Vota a María Jesús Montero
DESMANES AL BORDE DE LA ALHAMBRA (I)

El olvido de Fuentepeña, el rincón más pintado y fotografiado de Granada

Cultura - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 19 de Abril de 2026
En este magnífico reportaje, Gabriel Pozo Felguera recorre la historia del que también se conoce como Cuesta de los Chinos, un lugar emblemático que fue inmortalizado por pintores y fotógrafos, con pasajes poco conocidos, y abundantes imágenes, que te sorprenderán, y detalla aquel proyecto de recuperación del camino primitivo, con todos los permisos concedidos, cuyas obras están paralizadas. Por el mejor cronista de Granada.
Cuesta de los muertos dibujada por Lewis en 1833. Se ve el barranco de Fuentepeña intacto, con su acueducto, los tres molinos y el riachuelo descendiendo en cascadas hacia el Darro.
Cuesta de los muertos dibujada por Lewis en 1833. Se ve el barranco de Fuentepeña intacto, con su acueducto, los tres molinos y el riachuelo descendiendo en cascadas hacia el Darro.
  • Sus tres molinos hidráulicos, las cascadas, el acueducto y el carmen del Granadillo fueron enterrados por varios metros de escombros en los años sesenta

  • Hace diez años se empezó a trabajar en la recuperación de ese romántico rincón, pero el proyecto está paralizado; el solar es un acopiadero de materiales

Fuentepeña (o Fuente Peña) es un término completamente inusual y desconocido en el lenguaje actual de los granadinos. A partir de principios del XIX fue progresivamente sustituido por Cuesta del Rey Chico, de los Molinos, de los Muertos o de los Chinos. Es el abrupto barranco que separa, y une, la ciudadela de la Alhambra con las huertas del Generalife. Lo recorre la cascada del agua sobrante de los riegos y escorrentías de lluvias. Uno de los lugares con más encanto y plasticidad de Granada. La parte baja de su hendidura, la más cercana al Darro, estuvo preñada de molinos hidráulicos, cármenes de recreo y feraces huertas. Hasta que en los años cincuenta dejó de utilizarse la fuerza motriz de la acequia Romayla. A los gestores de la Alhambra se les ocurrió ir comprando los edificios aledaños a la cerca del bosque para demolerlos. Entubaron la parte baja de las cascadas y rellenaron el valle con varios metros de escombros para hacer un aparcamiento. Sólo sobrevivieron el carmen del Rey Chico y el Hotel Reúma. Precisamente los de menor valor histórico y artístico. Hace diez años que el director del Patronato encargó un proyecto para recuperar el que fue lugar más pintado y fotografiado por artistas del XIX y principios del XX. La idea incluye la imitación del camino primitivo, el de los muertos, con la reconstrucción del puente desaparecido; se devolvería el trazado original para paseo turístico. Están todas las licencias concedidas y la obra no empieza nunca. El lugar está convertido en un feo acopiadero de materiales y duerme el suelo de los injustos.

La huerta de Fuentepeña es la más alta de las tres en que se dividen las paratas del Generalife: Fuentepeña, Grande y Mecería o Colorada

La palabra Fuentepeña aparece ya en los primeros documentos castellanos de principios del XVI para referirse a un nacimiento de agua y a una huerta. Probablemente se castellanizó a partir de un término árabe que desconocemos. Era eso, una surgencia de agua en las huertas del Generalife, seguramente como consecuencia de filtraciones del complejo sistema de acequias, albercones y partidores que jalonan esta ladera de cultivo, antes de entrar a la ciudadela alhambreña a través del arco del agua, detrás del que fue postigo de los Carneros. La huerta de Fuentepeña es la más alta de las tres en que se dividen las paratas del Generalife: Fuentepeña, Grande y Mecería o Colorada. En la de Fuentepeña existe un arca de decantación moderna, levantada sobre otra de origen nazarí. Es la que ya dirige el agua decantada hacia el arco modernizado en 1701.

Plano de las huertas del Generalife. La más alta se llama Fuente Peña y tiene el manantial que da nombre a la zona y al barranco.
Plano explicativo de la ruta histórica y los principales edificios que tenía.

