ENTRE LOS SIGLOS XVI AL XVIII

¿Por qué desaparecieron los miles de negros y mulatos que poblaron Granada?

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 22 de Marzo de 2026
Un excepcional reportaje de Gabriel Pozo Felguera sobre la esclavitud, con aportaciones significativas de este vergonzoso episodio de nuestra historia que también es necesario conocer. Desde su origen, cuántos eran, los mercados donde se vendían, el precio, sus descendientes, dónde vivían, o su nula presencia en obras artísticas o hasta sus propias cofradías. Por el mejor cronista de Granada.
Tabla del Bautismo de Moriscos en el retablo mayor de la Capilla Real, con una representación de las “caras” variopintas de los granadinos de 1521.
Tabla del Bautismo de Moriscos en el retablo mayor de la Capilla Real, con una representación de las “caras” variopintas de los granadinos de 1521.
  • El 2,30% de la población de siglos pasados llegó a ser negra/mulata: había tantos que formaron varias cofradías de Semana Santa

  • A finales del XVI sobresalieron varios mulatos por su inteligencia: un catedrático, un abogado, una cirujana, un fraile y una modista

  • A principios del siglo XX ya no quedaba ningún hombre ni mujer de color nacido y viviendo en la ciudad

En Granada hubo bastantes negros y mulatos, al menos desde la era musulmana. Procedían del África subsahariana. Traídos como esclavos. Formaron parte de un lucrativo comercio. Entre los siglos XVI y XVIII se normalizó su presencia por las calles de Granada, de manera que llegaron a suponer el 2,30% de la población de la ciudad; no había funcionario, comerciante o gente de postín que no tuviera su criado negro o media docena los más poderosos. Los adquirían en los mercados de la Puerta de Elvira, Bibataubín y Bibarrambla. A principios del XVII llegaron a ser tan numerosos que tuvieron sus propias cofradías de Semana Santa. Algunos mulatos granadinos ─hijos ilegítimos de ricos─ tuvieron la suerte de sobresalir por su formación: hubo un catedrático negro, una cirujana, un abogado, un fraile y la mejor modista. La Guerra de las Alpujarras sumó a miles de moriscos al mercado de esclavos, de manera que Granada se convirtió en exportadora de “carne humana”. A finales del XVIII todavía existía el comercio de esclavos en Granada, su compraventa se anunciaba en las primeras gacetillas. A lo largo del XIX desaparecieron progresivamente y en el siglo XX ya no quedaba ningún negro o mulato en la ciudad. ¿Por qué se esfumaron todos? Dejaron su impronta en el callejero y algún vestigio en la pintura y escultura de aquellos siglos.

La mayoría de nuestros abuelos y padres murieron sin haber visto jamás a un negro por las calles de Granada

Nadie que tenga más de sesenta años en la actualidad coincidió con un negro/mulato en su colegio. Ni conoció a persona de color alguna como vecino, amigo o compañero de juventud. Recuerdo que el primer negro que conocí fue al matricularme en la Universidad Complutense. La mayoría de nuestros abuelos y padres murieron sin haber visto jamás a un negro por las calles de Granada. A no ser alguno que venía en un circo o el que mendigaba en los años sesenta por la plaza de la Trinidad. Incluso el primer hombre de color que estudió en la Universidad de Granada lo hizo ya en los años setenta, procedente de las colonias de Guinea.

A partir de la Transición de 1975 empezaron las corrientes migradoras desde África, las ordenadas y las peligrosas pateras. Hoy la población negra de Granada, la inmigrante y los ya nacidos aquí, ha vuelto a subir a porcentajes similares o algo mayores al periodo de plena vigencia de la esclavitud (el INE calcula que en Granada hay actualmente entre el 1,7 y el 2,2% de población subsahariana). No existe prácticamente un colegio, instituto, mercado o calle en la que no haya presencia de gente de color. Con una diferencia: se les mira y considera como iguales a los blancos, amarillos, mestizos y zambaigos.

Las oleadas invasoras de árabes y norteafricanos que se sucedieron en los siglos VIII a XV los tenían a su servicio

En la Bética de hace dos mil años ya había alguna población negra. Formaban parte de la masa de esclavos y algunos libertos del imperio romano. Es de suponer que continuaron existiendo en épocas posteriores, aunque no se hayan encontrado referencias concretas. Las oleadas invasoras de árabes y norteafricanos que se sucedieron en los siglos VIII a XV los tenían a su servicio. Fueron famosas las guardias moras que utilizaron los Almohades en sus ejércitos (los famosos encadenados en batalla de las Navas, 1212). En la última etapa nazarita, siglo XV, se menciona una especie de guardia real formada por ochocientos etíopes. Las cocinas de las reinas nazaritas estaban gobernadas y servidas por mujeres llamadas sudanesas.

Esclava negra en la corte nazarí, según dibujo de Christoph Weiditz (1528-9).

