'De Cuba a Granada: el viaje que me regaló la literatura de duelo'

Cuando recibí el correo electrónico anunciando que mi cuento El violín de los domingos había quedado entre los veinte finalistas del I Certamen Internacional de Literatura de Duelo, sentí que la alegría y la nostalgia podían habitar el mismo instante. Aquel relato nació de una pérdida que marcó mi vida para siempre: la muerte de mi madre, cuando yo apenas tenía trece años.
Lo que nunca imaginé fue que ese cuento me traería hasta Granada para participar en las Primeras Jornadas de Teoría y Género de Literatura de Duelo, organizadas por la Universidad de Granada, junto a Entorno Gráfico Ediciones, Editorial Tleo y el Teléfono de la Esperanza.
Escribo estas líneas desde esta ciudad con el corazón lleno de gratitud.
Quiero agradecer, en primer lugar, a Entorno Gráfico Ediciones y, especialmente, a Juan Vellido, por confiar en una escritora que llegó desde Cuba con una historia nacida del dolor
Quiero agradecer, en primer lugar, a Entorno Gráfico Ediciones y, especialmente, a Juan Vellido, por confiar en una escritora que llegó desde Cuba con una historia nacida del dolor. Agradezco también a la Universidad de Granada por abrir sus puertas a quienes escribimos desde la experiencia y la emoción. Compartir este espacio con investigadores, profesores y escritores ha sido un privilegio que guardaré siempre.
En este viaje también ha venido conmigo Cuba. Ha venido mi madre, presente en cada girasol amarillo, en la Virgen de la Caridad del Cobre y en ese violín imaginario que sigue sonando entre las páginas de mis cuentos.
Llegar hasta aquí no fue sencillo. Viajar desde Cuba implica vencer obstáculos económicos, burocráticos y emocionales que, por momentos, parecen insalvables. Hubo días de incertidumbre y de dudas. Sin embargo, cada paso confirmó que las historias verdaderas siempre encuentran el camino para llegar a quienes las necesitan.
Esta experiencia me ha recordado que la literatura de duelo no pertenece únicamente al ámbito académico. También nace en la intimidad de quienes han conocido la ausencia y deciden transformarla en palabras.
Escriban. No para publicar ni para ganar premios. Escriban para respirar, para ordenar el dolor, para descubrir que incluso las heridas pueden convertirse en un lugar de encuentro.
Por eso quiero decirles algo a quienes atraviesan una pérdida: escriban. No para publicar ni para ganar premios. Escriban para respirar, para ordenar el dolor, para descubrir que incluso las heridas pueden convertirse en un lugar de encuentro.
Yo también empecé escribiendo a escondidas, sin imaginar que aquellas páginas cruzarían un océano. Hoy estoy en Granada gracias a ese gesto silencioso de sentarme frente a una hoja en blanco cuando el dolor parecía no tener otro lenguaje.
Si guardas un cuento, una novela o apenas unas líneas que todavía no te atreves a compartir, no las abandones. Nunca sabemos hasta dónde puede llevarnos una historia escrita con honestidad.
Hoy camino por Granada con la certeza de que este viaje comenzó mucho antes de subir a un avión. Empezó el día en que decidí no permitir que el silencio escribiera por mí.
A la Virgen de la Caridad, a Oshún, a los girasoles y a todos los violines del mundo: gracias.
Y a quienes hoy viven un duelo, solo quiero recordarles que las palabras también abrazan. A veces, escribir no cambia lo que hemos perdido, pero sí transforma la manera en que aprendemos a vivir con esa ausencia.
Con cariño, desde Granada.









































