'Yo soy 'woke' (y a mucha honra)'

Reivindico el original y verdadero sentido del término woke y llamo a la sociedad granadina y andaluza a ‘despertar’ y a mantenerse despierta y atenta.
Expertos todólogos, tertulianos de brocha gorda e influencers de eslóganes vacuos, coinciden en una estrategia reduccionista que pretende convertir cualquier avance social en el capricho de una única persona a la que se deshumaniza para poder atacarlo sin remordimientos
La conversación pública ha quedado atrapada en un callejón sin salida. Si defiendes una sanidad pública robusta, eres ‘sanchista’; también eres señalado si pides verdad, justicia y reparación para los muertos que quedaron en cunetas, fosas o, en nuestro caso más cercano, en el emblemático Barranco de Víznar; si celebras la subida del salario mínimo o apoyas el ingreso mínimo vital, la muerte digna o el aborto, eres un comprado (o vendido, según se mire) sanchista.
Expertos todólogos, tertulianos de brocha gorda e influencers de eslóganes vacuos, coinciden en una estrategia reduccionista que pretende convertir cualquier avance social en el capricho de una única persona a la que se deshumaniza para poder atacarlo sin remordimientos. Incluso cuando las medidas tomadas son consideradas positivas por una amplia mayoría social, como ocurre ahora con el ¡No a la guerra! o con el proceso de regularización de inmigrantes, se combaten, o se intentan torpedear sin importar el daño que producen.
En Andalucía se produce la extensión de los ataques en estos momentos hacia la que ha sido vicepresidenta del gobierno de Pedro Sánchez y ahora aspira a se presidenta de la Junta de Andalucía. María Jesús Montero se ha convertido en el centro de la ira, del odio, de los insultos y de los bulos de todas las derechas reunidas.
Por muy españoles y mucho españoles que se declaren, no tienen nada de originales, son unos meros imitadores que importan estrategias y campañas ensayadas en las factorías de pensamiento norteamericanas
Por muy españoles y mucho españoles que se declaren, no tienen nada de originales, son unos meros imitadores que importan estrategias y campañas ensayadas en las factorías de pensamiento norteamericanas.
Cuando desde las terminales mediáticas, cuando los hooligans, sean reales o robots, sacan su comodín favorito, esta palabra de cuatro letras, woke, utilizada para descalificar y la lanzan como un dardo para insultar, la intención es la de caricaturizar la empatía y ridiculizar la justicia social que presentan como el fin de la civilización occidental.
Conozco a muchas personas que participan de esta estrategia que no saben siquiera de donde viene esta palabra, y lo peor de todo es que ni les importa. Son aquellos que presumen que no han leído un (puto) libro en el último año
Conozco a muchas personas que participan de esta estrategia que no saben siquiera de donde viene esta palabra, y lo peor de todo es que ni les importa. Son aquellos que presumen que no han leído un (puto) libro en el último año. Voy a ilustrarles. Este término no nació en una universidad californiana ni en un despacho de marketing. Nació en la resistencia de la comunidad afroamericana en USA (lo escribo en la misma forma que lo canta Bruce Springsteen). Originalmente era stay woke, y su significado era tan sencillo como revolucionario: ¡mantente despierto!, ante el racismo, ante la exclusión social y ante las injusticias que otros prefieren no ver para no tener que sentirse responsables.
Esta denominación se amplió a la lucha feminista y a los colectivos LGBTI pero posteriormente ha sufrido una inversión semántica al ser usado por los sectores conservadores de forma despectiva y peyorativa para señalar lo que ellos consideran un exceso de corrección política y dogmatismo de las ideologías que, según ellos, amenazan los valores tradicionales y la libertad de expresión.
Ser 'woke' no es una moda; es un estado de conciencia. Es decidir que, frente a la desigualdad estructural, no pienso quedarme adormilado, callado y escondido para no contradecir a la supuesta mayoría cultural de individualismo e insolidaridad dominante
Hoy quiero recoger ese dardo, mirarlo de frente y declarar con absoluta claridad: sí, yo soy woke (parodiando a la Pantoja). Quiero sacarle punta a este término y decir que sí, que soy woke, soy progre (como también escupen en el mismo sentido los que se resisten al término inglés), y me confieso: además soy sanchista. Pero mis razones, mis motivos son los originales del término, no tienen nada que que ver con esas estrategias manipuladoras de la ola ultraconservadora. Ser woke no es una moda; es un estado de conciencia. Es decidir que, frente a la desigualdad estructural, no pienso quedarme adormilado, callado y escondido para no contradecir a la supuesta mayoría cultural de individualismo e insolidaridad dominante.