Aquel mercado negrero tuvo como escenarios las inmediaciones del foso del castillo de Bibataubín, la Puerta de Elvira, Plaza Nueva y Bibarrambla

A partir de la Toma del Reino (1492), tanto los mudéjares/moriscos como los cristianos pudientes solían tener esclavos a su servicio. Estaba completamente normalizado el mercado de esclavos, similares a los de pavos o caballerías. Con periodicidad quizás semanal era organizada una subasta o trato para comprar y vender esclavos. Las fuentes cuentan que físicamente aquel mercado negrero tuvo como escenarios las inmediaciones del foso del castillo de Bibataubín, la Puerta de Elvira, Plaza Nueva y Bibarrambla. La “mercancía” entraba habitualmente por los puertos del Mediterráneo, traídos por marinos berberiscos, españoles y, sobre todo, portugueses. Poco a poco fueron desapareciendo las rutas mediterráneas hasta convertir el puerto de Sevilla en el mayor mercado esclavista, a partir del último tercio del XVI.

Ese porcentaje se fue desequilibrando de manera que en 1590 las esclavas negras o mulatas eran ya el 70%; el número de hombres cada vez decrecía más

Cuando empezó el seiscientos, la población negra esclava de Granada estaba bastante equilibrada en cuanto a sexos. Ese porcentaje se fue desequilibrando de manera que en 1590 las esclavas negras o mulatas eran ya el 70%; el número de hombres cada vez decrecía más. También el precio medio de compraventa de los esclavos fue siempre un poco superior para el sexo femenino que para el masculino. Las mujeres eran más demandadas porque en la mayoría de los casos se las destinaba a tareas relacionadas con el hogar, eran mucho más versátiles que los hombres. También solían desarrollar vidas laborales más largas. El menor precio de los hombres se debía a que pasada una época de máxima explotación como fuerza de trabajo en galeras, minas, grandes obras públicas, etc., solían enfermar o morir prematuramente. Vivían encerrados en ambientes semi-carcelarios.

Una esclava joven costaba entre 25 y 45 ducados, mientras que los esclavos siempre estaban cinco o seis ducados por debajo

Por los protocolos notariales conocemos que el precio de adquisición de negros esclavos en Granada se mantuvo bastante estable durante las cuatro primeras décadas del siglo XVI: una esclava joven costaba entre 25 y 45 ducados, mientras que los esclavos siempre estaban cinco o seis ducados por debajo. Aquella estabilidad se rompió bruscamente a partir de 1550, el precio por esclavo se disparó hasta oscilar entre 70 y 100 ducados.

Entre los años 1569 y 1572 se produjo el hundimiento del precio de un esclavo, tanto hombre como mujer, como consecuencia de la Guerra de las Alpujarras

Entre los años 1569 y 1572 se produjo el hundimiento del precio de un esclavo, tanto hombre como mujer, como consecuencia de la Guerra de las Alpujarras. Los moriscos sublevados ─que hasta entonces habían sido propietarios de esclavos negros o mulatos─ pasaron a ser considerados también como esclavos. Durante aquellos tres años todos los moriscos que iban siendo apresados por soldados de Felipe II pasaban a engrosar las listas de expulsados del Reino de Granada. Y, en buena parte, según el grado de participación en la revuelta, fueron al mercado esclavista. Era una forma de cobrar de la soldadesca. Granada se convirtió por unos años en el principal mercado de exportación de esclavos de origen morisco. Los precios de compra de una persona volvieron a desplomarse hasta niveles del primer tercio de siglo.

Tan sólo entre los meses de febrero y mayo de 1571, acabada la Guerra, fueron organizadas dieciséis subastas públicas de esclavos moriscos aprehendidos en la Alpujarra y Axarquía

Tan sólo entre los meses de febrero y mayo de 1571, acabada la Guerra, fueron organizadas dieciséis subastas públicas de esclavos moriscos aprehendidos en la Alpujarra y Axarquía. Los vendieron en unos tablaos montados en Bibarrambla, Plaza Nueva, Bibataubín, Puerta del Rastro y Puerta Elvira. En total fueron vendidas 593 personas al mejor postor, con una recaudación de 15.546 ducados (a una media de 26,2 ducados por cabeza). [1]

Justo un año antes de comenzar la Guerra de las Alpujarras (1567), el morisco Francisco Núñez Muley calculaba que los de su grey eran propietarios de unos 400 esclavos negros. Eso representaba, aproximadamente, la tercera/cuarta parte de los que vivían en Granada. El resto estaban al servicio de cristianos viejos.

Otra escena pintada por Christoph Weiditz en su estancia en Granada, en 1528-9. Se ve a una señora blanca que va precedida por un porteador, esclavo negro herrado, y con un paje alzándole la falta para no mancharse de barro. Calza los típicos chapines de calle.