Vuelve a aflorar en su tercer tramo formando una cascada en el muro de acceso a la puerta del Bosque. Siempre estuvo libre, formando varios saltos, hasta desembocar en el Darro

El pago de Fuentepeña se corresponde en la actualidad con la zona de taquillas y acceso al monumento y abarca todo el perímetro donde fue levantado el teatro del Generalife en los años cincuenta. Más o menos hasta la perpendicular de la torre de las Infantas. La surgencia de aguas dio origen al pilar de Fuentepeña (detrás de las casas moriscas, también llamadas carmen de Fuentepeña). A partir de ahí, las aguas que discurren por derrames de las huertas y las sobrantes del desaguadero de la muralla se dejan caer por el Barranco de Fuentepeña. Este arroyuelo se puede dividir en varios tramos: el primero, descubierto, va a lado de la muralla, junto al fresco camino, para volver a entrar de nuevo en el recinto bajo la puerta de Hierro y torre de los Picos (zona llamada Bibalfache de los musulmanes). Vuelve a aflorar en su tercer tramo formando una cascada en el muro de acceso a la puerta del Bosque. Siempre estuvo libre, formando varios saltos, hasta desembocar en el Darro. Pero a partir de los años sesenta fue entubada en hormigón de un metro de diámetro.

Zona de molinos y frescos cármenes

La hondonada que forma la parte baja del barranco de Fuentepeña estuvo ocupada ya desde tiempos nazaritas por una serie de molinos harineros. Está delimitada por el enorme talud de la huerta del Generalife y por la cerca del bosque de la Alhambra. Así aparece ya en los primeros grabados del siglo XVI. Por la parte noreste, a media ladera, le entraba lateralmente el agua procedente de la acequia Romayla. Mientras que la fuerza de la cascada no era aprovechada, el agua de la acequia era canalizada mediante un acueducto de madera hasta una torreta de reparto levantada en el centro del barranco. Esa torre en forma de castillete debió estar coronada por una alberca; de ella salen todavía tres grandes tubos verticales que se dirigían hacia los rodeznos de otros tantos molinos en sus inmediaciones.

Eran perfectamente conocidos por la memoria de los mayores y por las abundantes fotografías que nos han quedado. Su desaparición es relativamente reciente

En la zona hubo desde tiempo inmemorial una importantísima actividad molinera aprovechando la fuerza de Romayla. El molino-vivienda más alto estaba pegado a la columna de distribución del agua; más abajo, linderos con el esquinazo de la cerca y su gran contrafuerte, hubo otros dos molinos más. El sistema de distribución de canalizaciones de agua y los cimientos de estos tres molinos fueron desenterrados en las excavaciones arqueológicas de hace una década. De todas formas, eran perfectamente conocidos por la memoria de los mayores y por las abundantes fotografías que nos han quedado. Su desaparición es relativamente reciente.

Más abajo, de manera paralela a la margen izquierda del Darro se situaban varios cármenes y huertas

Más abajo, de manera paralela a la margen izquierda del Darro se situaban varios cármenes y huertas. Empezando de arriba abajo estuvieron el del Rey Chico, su huerta y los Aljibillos anejos, unos depósitos para regar esa huerta, en lo que son las inmediaciones del Puente del Aljibillo. Mediante un puente de tabla o unas losas sobre el cauce se saltaba el arroyo hasta el Carmen del Granadillo, que hacía esquina en la desembocadura del barranco. Más abajo le seguían el Carmen de Santa Engracia y el de las Chirimías. Finalmente, en la placeta que formaba la entrada al Puente de las Chirimías, a la derecha existían otros dos cármenes sobre la plataforma que ocupó en el siglo XVI el molino de pólvoras (destruido por una explosión en 1590). El agua de la acequia de Santa Ana atravesaba el Tajo de San Pedro mediante otro acueducto de tabla, también convertido en obra a finales del XVIII.

A toda esta ribera se accedía a través de los puentes de las Chirimías (también llamado de las Cornetas) y del Aljibillo

A toda esta ribera se accedía a través de los puentes de las Chirimías (también llamado de las Cornetas) y del Aljibillo. Aunque el primero no aparece dibujado en la Plataforma de Vico de 1611 se atestigua ya su existencia en época musulmana (fue destruido por una riada en 1881 y reconstruido al año siguiente).

En la época de la Ilustración, concretamente en 1788, la canalización de tablas que conducía el agua desde Romayla hasta la torre de distribución de los molinos fue sustituida por el acueducto de ladrillo, de gran altura y con cuatro arcos de medio punto. Se cree que al principio era un canal abierto, más tarde el agua fue entubada mediante un sistema de atanores de grueso calibre. Es como se conserva en la actualidad.