Me llaman, nos llaman, woke porque intentan convertir la empatía en un defecto de fábrica. Pero, el verdadero peligro no es estar despierto; el peligro es el sonambulismo social que nos quieren imponer. Cuando así me señalan no me siento insultado, sino que confirman que no he sucumbido al cinismo, que frente al ruido y la crispación, yo he elegido mantener los ojos abiertos.
El ruido contra lo 'woke' es, en realidad, una reacción defensiva y acomplejada de quienes temen perder sus privilegios históricos. Prefieren una sociedad anestesiada, que acepte la precariedad y la exclusión como lo que ellos llaman "el orden natural de las cosas"
Lo que no llego a entender es por qué les asusta tanto la palabra, por qué temen que alguien esté despierto o alerta, será porque así es mucho más difícil la manipulación. El ruido contra lo woke es, en realidad, una reacción defensiva y acomplejada de quienes temen perder sus privilegios históricos. Prefieren una sociedad anestesiada, que acepte la precariedad y la exclusión como lo que ellos llaman "el orden natural de las cosas".
Sí, yo soy woke, y tú también deberías querer serlo porque en la España de hoy significa tener memoria contra el olvido, querer avanzar hacia una igualdad real entre hombres y mujeres. Y es estar despiertos ante el hecho de que nuestro modelo de producción y consumo está agotando los recursos del planeta.
A los privilegiados debe aterrarles que la gente deje de dormir. El ataque a lo woke no es más que una rabieta de quienes ven cómo se cuestiona su monopolio sobre lo que es ‘normal’ o ‘correcto’
A los privilegiados debe aterrarles que la gente deje de dormir. El ataque a lo woke no es más que una rabieta de quienes ven cómo se cuestiona su monopolio sobre lo que es ‘normal’ o ‘correcto’. Prefieren una sociedad somnolienta que no cuestione por qué el código postal sigue determinando el futuro de un joven o por qué el cambio climático incrementa el número y la intensidad de los incendios forestales o hace más frecuentes los fenómenos meteorológicos extremos. Porque nos quieren dormidos, y ciegos.
Soy woke, y no pienso pedir perdón, porque no me acostumbro al dolor ajeno.
Soy woke porque creo que la libertad de una mujer sobre su propio cuerpo o su carrera profesional no es negociable, por mucho que nos quieran convencer de que “el feminismo ha ido demasiado lejos".
Soy woke porque me importa la memoria histórica. No por rencor, sino por justicia. Me niego a que en 2026 sigamos llamando concordia a esconder la historia bajo la alfombra de la impunidad.
Ser 'woke' en Granada es negarse a aceptar que, en pleno siglo XXI, haya barrios enteros en el Distrito Norte viviendo a oscuras
Ser woke en Granada es negarse a aceptar que, en pleno siglo XXI, haya barrios enteros en el Distrito Norte viviendo a oscuras. Mientras algunos miran hacia otro lado culpando al cultivo de marihuana, estar 'despierto' es señalar la responsabilidad de las eléctricas y la desidia institucional. Es entender que no hay ciudadanos de primera y de segunda según el transformador al que estén conectados.
Ser woke en Granada es preocuparse por la sostenibilidad, rebelarse contra los que solo ven en Sierra Nevada el negocio con fecha de caducidad de la estación de esquí, contra los que quieren seguir cementando la Vega.
Si ser 'woke' significa no mirar hacia otro lado cuando un inmigrante es demonizado, cuando una mujer es agredida o cuando un joven no puede pagar su alquiler, entonces ese insulto para mi es una medalla que quiero lucir en el pecho
O defender que el agua de nuestros ríos y el aire que respiramos en una de las ciudades más contaminadas de España no son temas 'ideológicos', sino una cuestión de supervivencia para las próximas generaciones de granadinos.
Si ser woke significa no mirar hacia otro lado cuando un inmigrante es demonizado, cuando una mujer es agredida o cuando un joven no puede pagar su alquiler, entonces ese insulto para mi es una medalla que quiero lucir en el pecho. Si estar despierto ante el dolor ajeno es un pecado, que me apunten el primero en la lista. Si ser consciente de que España es mejor cuanto más diversa y justa es, entonces exhibiré la bandera arcoiris con orgullo.
Frente al cinismo de los que se ríen de la lucha por la justicia social, seguiré aquí con los ojos muy abiertos. Que sigan gritando, yo seguiré despierto.


















































