Paul vive

Nacido en California en 1952, desde su exilio a Europa en 1970 Paul Stocker desarrolló una ecléctica carrera, que le llevó a ser un músico fundamental en el desarrollo de la música moderna en el viejo mundo. Y fue el más granadino de los saxofonistas norteamericanos, un trotamundos que pasó por Holanda y Cataluña antes de decirse a vivir entre nosotros, donde se convirtió en un agitador total de la escena patrocinando numerosos proyectos. Paul hizo flamenco, montó y dirigió orquestas y fue maestro de centenares de otros músicos. Con más de cuarenta discos grabados, este saxofonista se movía en todas las aguas musicales: en los años setenta se le pudo escuchar entre los grupos de la Onda Layetana y en la escena catalana con Tete Montoliu y el genial organista Lou Bennett entre otros; en Holanda trabajó con los músicos de jazz locales y también con muchos otros nombres de procedencia sudafricana como Bongi Makeba, Hugh Masekela Joe Malinga... y un sinfín de artistas de la más diversa naturaleza, desde Alex von Schlippenbach a Fernando Lameirinhas o Rafael de Utrera, porque muy interesado por el flamenco, formó parte de proyectos con Carmen Linares, Amargós y el productor Ricardo Pachón. Una anécdota reveladora de su estatus sucedió tocando en el Eshavira antiguo, cuando entró Jorge Pardo y todo el público se volvió a mirarlo (y admirarlo) y el madrileño simplemente dijo "el bueno es él", señalando a Paul.
Su paso por Granada, como profesor, músico de jam y al frente de formaciones como la Zubi Dubi Band (luego Dubi Dubi…) dejó una huella indeleble en los que compartieron enseñanza y escenario con él. Algunos de ellos como Miguel Pimentel, José Ignacio Hernández, Guille Rodríguez, Joaquín Sánchez, Amalia Chueca, María, Juan Vinuesa, Miguel de Gemma y la cantante Luna Dolcet se reunieron esta semana para recordarle en el club Oolyakoo. Paul vive.



















