El paseo de los cármenes del Darro era la subida más directa hacia el Generalife y los campos de labranza de esa parte. Incluso tuvo un fielato que controlaba la entrada y salida de mercancías que llegaban por ahí

El paseo de los cármenes del Darro era la subida más directa hacia el Generalife y los campos de labranza de esa parte. Incluso tuvo un fielato que controlaba la entrada y salida de mercancías que llegaban por ahí. Empezaba en el Puente de las Chirimías, discurría pegado el río por delante de los dos primeros cármenes, pasaba detrás del carmen del Granadillo, se dejaba a la derecha los dos primeros molinos y trepaba la cuesta por Fuentepeña arriba. Iba bordeando la cerca en forma de semicírculo hasta debajo de la puerta del Bosque. Aquí existía un puente de piedra, con arco de medio punto y muy similar a los de Cabrera y Espinosa que saltaba la cascada pegado a la cerca y nos elevaba hasta lo que hoy es el empedrado de los Chinos. Este puente de unos ocho metros de vano colapsó en agosto de 1855.

En estas dos versiones de David Roberts (1833) se ve en primer término el puente con pretil de piedra que unía la puerta del Bosque, el barranco y la cuesta del Rey Chico.

Paisaje romántico, pintoresco y “de los muertos”

Este camino tan habitual fue siempre el más directo para comunicar el populoso barrio del Albayzín con los olivares, zonas de leña y pastoreo de las dehesas del Generalife y campos de los Mártires y Alixares. Incluso para acortar hacia las laderas del Cerro del Sol. Pero adquirió especial relevancia cuando hacia 1820-25 ya quedó institucionalizado el pago de las Barreras como único camposanto de la ciudad. Todavía tardarían varios años en desaparecer los demás cementerios surgidos a principios del XIX en el extrarradio y los asociados a las iglesias, pero ya iba cobrando forma el cementerio de San José.

Todos los difuntos de Granada eran despedidos con un responso en la Plaza de Santa Ana

Todos los difuntos de Granada eran despedidos con un responso en la Plaza de Santa Ana. Desde aquí, los que iban en carroza enfilaban la empinada cuesta de Gomérez; la mayoría, a pie, escogían la Carrera del Darro, cruzaban por las Chirimías y subían por el barranco de Fuentepeña. A partir de esos años fue cuando a este recorrido empezó a llamársele Cuesta de los Muertos.

Plano de Contreras (1855) para abrir el nuevo acceso por cuesta de los Chinos (A) partiendo el carmen del Rey Chico. Marcaba con G el puente ruinoso que coronaba el camino de los Muertos por el barranco de Fuentepeña.

Pero llegó un momento en que se consideró que había que suavizar un poco la cuesta y, sobre todo, porque el puente de Fuentepeña amenazaba ruina

Pero llegó un momento en que se consideró que había que suavizar un poco la cuesta y, sobre todo, porque el puente de Fuentepeña amenazaba ruina. Estábamos ya en 1854 y el Ayuntamiento encargó un proyecto al arquitecto José Contreras; se empezó por hacer el camino en la parte alta, con proyecto del arquitecto Antonio López León, ejecutado por los contratistas José Díaz y Juan de Ágreda. A poder ser, que también se pudiera utilizar por los coches de caballos. El arquitecto de la Alhambra abrió un nuevo camino que empezaba en el puente del Aljibillo. Desde aquí pasaba por detrás del carmen del Rey Chico y empezaba a trepar suavemente. A la altura de los aljibillos (hoy incorporados en el edificio moderno del Rey Chico), giraba hacia la izquierda y subía pegado al borde del barranco Fuentepeña buscando la esquina de la cerca. Había nacido la Cuesta del Rey Chico. Con el tiempo y debido a la abundancia de chinarros y de piedras sueltas, la gente la llamó Cuesta de los Chinos.

El nuevo acceso alargó un poco el recorrido, lo suavizó ligeramente, pero el antiguo continuó siendo utilizado hasta que poco después se desplomó el puente y la zona quedó como un fondo de saco. A lo sumo, se podía acceder por ahí a los molinos y a la puerta del Bosque.

El pintoresquismo era tan acentuado que llamó la atención a los primeros artistas que visitaron Granada en el siglo XVI

El pintoresquismo era tan acentuado que llamó la atención a los primeros artistas que visitaron Granada en el siglo XVI. Los molinos, las cascadas del riachuelo, la vegetación tan exuberante y los personajes que lo recorrían fueron ya plasmados en los grabados que hizo Hoefnagel en 1564. Se ve el gran barranco que actuaba como foso natural de la ciudadela; el muro del bosque e incluso un ciervo pastando dentro. Pocos años más tarde fue Antón Van den Windegaerde (1567) el que dibujó la ciudad con todo detalle en una inmensa panorámica. Aparece un molino con el acueducto de madera, incluso le puso la palabra “molino”; también dibujó el chaflán del muro de contención del bosque y personas transitando. Juan de Sabis pintó un óleo en 1636 que representa la vida y el paisaje del Paseo de los Tristes, los cármenes del Darro y la desembocadura del barranco de Fuentepeña; se ven a la derecha los muros de contención del carmen del Granadillo con sus huertas y emparrado de cañas, a la izquierda los corrales del carmen del Rey Chico y al fondo los molinos y el acueducto; presiden la escena las torres de la Alhambra en las alturas.

