'Geopolítica del miedo: el mundo de Trump'

La agresión del gobierno de Donald Trump contra el Estado de Venezuela, el pasado tres de enero, constituye un quebranto claro de los principios básicos de la soberanía entre naciones.
La invasión de Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, constituyen una grave violación del Derecho Internacional, pero también supone un serio conflicto con la misma legalidad estadounidense, ya que esta requiere de la autorización del Congreso para operaciones militares susceptibles de derivar en una guerra.
Durante el corto siglo XX, esto es, desde la primera Guerra Mundial al colapso de la URSS, EEUU consideró a América Latina su “patio trasero”
Durante el corto siglo XX, esto es, desde la primera Guerra Mundial al colapso de la URSS, EEUU consideró a América Latina su “patio trasero”. Allí propició golpes de Estado, que llevaron y mantuvieron en el poder a sangrientas dictaduras militares que eran afines a sus intereses. Ocurrió en Chile, en Argentina, en Uruguay, en Brasil, en Guatemala (donde el golpe de estado depuso al presidente electo Jacobo Arbenz) en El Salvador, en Nicaragua donde sostuvieron la tiranía de Anastasio Somoza. Ocurrió en la República Dominicana donde apoyó la feroz tiranía de Rafael Trujillo, novelada por Vargas Llosa en “La fiesta del chivo”.
Aún sin el concurso del ejército, EEUU también ha intervenido determinando los regímenes políticos en América Latina. Y siguiendo esa larga tradición Trump, en octubre pasado, apoyó al presidente Javier Milei vía extorsión a los argentinos: si Milei no ganaba las elecciones, Trump procedería a no ayudar con 20.000 millones de dólares a las exangües arcas argentinas y además entorpecería la concesión de créditos que Argentina solicitara en los mercados internacionales. La extorsión funcionó, y Milei ganó las elecciones.
Trump apoyó a José Antonio Kast, el ultraderechista vencedor de los últimos comicios en Chile y admirador declarado de Augusto Pinochet. Y ganó Kast. A la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, no afín a Trump, la amenazó con que las remesas que envían los inmigrantes no llegarían al mes siguiente, si el candidato al que él apoyaba (Nasry Asfura) no ganaba las elecciones. Contra todo pronóstico, hubo un vuelco electoral y efectivamente Nasry Asfura, su candidato, ganó el proceso electoral.
Desde la guerra de Irak, parecía que la injerencia y la invasión militar de un país por otro, pertenecían al pasado. Putin en 2022, nos recordó con la brutalidad que lo caracteriza que no era así
Desde la guerra de Irak, parecía que la injerencia y la invasión militar de un país por otro, pertenecían al pasado. Putin en 2022, nos recordó con la brutalidad que lo caracteriza que no era así. Pero además, la era Trump lo ha cambiado todo y ha normalizado la intromisión inadmisible de los EEUU en los asuntos internos de otros países. Y ahora hemos podido comprobar que es muy capaz de utilizar la fuerza para deponer gobiernos. Lo acaba de hacer en Venezuela, y amenaza al colombiano Gustavo Petro y al cubano Luis Díaz-Canel con correr la misma suerte que Nicolás Maduro.
La coreografía indignante y humillante a la que ha sido sometido Maduro desde que ha sido secuestrado en su propio país, parecía inconcebible en el mundo del siglo XXI: esposado y aislado sensorialmente, da grima verlo bajar, torpemente y ayudado, las escaleras del avión. Esa exhibición de Maduro, maniatado, con los ojos tapados y los oídos cubiertos, constituye una grave vulneración de sus derechos humanos más elementales, incompatible con cualquier estándar mínimo de legalidad y dignidad. Por extraño que les pueda resultar a algunos, Maduro tiene derechos.
Su esposa no ha sido sometida (o no se ha visto) a ese escarnio público pero lo cierto es que también ha sido secuestrada y en una farsa, le imputan los mismos cargos que a Maduro: narcotráfico y narcoterrorismo.
Venezuela, donde las elecciones fueron fraudulentas, lleva sufriendo mucho tiempo un régimen donde se han violado sistemáticamente los derechos humanos. Pero la restitución del mandatario venezolano a su país, debería hacerse ya para, a continuación, celebrar elecciones libres y democráticas bajo la supervisión de la comunidad internacional.
La remoción del mandatario venezolano y la asunción de la gestión del país por parte del gobierno de Estados Unidos implican una vuelta ignominiosa al unilateralismo, al imperio de la fuerza, la violencia y los intereses del más poderoso. En definitiva, se trata de un retorno al status quo previo a la Segunda Guerra Mundial.
En absoluto es la restauración de una democracia en Venezuela lo que ha llevado a EEUU a deponer a Nicolás Maduro. Trump de hecho, desprecia la democracia cuando le conviene. Envió una muchedumbre enloquecida contra el Capitolio cuando Biden ganó las elecciones
En absoluto es la restauración de una democracia en Venezuela lo que ha llevado a EEUU a deponer a Nicolás Maduro. Trump de hecho, desprecia la democracia cuando le conviene. Envió una muchedumbre enloquecida contra el Capitolio cuando Biden ganó las elecciones. Y en uno de sus innumerables gestos groseros (este sin precedentes) no asistió a la toma de posesión de Biden. Por lo tanto, de restaurar la democracia nada, y ha dejado claro que permanecerán dirigiendo Venezuela tanto como estimen oportuno, es decir, tanto como les interese.
La “Trampa de Tucídides” dice que cuando una potencia hegemónica (el hegemón) observa el ascenso y la emergencia de otra potencia, ese hegemón suele declarar la guerra a la potencia emergente. Le pasó a Atenas con Esparta. Y de 16 escenarios históricos entre potencias hegemónicas desde el siglo XVI (16 trampas de Tucídides) 12 acabaron en guerra.
EEUU quiere evitar a toda costa que China tenga acceso al crudo venezolano. Eso le facilitaría a China penetrar aún más en América Latina, y EEUU lleva, probablemente con razón, tiempo recelando del aumento espectacular de poder e influencia de China en la geopolítica mundial. Estamos ante una nueva “Trampa de Tucídides”.
Un periodista español experto en EEUU, Argemino Barro, lo ha dicho de una manera lúcida y cruel: “el mundo ya no es el que hasta hace poco fue. Y aquel mundo que fue no va a volver. Preparémonos para esta nueva realidad”.
Otra reflexión realista y amarga ha venido de Josep Borrell: “si EEUU unilateralmente decidiera anexionarse Groenlandia, Europa podría hacer muy poco”. Nos toca vivir un mundo feo y hostil. Fue Hobbes y más tarde Freud, los que citando a Plauto dijeron que “homo, hominis lupus”. Pero es verdad que se siguió escribiendo poesía después y a pesar de Auschwitz.



















