Mujeres que hicieron posible la II República Española

María Casares, hija de Santiago Casares Quiroga, exiliada, actriz, pareja de Albert Camus, republicana antifascista

Política - Paco Robles - Sábado, 20 de Abril de 2024
El memorialista Paco Robles ofrece una semblanza de una mujer, que es testimonio de resiliencia y talento, una vida marcada por el exilio y la separación, pero también por significativos logros y reconocimientos. No te lo pierdas.
María Casares, junto a Albert Camus.
Album / Rue des Archives / Bridgeman Images / Rene Saint Paul
María Casares, junto a Albert Camus.

María Victoria Casares Pérez, más conocida como María Casares, nació en la ciudad de A Coruña en 1922, en el seno de una familia profundamente involucrada en la política de la época. Su padre, Santiago Casares Quiroga, fue una figura clave durante la Segunda República española, desempeñándose como ministro antes de que la familia se viera obligada a exiliarse a París en 1936 debido a la guerra civil española.

El exilio es una experiencia transformadora, y para María, significó el comienzo de su carrera en el teatro y eventualmente, su ascenso como una de las actrices más respetadas de Francia

Desde su infancia en Galicia hasta su juventud en Madrid, María estuvo expuesta a un ambiente familiar único. Su padre, Santiago Casares, destacado político republicano, y su madre, Gloria Pérez Corrales, vivieron sus amores de manera libre y poco convencional, lo que introdujo a María en un mundo donde las normas sociales y las expectativas tradicionales eran constantemente cuestionadas. Esta exposición temprana a la libertad personal y la complejidad emocional, sin duda, influyó en su desarrollo como individuo.

El golpe de Estado de 1936 en España fue un punto de inflexión en su vida, forzándola a cruzar la frontera hacia Francia con su madre y el joven amante de esta, Enrique López Tolentino. Este evento no solo significó la separación física de su tierra natal y de su padre, sino también el inicio de una nueva vida en un país extranjero. El exilio es una experiencia transformadora, y para María, significó el comienzo de su carrera en el teatro y eventualmente, su ascenso como una de las actrices más respetadas de Francia.

Su talento pronto fue reconocido, y comenzó a ganarse un nombre en los escenarios parisinos, desafiando las expectativas y superando los obstáculos que su situación de exiliada podría haber impuesto.

En París, María y su familia se enfrentaron a la necesidad de adaptarse y sobrevivir en un entorno completamente nuevo. A pesar de las dificultades, su padre continuó apoyándolas económicamente, permitiendo que María explorara oportunidades en el mundo del teatro. Su talento pronto fue reconocido, y comenzó a ganarse un nombre en los escenarios parisinos, desafiando las expectativas y superando los obstáculos que su situación de exiliada podría haber impuesto.

La relación de María con Albert Camus, otro exiliado que luchaba con su propio sentido de desplazamiento, es particularmente significativa. Su amor no solo fue una unión de dos mentes creativas, sino también un reflejo de su búsqueda compartida de significado y pertenencia en un mundo que a menudo se sentía hostil y caótico. A través de Camus, María encontró no solo un compañero romántico sino también un aliado intelectual, alguien que entendía profundamente la dislocación y el anhelo de regresar a una patria que ya no existía en la forma que una vez conocieron.

El exilio es una experiencia que, sin duda, marca profundamente a quienes lo viven. No sólo implica la pérdida de un hogar físico, sino también una ruptura emocional y cultural que puede reconfigurar la identidad de una persona. El caso de María, quien a los catorce años decidió exiliarse y renunciar a su país natal, España, bajo el régimen de Francisco Franco, es un ejemplo conmovedor de la lucha y la resiliencia humana.

María, enfrentada a la opresión y la falta de libertades durante la dictadura de Franco, tomó una decisión audaz y madura para su corta edad: cortar por lo sano con su pasado

María, enfrentada a la opresión y la falta de libertades durante la dictadura de Franco, tomó una decisión audaz y madura para su corta edad: cortar por lo sano con su pasado. Esta frase, que evoca una separación radical y definitiva, refleja la determinación de María por empezar de nuevo, lejos de la influencia y el dolor que su país le causaba en aquel entonces. Su resolución de no hablar español y aprender francés no fue solo un cambio lingüístico, sino un acto de autoconservación y una manera de moldear una nueva identidad en un entorno que le ofrecía seguridad y oportunidades, lejos de la opresión franquista.

Sin embargo, es crucial destacar que, a pesar de su firme decisión de no regresar a España mientras viviera Franco, María nunca renunció a su nacionalidad española. Este acto puede parecer contradictorio a primera vista, pero revela una capa más profunda de su conexión con España. Al mantener su nacionalidad, María no solo conservaba un lazo legal con su país de origen, sino que también mantenía viva una conexión emocional y simbólica con sus raíces y su cultura.