Esta ampliación del dibujo de Windegaerde es la segunda imagen más antigua que existe del barranco de Fuentepeña.
En esta pintura de Sabis (1636) representó un animado Paseo de los Tristes, con la fuente pegada al pretil del río. El centro lo ocupa el carmen del Granadinillo y sus emparrados. A la izquierda se ve el puente del Aljibillo y una carroza delante; el puente de las Chirimías parece una pasarela de madera. Se ven los tres molinos Fuentepeña arriba. El carmen de los Chapiteles está muy desplazado de su lugar.
Richard Twis exageró el arroyo de agua que sale de los muros de la Alhambra. Se ve desembocar entre la tapia del huerto del carmen del Rey Chico y el carmen del Granadillo. No se ve abierto todavía (1775) el camino de la Cuesta de los Chinos.

La planimetría del XVIII dibujó (José de Hermosilla, 1770) con toda precisión esta zona del barranco, las cuestas, los molinos y los cármenes (no consta el carmen del Rey Chico). Algo muy similar hicieron Franscisco Dalmáu con su plataforma de 1796 y los franceses con su plano de 1811. En ambos planos todavía no figura abierto el acceso por la Cuesta de los Chinos, el único que existía era el camino de los Molinos o del Rey Chico (llamado así porque por ahí huyó Boabdil en la sublevación contra su padre).

Dibujó una tupida arboleda que la partía un caudaloso riachuelo a base de cascadas que salían de un arco por la muralla de la Alhambra

Por finales del XVIII, en 1775, estuvo en Granada el dibujante Richard Twis y le llamó la atención la plasticidad del valle del Darro. Dibujó una tupida arboleda que la partía un caudaloso riachuelo a base de cascadas que salían de un arco por la muralla de la Alhambra.  La panorámica abarca la ribera desde el carmen de los Chapiteles hasta pasado el Tajo de San Pedro.

Agustín Laborde y Dutailly (1812) publicaron dos láminas del acueducto y el primer molino situándose justo al lado de la primera cascada. Se ve al fondo el barrio del Albayzín. En una de las versiones añadió personajes típicos de la época en actitud de jolgorio. Este dibujo da una idea de lo quebrado que era el terreno, el acueducto en forma torcida y las cascadas que tenía el arroyo hasta desembocar en el Darro. También existen otras panorámicas del acueducto y la casa de la esquina que se encarama en la cuesta del Rey Chico.

Aunque fue David Roberts quien imprimió el mayor gusto romántico a varias escenas del barranco de Fuentepeña

Aunque fue David Roberts quien imprimió el mayor gusto romántico a varias escenas del barranco de Fuentepeña, ladera de la Alhambra y el bosque (1832-3). Si bien interpretado desde su óptica romántica que lo exageraba todo un poco. Se aprecia el puente, con su pretil de piedra, que unía la Cuesta del Rey Chico con la escalinata hacia la puerta renacentista del bosque; una serie de personajes transitando, arrieros subiendo por el bosque (se olvidó de dibujar la cerca baja).

La imagen más icónica de la zona: el puente en primer plano, la escalinata hasta la puerta del Bosque, los tejados de los molinos, parte del acueducto y la torre de reparto de agua… y unas bucólicas torres de la Alhambra en lo más alto.

En 1854 llegaron los primeros fotógrafos y no pudieron ser menos. Charles Clifford hizo las fotos más antiguas de este lugar. Son el certificado notarial más exacto de cómo era el paraje a mediados del siglo XIX. Retrató todos los edificios hoy desaparecidos. Se ve un deteriorado carmen del Granadillo en primer término; detrás, el molino número 3 con varias piedras molineras clavadas en el patio, bajo una parra. Toda la escena cobijándose bajo el murallón y el contrafuerte achaflanado de ladrillo del bosque cubierto de yedra (Este chaflán y parte del muro fueron reconstruidos después del deslizamiento de la muralla del Partal, en 1831).

