Artículo de Opinión por Álvaro Salvador

'La Roja'

Ciudadanía - Álvaro Salvador - Domingo, 12 de Julio de 2026
Un excelente artículo de Álvaro Salvador, que te recomendamos.
Imagen del inicio del partido entre España y Bélgica.
RTVE
Imagen del inicio del partido entre España y Bélgica.

La Selección Española del fútbol está desde ayer [por el viernes] colocada, por méritos propios, entre las cuatro mejores del mundo, preparada para disputar con Francia el derecho a jugar la final y proclamarse la mejor selección del mundo. Ya lo fue una vez, en el campeonato que se celebró en Sudáfrica en 2010.

Todo el mundo en todas partes, sin ninguna clase de prejuicio, comenzó a identificar y nombrar al equipo como LA ROJA

En aquella ocasión, España entera se ilusionó con las posibilidades del equipo español que se había coronado dos años antes como Campeón de Europa. Esa ilusión suscitó un patriotismo generalizado, al margen de partidismos políticos, que llenó los balcones de nuestro país de banderas de España, así como los automóviles, los comercios, los locales públicos y privados, etc. Incluso los vestuarios de chicos y chicas –y bastantes adultos– se llenaron de las camisetas rojas que lucía nuestra Selección en la mayoría de los encuentros. Todo el mundo en todas partes, sin ninguna clase de prejuicio, comenzó a identificar y nombrar al equipo como LA ROJA. La Selección ganó el campeonato, venciendo a la entonces a Holanda –hoy Países Bajos– durante la prórroga de un partido muy disputado y de gran calidad por ambas partes, y desde entonces se consagró en nuestro país como “La Roja” que dos años más tarde conquistó un segundo título europeo venciendo a Italia en la final con una superioridad aplastante.

No obstante, ese no era el segundo campeonato de Europa que ganaba la Selección Española de fútbol, sino el tercero. El primero lo ganó en 1964, en una competición que se celebró en España y en la que nuestro equipo venció en la final, nada menos que a la Unión Soviética por dos goles a uno, con el famoso tanto del delantero del Zaragoza, Marcelino. En aquel entonces la selección no podía llamarse LA ROJA, no porque no mereciese ese apelativo, sino porque “los rojos”, “los comunistas” eran los otros, los que habían sido vencidos por nuestro “caudillo”, Francisco Franco Bahamonde. A los niños se nos decía en las escuelas que la Guerra  –nadie utilizaba el adjetivo civil– se había producido porque los rusos, comunistas, ateos e imperialistas, habían invadido España y Franco, como hizo el pueblo español un siglo antes contra los franceses, los había derrotado y arrojado fuera de nuestra fronteras. Cuatro años antes, en el campeonato de Europa de 1960, Franco había prohibido a la Selección Española que disputase los cuartos de final contra la misma selección Soviética, quedando España fuera de la competición por razones políticas.

El color rojo es el color de la sangre y simboliza la pasión, la energía, el peligro, la agresividad, también el poder y la fuerza

Está claro que en aquellos años, la Selección no podía señalarse ni llamarse “La Roja”, pero se buscaron una serie de eufemismos que querían decir algo parecido. El color rojo es el color de la sangre y simboliza la pasión, la energía, el peligro, la agresividad, también el poder y la fuerza. Las distintas selecciones de aquellos años se caracterizaron precisamente por esos valores que simbolizaba el color de su camiseta, pero la manera de nombrarla e identificarla estuvo siempre llena de eufemismos: el más generalizado dentro del país fue “La Furia española”, pero en el extranjero comenzó a identificarse también por aficionados y periodistas como “La Furia Roja”. Parece ser que fue el seleccionador Luis Aragonés en 2004 el que buscó una simplificación del apelativo y comenzó a promocionar que se le llamase –tal y cómo se hacía con otras selecciones– por el color de la camiseta: La Roja. Alegaba también motivos futbolísticos: La Selección Española no era sólo “furia”, era también “técnica” y “calidad”.

En medio de este resurgir de la ideología ultraderechista en España que está resucitando los fantasmas del pasado con su tramposa y embustera “Guerra Cultural”, aplaudida con disimulo, pero con determinación por la derecha, hasta ahora, civilizada, parece que comienza a molestar de nuevo que llamemos LA ROJA a nuestra Selección

Pues bien, en medio de este resurgir de la ideología ultraderechista en España que está resucitando los fantasmas del pasado con su tramposa y embustera “Guerra Cultural”, aplaudida con disimulo, pero con determinación por la derecha, hasta ahora, civilizada, parece que comienza a molestar de nuevo que llamemos LA ROJA a nuestra Selección. Hay periodistas que hablan de que esa denominación pertenecía ya a la selección de Chile, olvidando que la española destacó mucho antes que la del país americano y que además, América es un ámbito muy distinto al de Europa. La misma Federación promociona una segunda equipación con camiseta blanca muy elegante, que se comercializa como más bonita que la roja. A esta misma le han agregado unas mangas azules que la aproxima a los colores del Barça, etc. El otro día oí por la radio cómo una señora indignada –dijo tener la misma edad que yo, es decir, no vivió la guerra ni la posguerra más dura– preguntaba por qué se llamaba a la selección La Roja, cuando según ella no merecía ese apelativo que a ella y a otras personas les molestaba. Y hoy mismo, oigo en televisión que el extraordinario escritor, orador y magnífico crítico deportivo Mariano Rajoy, lanza en su columna un dardo subliminal envenenado al decir que se alegra de que venciésemos a “Los Diablos Rojos” belgas, porque a él no le gustan ni los diablos, ni los rojos.

En fin, algo que surgió en el interior de una España, al parecer, normalizada, en el comienzo de un nuevo siglo y por parte de un entrenador nada sospechoso, que todo el mundo adoraba y ahora añora. Algo que se inició como una marca, como una buena idea de marketing, se ve de nuevo inmerso en el maremágnum de los odios y las nostalgias estúpidas de un pasado terrible y desconocido por la mayoría, y es puesto en duda y arrastrado por un debate político trasnochado y que además no tiene nada que ver con la historia y con el carácter simbólico de los colores. ¡Como si la bandera de España que tanto reivindican los mismos no fuese roja como la sangre y como la agresiva furia española!

Álvaro Salvador (Granada, 1950) es catedrático emérito de la Universidad de Granada. Ha publicado trece libros de poemas entre los que podemos destacar  Las Cortezas del Fruto (Madrid, l980, Granada 2022), El agua de noviembre  (Granada, l985), La condición del personaje Granada, l992), Ahora, todavía (Sevilla, Renacimiento, 2001), La canción del outsider (Madrid, Visor, 2009) por el que obtuvo el Premio Generación del 27, Diario de Firenze (Granada, 217), Un cielo sin salida (Sevilla, 2020) y los volúmenes antológicos Suena una música (Valencia, Pre-Textos, 1996 y Sevilla, Renacimiento, 2008), POPoemas (Granada, 2014) y Caras B (Granada, 2019).

Junto a Luis García Montero y Javier Egea promocionó a comienzos de los ochenta la tendencia poética bautizada como Otra Sentimentalidad, germen de la posterior poesía de la experiencia. Ha publicado además dos novelas, algunos libros de ensayo, varias obras de teatro y dos libros de aforismos, Después de la poesía (Almería, 2006) y La vida no te espera (Sevilla, 2014). De 2004 a 2008 colaboró como columnista con el diario La Opinión de Granada.

Foto de Álvaro Salvador: Joaquín Puga vía CAL