41 años de la Escuela Andaluza de Salud Pública: celebrar la historia, recuperar la ambición

Un aniversario para mirar con perspectiva
El pasado 19 de julio la Escuela Andaluza de Salud Pública cumplió 41 años. Un aniversario que merece celebrarse, pero que también invita a detenernos unos minutos para reflexionar sobre lo que hemos sido, lo que somos y, sobre todo, lo que queremos llegar a ser.
He aprendido de profesionales excepcionales y he comprobado cómo una institución pública podía convertirse en un referente nacional e internacional cuando existían autonomía, confianza y una visión compartida
Hace casi 37 años tuve la suerte de incorporarme a esta casa. Desde entonces, la Escuela ha marcado buena parte de mi trayectoria profesional y personal. He visto crecer proyectos, equipos y personas. He aprendido de profesionales excepcionales y he comprobado cómo una institución pública podía convertirse en un referente nacional e internacional cuando existían autonomía, confianza y una visión compartida.
Todo lo que hemos construido
La historia de la Escuela está llena de motivos para el orgullo.
Durante estas cuatro décadas hemos contribuido a transformar la formación de los profesionales sanitarios, impulsando una forma de aprender basada en la participación, la innovación y la práctica
Durante estas cuatro décadas hemos contribuido a transformar la formación de los profesionales sanitarios, impulsando una forma de aprender basada en la participación, la innovación y la práctica.
Hemos desarrollado investigación útil para orientar políticas públicas y mejorar la gestión sanitaria.
Hemos acompañado a instituciones sanitarias dentro y fuera de Andalucía.
Hemos promovido la participación ciudadana, el trabajo con asociaciones de pacientes y pacientes, la cooperación internacional y la salud pública como herramienta de transformación social.
Nada de ello habría sido posible sin el compromiso de cientos de trabajadores y trabajadoras que han hecho de la Escuela mucho más que un centro de formación
Nada de ello habría sido posible sin el compromiso de cientos de trabajadores y trabajadoras que han hecho de la Escuela mucho más que un centro de formación.
También hemos perdido oportunidades
Pero celebrar un aniversario también significa ser honestos. No todo depende de quienes trabajamos aquí.
Se han perdido proyectos estratégicos, se han limitado iniciativas, se ha debilitado la capacidad de liderazgo y, en demasiadas ocasiones, se ha instalado una incertidumbre que nunca favorece el talento
Durante estos años hemos visto cómo determinadas decisiones políticas han ido reduciendo progresivamente el margen de actuación de la Escuela. Se han perdido proyectos estratégicos, se han limitado iniciativas, se ha debilitado la capacidad de liderazgo y, en demasiadas ocasiones, se ha instalado una incertidumbre que nunca favorece el talento.
Muchos profesionales excelentes han terminado marchándose. Otros han seguido sosteniendo la institución con enorme esfuerzo, incluso cuando las circunstancias no acompañaban.
La Escuela ha dejado de ocupar espacios donde antes era una referencia indiscutible. Y no porque hubiera perdido capacidad, sino porque, en demasiadas ocasiones, no se le permitió desarrollar todo su potencial.
La Escuela que conocí ya no existe
Sería ingenuo pensar que podemos volver exactamente a la Escuela de hace 37 años.
Pero sí podemos recuperar aquello que hizo diferente a esta institución: su capacidad para adelantarse a los problemas, generar pensamiento crítico, innovar, asumir riesgos, trabajar de forma interdisciplinar y situar siempre a las personas en el centro
Ha cambiado la sociedad, ha cambiado el sistema sanitario, ha cambiado la salud pública y también hemos cambiado quienes trabajamos en ella.
La nostalgia nunca puede ser un proyecto de futuro.
Pero sí podemos recuperar aquello que hizo diferente a esta institución: su capacidad para adelantarse a los problemas, generar pensamiento crítico, innovar, asumir riesgos, trabajar de forma interdisciplinar y situar siempre a las personas en el centro.
La Escuela que me gustaría construir
Me gustaría una Escuela que volviera a liderar los grandes debates sobre salud pública, gestión sanitaria, innovación y políticas de salud.
Una Escuela con autonomía suficiente para aportar conocimiento independiente y riguroso.
Una Escuela que fuera capaz de atraer y retener talento.
Una Escuela capaz de responder a retos como el envejecimiento, las desigualdades en salud, la salud mental, el cambio climático, la inteligencia artificial, la participación ciudadana o la evaluación de las políticas públicas
Una Escuela donde convivieran la experiencia de quienes llevan décadas trabajando con la creatividad de las nuevas generaciones.
Una Escuela que siguiera investigando, formando, evaluando e innovando sin renunciar nunca al pensamiento crítico.
Una Escuela capaz de responder a retos como el envejecimiento, las desigualdades en salud, la salud mental, el cambio climático, la inteligencia artificial, la participación ciudadana o la evaluación de las políticas públicas.
Las personas siguen siendo lo más importante
Si algo permanece intacto después de estos 41 años es el enorme valor de quienes trabajamos en esta institución.
Las organizaciones no son únicamente sus estatutos, sus presupuestos o sus organigramas. Son las personas que cada día sostenemos los proyectos, acompañamos a compañeros, buscamos soluciones, generamos conocimiento y mantenemos viva una forma de entender el servicio público
Ese compromiso ha permitido que la Escuela siga siendo una institución respetada incluso en los momentos más difíciles.
Recuperar la ilusión
El mejor homenaje que podemos hacer a quienes fundaron la Escuela (a Patxi Catalá y Pablo Recio, entre otros) y a quienes la hemos construido durante más de cuatro décadas no consiste únicamente en recordar el pasado. Consiste en volver a creer en ella.
Recuperar la ilusión, la ambición y la confianza en una institución que ha demostrado durante 41 años que puede ser mucho más que un centro de formación: un espacio de pensamiento, de innovación, de encuentro y de transformación.
Porque sigo convencido de que la Escuela Andaluza de Salud Pública continúa siendo necesaria. Y porque, aunque ya no sea exactamente la Escuela que conocí hace 37 años, sigue siendo una institución por la que merece la pena trabajar, colaborar y permanecer cerca.
Sigamos construyendo, entre todos y todas, la Escuela que Andalucía, España, el mundo y la salud pública necesita.































