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Entrevista a Álvaro Salvador, por Pablo Carriedo Castro

Álvaro Salvador: "Los libros democratizan el saber"

Cultura - Pablo Carriedo Castro - Miércoles, 22 de Abril de 2026
Pablo Carriedo Castro entrevista a Álvaro Salvador con motivo del Pregón de la Feria del Libro de Granada.
Álvaro Salvador.
Joaquín Puga vía CAL
Álvaro Salvador.

La 44 edición de la Feria del Libro de Granada se celebra del 23 de abril al 3 de mayo, con Álvaro Salvador, poeta, ensayista y profesor universitario, como pregonero. Será este jueves, 23 de abril, a partir de las 19:30 horas, en el Patio del Ayuntamiento de Granada. 

― ¿Cómo fue su acercamiento a la lectura? Sé que es una pregunta difícil, pero ¿qué libros o autores fueron decisivos en la consolidación de su vocación literaria?

Desde que era muy pequeño estuve rodeado de libros. Mi padre tenía una biblioteca considerable, heredada de su padre y su abuelo. Yo jugaba con los libros y veía sus ilustraciones cuando todavía no sabía leer

― Desde que era muy pequeño estuve rodeado de libros. Mi padre tenía una biblioteca considerable, heredada de su padre y su abuelo. Yo jugaba con los libros y veía sus ilustraciones cuando todavía no sabía leer. Aprendí gracias a las clases de un maestro, que después supe era republicano represaliado. Después mi padre, que era un poeta en secreto y rapsoda me aficionó a la poesía: Rubén Darío, Federico García Lorca, Ramón y Cajal.

― Su primer poemario apareció en 1971 cuando tenía -jovencísimo- 21 años de edad (Premio Federico García Lorca de la Universidad de Granada). ¿Qué significó para usted publicarlo?

― Aparte de la ilusión, supuso el que tomara conciencia de que quería dedicarme a la escritura de un modo serio, como vocación que me apasionaba desde hacía mucho tiempo, porque el primer poema lo escribí con catorce años.

― Desde entonces, habiendo firmado más de cuatro decenas de libros (según he podido contar en sus bibliografías), poéticos por supuesto, pero también obras de narrativa, teatro, ensayo, antologías o aforismos; tras toda una extensa trayectoria, en fin, dedicada a la literatura y la cultura, ¿sigue teniendo la misma visión sobre los libros que entonces, o ha cambiado? ¿Sigue haciendo la misma ilusión publicar? ¿Se calman la ansiedad o el entusiasmo con la madurez y con la experiencia?

― Sí, la misma visión de los libros, sí. Me encantan también como objeto, su olor, su peso, su manejabilidad. No me he acostumbrado a los soportes digitales, aunque los utilizo cuando es necesario. La ilusión al publicar no es la misma ahora, es más un sentimiento del deber cumplido, aunque siempre reconforta.

― Profesor Salvador, hubo tiempos remotos en los que el libro tenía un carácter mágico, conexión mística entre el mundo y el trasmundo a través de la palabra y la fantasía. Hoy día, en nuestra realidad más pragmática, más prosaica y funcional, ¿diría que la lectura y la escritura conservan todavía algo de aquel misterio originario? ¿Pueden aún los libros proporcionarnos experiencias radicales? 

Los libros son ventanas al mundo real y a los mundos imaginarios. Esa capacidad abre nuestras mentes y las conduce por caminos insospechados

― Yo creo que sí. Los libros son ventanas al mundo real y a los mundos imaginarios. Esa capacidad abre nuestras mentes y las conduce por caminos insospechados. Como decía Borges, la literatura es más completa que la realidad porque la percepción que tenemos de esta es parcial, sin embargo en la literatura la vida puede aparecer con simultaneidad: las cosas que ocurren en lugares diferentes, en el interior de las personas, en distintas épocas.

―  En otras épocas, en realidad, no tan lejanas, “tener” libros era considerado un signo de prestigio social; ciertamente, no al alcance de todo el mundo. Las democracias modernas, y la española en particular, parecen haber avanzado mucho en la extensión de las posibilidades culturales y el acceso público y generalizado a los libros. ¿Cómo valora esa evolución? ¿Qué diferencias aprecia entre la situación española de los años setenta cuando comienza su trayectoria y la situación actual? 