También por esos años fotografiaron los molinos del barranco James Valentine y Manuel Gómez-Moreno

Luego le siguieron el sueco Carl Curman (1879), un médico que inmortalizó la zona desde el puente del Aljibillo y también el barranco de Fuentepeña desde la esquina de la muralla en la cuesta de los Chinos. En 1885 tenemos una curiosa instantánea de José García Ayola que se centra en el carmen del Granadillo y el cauce del Darro. Es la que tiene un chozo en la esquina baja (el único cimiento que existe de esta construcción). También por esos años fotografiaron los molinos del barranco James Valentine y Manuel Gómez-Moreno.

Hubieron de habilitarse los escalones empedrados (en 1866) para facilitar el acceso peatonal por los Chinos ya que la Alhambra nunca permitió que el camino zigzagueara dentro del bosque, acercándose a la torre de los Picos

Me he saltado el orden cronológico y dejado para el final el curiosísimo grabado e interpretación de este espacio que hizo el dibujante J. F. Lewis (1832-33). Lo tituló la Alhambra desde la alameda del Darro. Aunque contemporáneo del romántico Lewis, en este caso es un poco más fiel y explícito con la panorámica que se abría ante sus ojos. Con un fondo de las torres tejadas de la Alhambra, representa el momento en que empieza a ascender la comitiva de un entierro por el barranco, por el Camino de los Muertos. Se encuentra llegando al estrecho que formaban el molino número 3 y la trasera del molino número 1, que ocupa el lugar central de la composición. A la izquierda aparecen dos de los arcos del acueducto, dando la sensación de un profundísimo barranco por el que discurre el agua. Por debajo del acueducto se ve a un arriero que precede a la comitiva del difunto y se encamina a atravesar el puente hasta la cuesta del Rey Chico. Este fue el recorrido habitual de los entierros desde que se abrió el cementerio de San José hasta que en octubre 1855 se hizo el nuevo acceso por la otra ladera; dejó de existir a partir de agosto, cuando se hundió el puente del fondo. Hubieron de habilitarse los escalones empedrados (en 1866) para facilitar el acceso peatonal por los Chinos ya que la Alhambra nunca permitió que el camino zigzagueara dentro del bosque, acercándose a la torre de los Picos.
Apunte de Dutailly del acueducto, de abajo a arriba. Se ve la casa-molino que había en la curva que hoy forma la Cuesta de los Chinos, antes de que el agua de Romayla entrara a los tres molinos del barranco.
Una segunda toma de Dutailly, esta vez con el acueducto, la torre del agua y el primer molino, con el barrio del Albayzín al fondo.
En esta versión de Dutailly y Laborde añadieron unos personajes bailando junto a la torre de reparto de agua.
Lewis también hizo algunos apuntes para el definitivo de la comitiva del entierro. La perspectiva es muy similar, aunque no había colocado a la gente, sólo al fondo se ve un burro encarando la rampa del puente.
En 1860, el dibujante aficionado Miguel José Rodríguez-Acosta y Palacios hizo estos trazos del carmen del Granadillo y el molino que había por encima. COL. CARLOS SÁNCHEZ.
La secuencia de las tres fotos anteriores fue tomada por Richard Cliford en sus viajes de 1854 a 1862. Se ve en primer término el carmen del Granadillo: en la tercera se aprecia que han reformado la fachada, pintado sillares en las esquinas y abierto miradores en la planta alta. La segunda fue tomada desde la Cuesta de la Victoria, se ven los tres molinos, la puerta del Bosque y la rampa de piedra que daba acceso al puente.
Este detalle, también de Clifford, nos permite ver tres piedras del molino tercero bajo el parral y el juego de volúmenes que tenía el carmen del Granadillo (en el que vivían varias familias). El camino de los Muertos discurría entre las dos casas.
Carl Curman aparece posando en el pretil del Darro frente al Granadillo y con los molinos segundo y tercero al fondo, pegados al contrafuerte de esquina del muro. En el año 1878.
También Curman hizo esta foto desde la cuesta de los Chinos hacia el barranco. Se ven el acueducto repleto de yedra, los tres molinos, el cauce del Darro y la zona de la Carrera del Darro.
Valentine captó en 1888 el acueducto. A través de sus ojos aparecen el segundo molino y la parte trasera del carmen del Granadillo. Al fondo, la arboleda de los Tristes y el Albayzín.
Manuel Gómez-Moreno tomó esta instantánea desde abajo. Se ve a una mujer lavando ropa en el arroyo y las cascadas sucediéndose por el barranco de Fuentepeña. En la ventana del molino primero hay una espectadora. Por arriba aparecen las torres del Partal y las Damas.
Carmen del Granadillo con el chozo al lado del Darro. Al fondo se ven las huertas de Santa Engracia y de las Chirimías. Hacia 1890, tomada por Ayola. Todavía no estaba levantado el Reúma.
Alegre escena de molineros y aguadores en el barranco de Fuentepeña, finales del XIX, pintada por Isidoro Marín. CASA AJSARIS.
José Larrocha también puso su caballete para inmortalizar el lugar un día de nevada invernal, principios del siglo XX.
Otras dos versiones de Larrocha de Fuentepeña ya casi en su desembocadura en el río Darro.
Otra más de Larrocha, con el acueducto y la torre de reparto del agua forrados de yedra.
José Ortuño pintó el rincón en los años setenta, ya completamente cegado de escombros y cubierto por la maleza.
Vicente del Amo fotografió el barranco desde arriba en los años en que Fuentepeña ya estaba colmatado de escombros y la vegetación se había adueñado del lugar.

