'Mariana Pineda y las mujeres de Palestina'

Mariana Pineda y las mujeres de Palestina
La bandera de Mariana y la kufiyya palestina
Buenas tardes a todas y a todos.
A Mariana Pineda se la recuerda junto a una bandera. Una bandera bordada con tres palabras: Ley, Libertad, Igualdad. Pero aquella bandera no era solo una tela. Era una promesa cosida en secreto. Era una forma humilde y valiente de decir que la libertad, para existir, necesita manos que la sostengan, voces que la nombren y personas dispuestas a pagar un precio por ella.
Por eso, al recordar hoy a Mariana en Granada, no podemos mirar solo hacia atrás. La memoria verdadera no embellece el pasado: ilumina el presente. Y en nuestro presente hay una herida abierta que se llama Palestina. Se llama Gaza. Se llama mujer palestina.
Entre la bandera de Mariana y la kufiyya palestina hay siglos de distancia. Pero hay también un hilo profundo que las une. Las dos son telas cargadas de memoria. Las dos han sido perseguidas por lo que representan. Las dos nos recuerdan que un pueblo no vive solo en sus fronteras, sino también en sus símbolos, en sus palabras, en sus muertos, en sus canciones, en sus casas perdidas y en la dignidad de quienes se niegan a desaparecer.
La bandera de Mariana llevaba escritas palabras de libertad. La kufiyya palestina lleva, sin necesidad de escritura, la memoria de una tierra ocupada, de aldeas borradas, de olivos arrancados, de llaves heredadas, de madres que siguen pronunciando los nombres de sus hijos para que el mundo no los reduzca a cifras.
Mariana fue condenada porque aquella bandera desafiaba a la tiranía. Las mujeres palestinas son castigadas hoy porque siguen sosteniendo, con su cuerpo y con su vida, la bandera viva de Palestina.
Y cuando digo mujeres palestinas no hablo de una imagen abstracta. Hablo de la madre que busca agua entre ruinas. De la enfermera que entra en un hospital destruido. De la maestra que enseña sin escuela. De la periodista que cuenta lo que otros quieren ocultar. De la presa que conserva su dignidad en una celda. De la anciana refugiada que guarda todavía la llave de una casa a la que nunca le permitieron volver.
No quiero llamarlas heroínas como si el heroísmo borrara su cansancio. Lloran. Tienen miedo. Se rompen. Aman. Duermen poco. Cargan muertos, hambre, duelo y memoria. Precisamente por eso su resistencia es tan inmensa: porque no nace de la ausencia de dolor, sino de una fidelidad más honda que el dolor.
También Mariana fue asesinada. Pero quienes la mataron no pudieron matar lo que representaba. Creyeron apagar una voz y dejaron encendida una memoria. Creyeron destruir una amenaza y nos legaron un símbolo.
Hoy quienes destruyen Gaza creen que pueden acabar con Palestina. Pero cada casa derribada deja una llave. Cada familia expulsada deja una historia. Cada niño asesinado deja una acusación contra el mundo. Y cada mujer palestina que sigue en pie demuestra que un pueblo no desaparece mientras conserve memoria, palabra y dignidad.
Por eso, en Granada, la bandera de Mariana y la kufiyya palestina pueden encontrarse sin confundirse. La una nos habla de libertad frente a la tiranía. La otra nos habla de memoria frente al olvido. Juntas nos recuerdan que la justicia no puede ser una ceremonia del pasado, sino una responsabilidad viva.
Que la bandera de Mariana no sea solo homenaje. Que la kufiyya palestina no sea solo símbolo. Que ambas nos impidan acostumbrarnos a la injusticia.
Desde la ciudad de Mariana Pineda, decimos hoy a las mujeres de Gaza, de Jerusalén, de Cisjordania, de los campos de refugiados y de la diáspora palestina:
Vuestro dolor no nos es ajeno, vuestra dignidad nos compromete y vuestro sumud nos enseña vida.
Por Mariana Pineda.
Por las mujeres palestinas.
Por la bandera que no se rindió y la kufiyya que no será olvidada.
Por una Palestina libre, digna y viva.
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