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Artículo de opinión por Agustín Martínez

'PP y Vox ¿Galgos o podencos?'

Política - Agustín Martínez - Jueves, 18 de Junio de 2026
Un artículo brillante de Agustín Martínez que te recomendamos. Para leer y compartir.
Moreno y Gavira en la sesión de constitución del Parlamento.
Parlamento Andalucía
Moreno y Gavira en la sesión de constitución del Parlamento.

Existe una vieja e inteligente fábula que define a la perfección el estado de anestesia colectiva en el que se encuentra sumida Andalucía. Dos conejos, exhaustos y perseguidos por una jauría, se detienen en mitad de su huida a discutir si los perros que asoman por la colina son galgos o son podencos. Que si el hocico de uno es más afilado, que si las patas del otro son más largas. En mitad de la enconada disputa teórica, los perros llegan y dan buena cuenta de ambos.

Nos desgañitamos analizando el ruido de la superficie, midiendo los decibelios de la enésima declaración cruzada, mientras el Gobierno de la Junta, sencillamente, está a sus cosas: el tacticismo, la cosmética y la supervivencia

En San Telmo, el Palacio donde reside el poder andaluz, se juega estos días a una versión actualizada y perversa de este cuento clásico. Llevamos meses entretenidos en el debate de salón sobre la naturaleza de las relaciones entre el Partido Popular de Juan Manuel Moreno Bonilla y Vox. La tertulia política andaluza se ha convertido en un monográfico de salón: que si Santiago Abascal ha logrado imponer "solo" su agenda de prioridad nacional, que si los de Vox se le están colando al presidente hasta la cocina del Consejo de Gobierno, o si Moreno Bonilla mantiene ese perfil de moderación impostada que tan bien le funciona en los vídeos promocionales. Nos desgañitamos analizando el ruido de la superficie, midiendo los decibelios de la enésima declaración cruzada, mientras el Gobierno de la Junta, sencillamente, está a sus cosas: el tacticismo, la cosmética y la supervivencia.

El problema de este entretenimiento de galgos y podencos es que, mientras miramos hacia el ruido de las bancadas, las "cosas de comer", aquellas que nos afectan en la literalidad de nuestro día a día, se están desmoronando ante nuestros ojos de una manera obscena. Y lo más preocupante no es ya el deterioro evidente de lo público, sino nuestra preocupante falta de coraje civil para poner pie en pared ante una gestión sanitaria que ha pasado de la ineficacia a la temeridad.

No nos ha dado tiempo a digerir el escándalo y el miedo provocado por el desastre de los retrasos en los cribados de cáncer de mama -donde miles de andaluzas se vieron atrapadas en una ruleta rusa burocrática- cuando la realidad nos ha golpeado con un nuevo agravio. Ahora sabemos, por informaciones periodísticas rigurosas, que al menos 400 personas se encuentran en un doloroso vilo por un nuevo fallo de la Junta en los cribados de cáncer de colon, arrastrando la incertidumbre de falsos positivos o retrasos diagnósticos. La respuesta del "consejero para todo" del Gobierno andaluz ha sido la misma receta de siempre: quitarle hierro al asunto, relativizar el drama y despacharnos con ese socorrido "ya están en ello" que insulta la inteligencia de los pacientes. Como si el cáncer supiera de agendas políticas o esperase a que los expedientes se muevan en los despachos de Sevilla.

El problema de este entretenimiento de galgos y podencos es que, mientras miramos hacia el ruido de las bancadas, las "cosas de comer", aquellas que nos afectan en la literalidad de nuestro día a día, se están desmoronando ante nuestros ojos de una manera obscena

La anestesia veraniega no va a calmar los dolores de un sistema en la uci. Para mayor tranquilidad de la ciudadanía, la última gran noticia es que tres de cada cuatro centros de salud en Andalucía cerrarán sus puertas o reducirán drásticamente sus horarios este verano. El 75% de la atención primaria desmantelada en la época del año donde el territorio andaluz multiplica su población por el turismo. Se ve que, en el imaginario idílico de San Telmo, las kilométricas listas de espera andaluzas -esas que baten récords nacionales- desaparecen por arte de magia cuando llega el calor y la gente se marcha de vacaciones.

Este erial asistencial no es fruto de la casualidad, sino el resultado lógico de una política de personal que roza el maltrato laboral. La Junta de Andalucía se llena la boca hablando de retener el talento, pero los datos oficiales desnudan la propaganda: más del 80% de los médicos que terminan su etapa de residentes (MIR) en los hospitales andaluces rechazan firmar los contratos que les ofrece el Servicio Andaluz de Salud (SAS). Las plazas se quedan desiertas. Y la razón es de una sencillez aplastante: las condiciones que les pone Juanma Moreno sobre la mesa son una auténtica basura comparadas con las que les ofrecen otras comunidades autónomas. Formamos a los mejores profesionales con los impuestos de los andaluces para luego expulsarlos con contratos precarios, obligándolos a emigrar a Madrid, Cataluña o el extranjero.

Gastamos menos que casi nadie en proteger la salud de nuestra gente, pero nos sorprendemos de que las costuras estallen

Es aquí donde la gran mentira del relato oficial se cae por su propio peso. A Moreno Bonilla se le quiebra la voz en los mitines presumiendo de que su Gobierno está gastando más dinero que nunca en la historia de la sanidad andaluza. Puede que la cifra bruta sea alta porque la vida es más cara, pero el truco contable se desmonta al mirar la única cifra que importa: el gasto por habitante. Andalucía sigue anclada como la penúltima comunidad autónoma de España en inversión sanitaria por habitante. Gastamos menos que casi nadie en proteger la salud de nuestra gente, pero nos sorprendemos de que las costuras estallen. El dinero que falta en la pública, curiosamente, parece encontrar siempre el camino del desvío hacia los conciertos con la sanidad privada.

Mientras tanto, los andaluces asistimos al espectáculo como espectadores pasivos de un naufragio. Discutimos si los perros son galgos o podencos, si Vox presiona mucho o si el PP cede poco, olvidando que somos nosotros los que estamos en la trayectoria de los dientes de la jauría. Es hora de despertar del letargo, de mirar las listas de espera, los centros de salud cerrados y los diagnósticos que no llegan, y tener, de una vez por todas, el coraje de poner el pie en pared. Porque con las cosas de comer, y sobre todo con las cosas de vivir, no se juega a la distracción política.