Entre los años 1569 y 1572 se produjo el hundimiento del precio de un esclavo, tanto hombre como mujer, como consecuencia de la Guerra de las Alpujarras

¿Cuántos esclavos había en Granada? Las cifras son un tanto especulativas por falta de censos en aquellas épocas. Aunque el llamado Censo de Moriscos, elaborado casa a casa por los párrocos (en 1561) da unos datos bastante aproximados, a pesar de que no fueron computados los niños menores de siete años. El sumatorio arrojó 43.221 almas (más los niños), agrupadas en 3.207 familias. Los negros/mulatos esclavos mayores de siete años eran 991. Granada estaba estructurada entonces en veintidós parroquias (que fueron las que elaboraron el censo a efectos de confesión); las de mayor población correspondían a la parte llana de la ciudad, que eran precisamente las que acumulaban mayores porcentajes de esclavos sirviendo en ellas. Las que mayores porcentajes de esclavos tenían en sus demarcaciones eran San Pedro (5,4%) y San Justo (5,2%). En cambio, las parroquias más altas del Albayzín, las de gentes más humildes, se llegaba al 0,5% de población esclava. La Magdalena, que era entonces un barrio considerado periférico, tenía ya mucha población, pero pocos esclavos a su servicio.

Entre los diecisiete moriscos de distinta tez y vestimenta que hay alrededor de la pila bautismal, incluyó a un negro puro subsahariano

En resumen, la media de negros esclavos que había en Granada aquel año 1561 era de 2,30%. El mejor retrato de cómo era etnográficamente la población granadina de la primera mitad del XVI la esculpió y pintó en madera el artista Felipe de Borgoña (Bigarny o el Borboñón). Residió en Granada entre los años 1520-22 vaciando el retablo mayor de la Capilla Real. En el sotabanco derecho hizo una tabla que representa el bautismo de los moriscos. Allí retrató el aspecto que tenían la clase dirigente cristiana, los estamentos eclesiásticos y la población obligada a bautizarse. Entre los diecisiete moriscos de distinta tez y vestimenta que hay alrededor de la pila bautismal, incluyó a un negro puro subsahariano. Un porcentaje bastante aproximado de lo que el tallista veía por las calles de Granada.
Detalle de la tabla de la Capilla Real, donde aparece un subsahariano entre la población de cristianos nuevos a bautizar.

Algunos de los palos y bailes flamencos tienen orígenes en sonidos y movimientos africanos, como la Zarabanda, el Guineo, la Chacona, el Zarambeque, etc.

Negros y mulatos fueron considerados en el siglo XVI etnias tan exóticas como los egipcianos. Suponían una mezcla racial a la que se intentaba atraer al cristianismo invitándoles a participar de la religiosidad popular del Corpus. Aquellos africanos que llegaban siendo bozales (sin conocer la lengua ni las costumbres) se les incorporaba a zambras formadas exclusivamente por negros; algunos de los palos y bailes flamencos tienen orígenes en sonidos y movimientos africanos, como la Zarabanda, el Guineo, la Chacona, el Zarambeque, etc.

A la mayoría de ellos se les incorporaba al cristianismo, aunque en el fondo seguían siendo animistas y criptomusulmanes

La anterior cifra del 2,30% se fue incrementando progresivamente como consecuencia del crecimiento de la población y la compra de nuevos esclavos para afrontar las grandes obras públicas y de edificios religiosos que se estaban acometiendo. A finales del XVI, con la incorporación a la esclavitud de la “masa” morisca, se puede concluir que se triplicó el colectivo esclavizado en la ciudad. De ahí que no extrañe que llegaran a tener al menos dos cofradías que sacaban en procesiones de Semana Santa. A la mayoría de ellos se les incorporaba al cristianismo, aunque en el fondo seguían siendo animistas y criptomusulmanes.

A los negros y mulatos esclavos hay que sumar un pequeño porcentaje de libertos que obtenían su nuevo estatus. Bien por compra con sus ahorros o por liberación cuando moría su dueño o en agradecimiento por el buen servicio que le había prestado

A los negros y mulatos esclavos hay que sumar un pequeño porcentaje de libertos que obtenían su nuevo estatus. Bien por compra con sus ahorros o por liberación cuando moría su dueño o en agradecimiento por el buen servicio que le había prestado. Hubo algunos casos de liberación porque el dueño entendió que había pecado al comprarlo y deseaba liberarse de la culpa antes de arder en el infierno. El esclavo liberado recibía su correspondiente carta de horro o testamento con la que demostrar que era libre y evitar nuevas detenciones o ultrajes. Se dieron bastantes casos de esclavos que compraron su libertad con préstamos que les dieron y se comprometieron a pagar a plazos. También se conservan algunas cartas de ahorría falsificadas.

Los esclavos liberados solían volver a “alquilarse” a nuevos propietarios. Ya no en régimen de propiedad, pero sí de elevada dependencia

Los esclavos liberados solían volver a “alquilarse” a nuevos propietarios. Ya no en régimen de propiedad, pero sí de elevada dependencia. Otros muchos que se vieron libres cayeron en la mendicidad o en la delincuencia porque no tenían con qué sustentarse. También hubo casos en los que sus propietarios ─viudas muchas veces─ recurrían a poner a trabajar externamente a sus esclavos para que les mantuvieran al haber cambiado su principal medio de ingresos por defunción del cabeza de familia.

Cinco negros-mulatos granadinos famosos

Entre el considerable porcentaje de población granadina de negros y mulatos, bien llegados muy pequeños a Granada o nacidos aquí, debieron destacar en sus oficios bastantes de ellos. Pero las crónicas sólo nos han dejado cinco nombres de sobresalientes para la posteridad. Todos ellos destacaron por su inteligencia y su empeño por igualarse o sobresalir en una sociedad que se resistía a considerarlos como iguales.