El destrozo del siglo XX

La inestabilidad del terreno en la zona de la puerta del Bosque ha provocado sucesivos hundimientos del muro. En 1915, el arquitecto Modesto Cendoya reconstruyó con técnicas tradicionales una buena parte de ese tramo. Hacia 1990 fue abierta una segunda puerta, de servicio, a base de unos inadecuados muros de hormigón. Nuevamente en 2016 hubo que renovar el tramo que cae encima del túnel de la cascada. Es el que presenta aspecto más nuevo y un tono de pintura algo diferente. En esas obras fue cuando apareció el estribo bajo del puente hundido en 1855.

Durante todo el siglo XX se sucedieron obras de contención en el muro y pretil que sujeta el acceso actual por la cuesta de los Chinos.

Comparativa de la puerta del Bosque en 1833, en 1915 y en los años treinta del siglo pasado.

Pero las mayores agresiones a la zona, o decisiones poco acertadas, ya se venían arrastrando desde la década de los años cincuenta del siglo pasado

Pero las mayores agresiones a la zona, o decisiones poco acertadas, ya se venían arrastrando desde la década de los años cincuenta del siglo pasado. Decisiones de los rectores de la Alhambra afectaron negativamente a este romántico rincón de la ladera. Se prosiguió con la teoría ─ya iniciada por Torres Balbás durante la II República─ de ir adquiriendo propiedades particulares en el borde del bosque; en principio, para evitar que proliferasen nuevas casas hacia arriba; después, para ir demoliendo las que no estuvieran avaladas por la historia. (Así se ha hecho con todas, excepto el Reúma).

Muy poco después de la guerra civil (1936-39) el carmen del Rey Chico dejó de ser una tasca de poca monta para convertirse en afamada sala de fiestas y prostíbulo encubierto de bastante éxito. Aquella actividad incrementó el tránsito de visitantes y turistas. La progresiva electrificación y llegada de la red de agua potable acabó por dejar obsoletas las actividades de los molinos movidos por la fuerza del agua. La acequia Romayla fue quedando sin uso y dejó de funcionar.

Plano de Prieto-Morerno, de 1964, donde marcaba la zona a convertir en aparcamiento para poder acceder por los Chinos. Todavía estaban en pie los tres molinos harineros.

Entonces se les ocurrió habilitar otro acceso a través de la cuesta de los Chinos

También por esos años se experimentaba un notable incremento del turismo; todo el mundo tenía que acceder al monumento a través de la Cuesta Gomérez. Entonces se les ocurrió habilitar otro acceso a través de la cuesta de los Chinos. Para ello había que preparar un aparcamiento de unas 400 plazas en la margen izquierda del Darro. Se utilizarían los terrenos bajo el carmen de los Chapiteles (el actual para residentes), la explanada del Rey Chico y se explanaría la desembocadura del barranco Fuentepeña.

El alcalde Jara y el director Revilla, en una visita a Fuentepeña a mediados de los ochenta. Se ve cómo el escombro cubría los pilares del acueducto hasta más de la mitad de su altura. AHMG

El lugar se convirtió en un vertedero de escombros de la propia Alhambra y de las zonas cercanas. El Patronato consiguió hacerse con la propiedad de los tres molinos, que redujo a escombros

El lugar se convirtió en un vertedero de escombros de la propia Alhambra y de las zonas cercanas. El Patronato consiguió hacerse con la propiedad de los tres molinos, que redujo a escombros. Entre finales de los cincuenta y principios de los setenta fue rellenado y allanado el barranco con hasta cuatro metros de vertidos. Las cascadas del riachuelo desaparecieron, dejaron su sitio a un tubo de hormigón de unos noventa metros de largo. Los cuatro arcos del acueducto quedaron empequeñecidos hasta la mitad de su altura. Menos mal que no los demolieron como pensaron en un principio, tampoco la torre de reparto de presión. Todo ese paisaje histórico desapareció, quedó sumamente degradado.

