Artículo de opinión por Agustín Martínez

'Motril: ¿Basurero crucerista?'

Política - Agustín Martínez - Jueves, 28 de Mayo de 2026
Un artículo de Agustín Martínez sobre el modelo turístico a tener muy en cuenta. Para leer y compartir.
Imagen de archivo -tratada- de un crucero en el Puerto de Motril.
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Imagen de archivo -tratada- de un crucero en el Puerto de Motril.

No sé si ustedes han reparado en las consecuencias que va a tener para Granada ese nuevo “Bienvenido, Míster Marshall” en que parece haberse convertido la denominada «Terminal Alhambra», ese megaproyecto diseñado para acoger macrocruceros a cascoporro en el Puerto de Motril.

La iniciativa fue presentada con ese entusiasmo paleto y ruidoso tan propio de las alcaldesas de Granada y Motril, secundadas por unas fuerzas vivas económicas y turísticas que parecen haber salido directamente de una proyección de “Cateto a babor”. En ese afán tan patrio de aplaudir al poderoso que viene de fuera -empresa mexicana con capital de un fondo israelí- con promesas de progreso, nadie del “establishment” granaíno se ha tomado la más mínima molestia de explicarnos en qué se va a traducir realmente la llegada diaria de buques con cuatro o cinco mil pasajeros a la costa tropical.

Por sus dimensiones, la Terminal Alhambra tendrá capacidad para recibir a unos 20.000 cruceristas en una sola jornada

El panorama que se nos viene encima, muy lejos de la Arcadia feliz que nos venden, resulta aterrador. Por sus dimensiones, la Terminal Alhambra tendrá capacidad para recibir a unos 20.000 cruceristas en una sola jornada. Como es lógico, la inmensa mayoría de esa masa humana tendrá una prioridad absoluta e innegociable: asaltar la Alhambra y colapsar los miradores del Albayzín. Hablamos de un perfil de turista que viaja en régimen de pensión completa; flotillas humanas que en Granada no desayunarán, apenas almorzarán ni comprarán y, por supuesto, jamás cenarán ni se alojarán en nuestros negocios.

Por poner un ejemplo, el desembarco de un solo coloso como el MSC Virtuosa, con más de seis mil personas a bordo, requeriría una caravana de más de 110 autobuses para desplazar a los excursionistas a la capital. Un par de estos barcos traerían al Albayzín, en apenas unas horas, el doble de personas que habitantes tiene el barrio, con el agravante destructivo de que todos llegarán y se irán exactamente al mismo tiempo, convirtiendo un patrimonio de la humanidad en un decorado infernal, intransitable y asfixiante.

Motril recoge con alegría lo que el resto de la costa mediterránea y atlántica ya no quiere, importando un modelo turístico obsoleto, contaminante y depredador

Para colmo de males, el Puerto de Motril se está postulando voluntariamente para ser el basurero crucerista de España. Mientras ciudades como Barcelona, Palma, Valencia, Málaga o Cádiz empiezan a poner pie en pared, limitando o prohibiendo directamente el atraque de estos gigantes por la insostenible masificación y la nula rentabilidad que generan, aquí los recibimos con reverencias. Motril recoge con alegría lo que el resto de la costa mediterránea y atlántica ya no quiere, importando un modelo turístico obsoleto, contaminante y depredador.

La amenaza sobre la Alhambra es matemática pura. El monumento dispone de un cupo estricto de 8.400 entradas al día. El 95% de las jornadas el aforo está completo gracias a un sistema de venta telemática que los turistas tradicionales reservan con un mes de antelación. Las navieras, sin embargo, comercializan sus rutas con unos ocho meses de margen. Como el principal negocio de estas corporaciones flotantes es la venta de excursiones, la visita a la Alhambra será la joya de la corona de sus circuitos por el Mediterráneo.

Es un negocio redondo para las multinacionales del mar y una ruina absoluta para el tejido local

 Las compañías navieras devorarán de forma online y masiva el papel de la Alhambra con casi un año de antelación, copando el aforo y dejando sin acceso a aquellos visitantes que sí pernoctan, sí comen, sí cenan y sí compran en Granada y que si no encuentran entradas a los palacios sencillamente no vendrán. Es un negocio redondo para las multinacionales del mar y una ruina absoluta para el tejido local. Si el gasto medio de un crucerista en las escalas apenas ronda entre los 15 y los 30 euros, ¿dónde está el beneficio de canjear turismo de calidad por una invasión exprés?

A este despropósito económico y patrimonial se le suma una trama administrativa que despide un insoportable hedor a azufre. Existen serias dudas sobre la legalidad de una operación que supone, de facto, la privatización de más de 70.000 metros cuadrados de espacio público portuario. Una adjudicación de semejante calado se ha perpetrado con una prisa sospechosa, saltándose el preceptivo y obligatorio estudio de impacto ambiental, un blindaje básico exigible a cualquier proyecto de este impacto en pleno siglo XXI.

Por si el desprecio normativo fuera poco, el caso apesta a un tráfico de influencias de manual escolar. La empresa que se ha hecho con la adjudicación del pastel no ha tenido el menor reparo en nombrar como CEO del proyecto a la mismísima hermana del exdirector del puerto. Un exdirector que, para mayor escarnio, se encuentra actualmente incurso en un procedimiento judicial bastante turbio por irregularidades previas en la gestión portuaria y que, a pesar de ello, participó activamente en el propio proceso de adjudicación. Las cartas estaban marcadas desde el principio en los despachos mientras en la calle se nos vendía el humo del desarrollo y la creación de empleo.

Granada no puede permitirse el lujo de contemplar en silencio cómo sus dos mayores tesoros, la Alhambra y el Albayzín, son sacrificados en el altar del beneficio rápido de unos pocos y del lucimiento político de unas alcaldesas deslumbradas por la qincallería del turismo de masas. Hay que darle una vuelta urgente a este dudosísimo y caciquil "Bienvenido, Míster Marshall", antes de que los autobuses turísticos terminen por demoler, por pura saturación, los cimientos de nuestra identidad y nuestra economía real.