También los cinco nombres coincidieron viviendo en el siglo XVI. Debieron conocerse. Al menos cuatro de los cinco no fuesen negros puros, sino mestizos, mezcla de padre blanco y madre negra

También los cinco nombres coincidieron viviendo en el siglo XVI. Debieron conocerse. Al menos cuatro de los cinco no fuesen negros puros, sino mestizos, mezcla de padre blanco y madre negra. Aquellos cinco han pasado a la historia con los siguientes nombres: Juan de Sessa o Juan Latino, Catalina de Soto, Cristóbal de Meneses, Elena/o de Céspedes y Licenciado Ortiz.

De los dos primeros ya me he ocupado de biografiarlos en artículos anteriores, porque dejaron amplio rastro de sus trayectorias (Ver: El cadáver perdido de Juan Latino e Hija de esclava, mulata, transexual condenada por la Inquisición... y primera médica-cirujana)

Los tres siguientes permanecen prácticamente en la nebulosa de la Historia local. Los conocemos por lo que nos cuenta Francisco Bermúdez de Pedraza en su libro Antigüedades y excelencias de Granada, publicado en 1608. Ahí menciona brevemente a cuatro de ellos (a Elena de Céspedes no debió conocerla), en tanto que a Juan Latino le dedica más líneas por ser el más famoso y conocido de todos.
Página del libro de Bermúdez de Pedrada que nos da referencia de negros granadinos más sobresalientes del XVI.

El único dato especulativo que podemos aportar a lo apuntado por Bermúdez de Pedraza es que fue hermano o hermanastro de Alonso de Meneses, un canónigo de la Catedral, y por tanto hijo de Gaspar Gómez de Meneses y la negra cristiana Jerónima de Lumbres

Les dedicó a estos negros un capitulillo, el XXXIII, de sólo dos páginas. Los describe de la siguiente manera: “El primero es el padre fray Chistobal de Meneses, de la orden de predicadores de Santo Domingo, hijo de una negra y padre noble: fue tan gracioso en dichos y de atan agradable conversación, que muchas veces comía por esto con don Juan de Austria, hermano del Rey don Felipe II”. La conclusión es que vivió en Granada en las fechas en que estuvo por aquí Juan de Austria para dirigir la Guerra de las Alpujarras (1569-70). Por tanto, también habría coincidido en esas reuniones con Juan Latino, así mismo fue recibido por el hermanastro de Felipe II. El único dato especulativo que podemos aportar a lo apuntado por Bermúdez de Pedraza es que fue hermano o hermanastro de Alonso de Meneses, un canónigo de la Catedral, y por tanto hijo de Gaspar Gómez de Meneses y la negra cristiana Jerónima de Lumbres.

Estudios de cabezas de esclava negra y esclavo blanco, por Alberto Durero en el primer tercio del XVI. ¿Nos servirían de modelo para imaginarnos a Elena de Céspedes y a Juan Latino?
Cuatro estudios de cabezas de esclavos negros pintados por Pedro Pablo Rubens en su primera visita a Madrid, en 1603.

“El segundo ─sigue contándonos Bermúdez de Pedraza─ fue el Licenciado Ortiz, famoso abogado en esta Real Chancillería, hijo de una negra y de un caballero del hábito de Santiago: regalaba mucho a la negra de su madre, y a su padre apenas hablaba fino era de gorra; preguntado por sus amigos la causa, respondió que debía más a su madre que procuró darle buen padre, que no a su padre que le dio tan ruin madre”. Era evidente que se trató de un poderoso que debió embarazar a una esclava; no sabemos si llegó a reconocerlo y darle el apellido, pero al menos le procuró una formación que lo elevó a ser el primer mulato granadino que trabajó como abogado en la ciudad. Aunque parece que no tenía muy buena opinión de su padre. Lo más probable es que el apellido Ortiz correspondiera a su madre.

Muy posiblemente fue una artesana, quizás artista, al servicio de la nobleza y la hidalguía granadina de la segunda mitad del XVI

El cronista Pedraza nos menciona a una mulata que honraba a la nación Etiópica (término que se refería a África en general). Fue Catalina de Soto, “cuyas manos de ébano fueron más estimadas en labrar, bordar y dibujar que las blancas de las damas”. Muy posiblemente fue una artesana, quizás artista, al servicio de la nobleza y la hidalguía granadina de la segunda mitad del XVI. Es una pena que no nos hayan quedado más rastros de ella.

Hasta tuvieron cofradías propias de Semana Santa

El colectivo social granadino de negros y mulatos fue tan numeroso y considerado que en la segunda mitad del XVI empezó a contar con confradías propias de Semana Santa. Organizaban sus actos de religiosidad popular como cualquier otra hermandad de cristianos viejos o gremio profesional. Las referencias apuntan al menos que fueron tres las cofradías que existieron; no sabemos si llegaron a coexistir ni tampoco las fechas exactas de inicio y extinción. Al menos quedan imágenes de las que eran procesionadas y sus sedes.