Para empeorar la situación, en la desembocadura del barranco se sucedieron otros dos acontecimientos que dieron la puntilla al paisaje histórico

Para empeorar la situación, en la desembocadura del barranco se sucedieron otros dos acontecimientos que dieron la puntilla al paisaje histórico. El primero fue el incendio del carmen del Granadillo. Aquel en que nació el erudito Marino Antequera y retratara tantas veces, junto a su maestro Larrocha. En 1966 las llamas devoraron parte de la casa. Fue adquirida por el Ayuntamiento para utilizarla como camerino de los festivales y actuaciones que tenían lugar cada primavera en el Paseo de los Tristes. Otro incendio en los alrededores en 1971 provocó su definitiva demolición. Sólo quedaron los muros de la plataforma junto al río. Hasta entonces se había pensado instalar ahí un muso de Cante Jondo o incluso cederlo como sede de la Peña la Platería. Dos iniciativas fallidas. Eso hizo que el poeta Rafael Gómez Montero le dedicara (en 1972) los siguientes versos cargados de ironía:

Paseíllo de los Tristes,

Cuestecita del Chapiz,

Donde tú me prometiste,

Lo que no ibas a cumplir.

En cuanto a la vieja sala de fiestas del Rey Chico, languidecía a finales de los ochenta. Ya había mucha competencia en otros lugares de la ciudad, más amplios y con mejores accesos en coche y para turistas. Las zambras del Sacromonte que le aportaban tránsito estaban en crisis. Se decidió demoler el viejo carmen y hacer un moderno edificio hostelero. Saltó una polémica feroz cuando se vio casi acabado. Al final hubo que comprarlo con dinero público y cambiar su destino para siempre (Eso será objeto de la segunda parte de este artículo).

Llegados los años ochenta, nada se había concretado del acceso a la Alhambra a través de la cuesta de los Chinos. Y el barranco de Fuentepeña continuaba hecho una escombrera

Llegados los años ochenta, nada se había concretado del acceso a la Alhambra a través de la cuesta de los Chinos. Y el barranco de Fuentepeña continuaba hecho una escombrera. Se puso en marcha una obra para levantar un muro de catorce metros que contuviera la ladera y permitiera ensanchar la calle un metro y medio. En abril de 1991 era abierto nuevamente este camino a través de la cuesta de los Chinos. Aunque no se llegó a levantar el peligroso empedrado ni se sustituyó por un piso más cómodo. De vez en cuando hay que cerrarlo por los desprendimientos (como ocurre en la actualidad, que lleva clausurado desde las tormentas de febrero).

El proyecto de recuperación de Fernández Manzano

Al poco de ser nombrado Reynaldo Fernández Manzano como director de la Alhambra (2015) se interesó por recuperar y dignificar en lo posible el borde izquierdo del Darro, lindero con el bosque del monumento. Montó una interesante exposición con la temática Paseo de los Cármenes del Darro. Tras la polémica del Rey Chico, la zona parecía abandonada tanto por el PERI Alhambra competente como por el PGOU de 1985, que carecía de competencias en esta zona, aunque hay terrenos de propiedad municipal. El ambicioso programa afectaría a intervenciones con el nombre genérico de Paseo Romayla; abarcaría desde la Cuesta del Rey Chico hasta conectar con Santa Ana. Sería un romántico paseo para visitantes. El primer espacio afectado y a recuperar sería la desembocadura del barranco Fuentepeña.

Proceso de sacado del cascajo, desenterramiento del tubo de hormigón y consolidación del acueducto. Año 2016, a cargo del arquitecto Carlos Sánchez.

La retirada de tierras ahondó hasta casi los cimientos de los muros del acueducto, que recuperaron la esbeltez que nos muestran los grabados antiguos

Ya en 2016 fue encargado al estudio del arquitecto Carlos Sánchez Gómez el saneamiento de los muros del bosque, la limpieza de escombros y las consiguientes excavaciones arqueológicas. La retirada de tierras ahondó hasta casi los cimientos de los muros del acueducto, que recuperaron la esbeltez que nos muestran los grabados antiguos. Se llegó hasta el entubamiento de hormigón por el que discurren las aguas desde su aprisionamiento hace setenta años. Se pudo conocer con exactitud cómo era el sistema triple de tubos verticales que contiene la torre de distribución de aguas a los rodeznos. Las excavaciones dejaron al descubierto las plantas que tenían los tres molinos (hoy protegidas con plásticos). En resumen, el solar quedó preparado para continuar la segunda fase de actuación.