Su decisión de mantener su nacionalidad española muestra su solidaridad hacia aquellos que, como ella, se vieron forzados a vivir lejos de su tierra natal, y su esperanza en un futuro en el que España pudiera ser libre de la opresión

Esta dualidad en las acciones de María subraya una forma compleja de lealtad y resistencia. Por un lado, su exilio y su rechazo a vivir bajo un régimen dictatorial reflejan su protesta y su deseo de libertad. Por otro lado, su decisión de mantener su nacionalidad española muestra su solidaridad hacia aquellos que, como ella, se vieron forzados a vivir lejos de su tierra natal, y su esperanza en un futuro en el que España pudiera ser libre de la opresión.

La historia de María es un testimonio de la lucha entre la identidad personal y la política, entre el deseo de seguridad y la necesidad de pertenencia. A través de su vida, podemos observar cómo las decisiones de exiliados como María no son meramente respuestas a circunstancias políticas, sino también profundas manifestaciones de resistencia, identidad y esperanza. Aunque ella eligió vivir en Francia, su corazón y su lealtad nunca dejaron completamente España, un país que, a pesar de las heridas del pasado, seguía siendo parte integral de quién era ella.

En conclusión, la vida de María nos enseña sobre la complejidad del exilio y la identidad. Nos muestra cómo, incluso en las decisiones más dolorosas y definitivas, los lazos con nuestro origen pueden manifestarse de maneras inesperadas y significativas. María no solo sobrevivió al exilio; ella navegó por su nueva vida con una mezcla de renuncia y esperanza, un equilibrio que muchos exiliados deben encontrar para reconciliar su pasado con su presente y futuro.

María Casares, se enfrentó a la disyuntiva de regresar a su tierra natal tras largos años de exilio durante el régimen franquista. Su vuelta a España en 1976 para interpretar "El adefesio" de Rafael Alberti marcó un momento crucial en su vida y carrera. Sin embargo, el país que encontró a su retorno no se parecía al que había dejado atrás, llevándola a tomar la decisión de regresar a Francia, donde había consolidado su vida y carrera durante las décadas anteriores.

Uno de sus grandes sufrimientos fue no regresar a Galicia, un retorno que habría sido demasiado doloroso, especialmente por los recuerdos de la persecución que sufrió su familia y la destrucción de su hogar durante la guerra civil

En Francia, Casares no solo fue reconocida con honores como la Legión de Honor, sino que también adquirió la nacionalidad francesa a través de su matrimonio con el actor André Schlesser. A pesar de estos logros y de su vida establecida en Francia, el anhelo de Casares por Galicia nunca menguó. Uno de sus grandes sufrimientos fue no regresar a Galicia, un retorno que habría sido demasiado doloroso, especialmente por los recuerdos de la persecución que sufrió su familia y la destrucción de su hogar durante la guerra civil.

A finales de los años 90, el reconocimiento de su legado en Galicia se materializó cuando el gobierno autonómico decidió nombrar los premios de teatro gallego en su honor. Casares consideró asistir a la ceremonia de entrega de la primera edición de estos premios, un gesto que hubiera simbolizado un cierre emocional y un reencuentro con su tierra. Lamentablemente, su muerte en 1996 impidió que este reencuentro se realizara.

En su testamento, Casares dejó claro su deseo de contribuir al mundo del teatro y la cultura, donando su casa en Alloue, para establecer La Maison du comédien-Maria Casarès. Este centro cultural sirve como un espacio para conferencias, exposiciones y representaciones, perpetuando su legado y pasión por las artes escénicas.

El reconocimiento a María Casares no se limita a Galicia o incluso a España. En París, donde vivió gran parte de su exilio, el ayuntamiento decidió nombrar un puente en su honor en el barrio 10 de la ciudad, coincidiendo con el centenario de su nacimiento. Este acto no solo reconoce su contribución al arte y la cultura, sino que también simboliza el puente entre sus raíces gallegas y su vida en Francia, entre el dolor del exilio y el triunfo personal y profesional en su tierra adoptiva.

La historia de María Casares es un testimonio de resiliencia y talento, una vida marcada por el exilio y la separación, pero también por significativos logros y reconocimientos. Su legado continúa inspirando a artistas y amantes del teatro, y su vida sigue siendo un poderoso recordatorio de la capacidad del espíritu humano para superar la adversidad y prosperar más allá de las fronteras de su origen.
Paco Robles, referencia en Memoria Histórica y Democrática. Fue secretario de Memoria Histórica y Democrática de la ejecutiva provincial del PSOE de Granada. Militante de la Agrupación Socialista de Íllora. Activista de la Memoria Histórica y Democrática en redes sociales, investigador documentalista de nuestra historia reciente, autor del libro 'Los pueblos de Íllora, Memoria Histórica' y diversas publicaciones digitales de tema memorialista. Coordinó la Oficina Municipal de Íllora para reunir testimonios y fondos documentales del periodo 1936-1978.

Fotografía de María Casares junto a Albert Camus: Album / Rue des Archives / Bridgeman Images / Rene Saint Paul. Aportada por el autor del artículo.

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