― Bueno, los libros democratizan el saber, de modo parecido a como puede hacerlo ahora internet. El acceso fácil a la lectura ha tenido que ver con el desarrollo general de los países. En los años cincuenta había bibliotecas en furgonetas que iban de pueblo en pueblo. Hoy es raro el que no tiene una biblioteca. Quien lo desea puede acceder al libro, otra cosa es que la educación y las redes estén perjudicando esa necesidad.

― ¿Internet, la era digital y las redes sociales han transformado sustancialmente, a su juicio, nuestra relación con el libro?

A comienzos de siglo se pronosticó su desaparición por el avance de los soportes digitales. Afortunadamente, eso no ha ocurrido

― De ese asunto hablo también un poco en el Pregón. Han intentado transformarla. De hecho, a comienzos de siglo se pronosticó su desaparición por el avance de los soportes digitales. Afortunadamente, eso no ha ocurrido, más bien lo contrario.

― Como catedrático de Literatura Hispanoamericana y buen conocedor y divulgador entre nosotros de sus autores, no quisiera dejar pasar la oportunidad de preguntarle sobre los libros en español publicados al otro lado del Atlántico. ¿Cree que existe una buena comunicación intelectual, cultural y editorial entre España y América Latina? ¿Nos conocemos bien las comunidades hispano hablantes a ambos lados del Atlántico? En su opinión, ¿puede mejorarse y cómo esa relación?

― Creo que actualmente hay un buen conocimiento porque las editoriales españolas inmediatamente se hacen eco de los grandes escritores que surgen allá, y los publican. Hace unos años, en los 90 y a comienzos de siglo, hubo una especie de parón porque las literaturas nacionales hispanoamericanas de regionalizaron. Pero ahora creo que la intercomunicación es de nuevo mucho más fluida.

― La otra sentimentalidad, el movimiento que varios poetas granadinos lanzaron en los años ochenta, desarrolló una interpretación materialista de la poesía y de la literatura, muy innovadora entonces y algo insólita en la tradición española. Contra la visión convencional, hablaban ustedes del libro como “objeto” (un objeto hecho con papel y tinta, con palabras y sentimientos), radicalmente histórico: instrumento consciente de acción para la historia, según escribió en una de sus entregas. No sé si podría resumir brevemente ese planteamiento. ¿En qué sentido un libro puede ser “acción”?

Un libro, aunque no tengo muy claro que sirva para hacer a las personas mejores, sí las puede hacer tomar conciencia de ciertos aspectos de la realidad

― Creo que un libro, aunque no tengo muy claro que sirva para hacer a las personas mejores, sí las puede hacer tomar conciencia de ciertos aspectos de la realidad. Y desde esa toma de conciencia, política, social, sexual, etc., a la acción no hay más que un paso.

 Como “objeto”, el libro también incorpora una inequívoca dimensión artística, por decirlo así. Quiero decir que no se trata solamente de un empaquetado mecánico de textos sin más, sino que aporta una rica experiencia sensorial -incluso sensual- al lector. Usted, que ha trabajado con grandes diseñadores, grabadores y editores andaluces como Ángel Caffarena o Claudio Sánchez Muros y colaborado en numerosos proyectos con artistas como Julio Juste o Juan Vida, ¿cómo evalúa la situación del “noble arte” de la edición y la industria del libro española actual?

La edición de libros en España es una maravilla. Cuando comencé a viajar a Estados Unidos en los años ochenta me daban mucha envidia las ediciones de ese país, pero esto ya ha cambiado

― La edición de libros en España es una maravilla. Ayer mismo compré dos libros de la editorial Valdemar en los que se recogen una serie de cuentos en los que se basaron algunos de los western más famosos de la historia, escritos por cierto por una mujer, Dorothy M. Johnson: El árbol del ahorcado, el hombre que mató a Liberty Valance, etc. Y están editados con pasta dura y unas portadas maravillosas. Cuando comencé a viajar a Estados Unidos en los años ochenta me daban mucha envidia las ediciones de ese país, pero esto ya ha cambiado, las nuestras pueden competir con aquellas

 En algún lugar, ha comentado que aprendió de su maestro y amigo, Jaime Gil de Biedma, lo que es un poema y cómo se construye. ¿Se construyen también los libros? ¿Cómo nace un libro (hay quien asegura que la mejor literatura se escribe desde la infelicidad o desde las crisis) y cómo afronta usted su elaboración? 