La más antigua parece que fue la de Nuestra Señora de la Encarnación y Paciencia de Cristo; organizaba sus actos y tenía su salida en la antigua iglesia de los Santos Justo y Pastor (Convento de la Encarnación)

La más antigua parece que fue la de Nuestra Señora de la Encarnación y Paciencia de Cristo; organizaba sus actos y tenía su salida en la antigua iglesia de los Santos Justo y Pastor (Convento de la Encarnación). Salía los viernes, a veces como cofradía de Sangre.

Otra fue la de San Benito de Palermo, con sede en la antigua parroquia de Santa Escolástica. La nombraba Henríquez de Jorquera en sus Anales como la “que servían negros con grande ostentación y fasto”. Sacaba en procesión una imagen del Beato Benito de Palermo (1526-89, uno de los primeros santos negros, aunque canonizado en 1807). Fue elegido patrón de los afronegros ya a principios del XVII debido a los milagros que se le atribuyeron nada más morir. La única imagen que se conserva de este santo en Granada se encuentra en el convento de la Encarnación, aunque no se sabe si era la que se procesionaba.

Imagen de San Benito de Palermo, convento de la Encarnación. Quizás la original o una copia similar a la que procesionaba la Cofradía de los Negros.

Posiblemente la Cofradía de los Negros fuese enteramente de gente de color hasta la suspensión general de todas en 1597, debido al excesivo folklore que acarreaban, y cuando renació en 1606 ya lo hiciera con mezcla de colores

Hubo una tercera cofradía de nombre muy parecido a la primera que se llamó de Penitencia de Nuestra Señora de la Encarnación y Paciencia de Nuestro Señor Jesucristo. Quizá fue la misma, con modificaciones. Porque también tuvo sede en la antigua iglesia de San Justo y Pastor.  Jorquera nos da la pista de que hacia 1640, el arzobispo, “… por causas evidentes la quitó el ordinario y hoy la sirven gente blanca”. No nos da pistas exactas de la causa por la que fue relevada y mezclada por blancos. Es bastante probable que las causas de fondo se hallaran en los problemas de limpieza de sangre que se acentuaron para acceder a cargos eclesiásticos y cofrades en ese momento. Posiblemente la Cofradía de los Negros fuese enteramente de gente de color hasta la suspensión general de todas en 1597, debido al excesivo folklore que acarreaban, y cuando renació en 1606 ya lo hiciera con mezcla de colores. Sí la menciona como activa en 1624 con motivo de la estancia del rey Felipe IV en Granada. Para esa fecha sacaban un Cristo de la Meditación, muy similar al que se conserva en la actual parroquia de jesuitas de San Justo y Pastor.

Había que bautizarlos si nacían en Andalucía o nada más llegar a puerto si venían de África. Pero la mayoría de los compradores de aquellos esclavos no le hicieron el más mínimo caso

Los propietarios y amos granadinos hicieron caso omiso a las recomendaciones y empeño por catequizar a negros y mulatos dictadas por el arzobispo Pedro de Castro en 1612. Aquel obispo-jurista de Granada y Sevilla quiso igualarlos con los blancos mediante una Instrucción escrita. Se trató de una normativa para que todas las iglesias llevaran un censo detallado de sus habitantes de color, la mayoría esclavos, y se vigilara para que fuesen buenos cristianos hasta su muerte. Había que bautizarlos si nacían en Andalucía o nada más llegar a puerto si venían de África. Pero la mayoría de los compradores de aquellos esclavos no le hicieron el más mínimo caso.

Finales del XVII, empiezan a extinguirse

A finales del siglo XVII los datos apuntan que la población negra pura empieza a retroceder en Granada en términos porcentuales. El mercado negrero estaba activo, pero ahora se encaminaba más a las colonias americanas. En Granada se demandaba menor número de esclavos. Al legar menos negros puros, la población autóctona se iba reduciendo por causas diversas. La primera era que al colectivo esclavo se le ponían todas las trabas posibles para que mantuviesen relaciones sexuales entre ellos, casi no se les dejaba casarse. No se quería que una esclava fuese improductiva durante el tiempo de embarazo y la presumible crianza. Aunque otras veces se compraban mujeres precisamente para que dieran descendencia.

La mayoría de mulatos granadinos procedían del uso de “derecho de pernada” de sus dueños; o de verdaderos enamoramientos del propietario con la esclava

Poco a poco se fueron extinguiendo las pieles negras puras y las mulatas se fueron aclarando con sucesivas generaciones al cruzarse con genes blancos. De todas formas, en el ADN de granadinos “de ocho apellidos” apenas aparecen antecedentes de negritud. La mayoría de mulatos granadinos procedían del uso de “derecho de pernada” de sus dueños; o de verdaderos enamoramientos del propietario con la esclava. Fueron los casos que propiciaron mulatos con formación que destacaron en la sociedad granadina. Se calcula que el 90% de mulatos de los siglos XVI y XVII nacían del cruce de un blanco con una negra; pocos procedían de un negro con una blanca. Este último porcentaje aumentó ligeramente en el siglo XVIII, cuando ya había subido la población negromulata libre. No obstante, la inmensa mayoría de niños que nacían por cruces raciales acababan en la inclusa o abandonados a su suerte en el campo.

