'Lágrimas para Adamuz, silencio por las mujeres del cribado de cáncer de mama: la otra cara de Moreno Bonilla'

Las recientes palabras del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, sobre la situación en Adamuz han vuelto a poner sobre la mesa el uso político de la emoción en momentos delicados. El presidente se mostró visiblemente afectado, apeló a la sensibilidad institucional y reivindicó el compromiso de su Gobierno con el municipio cordobés. Un gesto que, sin duda, conecta con la ciudadanía cuando el dolor es visible y las cámaras enfocan. Sin embargo, para muchas mujeres andaluzas, esas palabras y sus lágrimas, suenan a lágrimas de cocodrilo.
La política no puede medirse solo en lágrimas. Tampoco en la intensidad del gesto ante el micrófono. Porque mientras la emoción fluye ante determinadas realidades, persisten silencios prolongados en otras que afectan directamente a la salud y a la vida de miles de mujeres andaluzas
La política no puede medirse solo en lágrimas. Tampoco en la intensidad del gesto ante el micrófono. Porque mientras la emoción fluye ante determinadas realidades, persisten silencios prolongados en otras que afectan directamente a la salud y a la vida de miles de mujeres andaluzas.
El programa de cribado de cáncer de mama, herramienta esencial de salud pública para la detección precoz, ha sido objeto de denuncias por retrasos, reorganizaciones y externalizaciones que generaron incertidumbre en pacientes y profesionales sanitarios. Asociaciones de mujeres alertaron de demoras en citas y pruebas complementarias. Aún no sabemos cuántas mujeres fueron las afectadas y cuántas tuvieron un cáncer de mama por el no seguimiento de las mismas.
En enfermedades como el cáncer de mama, el tiempo no es un detalle administrativo: es un factor determinante. Cada semana de retraso puede traducirse en diagnósticos más tardíos, tratamientos más agresivos y mayor impacto físico y emocional e incluso la muerte. Mientras tanto, la explicación política ha sido difusa, fragmentada y, para muchas afectadas y la opinión pública, insuficiente. La empatía pública no llegó con la misma contundencia que en otros escenarios.
El problema surge cuando la emoción parece depender de la rentabilidad política del momento. Cuando el foco mediático ilumina un territorio concreto, la sensibilidad aflora. Cuando el asunto es sobre salud y afecta mayoritariamente a mujeres ya sin titulares diarios, el silencio se impone
La cuestión de fondo no es si un presidente puede emocionarse. Puede y debe hacerlo cuando la situación lo requiere. El problema surge cuando la emoción parece depender de la rentabilidad política del momento. Cuando el foco mediático ilumina un territorio concreto, la sensibilidad aflora. Cuando el asunto es sobre salud y afecta mayoritariamente a mujeres ya sin titulares diarios, el silencio se impone.
La incoherencia se hace aún más evidente si se observa otro caso reciente. Durante 22 meses, el padre de una joven fallecida en un accidente provocado por equinos sueltos en la vía pública solicitó una reunión formal con la Presidencia de la Junta para abordar el incumplimiento de la normativa. Veintidós meses sin respuesta. Sin encuentro. Sin gesto. Sin compromiso explícito. Una tragedia evitable convertida en un expediente administrativo más.
Aquí es donde la política se define realmente: no en el temblor de voz ante las cámaras, sino en la gestión cuando no hay titulares. No en la lágrima visible, sino en la decisión incómoda. No en la reacción inmediata, sino en la responsabilidad sostenida.
Aquí es donde la política se define realmente: no en el temblor de voz ante las cámaras, sino en la gestión cuando no hay titulares. No en la lágrima visible, sino en la decisión incómoda. No en la reacción inmediata, sino en la responsabilidad sostenida.
La empatía institucional no puede ser selectiva. Si se invoca el compromiso con Andalucía, ese compromiso debe extenderse también a quienes esperan una mamografía a tiempo, a quienes reclaman explicaciones por retrasos, a quienes viven con el miedo de que una cita aplazada cambie su pronóstico.
La política sanitaria exige algo más que sensibilidad pública: exige autocrítica, transparencia y reparación cuando hay fallos
La política sanitaria exige algo más que sensibilidad pública: exige autocrítica, transparencia y reparación cuando hay fallos. Porque cuando la emoción aparece solo donde renta políticamente, deja de ser empatía y se convierte en estrategia.
Y las mujeres andaluzas merecen mucho más que eso.

































