Francisco Calvo Ibáñez, el guerrillero antifranquista de Agrón que al fin será enterrado dignamente con su familia

"Me llamó llorando mi tío Pepe y me dijo que le habían identificado", cuenta a El Independiente de Granada María José Calvo, nieta de Francisco Calvo Ibáñez. guerrillero antifranquista que cayó abatido en 1950.
Los restos de 'Paquillo el Móvil', como le conocían en su pueblo, Federico, en la agrupación guerrillera -de acuerdo con las investigaciones de Juan Morente, claves para estas exhumaciones-, fueron recuperados en una fosa común en el cementerio de Agrón en una compleja intervención llevada a cabo el pasado año por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Al otro lado del teléfono, quien lloraba era José Calvo, uno de los cuatro hijos que tuvo Francisco. El pasado 14 de abril, en Rubí, la localidad donde reside José, ya octogenario, recibió los restos de su padre, que tuvo que huir de su casa en 1948, cuando sus hijos tenían 11, 8 y 5 años; y el más pequeño solo meses. A partir de aquel momento, la vida fue muy dura para la familia, especialmente para los hijos.
"Tuvieron una infancia terrible", relata María José. "Hambre, miseria, represión y sufrimiento", resume para añadir que, a su abuela, Ana Muñoz García, hermana de otro guerrillero -cuyo enterramiento también ha sido buscado, aunque sin resultados-, estuvo en la cárcel y fue señalada como "la mujer del rojo". Fueron once meses en los que los tres hijos de mayor edad -unos niños- estuvieron solos. La familia paterna de esos críos no respondió, lamenta María José. De la casa, antes de que la abuela pudiera regresar con ellos, "se llevaron hasta el grano que guardaba en arcones".
"Mi padre ya estaba muerto, tenía que hacerlo con él", subraya María José al contar la búsqueda de los restos de su abuelo
María José, que mostró siempre interés en la historia de su familia, haciéndose la dormida mientras los mayores contaban lo sucedido, y que guarda en el recuerdo cómo su padre escuchaba, "muy bajito", en un transistor que tenía escondido en un armario, Radio Pirenaica, puso en marcha la búsqueda de su abuelo a partir de la aprobación de la primera Ley de Memoria Democrática en España en 2007, con el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Una norma que, como bien señala, quedó guardada en un cajón y sin presupuesto para desarrollarla por Mariano Rajoy. Ya con la nueva norma de 2022, dio otro impulso a la búsqueda. "Mi padre [Francisco] ya estaba muerto, tenía que hacerlo por él", añade.
En estos años transcurridos ha ido recibiendo ayuda y documentación de muchas personas vinculadas a la recuperación de la Memoria Democrática. Así, en este camino ha contactado con la investigadora y memorialista Silvia González; con el periodista Juanmi Baquero, justo cuando se estaban exhumando los restos en Sevilla de la fosa de Pico Reja; también con el historiador José María Azuaga, uno de los grandes conocedores de la guerrilla antifranquista, que le dio los primeros documentos: autopsia, certificado de enterramiento... Con Concha Morón y, al fin, con los miembros de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. También Juan Morente, autor de "Causa perdida. Agrupación Guerrillera Málaga-Granada".
Una compleja exhumación en el cementerio de Agrón
Marco González, vicepresidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, explica a El Independiente de Granada las dificultades para exhumar los cuerpos que yacían en fosas en el cementerio de Agrón. De las tres localizadas, en una no se pudo intervenir. Encima de esas sepulturas se construyeron nichos. En las otras dos, sí se recuperaron cuerpos, aunque es escenario que encontraron fue "muy complicado", como recuerda Marco González que transmitió, en el cementerio desde el que José seguía los trabajos, sentado en una silla al lado de la fosa. "Pepe, ya ves la situación. Pero vamos a intentarlo".
A pesar de las dificultades, los restos de los cuerpos, "apelotonados", fueron saliendo y "ahí estaba Francisco", apunta Marco González, que incide en la práctica, habitual en cementerios de toda España, de construir sobre estas fosas de víctimas de la represión franquista otros enterramientos, normalmente torres de nichos. Como un intento de sepultar más aún la Memoria de esos cadáveres.
A aquel cerro también subió José, en busca el hermano de su madre. Marco González, de la ARMH, explica a El Independiente de Granada que todavía no sabe cómo lo consiguió, con sus muletas. Pero allí estuvo, esperando. La búsqueda no dio frutos, pero fue también un gran homenaje. Fotos: Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.
La incógnita, tras la complicada exhumación, fue después si lograrían la identificación genética, realizada en un laboratorio en Ponferrada. En el caso del guerrillero Francisco Calvo Ibáñez, la identificación ha sido positiva.
Hay otro dato que refiere María José Calvo durante la conversación con este diario. El hombre que recogía con un carro los cadáveres para trasladarlos al cementerio, con los años emigró a Barcelona, la tierra a la que antes había llegado José, su tío Pepe. Allí le contó que, cuando el abuelo ya estaba muerto en el suelo, uno de los guardias civiles exclamó: "Ahí te quería ver yo". Y le pegó un tiro en el ojo.
El día en el que el guerrillero fue abatido, a la abuela le habían avisado: "Traen a tu marido en un carro". Esperó a la noche y saltó la tapia del cementerio, cuenta María José. Efectivamente no pudo reconocer ese cuerpo por la cara. La tenía destrozada. Pero sí al levantarle el pantalón, porque tenía una herida en la pierna.
Ahora, ese detalle, el de la cara destrozada, fue un presentimiento para María José al ver las primeras fotos de los restos que había hecho el equipo encargado de la exhumación. "Ese es el abuelo".
La entrega se hizo en el domicilio de Rubí porque la salud de José es delicada. Fue un acto muy emotivo. Todavía quedan pasos por delante, tanto para la familia de Francisco Calvo Ibáñez como para las del resto de guerrilleros exhumados.
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica espera un espacio digno en el cementerio de Agrón para enterrar dignamente los restos exhumados
Como trasladan a este diario Marco González y otra integrante de la asociación, Magdalena García, dado que no van a poder ser identificados, la idea es darles sepultura digna, juntos, en un nicho en el cementerio de Agrón, petición que ya ha sido cursada al Ayuntamiento de la localidad.
En el caso de Francisco Calvo Ibáñez, la familia ha decido incinerar sus restos, también los de su mujer, Ana Muñoz, enterrada en Tarrassa. Los llevarán a Agrón, el lugar donde quería descansar también el padre de María José, que cuenta que su tío Pepe le ha transmitido muchas veces que no iba a llegar a ver este momento. "María José, ya queda poco", le dijo cuando le confirmaron la fecha de la incineración -que tampoco ha sido fácil-. Será a final de mes. Con las cenizas viajarán a Agrón y podrán cerrar esta herida en su familia. Las cenizas descansarán en el pueblo.























































