Telmo de Sevilla, ni en parte alguna. Se les pide que inventen algo, que propongan cosas, que ataquen, que diseñen, pero no es por ahí. Lo único que tendrían que hacer Sánchez y los suyos es volver sencillamente al socialismo obrero español.
Ahí, en el socialismo, está la solución racional y radical de todas las cosas, pero el socialismo se está pasando de moda, como antes el comunismo, porque los “liberales” han descubierto un nuevo truco: más práctico que combatir una doctrina es esperar a que se pase de moda, como la sinceridad, la vergüenza política o las rancheras de Bertín Osborne.
Ahora se trata de cómo tener los pies en la tierra y la cabeza en el cielo.
Explicar cómo no perder la memoria de lo que fuimos y de lo que queremos ser.
Proponer no pasar de la lucha de clases a la lucha con clase.
Animar a dar la cara aunque te la partan.
Así que a los andaluces sólo nos dejan dos opciones: el posibilismo del PSOE o las realidades del PP. Éstos han construido una plataforma de lanzamiento: lo que antes era corrupción ahora es método. Por eso se ha convertido en un traje a medida de una forma de hacer política. La izquierda, en cambio, debe proponer que los políticos honestos piensen en voz alta.
La democracia es un derecho y una obligación. Un voto es un contrato “temporal” por cuatro años. Es muy fácil prometer y muy cómodo incumplir lo prometido, tanto que se ha convertido en una costumbre y es lo que ha alejado a la ciudadanía de la participación política.
Desde la caída del muro de Berlín los partidos que aspiran a gobernar se disfrazan con mezclas y terceras vías para no aparecer como lo que pretenden ser: trileros de la economía, pero que ellos llaman “neoliberalismo” para no asustar. En esencia, aconsejan a la ciudadanía que renuncie a la construcción de su futuro y se deje dirigir por el mercado. La técnica es muy fácil: crear desconcierto. Por ejemplo, en la economía. La economía va bien. ¿La de quiénes? Lo que no hay es encuestas fiables, y andamos todo el día dándole vueltas a la frase de Ortega y Gasset: «Lo que pasa es que no sabemos lo que pasa». Mientras, vivimos la vergüenza de las bolsas de marginación y de pobreza.
Aquí juegan un papel muy importante los mal llamados “medios de comunicación”: se gana menos dinero dando información que creando confusión. Por eso la ciudadanía cuando tiene que decidir su futuro político solo puede decir: «Hace tiempo estaba indeciso, pero ahora ya no estoy tan seguro».
Si la derecha se ha hecho muy conservadora; si la izquierda ha practicado la denuncia como único análisis, lo que conduce a la inacción y a la impotencia («La izquierda no entra en crisis porque pierde votos, sino porque no sabe por qué los pierde», afirma Emilio Delgado de Más Madrid); y si el centro se presenta como conformista, ¿queda algo por hacer?
Aturdidos por la falta de explicaciones a tiempo sobre lo que ocurre, los ciudadanos debemos, sobre todo, rechazar cualquier discurso que intente convencernos de nuestra impotencia. La ciudadanía no debe pedir, debe exigir responsabilidades políticas.
Por eso, esta coalición no debe dedicarse a la queja. Debe contar cómo están las cosas, cómo deben estar y cómo llevarlas a cabo.
No debe prometer nada porque debe hacerlo todo. Si los demás prometen construir un puente donde no hay un río, no hará eso; no construirá un puente: construirá un río. Y Vivienda, y Sanidad, y Educación y Trabajo.
No debe popularizar la cultura: debe culturizar al pueblo.
No debe salir en la foto ofreciendo: debe salir en la foto haciendo.
Debe estar a favor de que las personas decidan su futuro.
Debe considerar que tenemos el derecho a equivocarnos porque tenemos el deber de rectificar.
Y no estoy desencantado porque nunca estuve encantado, sólo que a estas alturas (o bajuras, como quieran) de mi vida no estoy dispuesto "a tragar" con nada ni con nadie, únicamente a seguir ejerciendo mi oficio de ciudadano votante. Ahora se necesita humildad y coherencia. Los aspavientos verbales sólo benefician a “los otros”.
















































