Los parques eólicos de Granada cada vez generan menos electricidad, pero se siguen autorizando y construyendo más

Cuando uno circula por la A-44 en dirección a la costa, a la altura del Valle de Lecrín, o bien por la A-92 a su paso por Huéneja, cada vez es más frecuente ver molinos eólicos parados, aunque haga viento, junto a otros en funcionamiento. A veces los aerogeneradores se paran por labores de mantenimiento u otros motivos técnicos. Pero lo cierto es que los parques eólicos de Granada -y también sucede en otras zonas de España- cada vez están menos horas funcionando, cada vez generan menos electricidad. Y, pese a ello, se siguen autorizando nuevas instalaciones, la mayoría con declaraciones de utilidad pública que conllevan centenares de expropiaciones.
Los datos muestran con claridad la caída de generación eléctrica de los parques eólicos de Granada, como muestra el siguiente gráfico:
Fuente: Agencia Andaluza de la Energía
La veintena de parques eólicos instalados en la provincia de Granada alcanzaron su máximo de producción en 2016, con 883,2 GWh (gigavatios/hora). Entre 2016 y 2021 generaron cada año por encima de los 800 GWh, pero la producción cayó a 740 GWh en 2022, y de ahí a 672,2 GWh en 2023 y 664,7 GWh en 2024, último año con datos disponibles en la Agencia Andaluza de la Energía. Es decir, en los últimos cinco años la aportación de electricidad de los molinos eólicos de Granada ha caído un 23%.
Y no es que el parque de aerogenadores de la provincia haya menguado en esos años y por eso generen menos luz. Granada lleva más de diez años con prácticamente la misma potencia eólica instalada, incluso con un ligero crecimiento, como se puede ver en este gráfico:
Fuente: Agencia Andaluza de la Energía
La potencia instalada ha aumentado ligeramente de los 399,8 megavatios (MW) de hace diez años a los 407,2 de los últimos cuatro años, en que no ha variado. Pero esos megavatios cada vez generan menos electricidad.
Los 407,2 MW de potencia instada indican el máximo de capacidad teórica de los parques. Si esos molinos funcionaran permanentemente, las 24 horas del día (algo imposible, obviamente, porque no siempre hay viento), generarían 3.567 GWH de electricidad (407,2 MW x 8.760 horas que tiene un año), más que todo el consumo eléctrico anual de la provincia, que ronda los 3.200 GWh.
Los molinos eólicos tienen un factor de carga (porcentaje de horas de funcionamiento sobre el máximo teórico) de entre el 20% y el 25%, según los datos de los últimos años en España, con tendencia a la baja.
En Granada alcanzaron un rendimiento máximo del 25,2% en 2016, y desde entonces ha ido cayendo paulatinamente. En 2019 el factor de carga fue del 24,5%, en 2022 bajó al 20,7%, al 18,8% en 2023 y al 18,6% en 2024, último año con datos. Es decir, funcionaron solo el 18,6% de las horas de ese año. En cinco años se ha reducido en siete puntos el rendimiento.
En el conjunto de España la situación es aún peor, porque el factor de carga ha caído incluso con un gran aumento de la potencia instalada. Ha pasado del 23,5% de horas funcionando en 2022 al 20,4% en 2025, y en esos años la potencia instalada ha crecido de 29,7 GW a 32,8 GW. Es decir, en los últimos años se han instalado varios centenares de molinos eólicos que no han aportado nada de electricidad, porque la generación eólica se ha reducido de 61.100 GWh a 58,5 GWh pese al aumento de potencia instalada.
No hay demanda para tanta electricidad
¿Y por qué esos molinos están parados cada vez más horas? Simplemente, no hay demanda eléctrica suficiente.
España tiene un sistema de generación eléctrica sobredimensionado, con muchísima más potencia eléctrica instalada para su consumo real de electricidad, que incluso se ha ido reduciendo desde 2008, como ha pasado también Granada. En todo el país hay unos 130 GW de potencia eléctrica instalada para un consumo medio de 29 GW, con picos de unos 40 GW en periodos de mucho frío o calor.
La apuesta del Ministerio de Transición Ecológica (Miteco), secundada con fervor por las comunidades autónomas, ha sido la de un despliegue 'a saco' y sin control de energías renovables con un modelo industrial de macroinstalaciones fotovolticas y eólicas, en la creencia de que ese aumento de electricidad disponible serviría -o servirá- para electrificar la economía y reducir la dependencia de los combustibles fósiles (petróleo y gas).
Pero la realidad es que la demanda no ha aumentado. El coche eléctrico es todavía irrelevante, la 'industria del hidrógeno' no es rentable ni eficiente y lo único que está en auge es la burbuja de los centros de datos, de dudosa utilidad pública y costes ocultos, como el excesivo consumo de agua y de otros materiales cada vez más escasos.
En lugar de planificar un despliegue renovable basado en el autoconsumo, con instalaciones locales bien dimensionadas y pegadas a donde está la demanda, se ha optado por un sistema diseñado a la medida del oligopolio eléctrico, con invasión de zonas rurales donde no hay demanda y destrozo de ecosistemas y áreas de montaña, por laxos controles ambientales que no tienen en cuenta la acumulación y saturación de instalaciones.
Un modelo que, pese a demostrar su fracaso como vía de transición energética y con una dudosa rentabilidad que probablemente lleve a la quiebra de muchas empresas y al posterior rescate con dinero público, sigue adelante.
En Granada, tras el gran incremento de los macroparques fotovoltaicos de los últimos años, le toca el turno a los polígonos eólicos, y desde hace un par de años se están autorizando buena parte de los numerosos parque proyectados, algunos ya construidos o en ejecución, y la mayoría con declaraciones de utilidad pública, para allanar el camino a las empresas promotoras, lo que está permiendo centenares de expropiaciones.
Los nuevos polígonos eólicos se están levantando en el entorno del Valle de Lecrín, una zona ya saturada de aerogeneradores, y especialmente en el Altiplano granadino.
En el término de Villamena ya se pueden ver los cinco grandes molinos del parque Barranco del Agua I, que coronan un cerro previamete aplanado junto a la A-44. A ellos se suman al menos otra quincena de aerogeneradores repartidos en varios parques por Albuñuelas, Escúzar, Los Guájares y otras localidades de la zona del Valle de Lecrín.
Aunque el grueso de instalaciones se localizan en la comarca de Baza: de Zújar a Cúllar, Caniles y Baza. Allí se han autorizado recientemente, y declarado de utilidad pública o en tramitación para ello, media docena de parques (Carricondo, Blanco, Melguizas, Llanos del Cuquillo, Tramposos...) que suman al menos 35 molinos más.
En total, más de medio centenar de molinos ya autorizados, con cerca de 300 MW de potencia eléctrica, para generar una electricidad sin uso y aumentar el despilfarro energético y de materiales.






















