Proyecto básico de Carlos Sánchez (2018), pendiente de ejecutar para recuperar Fuentepeña y hacer realidad el comienzo del Paseo Romayla entre el puente del Aljibillo y el barrio de Santa Ana. ESTUDIO C. SÁNCHEZ.

También para esa siguiente fase fue encargado el proyecto básico al estudio de Carlos Sánchez. Lo presentó en enero de 2018. Recibió todos los parabienes del Patronato de la Alhambra y de la Comisión Provincial de Patrimonio y Cultura. La única duda era si los dos puentes se harían en piedra/ladrillo y en madera para alertar de que no eran originales.

Ya solo quedaba pasar a la fase de ejecución. Entonces (2019) sobrevino el cambio político en Andalucía. El consiguiente relevo de equipos y cambios de criterios y prioridades. Los tradicionales vaivenes y sinsentidos que los cargos públicos nos obligan a soportar a los ciudadanos…

Ya solo quedaba pasar a la fase de ejecución. Entonces (2019) sobrevino el cambio político en Andalucía. El consiguiente relevo de equipos y cambios de criterios y prioridades. Los tradicionales vaivenes y sinsentidos que los cargos públicos nos obligan a soportar a los ciudadanos…

Las líneas básicas del trabajo futuro en Fuentepeña pasan por recuperar en lo posible el trazado antiguo que tenía el Camino de los Muertos, al menos en esta parte del Barranco. Conectaría con el resto de las actuaciones a partir de la zona del hotel Reúma y Tajo de San Pedro. Se trataría de habilitar el paseo bordeando la parte baja del muro del bosque; aquí se daría acceso a través de la puerta renacentista y, hacia la izquierda, habría que volver a levantar un puente para saltar a la Cuesta de los Chinos. Se reproduciría uno muy similar al de Espinosa. En la parte baja, entre la plataforma del Granadillo y explanada del Rey Chico, otro pequeño puente saltaría el barranco, hoy relleno de tierra. Por supuesto, todo el entubamiento de hormigón desaparecería y en su lugar se recuperaría el riachuelo, que iría saltando de cascada en cascada. Algo muy similar a la forma en que discurre en la parte alta donde sale del aliviadero cercano a la torre del Cabo de la Carrera.

Cuando se decida acometer esta obra, se convertirá en el acceso primitivo que tuvo el Generalife desde la Carrera del Darro

Cuando se decida acometer esta obra, se convertirá en el acceso primitivo que tuvo el Generalife desde la Carrera del Darro. Desgraciadamente, ya no se podrá resucitar el sistema de transporte de agua de la acequia Romayla ni los tres molinos que movían sus aguas. A lo sumo se habilitaría un museo al aire libre explicativo de las aceñas harineras (y de pólvora) que hubo en el lugar. También la estructura de los cármenes de labor y recreo que tanto embrujaron a los artistas que llegaban a Granada.

El barranco, visto desde el pretil de la cuesta de los Chinos. Esperando que contraten su recuperación para la visita turística y acceso histórico por Fuentepeña.

Hoy ese lugar está vallado y utilizado como acopiadero momentáneo de obras de la Alhambra. Por ahí entran los materiales para la restauración exterior del Mexuar, mediante una pista que se ha habilitado en el bosque

Hoy ese lugar está vallado y utilizado como acopiadero momentáneo de obras de la Alhambra. Por ahí entran los materiales para la restauración exterior del Mexuar, mediante una pista que se ha habilitado en el bosque. Actualmente el acceso turístico por la Cuesta de los Chinos (la de mejores vistas y frescor de todas) está cerrado por desprendimientos. En cuanto se abra, la fealdad actual del barranco en obras quedará a la vista de todos.

En su parte lindera al río, en la explanada del Rey Chico (Centro de Arte Joven) ha crecido recientemente la colonia de perroflautas que tienen el lugar como oficina de sus necesidades vitales.

Una realidad bastante alejada del paseo turístico que idearon hace unos años para unir Santa Ana con el Aljibillo y descongestionar la Carrera del Darro.

El tratamiento y mejora del material gráfico es obra de Luis Ruiz Rodríguez.