La esclavitud continuaba existiendo en Granada con plena vivencia y enteramente aceptada en la segunda mitad del XVIII

La esclavitud continuaba existiendo en Granada con plena vigencia y enteramente aceptada en la segunda mitad del XVIII. Aunque ya en regresión. Habían dejado de existir las subastas públicas masivas en las plazas de los siglos anteriores; pero todavía eran habituales los traspasos entre propietarios, aparecían carteles de oferta en las esquinas de los mercados y los primeros periódicos o gacetillas que se publicaron en la ciudad incluyeron almonedas de esclavos (Ver más adelante).

También en Granada. Por ejemplo: el Marqués de Campo Verde seguía teniendo esclavos a su servicio a principios del XIX

El año 1789 y la revolución francesa supuso un punto de inflexión en cuanto a la esclavitud. En España fue el rey Carlos IV el que ya empezó a recomendar la mejora en el trato a los esclavos. Hasta entonces no se les consideraba personas. En 1807 fueron los ingleses los que dieron en primer paso hacia la abolición de la esclavitud. España lo haría teóricamente en 1837, aunque en sus colonias americanas se hizo la vista gorda hasta 1886. Eran muchos los indianos que hacían fortuna y regresaban a la Península rodeados de una cohorte de esclavos mulatos. También en Granada. Por ejemplo: el Marqués de Campo Verde seguía teniendo esclavos a su servicio a principios del XIX.

En las inscripciones parroquiales todos figuran como hijos de esclava, sin padre conocido. Por supuesto, los padres no les daban sus apellidos en la mayoría de los casos, sólo el de la madre, y él figuraba como padrino o tío

Para esa época todavía a los esclavos no se les permitía profesar como religiosos o acceder a cargos públicos de la administración. Las pocas excepciones se daban porque habían nacido del desliz de algún personaje importante. En las órdenes religiosas se les admitía como donado, un ilegítimo que era marginado en los trabajos de frailes. En las inscripciones parroquiales todos figuran como hijos de esclava, sin padre conocido. Por supuesto, los padres no les daban sus apellidos en la mayoría de los casos, sólo el de la madre, y él figuraba como padrino o tío. Sólo una minoría de mulatos conseguía casarse, por supuesto siempre con los de su raza.

Los matrimonios mixtos fueron una excepción muy rara, como ocurrió con Juan Latino (De hecho, su casamiento no fue aceptado por el suegro, que murió muy afectado). También se documentan bastantes casos de relaciones ilícitas de mujeres con esclavos negros o libertos, con los que mantenían matrimonios de facto no perseguidos y sí criticados.

Anuncios de compraventa de negros en prensa

La aparición de la prensa granadina o periódicos rudimentarios en los primeros años del XVIII, con periodicidad semanal o mensual, llevó aparejado desde sus primeros números lo que hoy llamamos publicidad o información comercial. Ofertas de compraventa. Y como el tráfico de esclavos era un negocio más, también encontramos de vez en cuando algunos anuncios en los que se vendían esclavos al mejor postor o negros libertos se ofrecían para trabajar. Aquellos anuncios estuvieron apareciendo en la prensa hasta el segundo decenio del siglo XIX. La pobreza de la prensa granadina del siglo XVIII no nos permite ver muchos anuncios, pero hay unos cuantos botones como muestra.

En la Gazetilla Curiosa o Semanero Granadino del 16 de abril de 1764 encontramos a una familia de negros horros (libertos) que buscaban trabajo, seguramente por haberse quedado sin amo al que servir tras su liberación. Dice así el anuncio: “Joseph Castillo, Francisca Viañas y María Castillo, todos negros de Etiopía, libres, como lo harán ver, buscan amos a quien servir. Las dos para cocineras y haciendas de cuerpo de casa, y él, para cocinero, cuyo arte afirma que ejecuta con mucho aseo y fidelidad; y que lo ha sido de los señores Duques de Osuna y Arcos; y en su defecto, plaza de cochero: sabe picar caballos a la prusiana, como también a la inglesa, francesa y a la española. Esta familia no tiene hoy domicilio cierto, por lo que vendrán todos los días a tomar razón a la imprenta”. (La imprenta estaba ubicada en la calle Elvira).

Debieron estar sirviendo en algún cortijo, donde ellas atendían la casa y él, las caballerías

De este anuncio se deduce que recibieron la libertad o la compraron tras servir a la casa nobiliaria de Osuna, en alguna de sus posesiones de la baja Andalucía. Debieron emigrar a Granada en busca de futuro y no tenían domicilio donde cobijarse. Llevaban nombres cristianos y seguramente eran españoles de nacimiento y crianza. Debieron estar sirviendo en algún cortijo, donde ellas atendían la casa y él, las caballerías.