El libro debe tener unos tiempos, que se parecen muchísimo a la música y según los materiales que tengamos, se deben elaborar de un modo o de otro

― Sí, los libros también tienen su arquitectura. Los libros nacen desde todos los estados de ánimo y en cada libro hay poemas con distinta temperatura, la clave está en saber combinarlos. El libro debe tener unos tiempos, que se parecen muchísimo a la música y según los materiales que tengamos, se deben elaborar de un modo o de otro.

 En todos sus libros, y particularmente en su poesía, siempre ha puesto una especial atención a la calidad de los sentimientos que trabaja y al cuidado de sus lectores. Hoy el mundo parece girar hoy en sentido contrario y observamos una preocupante degradación de la sentimentalidad pública. En su opinión, ¿puede ser el libro un espacio de resistencia contra la brutalización de los discursos y la realidad actual? ¿Cómo cree que podrían los escritores y los propios libros contribuir a mejorar, aunque solo sea un poco (o solo momentáneamente), el mundo?

― Si miramos la realidad desde un punto de vista patriarcal (del que desgraciadamente todavía participan muchas mujeres, algunas sin saberlo) ocurre lo que usted dice, pero si lo miramos desde un punto de vista femenino -y son las mujeres las que leen más ahora- creo que la importancia de los sentimientos y la educación emocional está creciendo. Supongo que nuestro esfuerzo de entonces se inserta ahora en esta lucha.

― Permítame que le plantee algunas controversias clásicas. Como se preguntaba Antonio Machado en uno de sus poemas, ¿es usted más clásico o más romántico?  

― Más romántico/moderno, sin duda.

― ¿Mejor la “utilidad” o mejor la estética?  

― Una utilidad estética.

― Como autor literario, qué suscribiría: ¿libros siempre a la inmensa minoría o libros sie mpre a la inmensa mayoría? 

― Libros siempre a la mayoría.

― Y como lector, qué prefiere: ¿“libros de culto” o superventas?  

Prefiero libros buenos, se vendan o no

― Hay libros de culto magníficos y superventas extraordinarios. Prefiero libros buenos, se vendan o no.

― ¿Le parece el libro es más un medio de comunicación o más un medio de conocimiento? 

― Me parece un medio de conocimiento, los medios de comunicación son otros.

― Para finalizar, si estuviera en su mano, ¿recomendaría algún libro a Donald Trump?  

― Sí, El Príncipe  de Maquiavelo.

Gracias. 

Álvaro Salvador (Granada, 1950) es catedrático emérito de la Universidad de Granada. Ha publicado trece libros de poemas entre los que podemos destacar  Las Cortezas del Fruto (Madrid, l980, Granada 2022), El agua de noviembre  (Granada, l985), La condición del personaje Granada, l992), Ahora, todavía (Sevilla, Renacimiento, 2001), La canción del outsider (Madrid, Visor, 2009) por el que obtuvo el Premio Generación del 27, Diario de Firenze (Granada, 217), Un cielo sin salida (Sevilla, 2020) y los volúmenes antológicos Suena una música (Valencia, Pre-Textos, 1996 y Sevilla, Renacimiento, 2008), POPoemas (Granada, 2014) y Caras B (Granada, 2019).

Junto a Luis García Montero y Javier Egea promocionó a comienzos de los ochenta la tendencia poética bautizada como Otra Sentimentalidad, germen de la posterior poesía de la experiencia. Ha publicado además dos novelas, algunos libros de ensayo, varias obras de teatro y dos libros de aforismos, Después de la poesía (Almería, 2006) y La vida no te espera (Sevilla, 2014). De 2004 a 2008 colaboró como columnista con el diario La Opinión de Granada.