'HABLADURÍAS' con Águeda Moreno, mujer con parálisis cerebral y cáncer de mama, con la inclusión vivida en primera persona

Águeda Moreno nació con parálisis cerebral como consecuencia de una emergencia médica durante un parto gemelar prematuro. Lejos de vivirlo como un límite, ha construido toda una filosofía de vida en torno a esa circunstancia: “Lo que no hacen mis pies, lo hago con mi cabeza”. Una idea que resume su trayectoria personal y profesional, marcada por la constancia, la resiliencia y el compromiso con los demás.
Técnica especialista en informática de gestión, formadora en nuevas tecnologías, orientadora laboral y promotora de ventas, Águeda ha trabajado tanto en la administración pública como en la empresa privada. Su parálisis cerebral no ha sido un freno, sino —como ella misma explica— un estímulo que la ha llevado a demostrar, a veces, “un poco más que los demás
Romper barreras desde la acción
Técnica especialista en informática de gestión, formadora en nuevas tecnologías, orientadora laboral y promotora de ventas, Águeda ha trabajado tanto en la administración pública como en la empresa privada. Su parálisis cerebral no ha sido un freno, sino —como ella misma explica— un estímulo que la ha llevado a demostrar, a veces, “un poco más que los demás”.
Para Águeda, las principales barreras no son físicas, sino mentales. Barreras construidas desde el prejuicio y el desconocimiento. Por eso insiste en la importancia de conocer a las personas antes de juzgarlas y en entender que todas y todos tenemos fortalezas y debilidades: “Nadie es perfecto; lo interesante es que mis carencias pueden ser la fortaleza de otra persona, y viceversa”.
Enseñar para transformar miradas
Su primera experiencia como docente llegó en 2007. Aquel día, recuerda, el grupo de alumnas mostró sorpresa al verla entrar al aula: no era la formadora que esperaban. Sin embargo, al finalizar el curso, las propias alumnas le confesaron que había cambiado su manera de ver a las personas con capacidades diferentes
Su primera experiencia como docente llegó en 2007. Aquel día, recuerda, el grupo de alumnas mostró sorpresa al verla entrar al aula: no era la formadora que esperaban. Sin embargo, al finalizar el curso, las propias alumnas le confesaron que había cambiado su manera de ver a las personas con capacidades diferentes. Para Águeda, ese reconocimiento fue decisivo: confirmó que podía aportar valor a la sociedad desde su propia experiencia.
El diagnóstico que lo cambió todo
A los 37 años, Águeda recibió el diagnóstico de cáncer de mama triple negativo. La noticia fue devastadora. Tras toda una vida de lucha personal y familiar, enfrentarse a una enfermedad potencialmente mortal supuso un golpe emocional profundo. Sin embargo, decidió no rendirse.
Desde el primer momento exigió algo que considera fundamental: transparencia y participación activa como paciente. Quiso ser informada directamente, formar parte del proceso y tomar decisiones con conocimiento. Se aferró a un tratamiento experimental que le ofrecía posibilidades reales de curación y asumió el proceso como un nuevo reto vital.
El cáncer como obra de teatro
Fiel a su trayectoria artística, Águeda transformó todo su proceso oncológico en una obra de teatro. Cada fase fue una escena: la operación, la quimioterapia, la radioterapia. La caída del cabello se convirtió en el personaje de “la reina mora” y las sesiones de radioterapia en “rayos UVA”. Incluso a los medicamentos les puso nombres divertidos.
El humor no fue evasión, sino estrategia. Una manera consciente de quitar dramatismo, normalizar el tratamiento e integrarlo en la vida diaria. “Si tengo que hacerlo, prefiero hacerlo con humor que desde el miedo”, explica
El humor no fue evasión, sino estrategia. Una manera consciente de quitar dramatismo, normalizar el tratamiento e integrarlo en la vida diaria. “Si tengo que hacerlo, prefiero hacerlo con humor que desde el miedo”, explica.
Los bastones emocionales
Águeda no estuvo sola. Su madre —figura clave desde el nacimiento—, su familia, sus amistades, el entorno laboral y el teatro fueron auténticos bastones emocionales. Su grupo de teatro inclusivo incluso retrasó el estreno de una obra en la que ella era protagonista hasta que pudo reincorporarse tras el tratamiento.
El teatro, presente en su vida desde 2010, ha sido una de sus grandes herramientas de crecimiento personal y transformación social. Ha recorrido festivales nacionales e internacionales y ha demostrado que el arte no entiende de etiquetas ni de capacidades, sino de expresión, compromiso y emoción compartida
El teatro, presente en su vida desde 2010, ha sido una de sus grandes herramientas de crecimiento personal y transformación social. Ha recorrido festivales nacionales e internacionales y ha demostrado que el arte no entiende de etiquetas ni de capacidades, sino de expresión, compromiso y emoción compartida.
De paciente a formadora: la Escuela de Pacientes
Durante su proceso quirúrgico en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla conoció la Escuela de Pacientes. Aquella idea le marcó profundamente. Años después, gracias a AJICAM (Asociación Jienense de Cáncer de Mama), se formó como formadora y hoy imparte talleres dirigidos a otras mujeres con cáncer de mama. Gracias a esta actividad y a su relación con la maravillosa enfermera gestora de la escuela de pacientes en Jaén Mari Loli Hernández, volvimos a contactar después de habernos conocido en el congreso de la escuela de pacientes en la Escuela Andaluza de Salud Pública, donde incluso bailamos.
Para ella son espacios de ayuda mutua, de conversación entre iguales, de paciente a paciente. Lugares donde la experiencia compartida se convierte en conocimiento, empoderamiento y esperanza. “Todo lo que viví cobra sentido cuando puedo ayudar a otras personas”, afirma.
Un mensaje para la sociedad
Águeda lanza un mensaje claro: todas las personas tenemos limitaciones, algunas visibles y otras invisibles. Nadie está exento de que la vida cambie de un día para otro. Por eso defiende una sociedad más empática, menos prejuiciosa y más consciente de la importancia del trabajo en equipo
Águeda lanza un mensaje claro: todas las personas tenemos limitaciones, algunas visibles y otras invisibles. Nadie está exento de que la vida cambie de un día para otro. Por eso defiende una sociedad más empática, menos prejuiciosa y más consciente de la importancia del trabajo en equipo.
También insiste en la corresponsabilidad del paciente en los procesos de salud: los tratamientos funcionan mejor cuando se integran en la vida diaria y cuando la persona participa activamente en su cuidado.
Mirar al futuro, paso a paso
Hoy, Águeda sigue nadando, haciendo deporte, actuando, formando y aprendiendo. No planifica a largo plazo, pero sí tiene claro su horizonte inmediato: seguir aportando su granito de arena para mejorar la vida de otras personas, desde la Escuela de Pacientes, el teatro y cualquier espacio donde pueda generar cambio.
Su historia no es solo la de una mujer que Remember se ha enfrentado a grandes desafíos. Es la historia de alguien que ha decidido vivir con conciencia, humor y compromiso, demostrando que la verdadera capacidad está en no rendirse y en tender la mano a los demás.
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