Otros dos anuncios aparecidos en el periódico El Mensajero Económico y Erudito, también granadino, pero de julio de 1796, dejan bien a las claras que era del todo habitual la compraventa de esclavos en la ciudad. Decían así: “Don Pedro Bravo vende una esclava llamada Juana María del Carmen, de 22 años, saludable, que sabe planchar y servir para todas las faenas del cuerpo de casa”. El segundo: “En la calle Aljibe de Rodrigo del Campo, se vende a Juana del Carmen, esclava de D. Agustín Quevedo; tiene diferentes habilidades, y es de buena índole: se dará con equidad al que quisiese comprarla”.

Hay referencia a que anuncios de este tipo solían pegarse en carteles o pasquines en las esquinas de lugares concurridos, como las puertas de los mercados

Así pues, las subastas negreras y esclavistas en plazas públicas debían haber decaído bastante para esa época, pero el traspaso en almoneda de personas estaba plenamente vigente y se había trasladado a los incipientes medios de comunicación. También hay referencia a que anuncios de este tipo solían pegarse en carteles o pasquines en las esquinas de lugares concurridos, como las puertas de los mercados.

En la pintura y escultura granadinas

La abundante presencia de población negra y mulata por las calles de las ciudades andaluzas dejó dispar reflejo de ellas en las representaciones pictóricas e iconográficas del momento. Aunque de manera muy desigual según de qué población se trate. En Sevilla, por ejemplo, negros y mulatos han pasado a la historia de su pintura y su escultura por mor de los mejores artistas de la escuela sevillana. Pacheco, Velázquez y Murillo los convirtieron en protagonistas principales de algunas de sus creaciones. Destaco La Mulata (1618), una muchacha a la que Diego representó como protagonista de un cuadro en el que una esclava o sirvienta trabaja en la cocina; al fondo se ve un rincón de la Cena de Emaús. También fue Velazquez el autor de un retrato de su criado-esclavo y ayudante mulato Juan de Pareja (1650). Tiempo después, Cristóbal Murillo representó a un esclavillo negro sevillano en su cuadro Tres muchachos (1670). 

La Mulata y retrato del ayudante Juan de Pareja, ambas obras de Diego Velázquez.
Tres Muchachos, de Esteban Murillo, con un negro entre los protagonistas.

En la pintura y escultura granadinas del XVI al XVIII la presencia de negros, mulatos y tiznados es mucho menos elocuente

En cambio, en la pintura y escultura granadinas del XVI al XVIII la presencia de negros, mulatos y tiznados es mucho menos elocuente. Los artistas sí incluyeron a gentes de piel un poco más morena, como queriendo indicar que eran más moriscos autóctonos que esclavos afronegros de importación. En esos tres siglos estuvieron en construcción los cuatro edificios que componen la montaña pétrea catedralicia (Capilla Real, Lonja, Catedral y Sagrario); abunda en ellos la pintura y la escultura y son muy escasas las figuras de negros y mulatos recogidas en sus decoraciones. Los grandes autores del siglo de oro granadino (Bocanegra, Juan de Sevilla, Alonso Cano, Ardemans…) no eligieron a ningún negro como gran protagonista de sus pinturas. Solamente destacan en varios retablos y cuadros el rey Baltasar formando parte de los Reyes Magos.

Martirio de San Sebastián, autor anónimo, girola de la Catedral.
La capilla de las Angustias (Catedral) está repleta de figuras pintadas con la piel oscura, como queriendo representar a moriscos o mulatos, aunque los rasgos son de blancos.

En la capilla de la Virgen de las Angustias, también de la Catedral, hay varias mujeres que lavan a un niño tras el parto y todas presentan coloración de caras como si fuesen mulatas

En la Capilla Real destaca el ya comentado negro del sotabanco del retablo mayor. En la Catedral, el negro más sobresaliente está incluido en la pintura del Martirio de San Sebastián, en la capilla de este nombre de la girola; es el hombre que le sujeta la cabeza mientras otro le amarra por los pies. En la capilla de la Virgen de las Angustias, también de la Catedral, hay varias mujeres que lavan a un niño tras el parto y todas presentan coloración de caras como si fuesen mulatas, aunque sus rasgos no corresponden con raza africana. Podría ser exceso de pintura oscura o ennegrecimiento por los años. En el frontón izquierdo del altar mayor hay una enorme escena de Jesús amarrado a una columna, mientras varios hombres lo flagelan. El soldado, casi en penumbra, que aparece por la izquierda asemeja un mulato.

Sacristía de la Catedral, un negro aparecen entre la multitud blanca. De pintor anónimo.

En la Sacristía de la Catedral hay varios cuadros y planchas de cobre que incluyen en planos muy secundarios a algún negro. También en los cuadros que forman parte del vía crucis que jalona las paredes del Sagrario aparece la figura de algún negro; el más destacado es un sirviente que sostiene la palangana donde Pilatos se lava las manos tras el juicio a Cristo. La mejor escultura de un negro del Sagrario es la que forma parte del séquito de los Reyes Magos, sujetándose el turbante con una mano.

Se da por mestiza la imagen de la Virgen de Apucarana, una pequeña figura que trajo el arzobispo Peralta a finales del XVIII desde Lima

Se da por mestiza la imagen de la Virgen de Apucarana, una pequeña figura que trajo el arzobispo Peralta a finales del XVIII desde Lima. Sus rasgos son de piel blanca, pero la pintura de su cara y sus manos indican que su autor quiso representar el mestizaje tan extendido que ya era realidad en Suramérica.

Virgen de Apucarana, una mestiza traída de Lima en el siglo XVIII. Enterramiento del arzobispo Moscoso Peralta, Catedral.
Una tabla de los Reyes Magos con un negro como Baltasar. Parroquia del Sagrario.
También en los libros corales de la Catedral aparecen dos negros pintados en sus miniaturas. Son obras del ilustrador jienense Juan Ramírez, que debió plasmarlas en alguna de sus dos estancias en Granada entre 1520 y 1548.

Ni siquiera a Fray Juan Sánchez Cotán, tan activo en el XVII en la Cartuja, se le ocurrió incluir a un hombre o mujer de raza negra en sus famosas escenas.

Aparte de estas iconografías en el conjunto catedralicio, solamente cabe destacar con negros y mulatos las figuras de San Benito de Palermo en el convento de la Encarnación y la de San Martín de Porres en la iglesia de Santo Domingo (aunque ésta es obra ya de mediado el siglo XX). Ni siquiera a Fray Juan Sánchez Cotán, tan activo en el XVII en la Cartuja, se le ocurrió incluir a un hombre o mujer de raza negra en sus famosas escenas.
El limeño San Martín de Porres, en la iglesia de Santo Domingo, mestizo de un cristiano blanco emigrado de Burgos con una mulata panameña.

Los negros en la nomenclatura urbana

La considerable población negra y mulata que hubo en la Granada cristiana entre los siglos XVI y XVIII dejó algunos rastros en la geografía urbana y el callejero. Unos ya desaparecidos y otros todavía indelebles. El más usado todavía es el Barranco de los Negros, situado en el Sacromonte, cercano a la Vereda de Enmedio. Es de imaginar que allí vivirían en otro tiempo, mezclados con los otros dos grupos sociales marginados de la época: gitanos y moriscos disfrazados de calés.

Continúa existiendo, aunque en desuso, el Albercón del Negro. Está por encima del cementerio de San José, subiendo al Llano de la Perdiz

Continúa existiendo, aunque en desuso, el Albercón del Negro. Está por encima del cementerio de San José, subiendo al Llano de la Perdiz. Está hecho con mampostería de ladrillo. Datado en el último tercio del siglo XIV. Su función principal era de actuar como depósito regulador que suministraba el agua a la zona de los Alixares (hoy dentro del cementerio).

Carmen del Negro, en la Cuesta del Chapiz.

Dentro de la ciudad está todavía el Carmen del Negro, mirando la confluencia de los valles del Genil y la Cuesta de los Chinos. Es el que hay justo por encima del actual Palacio de los Córdova. Una construcción del XIX, pero que arrastra el nombre del lugar desde siglos anteriores. Se le adjudica, falsamente, el nombre de Negro porque allí se suponía que habitó el negro Juan Latino. No se sabe el motivo por el que este lugar, que en tiempos del Yusuf I (siglo XIV) se llamó pago de Dar Al-Baida (Casa Blanca) pasó después al color opuesto.

También por las inmediaciones hubo un molino que aprovechaba las aguas del Darro y se le conocía como Molino de los Negro

También por las inmediaciones hubo un molino que aprovechaba las aguas del Darro y se le conocía como Molino de los Negros (aunque no he podido ubicarlo con exactitud).

Y ya dentro del casco antiguo de la ciudad, aunque en distintos barrios, hubo (y hay) tres calles que llevaron nombres de hombres de raza negra. Eso confirma que la población de color estuvo muy repartida por toda Granada. La única calle y placeta de los Negros actual sigue estando en el Albayzín, al lado mismo de la Cruz de Quirós. Hubo una segunda placeta de los Negros en el barrio de la Manigua, pegada a la calle Sarabia. Famosa zona por su abundancia en putas y gente flamenca. A finales del XX, tras la profunda transformación del barrio, se le añadió el nombre de Plaza del Negro Juan Latino. Y hace muy pocos años se le quitó ese nombre para rebautizarla como plaza del Centro Artístico.

En el plano de Dalmáu (1796) aparecen la calle y plaza del Negrete. El lugar coincidiría, más o menos, con la zona de Gran Vía, junto a la Subdelegación del Gobierno.

Existió hasta que fue derribada la zona para abrir la Gran Vía en 1895

Hubo una tercera plaza y calle de los Negretes en la parroquia de San Andrés. Existió hasta que fue derribada la zona para abrir la Gran Vía en 1895. Eran una callejuela y un ensanche pegados a la muralla que coincidiría, más o menos, con la zona donde está la Subdelegación del Gobierno. Aquella plaza de los Negretes fue un lugar al que acudían por la mañana los negros y mulatos libertos a ofrecerse para trabajar como jornaleros en el campo. Del modo parecido al que hoy hacen subsaharianos en plazas de pueblos almerienses para buscar trabajo.

El tratamiento, mejora de fotos y asesoría pictórica son obra de Luis Ruiz Rodríguez.

Notas al pie:


  • [1] Aurelia Martín Casares. “La esclavitud en la Granada del siglo XVI”.